Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

Fenomenología y afirmación de la existencia del sujeto a partir del pensamiento de René Schérer


Emmanuel José Ávila Estrada; Universidad de Atlántico; Emmanueljae@hotmail.com

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




     Muchos son los autores que han hecho una fuerte crítica, como también grandes aportes a lo que recibió el nombre de socialismo, específicamente a aquel socialismo, soportado por la teoría política de Karl Marx. Muchas de estas críticas apuntan al sacrificio que debe hacer el individuo para que pueda establecerse tal sistema social, económico y político, sacrificio del cual solo se beneficia quien detenta el poder, el tirano. Pues bien, Esta investigación estará centrada en la pérdida de la individualidad y de la subjetividad, pero también de la forma cómo el sujeto valiéndose de sus facultades puede llegar afirmarse ontológicamente.

     A razón de esto, hemos decidido tomar como base  de esta investigación la obra del filósofo contemporáneo francés René Schérer -profesor emérito de la Universidad Paris VIII- el cual nos ofrece las rutas por las que podemos llevar a buen término nuestra investigación. Schérer ha realizado un importante trabajo respecto a esta temática, en su obra hallaremos las facultades que posibilitarán que el sujeto pueda ser afirmado. Esta afirmación no es otra cosa que la forma como se revitaliza la fuerza individual en la sociedad, una fuerza que está dirigida por los deseos. Buscaremos en la presente investigación dar muestra de la forma cómo el sujeto pude afirmase ontológicamente y, luego de esta afirmación, establecer relaciones armoniosas.

      La anulación de la individualidad, es decir, el no percibirnos como uno, sino en masa, como colectivo, no es un hecho reciente. Vemos cómo desde la implantación del socialismo, como nuevo modelo político durante el siglo XX,  se potencializa la fuerza colectiva aunque esto traiga consigo la negación del sujeto, trayendo como consecuencia la perdida de la subjetividad. El vernos envueltos, sumergidos en la masa, señala precisamente la antítesis que  impediría al sujeto lograr la afirmación. Por esto ya no se hablaría de un individuo sino de un grupo, comunidad, Estado o masa. En el caso opuesto encontramos el capitalismo, el cual nos vende la imagen de una libertad que nos individualiza; por ende, niega cualquier posibilidad de afirmación tanto en el otro como en sí mismo.  A razón de esto, la afirmación del sujeto debe pensarse como un acto en el que se ponen en juego las facultades propias de éste, facultades tales que posibilitaran una creación de sí, un percibirse como uno, pero que de la misma en que él se afirma, correlativamente afirma al otro y  a lo otro. Esto último puede verse claramente en la obra de Schérer, para quien, por ejemplo, el Don, encontrado en su texto le Petit alphabet impertinent, aparece como un acto en donde quien recibe se afirma, ontológicamente, como quien da, quien regala.

      Cuando se hace referencia a la afirmación de la existencia se hace énfasis en aquella contemplación en la que se ve envuelto el ser, es decir, en aquel acto en que éste ser se percibe a sí mismo y es consciente de su existencia pero también de una exterioridad (humanos, otras especies, vegetación, etc.), expuesto desde Husserl, diríamos que este acto es una evidencia apodíctica del Yo, el cual sería el “yo soy”, pero también de un sujeto que es capaz de reinventarse.

      No sólo planteamos un sujeto debido a su existencia, sino también un sujeto que es transitorio, nómada, que no permanece estático y sin transformación, que se sumerge en un constante cambio; una afirmación en la que debe mostrar una continuidad entre el ser consciente (existencialmente) y su realidad. Entre su existencia y su relación con el mundo.

     El sujeto al afirmarse, al saberse y sentirse existido, tiene la capacidad de darle forma a su mundo, de crear; es por esto que uno de nuestros derroteros es que la afirmación del sujeto potencializa el acto creador de una nueva realidad, de una nueva visión del mundo. Dicho acto de creación se potencializa en la creación de un nuevo suelo. Pero esta creación no queda en el solipsismo, ya que luego del acto de afirmación del sujeto desde sus facultades, y en efecto de la creación, se establece una relación en la que él se afirma para no perderse en dicha relación o vínculo. He aquí la importancia del proceso de afirmación, crea una nueva forma de relacionarse con el otro y lo otro sin perderse, sin negarse.

