Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

La concepción milliana de la justicia y “la justicia como imparcialidad” de John Rawls: sobre el consenso sustantivo de dos enfoques liberales


Ricardo Albeiro Galeano Marín

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

La concepción de la justicia del filósofo estadounidense John Rawls es considerada comúnmente como un intento por superar los enfoques de la justicia que se desprenden de la doctrina utilitaria puesto que el mismo Rawls nos presenta a los utilitaristas clásicos como sus dignos adversarios intelectuales. Sin embargo, me resulta necesario advertir que el dialogo que sostiene Rawls con la filosofía de John Stuart Mill es en un tono distinto al de la discusión con los utilitaristas clásicos, ya que encuentra suficientes coincidencias entre el enfoque milliano y el suyo propio respecto a la justicia como para terminar por considerarlo más como un aliado de su enfoque liberal que como un adversario. Por lo tanto, mostraré en el presente trabajo que la concepción milliana de la justicia es más cercana a la propuesta rawlsiana que a la de los maestros utilitaristas que tuvo Mill y con los cuales él mismo suele identificarse.   



Cuando el filósofo estadounidense John Rawls publica su primera gran obra célebre intitulada Teoría de la Justicia en 1971 la presenta como una obra que ofrece una concepción de la justicia más plausible y coherente que la que ofrece el utilitarismo, el  enfoque dominante hasta ese momento en el mundo anglosajón para abordar la cuestiones referentes a la justicia y el bienestar. Así pues, dirá que su “propósito es elaborar una teoría de la justicia que represente una alternativa al pensamiento utilitario en general y, por tanto, a todas sus diferentes versiones”(Rawls, 1997, p. 34) pues está convencido de que una de la tareas de la filosofía política contemporánea es “proporcionar una base más segura y aceptable a los principios constitucionales y a los derechos y libertades básicos que la que parece conceder el utilitarismo”(Rawls, 2002, p. 192)

Rawls será enfático sobre la insuficiencia teórica que  percibe en el utilitarismo clásico y se irá en contra de las propuestas de autores denominados utilitaristas como Bentham y Sidgwick, y les reprochará “no tomarse en serio a los individuos” y presuponer una concepción del bien para construir una teoría de la justicia, por tanto, afirma que estos enfoques utilitaristas  son, sin duda, deficientes y que la concepción de la justicia que él propone es mucho más satisfactoria. Sin embargo, la valoración que el norteamericano hará de John Stuart Mill, otro autor denominado utilitarista, no es tan negativa como la que hace de los anteriores y termina siendo un tanto ambigua  pues por un lado le reprocha su apelación al criterio de la utilidad como primer referente en filosofía moral pero le reconoce haber llegado a principios de justicia bastante plausibles en su construcción teórica, además llama la atención que en la diatriba contra el utilitarismo clásico que aparece en Teoría de la Justicia no se refiere explícitamente a este último autor.

Teniendo en cuenta lo anterior, debo decir que mi intención en este escrito es poner en diálogo la concepción de la justicia del filósofo utilitarista John Stuart Mill con la denominada “justicia como imparcialidad” de John Rawls, para mostrar que la discusión que tiene el profesor de Harvard con el utilitarismo clásico y la que tiene con Mill son en un tono diferente y que debemos reconocer, como el mismo Rawls lo hará, que aunque el utilitarismo clásico es un enemigo intelectual natural del enfoque rawlsiano de la justicia, la concepción milliana de la justicia le es más cercana de lo podría pensarse y que entre el autor de Teoria de la Justicia y el de  Sobre la Libertad hay suficientes coincidencias como para pensar que, como dicen algunos, la discusión entre rawlsianos y millianos es sólo una discusión de familia.

La concepción milliana de la justicia en el marco del utilitarismo 

El filósofo inglés John Stuart Mill se define a sí mismo como seguidor de la doctrina utilitarista que ha aprendido de su padre James Mill y su padrino Jeremy Bentham, por lo que afirma que toda su doctrina tiene su cimiento en el criterio de la utilidad que suscriben todos aquellos que se denominan utilitaristas, este criterio supone que “las acciones son correctas en la medida en que tienden a promover la felicidad, incorrectas en cuanto tienden a producir lo contrario a la felicidad.”(Mill, 2010, p. 49-50)  Vemos pues que de entrada se establece una identidad entre bienestar y felicidad, lo cual implica que no puede pensarse el bienestar como algo distinto a lo que produce felicidad a los individuos y a la sociedad en general.

