Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

Economía y crematística en la Política de Aristóteles.


Omar Alejandro Amaya Amaya

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

En este ensayo presento los conceptos de economía, crematística y arte de adquirir que Aristóteles introduce en el libro I de la Política en el marco de su definición de la comunidad política y su fin: la vida autosuficiente. Presuponiendo el fin de tal comunidad nos preguntamos por la relación entre la política y la economía. Cómo se verá, resulta necesario distinguir entre un arte de adquirir sujeto a los fines de la comunidad política y otro que no lo es. Aristóteles propone la distinción sin ambigüedades pero nos parece pertinente enfatizar en el carácter de medio que tiene la economía para un fenómeno mucho más amplio y del cual esta es el fin: la política y sus propios fines. Por último, indagamos en el concepto de ciudadano para evidenciar en lo posible su singularidad en el mundo de la economía.

Abstract

In this paper I present the concepts of economy, chrematistike and art of acquisition that Aristotle introduces in Book I of the Politics within its definition of the political community and its purpose: the self-sufficient life. Assuming this purpose I shall research about the relationship between politics and the economy. How will it necessary to distinguish between an art to acquisition subject to the purpose of political community and one that is not. Aristotle proposes without ambiguity the distinction but it seems appropriate to emphasize the character of resourse having the economy to a much wider and that this phenomenon is the end: the politics and their own purposes. Finally, we investigate the concept of citizen as far as possible to show his singularity in the economic world.

Palabras Clave

chrematistike, art of acquisition, political economy, management

 
   

1. Introducción

En este ensayo me interesa establecer la relación que guardan la política y la economía en el pensamiento de Aristóteles. Dilucidar esta relación se encuentra con la dificultad de que no hay una definición explícita de política, empero, la ausencia de tal definición no puede implicar la ausencia del concepto. En efecto, tal concepto (la política o lo político[1]) tiene en principio el tratamiento de ser un adjetivo (polis) que califica al sustantivo comunidad (koinõnia), de modo que la cuestión de la relación política—economía se puede cercar en unas preguntas más precisas e indicativas: ¿qué es una comunidad política? y ¿qué distingue a esta comunidad de las otras?, preguntas que, como se verá, conducen directamente a una investigación de la relación política—economía.

En sus Diálogos Platón considera que el gobierno o administración de la ciudad (polis) es, en esencia, el mismo aunque cuantitativamente mayor que el gobierno de la casa (cf. Político 258e—259a). Por su parte Aristóteles sostiene que el gobierno de la polis sí se distingue específicamente de los otros (Pol I 1 1252a). En la introducción de esta distinción aristotélica se pueden identificar tres movimientos, a saber: i) la consideración de la especificidad de la polis frente a las otras comunidades, ii) se ingresa una noción relevante en la reflexión sobre la relación política—economía: gobierno y/o administración, y iii) se establece una diferencia específica de un gobierno y/o administración frente a los demás gobiernos, que resulta análogo a la diferencia específica entre las comunidades.

 

2. Oikonomiké, uso y adquisición en la oikos y la polis.

 

De esta manera el lector que se acerca a la Política con este objeto de investigación en mente no debe sorprenderse al encontrar en ésta ciertos pasajes que indagan profundamente alrededor de la oikonomiké: administración doméstica[2].Todo parece indicar que la reflexión de Aristóteles al inicio de su obra —lo cual se debe tener en cuenta como síntoma de la importancia de esta temática— sobre la administración o gobierno de la casa debería servir para poder distinguirlo de un hipotético (aún no probado) gobierno de la polis. En este punto se puede sospechar que, admitiendo la especificidad de la polis en tanto comunidad y del gobierno de la polis en tanto gobierno, es menester otorgar la mayor importancia al tratamiento que el filósofo hace de la oikonomiké para poder asegurarse una correcta comprensión de la relación política—economía. En otros términos, una investigación sobre la política en Aristóteles implica per se una investigación de la oikonomiké. Es precisamente esto lo que aquí se hace cuando se propone como objeto de investigación una relación: la de la política con la economía.

