Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

El problema de la ataraxia en los pirrónicos


Lisa María Colorado Rodríguez; Universidad del Valle; lisacolorado20@gmail.com

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




      En la época helénica, la búsqueda de la ataraxia[1] se caracterizó por la ejecución de acciones regidas por determinados principios filosóficos, como una especie de terapia contra las afecciones producidas por la ignorancia. Llegar a la ataraxia implicaba encontrar un tipo de sabiduría acorde con las consideraciones de una escuela, sin importar si era estoica, epicúrea o escéptica (Hadot, 1995). Esta búsqueda implicaba una transformación radical de las disposiciones acerca del modo de pensar y de ser. Para los pirrónicos, esta transformación se esbozaría a partir de la suspensión del juicio.

      El presente trabajo tiene por objetivo emprender una reflexión sobre la noción de ataraxia en los pirrónicos[2]. Específicamente, profundizar si tiene una relación directa con la suspensión del juicio y si esto implica que el escéptico tiene un método para llegar a la ataraxia. Esta pregunta surge porque, a partir de la lectura de los Esbozos Pirrónicos (PH, en adelante) encuentro que la tranquilidad del alma es el objetivo con el que los escépticos empiezan su actividad investigativa (PH I, 12). Posteriormente, encontrarán, en su búsqueda, que respecto a la Verdad hay posturas opuestas con la misma validez, equipolentes en sus razones; por tal motivo suspenderán el juicio (epoché) y llegarán azarosamente a la Ataraxia (serenidad del alma) (PH I, 27). Cuando uno se detiene a pensar este proceso encuentra que la Ataraxia parece ocupar un papel importante, rector de las acciones del escéptico. Pero, por otro lado, dicho papel se pone en duda cuando Sexto enuncia que los escépticos llegaron azarosamente a la serenidad del espíritu al suspender el juicio.

      Estas descripciones se vuelven contradictorias: si se llega a la Ataraxia por azar, el escéptico tendría que detallar por qué describe este proceso como una regularidad. Es decir, como un sistema que, de seguirlo, cualquiera podría llegar (siguiendo los pasos) a los mismos resultados. Y si la Ataraxia es el fin mismo del escéptico, su esquema argumentativo se caería porque el escéptico terminaría por dogmatizarse respecto a algo. De acuerdo con esto, encuentro que la pregunta que puede guiarme para encontrar una posible solución a este problema es: ¿tiene la ataraxia una relación directa con la suspensión del juicio? En aras de respetar la estructura argumentativa de Sexto, trataré de demostrar, siguiendo a Diego Machuca, que la ataraxia no ocupa un lugar central en la filosofía de los escépticos. Una vez enunciado esto, me distanciaré de Machuca para exponer, con Ezequiel de Olaso, que el objetivo del escéptico será la equipolencia de razones (isostheneia). Desde mi perspectiva, suspensión del juicio y ataraxia deben ser producto del azar en el escéptico, aunque eso no lo salve de convertirse en un dogmático negativo. Las últimas consideraciones también serán desarrolladas al ser una consecuencia de la pregunta inicial.

      Para cumplir con el objetivo propuesto procederé de la siguiente manera: primero, expondré las consideraciones desarrolladas por Sexto Empírico en sus Esbozos Pirrónicos; segundo, expondré la lectura de Diego Machuca frente a este problema, distanciándome sólo en un punto de la exposición de Machuca apoyada en la lectura de Ezequiel de Olaso sobre la zetesis escéptica. Finalmente, expondré los problemas a los que estas consideraciones nos conducen y cómo el escéptico puede terminar asumiendo compromisos al modo que lo hacen los dogmáticos negativos.

 

Esbozos Pirrónicos: sobre el fin y el proceder de los escépticos.

      En Esbozos Pirrónicos Sexto Empírico realiza una exposición de lo que es el escepticismo. Describe los comportamientos y tendencias de este sistema[3] filosófico, su proceder y cómo es que los escépticos llegaron a adoptar sus posturas.