      Ahora bien, vale aclarar que aquí no proponemos una afirmación que lo aleje de la realidad, que lo ahogue en un ensueño, sino una afirmación que lo lleve a crear una nueva realidad. La creación de ésta sería inútil si el sujeto no se crea, no se reinventa a sí mismo, por tanto es necesario que antes del acto creador, el sujeto tenga bases sólidas para que luego de afirmarse pueda crear su mundo.  

      Para llegar a lo señalado como afirmación, el sujeto debe hacer uso de sus propias facultades las cuales harán posible el acto de afirmación, dichas facultades las hemos querido sustentar desde lo expuesto en el libro Petit alphabet impertinent (2014) (Pequeño alfabeto impertinente) y el Emile perverti (Emilio perverso) obras de  Rene Schérer. En la primera podemos ver, cómo a partir del desarrollo realizado por el filósofo ya mencionado, una clara muestra de una afirmación del sujeto en las que éste hace uso de sus facultades.

      A saber, Schérer toma para cada letra del alfabeto una palabra y, cada palabra, la reflexiona desde su pensamiento. De las 26 letras he tomado tres (3): F, G e I, que nos ayudarán a sustentar lo que denominamos afirmación del sujeto en sí. Schérer toma para la letra F, ficción, para la letra G, gusto y para la letra I, invisible.

      El caso de la letra F y su término asociado ficción, suscita en Schérer una postulación interesante acerca de la relación importante entre ficción e imaginación que lo llevará a concebir, “la ficción como una creación de la imaginación”(1)[Traducción nuestra]  (Schérer, 2014, 25). Este planteamiento de Schérer nos conduce a la siguiente reflexión: Siendo que  la imaginación es un concepto al cual Schérer le da la acción de crear, pareciese en este sentido que la imaginación cumple el papel de sujeto, es decir, de ejecutor de la acción, debido a que se refiere a la imaginación como la creación de la ficción. Aquí es necesario retomar lo dicho por Kant en la tercera crítica acerca del concepto de genio, puesto que para Kant es éste quien le da las reglas al arte, nuevas reglas que crean una nueva obra, por ende, el genio es alguien que participa de la originalidad –lo propio del genio será la genialidad-; pero esta originalidad del genio está dada en posesión de unas facultades que posibilitan la creación, las cuales lo constituyen: la imaginación y el entendimiento. A causa de éstas el genio crea las bellas artes.

      Haciendo una analogía entre la propuesta de Kant y lo expuesto por Schérer podríamos inferir que la imaginación juega un papel importante en el acto creador, debido a que está en el sujeto como atributo del mismo, es éste entonces éste quien ejecutará la acción (imaginar) de la cual resulta la ficción. En este sentido y respecto a Kant la imaginación muestra una total dependencia del sujeto en la creación de la ficción, del mismo modo que los conceptos de imaginación y entendimiento respecto al genio: una dependencia funcional como tal. Con esto, se pone de manifiesto la importancia del sujeto en la creación de la ficción, por medio de la imaginación.

      Analicemos, entonces, partiendo de lo precedente, respecto a lo expuesto en el Pequeño alfabeto impertinente a lo concerniente a la letra I, para la cual toma la palabra Invisible:  

Yo no percibo las otras partes que están ocultas o deformadas por la perspectiva […] sin embargo, lo visible del objeto en sí mismo, está apoyado por lo invisible, es decir que la presentación del mundo visible está, de una forma subyacente, constituida por una cantidad de cosas invisibles. (2) [Traducción nuestra] (35-36)

      Los datos de la experiencia, que para algunos de los filósofos antiguos, por ejemplo Platón, engañaban nuestros sentidos son los que posibilitan la ficción, dado que en dicho caso no todas la partes del objeto observado son visibles, es decir, hay ciertas partes que son invisibles a nuestros sentidos, pero aun así contamos con ellas dentro de los atributos de dicho objeto, esto es la ficción.

      Validada la intervención del sujeto en la creación de la ficción por medio de la facultad imaginativa, es aceptable pensar que el sujeto puede por medio de la imaginación crear, más preciso crearse. Primer hallazgo: la facultad imaginativa del sujeto.

      Ahora bien, sabiendo que la imaginación hace parte, o es atributo del sujeto veamos cómo ésta  posibilita la afirmación del sujeto en sí, pero no sin antes hacer la precisión de que el acto creador, ya mencionado, no es más que consecuencia de una afirmación del sujeto en sí, desde sus propias facultades.