Por fortuna el concepto de oikonomiké tiene un tratamiento detallado en Aristóteles que nos permite comprender tal relación. En un primer momento el filósofo muestra que la administración doméstica se debate entre si es idéntica a la llamada por algunos como “crematística” (khrêmatistiké) o ésta es la parte principal de aquélla (Pol I.3 1253b 17—20), este debate parece estar animado por la amplitud con que se manejan las nociones de “uso” y “adquisición” de los productos. Sin embargo, no se puede usar lo que no se adquiere y hasta tanto no se torne propiedad de uno, parece que a la adquisición sigue inmediatamente el uso de lo adquirido. Y, además, si se tiene en cuenta que la adquisición de determinado producto se realiza con la mira en la realización de un fin (usarlo) entonces es necesario analizar el vínculo secuencial y de medio/fines que parecen exhibir estas nociones (uso y adquisición). Para aclarar ello es útil, y además permite una mejor comprensión de la relación oikonomiké y khrêmatistiké, el planteamiento de Aristóteles sobre cuatro posibles matices de esta relación (Pol I.8 1256a 1—14): i) que sean idénticas, ii) que la crematística sea una parte de la economía, iii) que la crematística sea un arte que sirve a la economía bien sea con materia o instrumentos y, finalmente, iv) que sean de una especie distinta.

La opción (i) es descartable de inmediato por cuanto la oikonomiké se ocupa sólo del uso de las cosas de la oikos y la crematística de su adquisición: “no es lo mismo la economía que la crematística. Pues lo propio de ésta es la adquisición, y de aquélla, la utilización. ¿Qué arte, sino la administración doméstica, se ocupará del uso de las cosas de la casa?” (Pol I.8 1256a 15—19), aquí se enuncia el sentido primario de oikonomiké: una administración doméstica entendida como el uso de los bienes necesarios para asegurar los fines de la oikos. La posibilidad que abre Aristóteles entre (ii) y (iii) tiene la intención de justificar el surgimiento de “una especie de arte adquisitivo” (Pol I.8 1256b32) que es conforme a los fines tanto de la oikos como de la polis: la sobrevivencia y la vida buena respectivamente. Tal arte resulta útil por cuanto permite cumplir adecuadamente con la vida de ambas comunidades: “la propiedad es una parte de la casa, y el arte de adquirir, una parte de la administración doméstica (pues sin las cosas necesarias es imposible tanto vivir como vivir bien). Y lo mismo que en las artes determinadas es necesario disponer de los instrumentos apropiados si ha de llevarse a cabo la obra, así también en la administración doméstica” (Pol I.4 1253b 32—39).

A partir del pasaje citado se puede colegir lo siguiente: a) el gobierno o administración de la casa se equipara a un saber idéntico al de ciertas “artes determinadas” por cuanto presupone la provisión o disposición de “instrumentos” para poder ejecutarse en tanto arte, b) el concepto de oikonomiké se amplía a tal punto que hace suya en calidad de “parte”, o por lo menos presupone, una especie del arte de adquirir que resulta necesario para que quien está a cargo de la administración y/o gobierno de la oikos y la polis pueda llevar a término los objetivos de ambas comunidades: “una especie de arte adquisitivo es naturalmente una parte de la economía” (Pol I.8 1256b 32—33), esto implica a su vez que c) quien posee el saber de administrar y/o gobernar tiene dos posibilidades: i) hacer propio el arte de adquirir o una especie de él o ii) entrar en contacto con quien dispone de este arte para que nos brinde sus instrumentos, en este caso el arte de adquirir resulta ser un saber auxiliar al arte de administrar o gobernar.

Además de esto, es correcto suponer que el arte de adquirir en tanto arte (techne) tiene sus propios instrumentos y fines pero la manera en que Aristóteles lo aborda implica que ese arte está subordinado a la administración doméstica o de la polis pues el fin u objetivo de la adquisición es proveer los instrumentos necesarios al administrador y/o gobernante, quien a su vez los usa como medios para realizar los fines propios que su propio saber determina, esto es: la sobrevivencia y la vida buena en la oikos y la polis respectivamente. Se establece así, por tanto, una relación de medio-fin entre la crematística, sea en cuanto especie o de manera íntegra, y la administración o gobierno de ambas comunidades.