      Según Sexto, los escépticos se caracterizan por tener una actitud investigadora (zetética); eféctica, por su disposición al investigar; y aporética por dudar de todo (PH I, 7). Su actividad inicia con la intención de mantener la serenidad del espíritu, por lo que emprendieron la búsqueda de la verdad: qué es La Verdad[4] y qué es La Falsedad de las cosas (PH I, 12). Esto supone iniciarse en una actividad investigativa con fines a encontrar los fundamentos de las cosas. Pero, en su investigación, y contrario a sus propósitos, el escéptico encuentra que sobre la verdad de las cosas unos presentan tesis a favor y otros presentan tesis contradictorias igualmente válidas (aporía). Y al no poder decidir al respecto el escéptico suspendió el juicio (epoché) y le llegó azarosamente la serenidad del espíritu. A partir de esto se definirá el escepticismo:

[…] el escepticismo es la capacidad de establecer antítesis en los fenómenos y en las consideraciones teóricas, según cualquiera de los tropos; gracias a la cual nos encaminamos —en virtud de la equivalencia entre las cosas y proposiciones contrapuestas— primero hacia la suspensión del juicio y después hacia la ataraxia (PH I, 8).

      ¿Cómo llegan los pirrónicos a establecer la antítesis entre fenómenos? ¿En qué consisten la suspensión del juicio y la ataraxia? A falta de criterios que les permitiera establecer cuál de las posiciones contrapuestas era mejor, llegaron a la equivalencia de estas razones, quedando impedidos para elegir una u otra posición. Por su parte, Sexto describe la suspensión del juicio diciendo que “es ese equilibrio de la mente por el que ni rechazamos ni ponemos nada. Y la ataraxia es bienestar y serenidad del espíritu” (PH I, 10). La ataraxia sucederá a la suspensión del juicio.

      La ataraxia se vuelve, de este modo, fundamento y fin de la actividad escéptica. Fundamento en tanto el escéptico busca conservar la tranquilidad y serenidad del espíritu; fin, en tanto su intención ya no es encontrar el dogma de las cosas. Tal dogma sólo genera perturbación:

[…] los hombres mejor nacidos, angustiados por la confusión existente en las cosas y dudando de con cuál hay que estar más de acuerdo, dieron en investigar qué es la Verdad en las cosas y qué la Falsedad; ¡como si por la solución de estas cuestiones se mantuviera la serenidad del espíritu! Por el contrario el fundamento de la construcción escéptica es ante todo que a cada proposición se le opone otra proposición de igual validez. A partir de esto, en efecto, esperamos llegar a no dogmatizar (PH I, 12).

      El escéptico emprende una actividad investigativa, un estudio de la realidad en tanto busca oponer por medio de los tropos las proposiciones de igual validez. El escéptico estará contraponiendo posiciones sobre lo que se piensa del fenómeno[5] y no del fenómeno mismo. Ahora bien, respecto a sus fines, Sexto dirá que la finalidad del escéptico es la ataraxia, la serenidad del espíritu. Pues, al suspender el juicio respecto a que las cosas sean buenas o malas por naturaleza, no encamina sus acciones a la consecución de tales cosas y así garantiza la ataraxia (PH I, 27-29). En principio, al menos, podemos decir que para el escéptico la ataraxia deviene posterior a la suspensión del juicio.

      Pero ¿cómo enfrenta entonces el escéptico esas afecciones involuntarias como sed y hambre? ¿Perturban su estado de tranquilidad o su suspensión del juicio? En efecto estas afecciones producirán perturbación, pero el escéptico no asignará ni se comprometerá con los juicios de valor de estas afecciones (PH I, 29-30). Según Sexto, las personas atribuyendo estos juicios de valor terminan por querer evitar a toda costa y por angustiarse ante la presencia de estas alteraciones que, para los escépticos no pasan de ser una manifestación que se presenta transitoriamente y que no es ni buena ni mala por naturaleza.

 

La ataraxia pirrónica según Diego E. Machuca.

      En la ataraxia pirrónica Diego E. Machuca emprende un análisis del concepto de ataraxia en el escepticismo pirrónico. Para este autor, el modo en que Sexto esboza el procedimiento por el cual a los escépticos les deviene la ataraxia, implica que los pirrónicos posean algún tipo de creencias. Así pues, su ensayo examina si la búsqueda de la ataraxia y su consecución son elementos esenciales del pirronismo.