      Entonces, teniendo en cuenta lo ya expuesto la pregunta crucial viene a ser ¿De qué manera puede la imaginación afirmar al sujeto? Schérer nos posibilita una respuesta en otra de sus obras,  Emile pervertí (en la trad. Al esp. Pedagogía pervertida), donde se busca afirmar al niño, personaje que junto a la mujer siempre ha sido relegado a segundo plano en la sociedad. Como se sabe, la mujer y el niño en épocas anteriores, hago referencia a acontecimientos previos al XIX, no tenían derechos y eran invisibles ante la sociedad, eran relegados a una posición tal que no tenían participación, voz ni voto en ámbitos públicos. A partir del siglo XIX la mujer fue ganando espacios hasta lograr tener un grado de igualdad respecto al hombre, luego  de ciertos procesos históricos, en los cuales no nos detendremos. Pero si la mujer fue emancipada al grado de tener, por ejemplo, derecho al trabajo ¿Qué ocurrió con el niño? su libertad parece haberse detenido en el tiempo, y se percibe socavada por fuerzas mayores a él.

      Schérer va al centro del problema, la educación, consolidada por un texto canónico que a lo largo del tiempo se ha conservado como base para la formación de quien desee profesar como pedagogo, más puntualmente para aprender a formar: el Emilio o de la educación de J. J. Rousseau. En este texto se propone un modelo pedagógico que aún en la actualidad se sigue. Encontramos que en el Emilio de Rousseau se ha hecho una separación de dos conceptos: educación-sexualidad, lo que entra en contradicción con el modelo de enseñanza de los griegos el cual es tomado por J. J. Rousseau suscrito en la relación preceptor-alumno o preceptor-Emilio, pero con una notable omisión. Rousseau segrega, separa y dicotomíza la sexualidad de la educación, las convierte seriamente en contrarios, tanto así que establece una relación de poder en la que la educación es la dominante, la represora, dando origen a lo que Shérer, palabras de Lapssade denuncia, una educación negativa. 

      El niño no tiene el poder de discernir si lo que le ofrecen es o no lo que quiere, simplemente debe aceptarlo. Podríamos decir, en este sentido, que se desnaturaliza al niño por medio de la educación o precepción. “El Emilio de Rousseau […] fija para el niño su puesto en la sociedad y su entrega a los cuidados del pedagogo […] El Emilio da al siglo de las Luces un estatuto que era buscado. Lo hace nacer y crecer, le conduce desde la cuna hasta el matrimonio” (p. 20). Su proceso de formación guiada por el pedagogo está soportada por la vigilancia y la sugestión que separa al niño de su sensibilidad, y la forma más fácil de hacer efectiva esta separación entre la sensibilidad y el niño es la intelectualidad, la racionalidad que se le insufla al niño como el oxígeno que posibilitará su existencia.

      Rousseau elabora su manual como una liberación del niño, tras máscaras, puramente racional. Una liberación que tiene un precio muy alto. Como nos lo deja ver Schérer, “Rousseau el de la doble cara: previó que el trastocamiento del orden social vendría del niño liberado, pero cerró sobre éste la tapa de la educación” (p. 20), es decir, reprime, cosifica, vigila sin dejar al niño la libertad de su querer-desear, “para ello será preciso que la ley humana, la del pedagogo, sea tan inflexible como una ley natural; y no puede serlo sino porque obra el reparto entre el capricho y la autoridad de los hombres que pervierten y aquello que la naturaleza reclama pero que, para el niño, el preceptor será el único en adivinar” (p. 21). Todo se ve limitado a la voluntad del preceptor, él es el único que cuenta con el discernimiento para la formación del niño.

      El preceptor entonces sustituye la naturaleza, debido a que ésta no da al niño lo que necesita para sobrevivir, no hay un auto-desarrollo, es por esto “que Emilio no puede, como un animal pequeño, educarse por sí mismo hasta la edad adulta […] es cosa del preceptor tomar el relevo, sustituirla” (p. 20).  Es el perceptor en la acción sustitutiva, como suplemento de la naturaleza, en donde hace uso de la educación. Diríamos entonces siguiéndonos de Schérer que, “la educación es  negativa y natural en la forma de suplencia(p. 21), es decir que lo que la hace natural de igual forma la convierte en negativa. Pero, siguiéndonos de Derrida citado por Schérer, diríamos que dicho “suplemento no añade nada a la naturaleza solamente marca, en relación al hombre, la diferencia que lo separa de la pura vida animal, abriéndolo a la formación intelectual y moral.” (p. 22). Entonces, el problema vendría a ser que dicha marca que hace el suplemento se torne subversivo, en contra del niño que es educado, que lo coarte y le impida realizarse en cada una de las formas que lo constituyen. “el suplemento es, [en Rousseau], al mismo tiempo la salvación y el peligro” (p. 21).