Adicionalmente se puede apreciar que el concepto de oikonomiké en su sentido primario: administración doméstica, no refiere, como se nos dice, sólo al uso de las cosas propias de la oikos sino también, en el sentido ya esclarecido, a una adquisición de tales cosas, por tanto la oikonomiké —en un sentido ampliado— es la adquisición y el uso de los bienes para la consecución de los objetivos de la oikos o la polis. Sin embargo, definir de esta manera la oikonomiké deja de lado la posibilidad de la opción (iv) y si además se toma a (b) como conclusión se percibe que existe otra especie de arte adquisitivo, que junto con la primera especie constituirán de manera íntegra el llamado arte de adquirir. Por esta razón denominaré la crematística que hasta aquí se ha abordado como crematística del tipo uno y se dirá también, de manera provisional, que la oikonomiké comprende tanto el uso de productos como la adquisición de estos mediante la crematística tipo uno.

En resumen, se niega la opción (i) y se confirman las opciones (ii) y (iv). En cuanto a (iii) se puede decir que es la opción que permite continuar analizando el vínculo entre política y economía por cuanto la distinción entre la adquisición de diversos productos (v.gr.: materia o instrumentos) permite a su vez entrever la distinción entre las especies de crematística involucradas en el arte de adquirir. La crematística tipo uno en tanto una especie del arte de adquirir se orienta hacia la adquisición directa de la naturaleza de todo aquello necesario para sobrevivir, los ejemplos que ofrece Aristóteles son: la agricultura, la piratería, la pesca y la caza. Incluso en la medida en que se distingan los “modos de vida” es posible combinar varios oficios para así mismo adquirir productos diversos. Este saber es natural al hombre y es provisto a éste de dos modos: por nacimiento o por el desarrollo de las disposiciones del hombre (Pol I.8 1256b 8-11), es por esta razón que la crematística tipo uno es natural en oposición a otra crematística (la llamaré del tipo dos) “que resulta más bien de cierta experiencia y técnica” (Pol I.9 1257a6-7).

 

3. Kapêliké khrêmatistiké como cierto arte de adquirir

 

El surgimiento del otro tipo de crematística tiene su origen en factores que se entrecruzan: a) la especialización de las funciones implicada en el desarrollo de la oikos a la polis, b) el doble aspecto de los productos o “instrumentos”, y, c) la aparición del dinero. El primero de estos factores corresponde a una circunstancia fáctica que Aristóteles, en su genialidad, introduce en su reflexión sobre la relación política-economía: “en la primera comunidad (es decir, en la casa), es evidente que [el comercio de compra y venta] no tiene ninguna función, pero sí cuando la comunidad es ya mayor. Pues los unos tenían en común todas las cosas, pero los otros, al estar separados, tenían muchas pero diferentes, de las cuales es necesario que hagan cambio según sus necesidades, (…), al trueque” (Pol I.9 1257a 25-31). De lo que aquí se trata es de distinguir dos tipos de intercambio, el intercambio directo de un producto por otro diferente (trueque) y el intercambio de un producto por otro con intermediación del dinero (comercio de compra y venta).

Sobre la adquisición que implica el trueque, Aristóteles declara que “[e]ste tipo de cambio ni es contra naturaleza ni tampoco una forma de crematística, pues era para completar la autosuficiencia natural” (Pol I.9 1257a 34-36). Se debe advertir el presunto equívoco que puede implicar este pasaje pues al referirse al intercambio que no es contranatura y simultáneamente negar que es una forma de crematística se podría inferir erradamente que o bien el intercambio es la misma crematística o bien que se trata de aquella crematística que requiere de cierta técnica y no es así en lo absoluto. Lo que aquí se quiere decir es que el saber implicado en la actividad del trueque no es distinto del saber natural propio de la crematística tipo uno por cuanto en ambos casos se trata de una actividad cuyo fin es asegurar la provisión de productos necesarios para lograr la “autosuficiencia natural”.

Ahora bien, respecto al segundo factor, los “instrumentos”, se percibe que son objeto de una cuidadosa reflexión por parte de Aristóteles. Estos tienen un doble aspecto: el uso para el que fueron producidos y el uso de ser objeto de intercambio en el mercado. Por ejemplo, un zapato se produce para ser calzado (“uso propio”) pero también para ser intercambiado por otro producto o por dinero (Pol I.9 1257a 12-17). Es en este punto donde Aristóteles sospecha que la crematística tipo dos, que un intérprete observa que en realidad es “kapelike (chrematistike in the bad sense)” (Meikle 63), en tanto saber puede dejar de servir al gobierno de la polis por cuanto no contribuiría a sus fines. Antes de avanzar es necesario dejar en claro que el intercambio (trueque) es explicado y justificado por Aristóteles por tres razones: satisfacción de las necesidades propias del fin de la oikos o aldea, da el alcance suficiente a los objetivos de la polis y, por último, constatación fáctica del intercambio entre pueblos dada la abundancia de unos y la precariedad de otros.