      Machuca define la ataraxia a partir del pasaje ya citado de PH I, 10, a saber, que la ataraxia es la tranquilidad y la serenidad del alma y que ésta es importante en el origen y en el propósito de la filosofía escéptica. Esto nos hace pensar, en palabras del autor, que el escéptico no puede llegar a la suspensión del juicio, porque contrario al método que describe, éste tiene creencias respecto a la naturaleza de la ataraxia. Menciona, además, las creencias de valor expuestas por Sexto. Los escépticos rechazan este tipo de creencias de valor porque producen perturbación al no poder afirmar cuál es la verdadera naturaleza de las cosas. Esto se refleja en el hecho de que aquellas que supuestamente son las fuentes de bien para los dogmáticos, también producen mal y pueden generar inquietud. Esta inquietud no puede ser eliminada por el dogmático porque (Machuca, 2014)

  1. Se encontrará con el hecho de que las cosas hasta el momento alcanzadas pueden producir poco o ningún valor, en comparación con las que pueden ser perseguidas. Y
  2. Mientras hay muchas cosas de poca utilidad que causan mucha inquietud, hay otras que más útiles que causan poca inquietud.

Según Sexto, en (i) la perturbación está siendo transferida; mientras que en (ii) se compara una elección y una evasión con otra elección y otra evasión.

      Los escépticos, cuando suspenden el juicio, ni evitan, ni persiguen nada de manera intensiva. De ahí que la ataraxia se alcance sólo cuando el escéptico logra suspender el juicio total o parcialmente. Y en cuanto a las afecciones involuntarias ya mencionadas, el escéptico se turba sin enjuiciar lo bueno o lo malo de estas afecciones. Sin embargo, para Machuca “El principal dilema que presentan los textos es que Sexto aparentemente busca teorizar acerca de las causas de los estados de perturbación e imperturbabilidad, así como sobre la naturaleza de estos estados” (Machuca, 2014). Es decir, que Sexto estaría construyendo un sistema de un modo dogmático al establecer los parámetros que delimitarían un estado u otro y que, a su vez, explicaría su carácter.

      Además, estos pasajes insinuarían la creencia de Sexto en que el estado de ataraxia es bueno por naturaleza (Machucha, 2014), atribuyéndole un nexo causal con la epoché. Luego, su sistema insinuaría que la suspensión del juicio es un paso deseable y necesario en la consecución de la ataraxia. Pero, Machuca defiende todo lo contrario, para él, Sexto en efecto mantiene en su argumentación la consideración de que entre tales estados hay una conexión involuntaria. Machuca se apoya en dos cosas: la primera es que Sexto dice que la ataraxia sobreviene[6] posterior a la suspensión del juicio. Es decir, que algo acaece o sucede desprevenidamente, además de otra cosa; la clave está entender el sentido de la palabra sobrevenir. Lo segundo, son los pasajes mismos de Sexto, a saber: PH: I. 8, 10, 31, 205, 232.

      Sexto simplemente se restringe a describir lo que le ha ocurrido hasta el momento, sin afirmar o negar la existencia de esa relación causal […] como vimos en PH: I.8 se limita a decir que la ataraxia es alcanzada “luego de” la suspensión del juicio. Además, en PH: I.10 nos dice: “sugeriremos en el capítulo sobre el fin [del escepticismo] cómo la imperturbabilidad acompaña (suneiserchetai) la suspensión del juicio”. Del mismo modo, en PH: I.232, cuando evalúa cuán cercana al escepticismo se encuentra la posición de Arcesilao, Sexto señala que para este académico “el fin es la suspensión del juicio, la cual dijimos que es acompañada por la imperturbabilidad”. Vemos que en ambos pasajes Sexto hace uso del verbo suneiserchesthai, evitando así cualquier aserción de que existe o no un nexo causal entre la epoché y la ataraxia (Machuca, 2014:81).

      Ahora bien, vemos con Machuca que Sexto no se compromete con su descripción. En este caso está relatando su experiencia y contraponiéndola con posiciones similares. La suspensión del juicio ha estado en una relación de acompañamiento (no causal) con la ataraxia. Tampoco debemos perder de vista que el escéptico no le está asignando juicios de valor a la imperturbabilidad, según la descripción de Sexto. En primer lugar porque en las explicaciones que da en pasajes[7] como PH: I, 28: “el que no se define sobre lo bueno o lo malo por naturaleza no evita ni persigue nada con exasperación, por lo cual mantiene la serenidad del espíritu”, el que se diga que no se define o no se hacen determinaciones, no es más que otra forma de decir que se suspende el juicio al respecto. En segundo lugar, Sexto se limita a hablar de que las cosas son por naturaleza “en relación con factores como los estilos de vida, las leyes y las costumbres” (Machuca, 2014: 83). Con todo, para Sexto la imperturbabilidad tampoco es buena o mala por naturaleza.