Como creyente y practicante del credo utilitario, como afirma Mill serlo, dedicará una de sus obras más conocidas a presentar la doctrina utilitarista y defenderla de sus detractores titulada El Utilitarismo, allí el inglés dedicará más de un tercera parte de la obra a su concepción de la justicia pues piensa que “la aparente incongruencia entre el principio de utilidad y nuestras convicciones y sentimientos a propósito de la justicia es el único problema real de la teoría utilitaria de la moral”(Rawls, 2009, p. 355) pues cree que otras objeciones que puedan presentársele se deben en su mayoría a malentendidos o desconocimientos por parte de sus detractores de las premisas concretas del utilitarismo.

En consonancia con lo dicho anteriormente, sabemos que cuando Mill llega en su obra a la exposición de su concepción de la justicia en el capítulo quinto que tiene por título Sobre las conexiones entre justicia y utilidad, ya ha dejado saber que considera el criterio de la utilidad como el fundamento de toda la moralidad estableciendo así una identidad entre bienestar y felicidad, dándole a su vez a este bienestar una prioridad sobre las demás cosas, como lo hacen todos los utilitaristas. Por tanto, Mill siguiendo el rigor del credo utilitarista parece concederle a una concepción del bienestar prioridad sobre las consideraciones entorno a la justicia, algo que claramente hacen sus predecesores, sin embargo, pienso que en el caso concreto del utilitarismo de Mill esa supeditación de la justicia al bienestar resulta no de ser del todo clara, como tratare de mostrar más adelante.

Prosiguiendo con la exposición de la justicia presente el último capítulo de El Utilitarismo, Mill inicia enumerando diferentes concepciones de la justicia que tienen las personas en la sociedad: (a) se considera justo el respeto a la libertad personal, propiedad u otro objeto que le pertenezca legalmente a una persona, es decir, la justicia sería el respeto a derecho legal de alguien; (b)  ante la posibilidad que de que existan leyes injustas se afirma que la justicia es no el respeto al derecho legal sino al derecho moral de la persona; (c) justicia es cada quien reciba lo que merece, sea bueno o malo; (d) Es justo cumplir los compromisos e injusto faltar a ello; (e) la justicia es imparcialidad en lo relativo a los derecho y al interés público; (f)justicia es igualdad, igualdad de qué dependerá de la noción que se tenga de utilidad.

Todas estas concepciones de justicia están estrechamente relacionadas en algo y es que tienen en común la idea de que si algo es justo se está obligado a hacerlo y su transgresión debe ser castigada, sin embargo, esa idea es común a la moralidad en general, es decir, la ideas que tenemos de la justicia tienen que ver con deberes morales que en principio no es claro que tiene de especial frente a obligaciones morales generales.

 Mill resolverá esta aparente indeterminación que en principio no nos permite ver la especificidad de la justicia frente a la moralidad general diciéndonos que existen dos clases de deberes morales, los de obligación moral imperfecta y los de obligacion moral perfecta, en los primeros “se deja a nuestro arbitrio las ocasiones particulares en la que ha de realizarse” mientras los segundos son “aquellos deberes en virtud de los cuales se genera un derecho correlativo en alguna persona o personas… los deberes de obligación imperfecta son aquellas obligaciones morales que no originan tal derecho”(Mill, 2010, p. 116), en síntesis, “la justicia implica que sea no sólo correcto hacer algo e incorrecto no hacerlo sino que tal acción nos pueda ser exigida por alguna persona individual por tratarse de un derecho moral suyo”(Mill, 2010, p.117).

La justicia está constituida entonces por el derecho moral correlativo a un deber moral perfecto y, si seguimos la argumentación de Mill como filósofo utilitarista, ha de ser coherente con el criterio de la utilidad, por eso diremos con Mill que para cada persona es de vital importancia la seguridad que le brindaría la justicia, es decir, el respeto a su derecho moral, por lo cual la justicia está estrechamente vinculada con la utilidad puesto que es útil para todos ya que cualquiera que sea la concepción que un individuo tenga de la felicidad o el bienestar siempre será esencial en su persecución la garantía de que no le harán dañó, la garantía del respeto a su derecho moral.

Nuevamente en concordancia con la doctrina utilitarista, Mill dirá además que la divergencias que podemos tener en cuanto a lo que consideramos justo debemos resolverlas apelando al criterio de la utilidad pero dice también que la humanidad está en lo cierto al concederle prioridad a la justicia sobre lo que él llama la “prudencia”, que podríamos entender como aquella parte de la moralidad relativa a los deberes morales imperfectos. Afirma nuestro autor que son discutibles las pretensiones de una teoría de la justicia que establezca un criterio no fundado en la utilidad pero considera al tiempo “la justicia que está fundada en la utilidad como la parte más importante, e incomparablemente más sagrada y vinculante de toda moralidad” ”(Mill, 2010, p. 131) pues “la justicia es el nombre de ciertas reglas morales que se refieren a las condiciones esenciales del bienestar humano de forma más directa y son, por consiguiente más absolutamente obligatorias que ningún otro tipo de reglas que orienten nuestra vida” (Mill, 2010, p. 131).   

