Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

El lugar de la vida civil en "El método de estudio de nuestro tiempo"


Manuel Cerezo Lesmes; Pontificia Universidad Javeriana; cerezo_manuel26@hotmail.com

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

El presente escrito tiene como objetivo resaltar una preocupación fundamentalmente ética presente en la filosofía de Giambattista Vico. Para ello se tomará el texto El método de estudios de nuestro tiempo y algunos apartados de la Ciencia nueva, en los cuales se muestra cómo Vico se preocupa por la tendencia de la educación de su tiempo a la racionalidad abstracta y al avance técnico y tecnológico, dejando de lado la formación de otros aspectos de la vida humana, como la poesía, las leyes y la retórica. El resultado de este reduccionismo en el método de estudios es que los jóvenes no aprenden a desenvolverse en el mundo humano, en la vida civil, lo cual podría tener graves consecuencias para la comunidad. En la obra de Vico no encontramos un simple ataque al racionalismo, ni una defensa a la poesía, lo que encontramos es una preocupación por el obrar del ser humano.



      Al enfrentarnos a la obra de Giambattista Vico vemos que hay un claro contraste entre su pensamiento y las principales tendencias teóricas de su tiempo. En una época donde la ciencia y el pensamiento se orientan casi por completo al progreso técnico y científico, impulsado por un incansable deseo de certeza, aparece un pensador que se preocupa también por la poesía, la ley y la formación del individuo. A todas luces, Vico no es un filósofo que se preocupe exclusivamente por la certeza del conocimiento científico, sino que también busca ampliar la perspectiva para incluir otros ámbitos de la vida humana. Este hecho lo lleva a cuestionar severamente el pensamiento de su época y a preguntarse por las posibles consecuencias del monopolio del pensamiento tipo cartesiano sobre el mundo civil.

      En el presente escrito se pretende resaltar el carácter esencialmente moral que atraviesa el pensamiento de Vico, a partir de algunas secciones de su lección inaugural titulada Del método de estudios de nuestro tiempo y de la Ciencia nueva. Para esto, se dividirá el texto en tres momentos: en el primero se intentará situar el contexto en el que se inscribe dicha lección inaugural y explicar brevemente algunas de sus ideas más importantes. En el segundo se buscará resaltar cómo los planteamientos de Vico en esta lección siguen una preocupación esencialmente práctica, en la medida en que pone en cuestión el método de estudio de su época. Finalmente, en el tercero, tomando como referencia el apartado sobre «La idea de la obra» de la Ciencia nueva, se intentará ver cómo se dan muestras de la subsistencia de esta preocupación fundamentalmente práctica a lo largo de todo el pensamiento del autor napolitano.

 

Contexto y propósito del método de estudios de nuestro tiempo

      La lección inaugural de Vico, titulada Del método de estudios de nuestro tiempo, escrita en 1708, comienza con una mención a una obra de Francis Bacon. Vico explica que en dicha obra se plantea que las nuevas artes y ciencias que se estaban desarrollando en el momento podían llevar a la perfección de la sabiduría humana. En términos generales, el pensamiento que surge a partir de los siglos XVI y XVII otorga una gran importancia a la razón humana y a su capacidad para comprender el mundo con exactitud.

      Uno de los factores determinantes para que sugiera este optimismo y la fe en las ciencias y en la razón fue el renovado interés por las matemáticas y el método geométrico, así como su aplicación a los distintos saberes. Como consecuencia de esto, explica Vico (2002) en su lección, se dieron diversos avances técnicos y tecnológicos que aumentaron en gran medida el dominio del hombre sobre la naturaleza. Este panorama, en el que se encuentra el pensamiento que podríamos denominar moderno, es explicado de una manera general por el autor José Manuel Bermudo en un artículo sobre la relación entre Vico y Descartes. En otras palabras, este autor muestra que el modelo de conocimiento que surge en esta época se centra específicamente en el saber que proporcionan las ciencias matemáticas dando, de esta manera, la base necesaria para lo que sería un conocimiento certero capaz de superar cualquier forma de subjetivismo o escepticismo. No obstante, este énfasis en la certeza del conocimiento, expresada de manera ejemplar por Descartes, implica una reducción en tanto que deja de lado otras perspectivas, por ejemplo la poética y la retórica, como formas de conocimiento.

      En la época de Vico, los modernos se identificaban genéricamente con lo que hoy diríamos programa Galileo-Descartes-Newton, es decir, con aquella filosofía inspirada y subordinada a la física matemática, a sus conceptos, criterios y modelos, en fin, con aquel peligroso naturalismo mecanicista que, con arrogancia, despreciaba cuanto no se sometiera al tratamiento mecánico que la física exigía a sus objetos. (Bermudo, 1998, p. 24).

      Con esta nueva perspectiva, se enmarca de manera específica el ámbito del conocimiento dentro de lo preciso y matematizable, lo que Descartes denomina ‘claro y distinto’. Por lo tanto, otro tipo de prácticas y artes que no entraban fácilmente en este marco quedaban despojadas de todo valor cognoscitivo. Esto tiene como consecuencia que se pierde toda posibilidad de concederle un valor epistemológico a lo probable y lo verosímil. El pensamiento moderno, así caracterizado, basa su optimismo en este nuevo método aplicado a las ciencias que deja de lado toda forma de conocimiento que no sea certera e indubitable, justificado en esta nueva idea de progreso y en sus ansias de omnipotencia y omnisapiencia.