      Siguiendo a Machuca, podemos decir que el escéptico se concentra en desarrollar una actividad descriptiva de sus procesos y sus modos en los Esbozos Pirrónicos. Cada vez que el escéptico dice algo sobre la naturaleza de las cosas, no está afirmando realmente que esto sea así, sino sólo describiendo la manera en que se le aparece (Machuca, 2014). Además, el que Sexto se exprese en ocasiones de manera dogmática implica que se guía y da continuidad a las costumbres de la sociedad a la que pertenece, utilizando la misma lengua, expresiones, respetando sus convenciones (provisionalmente), respondiendo así a la crítica de los dogmáticos que afirman que sin creencias no es posible actuar (a-praxia). Ahora bien, también hay que reconocer que Sexto presenta imprecisiones y hasta descuido en el empleo de sus términos. Según Machuca, este es un indicador del poco compromiso que pretende adquirir con lo que está enunciando, aunque eso no signifique que su comprensión no plantee problemas.

      Hasta ahora hemos visto con Diego Machuca, que la ataraxia no plantea problemas si deja de acompañar la epoché, los escépticos no considerarían, en este caso, que una parte esencial de su filosofía se ha perdido. Mi propuesta es que (y esto no entra en consideración en el artículo de Machuca) el elemento esencial de la filosofía escéptica es la equipolencia de razones que los conducirá a la suspensión del juicio, que en su caso, también es azarosa. Veamos a continuación cómo es esto es posible.

 

La zetesis escéptica, según Ezequiel de Olaso.

      Como hemos visto en el texto, la actividad que da paso a estas consideraciones sobre la ataraxia es la actividad investigativa. En “Zetesis”, Ezequiel de Olaso defenderá la tesis de que hay dos tipos de escepticismo, uno inmaduro que se caracteriza por una etapa de suspenso y de investigación abierta y el escéptico maduro que guiará su investigación al establecimiento de la equipolencia de razones y posterior suspensión del juicio (epoché). Así, podemos decir, con Olaso, que la “zetesis es la palabra que designa de un modo “normal” la práctica refutatoria del escéptico. Más aún, de un modo abrumadoramente mayoritario, zetein califica la actividad argumentativa del escéptico contra las doctrinas dogmáticas” (Olaso, 1983: 13). A continuación desarrollaremos ambos tipos de investigación, como parte final de la argumentación a favor de que el fin del escéptico no es la ataraxia y, desde mi lectura, tampoco la suspensión del juicio, sino la equipolencia de razones.

  • Escéptico inmaduro.

Como hemos visto, el acercamiento inicial del escéptico a la filosofía es en aras de alcanzar la Verdad, la actividad del escéptico es la zetética, por su disposición a la indagación y a la investigación. La experiencia inicial del escéptico es esquematizada por Olaso de la siguiente manera (Olaso, 1986):

  1. Conflicto de razones y de apariencias; ausencia de juez de la verdad; equivalencia de razones.
  2. Suspensión del juicio/creencia.
  3. Tranquilidad del alma (que también está presente en el momento inicial de la experiencia escéptica).

La experiencia investigadora o zetética (en términos de Olaso) se relaciona con todos los pasos de la experiencia inicial, pues: primero, los escépticos sostienen la actividad investigativa (de manera permanente), incluso después de la equivalencia de razones. Segundo, la actividad zetética se relaciona con la suspensión del juicio (de una forma que veremos más adelante). Tercero, zetesis y ataraxia pueden coexistir. Esta tesis, se puede sostener si se describe la experiencia inicial del escéptico, a partir del siguiente esquema (Olaso, 1986:13):

  1. Se presenta una perturbación o duda (aporía) ante hechos u opiniones aparentemente en conflicto
  2. Investigación (zetesis) de cada uno de ellos.
  3. Intentos de resolver los desacuerdos, es decir de descubrir un criterio.
  4. Descubrimiento de la razón por la cual no pueden ser resueltos, es decir, la fuerza igual de los hechos u opiniones en conflicto
  5. Suspensión del juicio como la renuncia a aceptar la verdad objetiva de p y no p, como cura de la perturbación.

      En esta etapa inicial del escéptico, la investigación se ve motivada por la expectativa de encontrar una respuesta, de continuar investigando hasta encontrar algo. Pero, según Olaso, será después de la etapa cuatro (o el descubrimiento de la razón por la cual no se pueden resolver las aporías) y sobretodo de la etapa cinco, que el escéptico abandona su actitud zetética positiva o inmadura (Olaso, 1986).