      Pues bien, la familia Burguesa es la que guarda y custodia en su seno a la sexualidad, la cual solo puede alcanzarse si se sigue el mismo modelo. El niño será custodiado desde el núcleo familiar, tal cual como nos los expone Schérer:

Se dice, incluso en la izquierda […] sabed gozar, descubrid vuestro cuerpo […] Pero, ¿entre quién y quién? Entre los eternos componentes de la pareja, que renace como el ave fénix, del matrimonio, los cuales se ocupan de encerrar al niño en su habitación cuando ellos se dedican a sus juegos amorosos (Schérer, 1983. p .63). 

      Esto corresponde fielmente a dos aspectos desarrollados en la misma obra: un primero, debido a lo que se denomina disyunción exclusiva; y una segunda relacionada al aplazamiento condicionado a su edad.

      A causa de esto nos atrevemos a decir que el modelo de educación rousseauniano, aun sabiéndose ilustrada Europa, posee grandes vestigios religiosos y cargados de códigos morales ortodoxos. Una prueba del rechazo de una sexualidad es la observación constante a la que se ve sometido el Emilio por su preceptor, coartando una libre exploración de lo que por ley natural le pertenece, su cuerpo. En Rousseau la educación es algo que no acerca al individuo a la sexualidad, sino que por el contrario lo aleja de ella creando una línea divisoria que lo preestablece ante la exploración. Hay que entender que la sexualidad es un saber.

      ¿Cómo se perpetúa la condena a la no realización del niño como sujeto? Pues en la vigilancia, el control, y lo que diríamos en las palabras de Schérer o más bien de Jeremías Bentham, en el “panóptico” (p. 35) que se le instala, esa observación continua por parte del preceptor hacia el niño: lo castra, lo somete. Su mirada se convierte entonces en índice de castración; por tanto el niño es asumido como un símbolo de castración socialmente aceptado. ¿Cómo logrará entonces emanciparse el niño, cómo logra transgredir esa castración efecto de la precepción? Pues en la masturbación. Para Schérer ésta es una de las formas por las cuales el niño no necesitará la suplencia, se bastara consigo mismo para llegar al placer. “Fin que la educación le proponía” (p.26). Es decir, la emancipación del niño, su rescate, si se quiere, su reivindicación como sujeto, puede depender enteramente de él, de su apropiamiento. Tenemos que agregar que la masturbación, como aparece en Schérer, la hemos tomado como un símbolo de emancipación, de apropiación del cuerpo, no queriendo decir que la masturbación sea el medio exclusivo para alcanzar la emancipación por medio de la sexualidad. Por ende, la masturbación deberá entenderse como uno de los actos que puede llevar al sujeto a un dominio de sí, un rescate de su sexualidad, su afirmación. Segundo hallazgo necesario para una afirmación en sí: la sexualidad.

      ¿Cuál es entonces el lugar que se le da a la imaginación en Rousseau, que Schérer arremete en contra de él? Dice Rousseau “te arrancaré de las mujeres más fácilmente que de ti mismo” (Schérer. 1983. p. 25-26). La imaginación se convierte para Rousseau en un problema peligroso, debido a que transgrede la educación, prevalece por encima del preceptor yendo un paso delante de él. Rousseau detecta lo problemático de la relación con Emilio en lo más íntimo de sí; debido a que hace parte de sus facultades. Es por esta razón que se efectúa un aislamiento del niño ante la facultad imaginativa, lo cual pretende socavarlo ante la voluntad del preceptor, no permitiéndole ser y afirmarse.