En síntesis, Mill en el último y más extenso capítulo de su libro hace un esfuerzo por hacer converger los sentimientos de justicia, naturales en individuos en sociedad, con el criterio de la utilidad que suscriben sus maestros intelectuales y termina definiendo la justicia como el derecho moral de una persona que es conditio sine qua non  para cualquier persecución de la felicidad. Exponiéndolo de esta forma lograba ser fiel a la doctrina utilitarista, más lo hacía  alejándose en un aspecto más de su padrino Bentham que había denostado de la idea de derechos y había establecido una prioridad clara de una concepción del bienestar sobre las exigencias de la justicia, pues Mill, lejos de presentar la justicia como algo contrario o separado del bienestar, la presenta como una parte de este y, sin duda, la parte más importante.  

“La justicia como imparcialidad” de John Rawls como una reacción al utilitarismo

En sus dos grandes obras, Teoría de la Justicia (1971) y Liberalismo político (1993) John Rawls desarrolla una concepción de la justicia que ha llamado “Justicia como imparcialidad” o “Justicia como equidad”. En la primera de ellas será enfático en que la suya es una concepción de la justicia que presenta como una alternativa superior a la que puede ofrecer el utilitarismo, en la segunda ya no lo presentará de esta forma sino que dirá que su concepción de la justicia es de otro tipo, dirá que es política y no comprensiva, por lo cual es más adecuada para responder a un asunto político práctico que es resolver la cuestión de cómo es posible que hombres que suscriben distintas doctrinas comprensivas, distintas concepciones del bien pueden convivir y ponerse de acuerdo en los justos términos de la cooperación social.

Sin embargo, en ambas etapas del desarrollo intelectual de Rawls estará presente, en alguna medida, el rechazo al utilitarismo y persistirán los reproches al poco respeto que muestran las teorías utilitarias por la individualidad y su metodología de presuponer una concepción del bienestar particular para construir luego una concepción de la justicia.

La marca que tendrá toda su obra será la adopción del paradigma del consenso en filosofía política, lo que significó la convicción de que la construcción teórica de la que emergen los principios de justicia que han de ser escogidos para ser aplicados a la estructura básica deben estar justificados en la capacidad que tiene los hombres de llegar a acuerdos e instituciones comunes que posibiliten la coexistencia social, y no pueden deducirse apelando a doctrinas comprensivas, por lo que el uso del utilitarismo clásico para discutir las cuestiones relativas a la justicia queda descartado en la construcción de una concepción política de la justicia, además advierte el norteamericano que la aplicación de las teorías de Bentham y Sidgwick llevaría a consecuencias indeseables como la supresión de las libertades básicas.

Para satisfacer la exigencia del paradigma del consenso y dar respuesta al problema práctico que se ha planteado el autor de Teoría de la Justicia hace uso de un recurso argumentativo que llama la “posición original”, este le permitirá satisfacer las exigencias de imparcialidad que se propone su concepción de la justicia puesto que es una idea modelo que tiene la función de representar la condiciones ideales para la construcción de una concepción política de la justicia. La justicia como imparcialidad supone que los términos justos de cooperación han de ser establecidos por un compromiso que harían las personas a la luz de lo que ellas consideran su mutuo beneficio pero debe hacerse bajo las condiciones apropiadas, es decir, “debe situar equitativamente a personas libres e iguales y no deben permitir mayores ventajas de regateo a algunas personas frente a otras. Además, deben ser excluidas las amenazas de fuerza, coacción y fraude”(Rawls, 2002, p. 205)  

Para hacer esto debemos encontrar un punto de vista que no esté deformado por rasgos particulares de determinada posición u orientado por la imposición de intereses privados o  una doctrina comprensiva puesto que construir una concepción de la justicia bajo tales circunstancias viciaría un procedimiento que tiene la pretensión de imparcialidad, para excluir ese tipo razones se utiliza en la posición original el rasgo distintivo que Rawls denomina “velo de ignorancia”, lo cual significa que “nadie sabe cuál es su lugar en la sociedad, su posición, clase o status social; nadie sabe tampoco cuál es su suerte en la distribución de ventajas y capacidades naturales, su inteligencia, su fortaleza… incluso, no conocen sus concepciones acerca del bien, ni sus tendencias psicológicas especiales”(Rawls, 1997, p.25).