 

  • Escéptico inmaduro.

      La zetesis debe estar precedida por un concepto o preconcepto (posición dogmática). Aunque este último punto, en realidad, no es esencial, pero fue blanco de críticas de los dogmáticos a los escépticos al exponerles la paradoja de Menón. Esto con el fin de demostrar que no se puede iniciar una investigación si el escéptico no se compromete con los conceptos dogmáticos:

      O bien los escépticos aprehenden (en lo sucesivo empleo “conocen” que para un dogmático es equivalente) las afirmaciones de los dogmáticos, en cuyo caso no pueden dudar de haberlas conocido; o bien no  las conocen, en cuyo caso no pueden hablar de lo que no han conocido. Por lo tanto, la zetesis escéptica es imposible (Olaso, 1986:15).

      Sexto, no sólo evadirá la paradoja, sino que la aplicará al mismo dogmático: “o bien para investigar lo oculto debe aprehenderlo (pues no hay otro modo de investigar cosas ocultas) o bien para aprehenderlo debe investigarlo” (Olaso, 1986:17). Esto implica que se hable de lo oculto como algo manifiesto, lo cual es una evidente contradicción. Si zetesis es investigación de lo oculto que debería culminar en el éxito al tener conocimiento de lo oculto, toda investigación terminaría en un fracaso (Olaso, 1986). El dogmático queda, en este caso, sin salida.

      De acuerdo con esto, escépticos y dogmáticos compartirían la convicción de que sin conceptos previos la investigación es imposible. El problema, para el escéptico, es que se vuelve imposible determinar el criterio para elegir la mejor preconcepción o noción respecto a algo. Por eso suspenden el juicio. Además, el escéptico no puede creer y no creer en nociones que repelen entre sí (posibilidad que se presenta debido a que distintas nociones pueden ser equivalentes) y esto lo vuelve a llevar de manera inevitable a la suspensión del juicio (Olaso, 1986).

      Olaso argüirá que hay una distinción entre tipos de conocimientos, el fuerte y el débil. El primero se caracteriza por ampararse en enunciados del tipo dogmático. El segundo se bosqueja a partir de enunciados que no tienen un compromiso con la existencia real de lo que refieren. El escéptico tendrá conocimientos del segundo tipo, que servirán únicamente para oponer las concepciones de los dogmáticos y sostener la equipolencia. Estas preconcepciones son suministradas por las enseñanzas que los mismos dogmáticos imparten (Olaso, 1986). Los fundamentos de estas nociones carecen de interés, por esta misma razón, para el escéptico que sólo las emplea de un modo transversal con los mismos dogmáticos (Olaso, 1986).

      Ahora, el escéptico dirige sus investigaciones en aras de refutar al dogmático. Su refutación se guía a partir del mantenimiento de la equipolencia. Se ampara en la paradoja de Menón, mostrándose a favor y en contra de la existencia de las distintas proposiciones dogmáticas, lo que lo conduce a la suspensión del juicio. En resumen, la zetesis se caracterizará (Olaso, 1986) por la demostración de las incompatibilidades de las concepciones dogmáticas; por ser refutatoria y auto excluyente; por ser metódica, planeando cuidadosamente su modo de proceder (a partir de los tropos); por ser una actividad social y liberar al hombre de su perturbación a partir de las opiniones dogmáticas.

 

Conclusión

      Hemos presentado de manera muy esquemática que la actitud escéptica se caracteriza por ser investigativa. Que dicha disposición responde a las costumbres de una época en donde para llegar a la tranquilidad del alma había que embarcarse en la búsqueda de la Verdad. Pero, en ese procedimiento el escéptico se encontró con problemas irresolubles, a saber, que los dogmáticos ofrecían argumentos igualmente válidos para posiciones contradictorias.

      Estos resultados los hicieron caer en un estado de perturbación que sólo pudo ser mitigado después de la suspensión del juicio. Inicialmente planteábamos que la tranquilidad del alma o ataraxia era el fin del escéptico. Progresivamente mostramos que esto no era así por dos razones: o bien porque esto implicaba asignarle creencias sobre la naturaleza de la ataraxia al escéptico; o bien porque implicaba hacer una lectura del escepticismo como un sistema que actúa bajo supuestos dogmáticos.