      La imaginación como tal es la facultad que crea  la ficción, entonces es posible hallar en la imaginación la afirmación del sujeto, en este caso del niño, el cual al hacer uso de la imaginación verá como desde sí mismo pueda bastarse para percibir que existe. Analicemos entonces, sabiendo cómo se posibilita dicha afirmación, la manera como no se permite llevar a cabo esta afirmación:

     Es la visualización del niño como un hombre en potencia bajo el seguimiento fiel de la imagen del adulto como meta, calificado por Schérer como el mito de la infancia (p.44-45), lo que moldea un ser a largo plazo olvidando el presente (acto)  y permaneciendo en lo idílico y futurista (como hombre en potencia). Es esta norma de verse aplazado que lo mantiene en la inocencia que por medio de una educación negativa y el discurso limitan su realización. En esto es el preceptor quien guarda ventaja ante el niño. ¿Habrá entonces que negar al adulto para que el niño (sujeto) conciba esa afirmación? ¡Pobre del preceptor! Ay de él si el niño hace uso de la imaginación,  puesto que en ésta hallaría su emancipación. Sería ésta su perdición. Por tanto, podríamos llegar a una posible solución de dicha cuestión: el problema “no se resuelve tanto contra la resistencia y la represión de los adultos, como contra sí misma”. (Schérer, 1983, 49). Para Schérer el tema de liberación sexual, más puntualmente, de la liberación del deseo del niño no se trata simplemente de “dejar una capa profunda que existe en todo ser joven”, sino de ir más allá, de “comprender cómo la inocencia proyectada en ese ser o ha moldeado hasta tal punto de no poder escapar a su influencia” (49).

      Respecto a lo anterior es posible resaltar lo siguiente: la inocencia que somete al niño en un estado de infantilización, lo cual no sólo puede ser aplicado al niño, puesto que es un estado más no una etapa en sí. Inocencia e infantilización. La inocencia es por tanto una dependencia voluntaria, retarda o aplaza nuestra realización objetivo tal de la sociedad actual, mantenernos en una inocencia, nos dice Schérer (1983) “la inocencia que les protege, al mismo tiempo que los excluye” (p. 45), provocando un aplazamiento de la madurez (madurez retardataria) a lo que Schérer se refería con que “la trayectoria de Emilio es también, ciertamente, la de una inocencia a la espontaneidad del deseo en la admisión de la ley”.

      Tanto en  la imaginación como lo que propone Schérer en la letra G, para la que toma la palabra gusto, hallamos una relación evidente en cuanto a su relación con el sujeto, puesto que en Schérer encontramos el gusto como algo que pertenece meramente al sujeto, es algo personal e indemostrable, podríamos denominarlo como una experiencia para sí:. “es por tanto que algunas cosas que pertenecen a lo más profundamente íntimo, corresponden a la afirmación de sí"3 [Traducción nuestra].  Ahora bien, si hallamos en la imaginación un concepto que es inherente al sujeto, como lo vimos en el caso del Emilio de Rousseau, en el gusto encontramos a éste como atributo intrínseco del mismo. Tercer hallazgo el gusto.

      De manera sintética, hay que mencionar que la imaginación, la sexualidad y el gusto son las facultades que nos ayudarán a plantear una afirmación del sujeto. La imaginación crea la ficción y ésta a su vez la utopía, nuevo concepto anexado, una utopía que está fundamentada en el deseo del cuerpo, deseo en el que se fundamenta la creación del sujeto, pero una utopía en el sentido que le da Schérer, no en un sentido peyorativo, como comúnmente se entiende, sino una utopía pervertida en su sentido. Aquí es necesario que nos detengamos a explicar un poco para que la compresión sea completa, para ello traigamos a colación a Claudia Barrera (2011) quien nos dice en un artículo dedicado a Schérer, Sur le pas d’une philosophie en cours, que en:

Schérer opera un tipo de transvaloración, pero a su manera,  por la utopía que lentamente desbloquea los condicionamientos de la subjetividad oprimida por la racionalidad y sus propósitos “normalizadores “con sus creencias inútiles y nocivas contra el cuerpo y los instintos.(4) [Traducción nuestra] (90)

      La Utopía debe ser pensada, en relación a la creación del Sujeto, como aquel proyecto inacabado, en el sentido de nunca dejar de proyectar. A este respecto cuestiona Schérer (2011):

Hay que disipar un gran equívoco, ya que, con el hundimiento del comunismo ha sido asociada la idea de un fin, dicho de otro modo, de una desaparición, de una liquidación de la “utopía”. ¿Pero qué utopía? ¿Qué le concierne, cuál era su plan de acción allí donde, por lo contrario, se ejercía la más dura de las leyes de una realidad despojada de sus virtualidades, donde reinaban las más pesadas y arcaicas territorializaciones? […] el acontecimiento lejos de señalar un fin de la utopía, sería más bien la manifestación y el nuevo comienzo. (32)

      En la utopía no está implícita una idea-fin, ella no deja de transformarse, por esto la apuesta de Schérer será por una “Utopía reformulada”, una utopía que será sacada, al igual que las subjetividades, de los “dispositivos”  limitantes y opresores, a su decir, “una utopía en pervertida en su sentido”. En esta nueva forma de concebirse, Utopía se desplaza sobre un territorio inmanente del cual proviene su asociación al “devenir”, que es también un devenir-humano, naturalmente humano. Éste es para Schérer (2011) “el movimiento invencible de la vida inmanente por ella misma” (33).