Esta kapêliké khrêmatistiké se puede confundir fácilmente con la crematística en el buen sentido pues ambos tipos coinciden en que heredan un mismo saber: el arte de adquirir, y además en que ambas manipulan los productos en tanto medio para producir un fin (Pol I.9 1257b 41-44). Es manifiesto que en el pensamiento de Aristóteles toda técnica o arte produce un resultado o producto derivado de la aplicación de tal saber sobre una materia[3], por esta razón y dado que Aristóteles ha argumentado a favor del carácter técnico de la kapêliké entonces ésta debe tener: a) como medio cierta manipulación de una materia (en un sentido ampliado) y b) como fin algo bien distinto de la crematística (tipo uno).

Se ha observado que la oikonomiké está intrínsecamente ligada a los fines de la polis y que en conformidad con ello hace suya, en calidad de parte, a una especie del arte de adquirir: crematística. La oikonomiké entendida en su sentido amplio incorpora sólo a una especie del arte de adquirir porque es ésta la única que se ajusta a los fines que le exige cumplir la oikonomiké en tanto actividad y saber técnico que está regido por los fines de la comunidad de la polis. La otra especie del arte de adquirir, la kapêliké, es un saber que tiene cierta experiencia de la lógica del intercambio comercial y un dominio o destreza para adquirir productos en el marco de esta lógica. Por eso sus fines son otros, no es una especie de arte adquisitivo que esté supeditado a fines que determinan saberes externos como lo son la administración doméstica o la oikonomiké en su sentido amplio. El fin que persigue al hacer uso de su saber técnico con los productos de intercambio es “obtener máximo lucro” (Pol I.9 1257b 6).

La causa de la aparición de este saber, la kapêliké, independiente y al margen del fin de la polis, la vida buena, reside en una disposición que, en efecto, cultiva otro tipo de vida:

La causa de esta disposición es el afán de vivir, y no de vivir bien. Al ser, en efecto, aquel deseo sin límites, desean también sin límites los medios producidos. Incluso los que aspiran a vivir bien buscan lo que contribuye a los placeres corporales, y como eso parece que depende de la propiedad. Toda su actividad la dedican al negocio; y por este motivo ha surgido el segundo tipo de crematística (Pol I.9 1258a 1—7).

 

3 Oikonomiké y política

 

Finalizada la discusión sobre el arte de adquirir en el marco del concepto de economía (oikonomiké), Aristóteles recapitula advirtiendo que la crematística es un saber que posee el administrador y/o gobernante de la oikos y la polis según sea el caso. No se puede decir que en el mismo individuo que gobierna esté presente un saber tan peculiar que pueda eventualmente adquirir todo tipo de cosas, pero sí se puede contar con que este individuo disponga del saber necesario para designar, por ejemplo, a sus asesores en el campo de la adquisición de los diversos y múltiples productos necesarios y suficientes para los fines de la oikos y la polis respectivamente. Se verifica así la opción c del segundo apartado (2).

Se ha observado entonces que en los capítulos 8-11 del libro I de la Política se exponen asuntos relacionados al gobierno y/o administración de la oikos y de la polis. También se ha hecho mención sobre los fines de cada comunidad, que son distintos y que la relación de cada una de éstas con lo que en un principio era oikonomiké varía según el particular desarrollo de la producción de bienes, es decir, oikonomiké no significa lo mismo en el estadio social de la oikos que en el de la polis: “Aristotle is analysing the evolution of social relations of exchange through their successive historical forms” (Meikle 61).