      Con las consideraciones de Diego E. Machuca, pudimos concluir que la ataraxia no tiene una relación ni causal, ni necesaria con la suspensión del juicio (o epoché). En Esbozos Pirrónicos, Sexto se limita a hacer una descripción de su propio proceso, pero esta descripción la perfila sin dogmatismos. El escéptico no está entrando en consideraciones valorativas sobre la naturaleza de la ataraxia, ni está dogmatizando sobre la ataraxia misma. Ésta le sobrevino fortuitamente y evidencia que, pese a que el escéptico partió en busca de la ataraxia, aunque esta haya perdido,  en algún momento del proceso,  su papel central.

      Y es, respecto a la perdida de centralidad del concepto de ataraxia para los escépticos que la lectura de Ezequiel de Olaso se hace oportuna. Olaso propone que el fin del escéptico se esbozará en una etapa madura de su sistema. Dicha etapa se caracteriza porque, aun cuando se conserva la actitud investigativa en el escéptico, ésta tiene un refinamiento. Ya no se trata de la investigación abierta sino de una investigación refutatoria. A partir de la paradoja de Menón, el escéptico buscará enfrentar las opiniones del dogmático respecto al conocimiento de lo oculto. El fin del escéptico será entonces, mantener la equipolencia de razones y en esa medida, la suspensión del juicio. O sea, que a la equipolencia le sobreviene la suspensión del juicio.

      Suspensión del juicio y ataraxia, serán etapas azarosas en las disposiciones escépticas. Un escéptico no puede ni dogmatizar, ni transmitir cómo se puede suspender el juicio y cómo sobreviene, en ese proceso, la ataraxia. Y, con todo, el escéptico que hemos tratado de mantener, con su esquema argumentativo, termina por caer en una especie de dogmatismo. Pues, el escéptico tendrá un fin, a saber, preservar una investigación refutatoria que es cuidadosamente planeada. Utilizará provisionalmente los conceptos de los dogmáticos, con la finalidad de mostrar, a partir de sus tropos que carecemos de fundamentos para elegir entre una concepción u otra. Se dedica, en últimas, a mostrarle al dogmático que no podemos conocer, aunque pretenda mantenerse coherente y poco concluyente en su argumentación. Tal es el esquema argumentativo de un dogmático negativo.

Notas

[1] La ataraxia es definida en PH I, 10 como el bienestar y la serenidad del espíritu.

[2] Es importante aclarar que, para este caso me limitaré a hablar de los pirrónicos, “los pirronianos que se reclamaban de la figura y enseñanzas de Pirrón de Élide (siglo IV a. C.)I. Entre ellos se contaban no sólo sus primeros discípulos, sino también cuantos, desde el siglo 1 a. C., desarrollaron su pensamiento, y hoy son llamados neopirronianos” Esta definición se puede encontrar en: Chiesara, Maria Lorenza. (2007) Historia del escepticismo griego (Trad. Diego Bádenas de la Peña).

[3] Respecto a si debe ser considerada una escuela o no, no discutiré en este trabajo. Seguiré a Sexto afirmando que es un sistema que busca no dogmatizar sobre nada (PH I, 17).

[4] La Verdad entendida como el principio que rige lo físico y que sirve de criterio para la guía de las acciones. Esta idea atraviesa la época helénica, principalmente con los estoicos y su teoría del conocimiento.

[5] Entiéndase por fenómeno el modo en que se presentan los objetos.

[6] En Machuca confróntese en (Machuca, 2014:81) y en Sexto confróntese en (PH: I, 205).

[7] Este pasaje también es citado por Machuca en su exposición respecto al mismo tema (Machuca, 2014).


Referencias

Chiesara, Maria Lorenza (2007) Historia del escepticismo griego (Trad. Diego Bádenas de la Peña). Ediciones Siruela S.A. Madrid.

De Olaso, Ezequiel (1986) “Zetesis”. Centro de Investigaciones filosóficas. Buenos Aires.

Hadot, Pierre (1995) ¿Qué es la filosofía antigua? Fondo de Cultura Económica. México.

Machuca, Diego (2014) “La ataraxia pirrónica”. En Dudas filosóficas. Ensayos sobre escepticismo antiguo, moderno y contemporáneo. (Jorge Ornelas y Armando Cíntora, coordinadores). Universidad Autónoma Metropolitana. México.

Sexto Empírico [HP] (1993) Esbozos Pirrónicos (Trad. Antonio Gallego Cao y Teresa Muñoz Diego). Gredos. Madrid.