      Aclarado esto, el uso de la imaginación sin trascender, es decir, todo debe estar adscrito a la inmanencia, al devenir, al cambio, integrado a la utopía proyecta una imagen que no se desgasta, una proyección que ancla al sujeto a su realidad más inmanente, al devenir, allí donde se encuentra la utopía schereriana junto a la filosofía. 

      Por otro lado, El Gusto es el estimulante que lleva a la creación. Siendo el Gusto plenamente subjetivo y profundo, lleva a un conocimiento de sí. En el gusto encontraremos entonces el deseo, las convicciones propias, ya que éste representa lo más íntimo, lo plenamente subjetivo. A raíz de esto buscamos sustentar que la Imaginación y el Gusto deben permanecer en una unión indivisible, puesto que si encontramos en el Gusto el deseo, éste a su vez tiene como receptáculo el cuerpo. Este último tampoco permitirá que trascienda en la sustentación existencial del sujeto y mucho menos en la creación del mismo. Entonces el cuerpo debe ser concebido como un territorio en que reposará la imaginación, por ende, la ficción como resultado de los procesos imaginativos y la utopía como la imagen proyectada de un querer-ser.

      Ahora bien, en el cuerpo encontramos el deseo, el cual se descubre plenamente en la Sexualidad, la cual estará en el cuerpo, y este a su vez quien contiene el deseo. La Sexualidad entrará entonces a jugar papel importante en el proceso de afirmación.

      Todo esto posado en el cuerpo dará la entrada a otra de las nociones encontradas en la obra de Schérer, la Hospitalidad, entendiendo esto como apertura al otro, la ruptura con el solipsismo. La noción de hospitalidad en Schérer está relacionada a la imagen de redondez, puesto que esta permite el encuentro: “la tierra  es redonda los hombres acaban y acabarán por reencontrarse” (Schérer, 1992, p.29). Pero, muy a pesar de que el concepto ya mencionado es tomado de Kant por Schérer, este último se separa hasta cierto punto de él. La separación de la posición kantiana no se fundamenta  en cuanto a su relación al concepto –a su construcción-, sino más bien a las condiciones que establece Kant para la puesta en marcha de éste, lo “trascendental”, “sin más valor y sentido que para el hombre empírico de carne y hueso habitante de esta tierra” (Schérer, 1992, p.29). Para Schérer el concepto y la imagen que contienen la hospitalidad deberán  estar adscritos a un plano en el que la filosofía y la utopía se hacen uno: el plano de inmanencia. Es decir, inmanencia en lugar de trascendencia.  Sin embargo, ahora la hospitalidad tendrá un nuevo campo de acción en la afirmación del sujeto desde sus propias facultades: el cuerpo.

 

Notas

1. « La fiction comme étant une création de l’imagination »

2. « Je ne perçois pas les autres qui sont cachées ou déformées par la perspective […] Donc le visible de l’object est lui-même, soutenu par de l’invisible. C’est-à-dire que la présentation du monde visible est, d’une façon sous-jacente, constituée par une quantité de choses invisibles »

3. « Donc c´est bien quelque chose qui tient au plus profondément intime, a l’affirmation de soi »

4. « Schérer opère une sorte de transvaluation, mais à sa manière, pour l’utopie qui lentement désengorge les conditionnements de la subjectivité oppressée par la rationalité et ses propos « normalisateurs » avec ses croyances inutiles et nuisibles contre le corps et les instincts. »

 


Referencias

Barrera, C. (2011). “Sur le pas d’une philosophie en cours”. Cahiers critiques de philosophie (No. 10), 79-96. Paris: Hermann Éditeurs.

Nietzsche F., (2007). Humano, demasiado humano, Madrid: Akal.

Schérer, R. (1983). Pedagogía pervertida. Barcelona: Editions Robert Laffont.

Schérer, R. (1992). Utopías nómadas. Valencia: Tirant lo blanch.

Schérer, R. (2014). Petit alphabet impertinet. Paris: Éditorial Hermann Éditeurs.