Esto implica que en una comunidad política existe un tipo de arte adquisitivo que necesariamente se guía por las acciones y saber de quienes administran y/o gobiernan. Pero tal arte adquisitivo también hace presencia y se ejecuta en la polis sin referencia alguna a las determinaciones de un administrador o gobernante. La denuncia que Aristóteles hace de esta segunda forma de saber sin brújula constituye más una advertencia a los ciudadanos que administran la oikos, es decir, a aquellos que “creen que esa es la función de la economía doméstica, y acaban por pensar que hay que conservar la riqueza monetaria indefinidamente” (Pol I.9 1257b 45—46) que a los ciudadanos que están gobernando la polis: ciudadanos que ocupan las magistraturas. En efecto, Aristóteles testimonia casos de enriquecimiento monetario para inmediatamente afirmar que “[e]s útil también para los políticos conocer estas cosas, pues muchas ciudades tienen necesidad de recursos financieros y de tales medios de procurárselos, como una casa, o más aún.” (Pol I.11 1259a 41—45). Sin embargo, no descarta que los magistrados también hagan lo propio: “Por eso algunos gobernantes dirigen su política sólo hacia esas cosas”(Id.) .

Lo anterior indica, sin duda, que todo oficio o profesión parece ser objeto posible de perversión por parte de la kapêliké khrêmatistiké. Basta poseer un saber técnico como la medicina o la milicia para que las facultades que implican tal saber se puedan convertir en crematísticas del tipo dos (Pol I.9 1258a 12—17), es decir, que a cambio de los fines establecidos para estos oficios (v.gr.: la salud y la victoria) se persiga el lucro usando tal profesión. De este modo se puede suponer que el gobierno de la polis se asemeja a un saber técnico (techne) como verbigracia la medicina en cuanto es objeto posible de la misma tergiversación de sus fines.

Por estas razones la finalidad de la polis es potencialmente objeto de tergiversación o perversión por parte de la racionalidad de la kapêliké khrêmatistiké: el ánimo y afán de lucro en toda actividad. Por tanto nos preguntamos en relación al gobierno político i) ¿Si la racionalidad crematística se apodera de todas las facultades y además pervierte el fin de las profesiones de los hombres en los que se 'introduce' entonces se puede afirmar que ocurra lo mismo con la facultad deliberativa de los ciudadanos?

Si la facultad deliberativa es aquella de la que hacen uso los ciudadanos en la asamblea y que transmiten por medio de la palabra (logos) “para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto” poseyendo el sentido del bien y participando comunitariamente de este sentido en la oikos y en la polis (Pol I.2 1253a 20-24) entonces se puede colegir que hay dos formas de participación: i) la que hace el individuo crematístico tipo dos cuando delibera públicamente sobre su noción de vida buena y lo que debe perseguir la polis y la enfrenta a sus conciudadanos, y ii) la que realiza cuando suscribe o disiente del sentido de bien, de lo justo o injusto que se ha establecido por el “poder soberano” de los ciudadanos mediante leyes. En el primer caso el individuo para participar sólo necesita tener la condición de libre sin importar su racionalidad respecto a la adquisición y uso de recursos, en el segundo el individuo ha ejercido su derecho (participado en la deliberación) pero debido a los antagonismos sociales su noción de bien puede tener dos caminos, en el primero su idea de bien es conforme al sancionado por la polis y en ese caso participa además 'espiritualmente', en el segundo su noción de bien no es tenida en cuenta en la sanción general de bien y por tanto no participa de él, es decir que en cierto sentido hace parte y en otro no hace parte de la comunidad.

Esta digresión nos lleva a considerar la pregunta por el sentido de la vida buena cuyo contenido pone en duda el sujeto crematístico tipo dos: ¿en qué o quiénes reside la legitimidad o los criterios para establecer unos fines y no otros? ¿quién y cómo se determinan esos fines? Intentaré hallar las respuestas a estos interrogantes en el libro III de la Política puesto que considero que las definiciones de ciudad y ciudadanía allí consignadas nos conducen por caminos satisfactorios, no sin antes introducir la autodefinición del gobierno político que se nos da en el libro I: “no es lo mismo el poder del amo y el político (…) pues uno se ejerce sobre personas libres por naturaleza, y otro, sobre esclavos, (…) el gobierno político es sobre hombres libres e iguales” (Pol I.7 1255b 21-29), estos últimos son los ciudadanos.

 

4 Conclusiones: el gobierno político, comunidad de ciudadanos.

 

La investigación de la economía nos ha mostrado sus límites por cuanto el fin de la polis le trasciende y sólo actúa como medio para ese fin, pero éste no ha sido determinado, ni especificado más allá de afirmar que es lo mejor, lo natural, etc. En otros términos se sabe que la crematística tipo uno en tanto que provee riqueza de instrumentos (v.gr.: esclavos, alimentos, etc) a la polis resulta necesaria para realizar el vivir bien, también se sabe que éste es el fin de la ciudad y que sólo es posible darle curso si se puede cultivar una vida autosuficiente en la polis, es decir que la polis exige por sí y para sí misma que sus miembros (ciudadanos) sean los suficientes para “vivir con autarquía”.