En esta hipótesis de la posición original las partes deliberarán para acordar los principios de justicia en un consenso entrecruzado donde cada uno de los deliberantes representa los intereses de una persona libre e igual, por ello al hacer el ejercicio de ponernos en la posición original “nos veremos obligados a tener en cuenta intereses que puedan ser generalizables y no aquellos que sean circunstancialmente los nuestros”( Da Silveira , 1999, p. 30), por ello podemos ponernos en la posición en cualquier momento sin renunciar  a nuestras convicciones o intereses privados sino atendiendo a las restricciones enumeradas en el “velo de la ignorancia” para pensar sobre el tipo de argumentos que pueden esgrimirse con razón en la esfera pública.

Finalmente Rawls asegura que al ponernos en tal ejercicio, que representa las condiciones ideales para la construcción de una concepción políticas de la justicia, llegaremos siempre a los mismos dos principios de justicia que él nos presenta en sus obras y que asegura son los más adecuados para, dado el hecho del pluralismo, la personas con los más diversos intereses y que suscriben las más diversas concepciones del bien puedan convivir en armonía haciendo parte del sistema de cooperación social. Estos son:

a) cada persona tiene el mismo derecho irrevocable a un esquema plenamente adecuado de libertades básicas iguales que sea compatible con un esquema similar de libertades para todos; y

 b) las desigualdades sociales y económicas tienen que satisfacer dos condiciones: en primer lugar, tienen que estar vinculadas a cargos y posiciones abiertos a todos en condiciones de igualdad equitativa de oportunidades; y, en segundo lugar, las desigualdades deben redundar en un mayor beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad(Rawls, 2002, p. 73).

Puntos de encuentro entre ambos enfoques

Después de este recuento de ambas concepciones de la justicia pienso que ya tenemos un buen material para reconocer los puntos de encuentro que hace converger la concepción milliana de la justicia y la “justicia como imparcialidad” puesto que aun el mismo Rawls afirma que “el contenido de los principios de justicia política y social de Mill se aproxima mucho al de los principios de la justicia como equidad. Dicho contenido es… suficientemente aproximado para que… podamos considerar que ambos tiene más o menos el mismo contenido sustantivo”(Rawls, 2009, p. 317) pues piensa que cabe la posibilidad de que Mill desde su forma de utilitarismo llegue a una formulación similar a la suya, como en un consenso entrecruzado donde diferentes partes llegan a un acuerdo sobre unos principios cada uno aduciendo sus propias razones.

Quiero destacar básicamente dos aspectos que, según lo veo, acercan las propuestas teóricas de ambos autores. El primero de ellos tiene que con la distinción que se hace comúnmente de las doctrinas éticas según concedan prioridad a la justicia sobre la moral o el bienestar, o de la moral sobre la justicia, las del primer tipo se denominan éticas deontológicas y las segundas teleológicas. Rawls afirma que su justicia como imparcialidad pertenece al primer grupo de teorías mientras asevera que el utilitarismo es del otro grupo, aun así parece que al utilitarismo de Mill no es tan fácil ubicarlo en el segundo grupo por el solo hecho de declarase utilitarista.

Como vimos al principio, la filosofía de Mill le da una prioridad, por lo menos metodológica, al tema del bienestar pues como utilitarista sostiene que el fundamento de la moral es el criterio de la utilidad o principio de la mayor felicidad, por tanto, cuando se empieza a leer el libro El Utilitarismo de John Stuart Mill nos encontramos de primera con el supuesto de que el sumo bien es la felicidad pues la justicia aparecerá después y en concordancia con lo que sabemos de sus maestros los utilitaristas clásicos como Bentham, Edgeworth y Sidgwick podríamos pensar que nos expone una teoría teleológica.

Sin embargo,  cuando llegamos a la exposición acerca de la justicia se complica un poco la clasificación que podríamos haber hecho al principio, pues aunque Mill sigue apelando al criterio de la utilidad como fundamento de toda la moral hace un esfuerzo por dejarnos claro que la justicia no es precisamente algo secundario. Distinguirá el filósofo inglés entre la moralidad en general, la prudencia y la justicia, y dirá que las últimas dos hacen parte de la primera, que sigue teniendo como principio rector el criterio de la utilidad.

Y teniendo en cuenta la anterior distinción dirá que ciertamente hay una prioridad de la justicia sobre la prudencia pues “la justicia es más sagrada que la prudencia y esta última sólo debe ser escuchada después de que la primera hay sido satisfecha”(Mill, 2010, p. 131), y la justicia es el nombre que le damos a ciertas reglas morales que se refieren a las condiciones esenciales del bienestar humano, es decir, aunque en la exposición de Mill la justicia hace parte del bienestar es la parte más importante, lo cual hace que su exposición se parezca bastante a la prioridad de la justicia básica que defiende Rawls, por esto y por definir la justicia como un derecho moral personal pienso que se acerca más a la deontológica “justicia como imparcialidad” que a la teleología de sus maestros utilitaristas.

El segundo aspecto que quiero destacar de la relación entre la concepción de la justicia milliana y la rawlsiana es la caracterización de ambas como teorías liberales de la justicia. En su ensayo Unidad Social y Bienes Primarios John Rawls no dice que “existe una profunda  división entre concepciones de la justicia según que admitan una pluralidad de concepciones del bien diferentes, opuestas o incluso inconmensurables, o sostengan que no hay sino uno sola concepción del bien, que ha de ser reconocida por todas las personas en la medida que sean racionales”(Rawls, 1986, p. 188). El pensador estadounidense suscribe el primer tipo de concepción de justicia, por tanto, piensa que el utilitarismo clásico cae que en el error de negar o no tener en cuenta la posibilidad de un pluralismo razonable y tiene la  falencia de presuponer una única idea del bien para darle fundamente a la justicia.

Rawls nos muestra que el pluralismo razonable, admitir las distintas concepciones del bien, es presupuesto básico del liberalismo político y dice que además de la suya hay otras liberales, entre las cuales incluye la de John Stuart Mill, y opone estas propuestas liberales a las del utilitarismo, por tanto, en esta disputa intelectual prefiere ubicar a Mill de su lado que del lado de los utilitaristas, porque sabe que el aceptar distintas concepciones del bien  y respetar que cada individuo pueda formarse su propia idea del bienestar y perseguirla es algo que ambos comparten.

Por consiguiente, Rawls sabe que la crítica que le hace al utilitarismo clásico de que no toma en serio a los individuos y que le da prioridad a una idea particular del bienestar sobre la justicia no le cabe a la forma de utilitarismo que profesa Mill y aún más, llega a insinuar que podríamos pensar que realmente no es un autor utilitarista (pero eso es otra discusión). Pues el mismo Mill que nos dice en El Utilitarismo que el único fin en sí mismo es la felicidad nos aclara en Sobre la libertad que no hay una sólo forma de ser feliz y que la libertad que pueda llamarse tal aquella en la que cada quien se forma su propia idea del bien y puede vivir conforme a ella sin privar a los demás de hacer lo mismo.

En síntesis, pienso que la concepción de la justicia del filósofo inglés está más cerca de la del norteamericano John Rawls que de lo que puede estarlo de sus maestros utilitaristas pues su marcada prioridad de la justicia sobre el resto de la moralidad y su reivindicación de la individualidad lo alejan de los utilitaristas anteriores y lo acercan al liberalismo como doctrina política pues comparte con el enfoque rawlsiano, marcadamente liberal, el respeto de una esfera de derecho individuales, el reconocimiento de la existencia de sociedades plurales y complejas, y la defensa de que cada individuo pueda perseguir sus fines siempre que no impida a otros hacerlo; elementos comunes a toda doctrina liberal y raros en una doctrina utilitarista.


Referencias

Da Silveira, P (1999). John Rawls y la Teoría de la Justicia. Revista de Filosofía Universia Católica del Uruguay N. 12. 24-45

Mill, J. (2007). Sobre la libertad. Madrid: Alianza Editorial.

Mill, J (2010). El Utilitarismo. Madrid: Alianza Editorial.

Rawls, J. (1986). Unidad Social y Bienes Primarios. En Justicia como equidad. Materiales para una teoría de la justcia. (137-186). Madrid: Editorial Tecnos S.A.

Rawls, J. (2002). Justicia como equidad: una reformulación. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica S.A.

Rawls, J. (2002). Justicia como imparcialidad: Política, No Metafísica. En Doce textos fundamentales de la Ética del siglo XX. (186-227). Madrid: Alianza Editorial

Rawls, J. (2009). Lecciones sobre la historia de la filosofía política. Madrid: Ediciones Paidós Ibérica S.A

Rawls, J (1995). Liberalismo político. México D.F: Fondo de Cultura Económica.

Rawls, J (1997) Teoría de la Justicia. México D.F: Fondo de Cultura Económica