Dado que no se ha indagado con hondura en lo que significa la autosuficiencia se puede considerar que hay dos preguntas claves que orientan: ¿autosuficiencia de qué? y ¿autosuficiencia para qué? El estudio de la economía en un sentido amplio (economía doméstica y la crematística tipo uno) nos ha mostrado que la autosuficiencia remite a la necesidad de riqueza instrumental en contraste con la riqueza monetaria. Ahora bien, ¿para qué sirve la autosuficiencia de instrumentos?, es decir, para qué sirve la riqueza instrumental, Aristóteles nos dice que “la vida mejor (…) es la que está acompañada de virtud dotada de recursos suficientes como para poder participar en las acciones virtuosas” (Pol VII.3. 1324a), tal vida se alcanza mediante el uso y perfeccionamiento de la virtud, lo cual constituye la felicidad, que es “lo mejor” y la mejor vida posible (Pol VII.8 1328a 44-48).

De aquí se sigue que el logro de la autosuficiencia de una polis depende necesariamente de la economía en un sentido amplio pero que no es suficiente para afirmar que tal polis es autosuficiente pues le falta su esencia: la virtud, la felicidad, etc. La riqueza instrumental tan solo es la base material para cultivar una riqueza espiritual: la vida virtuosa, en ese sentido una ciudad (polis) es autosuficiente si es rica en los dos sentidos.

A pesar del cultivo de las virtudes que debe hacer un miembro de la polis por el hecho de pertenecer a la polis, éste no parece ser el factor más determinante para el ejercicio de su virtud: “el buen ciudadano debe saber y ser capaz de mandar y obedecer; y esa es la virtud del ciudadano: conocer el gobierno de los hombres libres bajo sus dos aspectos a la vez” (Pol III.4 1277b 18-21). Si bien el gobierno político exige la virtud de ser capaz de gobernar y también ser capaz de dejarse gobernar, presupone un factor de exclusión sobre quienes ejercen los “trabajos necesarios”: “[l]a ciudad más perfecta no hará ciudadano al trabajador. En el caso de que éste también sea ciudadano, la virtud del ciudadano de la que antes hablábamos no habrá de aplicarse a todos, ni siquiera solamente al libre, sino a los que están exentos de los trabajos necesarios” (Pol III.5. 1278a 11-16), de estas afirmaciones se implica que el ejercicio del gobierno político, de deliberar y juzgar presupone, además de su excelencia propia, una condición libre de las ocupaciones que realizan esclavos, jornaleros (o campesinos) y artesanos (obreros manuales), esta condición la denominó libertad material en contraste con la libertad jurídica de los ciudadanos y los libertos.

El ciudadano por tanto es el individuo de la polis que presupone de tres condiciones: a) autosuficiencia instrumental, b) libertad material y c) virtud civil. Esta última no es un saber técnico especializado como la crematística ni la economía en un amplio sentido sino que es la capacidad en acto o potencia que tiene un individuo de mandar a otro y ser mandado por otro que cumpla con las mismas condiciones. Por eso el ejercicio del gobierno por parte del ciudadano se diferencia del gobierno del amo o de quien administra instrumentos, pues en estos casos la relación no es entre iguales.

Notas

[1]     No distingo aquí —como ya es lugar común en la filosofía política contemporánea— entre estas dos expresiones.

[2]          Palabra compuesta por oikos (casa) y la raíz nem (regalar, administrar, organizar) (Finley 15).

[3]          “Llamo materia a la sustancia de que se hace una obra; por ejemplo, las lanas para el tejedor y el bronce para el escultor” (Pol I.8 1256a 11—14).


Referencias

ARISTÓTELES. Política. Trad.: Manuela García Valdés. Ed. Gredos.: Madrid. Primera edición: 1988. 2da reimpresión: 1999.

FINLEY, M.I. La economía de la Antigüedad [1973]. FCE.: México. D.F.1974.

MEIKLE, S. Aristotle and the Political Economy of the Polis. En: The Journal of Hellenic Studies, Vol. 99 (1979), pp. 57—73.