      Este es el contexto en el que Vico escribe su lección inaugural Del método de estudios de nuestro tiempo. En este texto el autor resalta la finitud del ser humano y de su conocimiento, argumentando que los avances hechos hasta ahora por el nuevo método en las ciencias no son superiores respecto del conocimiento poseído y practicado por los antiguos. En otras palabras, Vico busca poner entre paréntesis la idea de que esta forma de pensamiento, denominada por él como crítica(1), puede llevar al hombre a su perfección. Teniendo esto en cuenta, Vico (2002) plantea el tema de su lección de la siguiente manera: «Tales cosas me han proporcionado un argumento digno de disertación ante vosotros, jóvenes adolescentes: ¿cuál de los dos métodos de estudios es más correcto y mejor, el nuestro acaso o el de los antiguos?» (p. 78)

      Es importante tener en cuenta que el autor no busca eliminar la crítica del ámbito científico, ni crear una revolución radical. No podemos decir que Vico sea un optimista respecto del progreso de la razón hacia la perfección, pero tampoco podemos decir que sea un anti-racionalista o anarquista epistemológico. No se trata de un ataque a la aplicación del método geométrico ni, en general, a las ciencias. Vico (2002) explica que no está «comparando aquí nuestras ciencias con las ciencias y nuestras artes con las artes de los antiguos, sino que [disertará] acerca de en qué nuestro método de estudios supera al antiguo: y en qué se ve superado por él, y en qué forma no lo sería» (p. 78). El autor napolitano intenta esbozar una cuestión, intenta problematizar la conveniencia de la primacía de la crítica en el método de estudios de su época con el fin de buscar una forma de mejorarlo. En otras palabras, «más que una posición anticartesiana [o antimoderna], la de Vico parece el lúcido grito de un moderno que advierte el precio de la modernidad» (Bermudo, 1998, p. 27). En definitiva, podríamos decir que no se trata de un típico caso de querella entre antiguos y modernos en el que se busca demostrar un método como superior al otro, sino que lo que se busca es plantear una pregunta que permita pensar y examinar su propia época en vez de aceptarla ciegamente como progreso hacia la perfección.

 

Crítica al método moderno

      Como vimos anteriormente, el objetivo de Vico en su disertación es ver los aspectos positivos y negativos de los métodos de estudios de los antiguos y de los modernos. También resaltamos que esta reflexión no consistía en un simple desprecio por las nuevas tendencias del pensamiento científico, influenciadas principalmente por Descartes. Sin embargo, aún es necesario explicar en qué consiste la crítica de Vico y qué carácter tiene.

      Ciertamente son muchas y muy ricas las consideraciones que hace Vico a lo largo de esta lección inaugural. La disertación que realiza considera muchos ámbitos del saber, desde la física y la matemática hasta la medicina, la poesía y la jurisprudencia. No obstante, para el propósito de este escrito nos centraremos en algunos puntos importantes presentes en los apartados III y VII de esta disertación. Lo primero que hay que tener en cuenta es que la reflexión de Vico se centra esencialmente en los métodos de estudio. De acuerdo con esto, podemos decir que lo que le preocupa concretamente a este autor es la educación de los jóvenes.

      A pesar de que el autor reconoce la utilidad técnica y los avances tecnológicos logrados por la crítica, resalta que basar la educación de los jóvenes en el método analítico y geométrico puede tener implicaciones serias en el ámbito civil y, por tanto, discursivo. La primera de estas implicaciones es que, en la medida en que la crítica califica como falso todo lo que sea probable y verosímil, obstaculiza que los jóvenes desarrollen facultades como la memoria, la imaginación y la elocuencia; facultades necesarias para la correcta formación del sentido común. En otras palabras, podríamos decir que «según nuestro autor, en la formación de la mente de los jóvenes la verdad cartesiana se cobra el terrible precio del sentido común, ya que el sentido común es en el plano del conocimiento «verosimilitud»» (Bermudo, 1998, p. 29). Vico no deja de resaltar que este menosprecio de lo verosímil es sumamente perjudicial en la medida en que el mundo humano es finito e imperfecto y nada podemos saber de él con certeza apodíctica y matemática. No es posible tener un conocimiento indubitable acerca de los sentimientos, pensamientos o de las relaciones humanas. Por otro lado, el sentido común sí nos permite movernos en este mundo humano en la medida en que es un tipo de conocimiento que proviene de lo probable y lo verosímil.

      Aquí se mencionan por primera vez las ventajas del método de estudio de los antiguos, pues este no presentaba el inconveniente que ahora le atribuimos al método moderno. Vico explica que esto se debe a que los antiguos tenían muy en cuenta la naturaleza de los jóvenes. En el caso de la educación ocurre que los jóvenes, al contrario que los adultos, tienen una capacidad mucho mayor para la fantasía y la imaginación que para el raciocinio abstracto y analítico. Bermudo (1998) explica este punto diciendo que:

(…) la nueva jerarquía de las ciencias y el nuevo modelo de conocimiento, impuestos ambos por la filosofía cartesiana, y que condicionan fuertemente los planes de estudio en su contenido y método, no tienen en cuenta las cualidades propias de la naturaleza humana (p. 28).

      En consecuencia, una educación que se fundamente sólo en la crítica evitaría que los jóvenes desarrollasen ciertas facultades en el momento de su vida que es más propicio para ello. Ya en edad adulta, los mismos jóvenes tendrían serias dificultades para suplir esta falla.

      La forma como el método antiguo propiciaba el desarrollo estas facultades en los jóvenes era por medio de la educación en la retórica conocida como la tópica. Esta, según explica el autor, enseña cómo recorrer los discursos, así como encontrar y recordar los argumentos más persuasivos e importantes. De esta manera, los jóvenes se preparan para participar en los debates públicos, las asambleas y tribunales, y a conocer las pasiones de los hombres. En una palabra, la Tópica prepara a los jóvenes para la vida en comunidad, la vida civil. En palabras del autor Paul Bové (2013) diríamos lo siguiente:

Aprender a razonar con la tópica prepara mejor a los ciudadanos para la vida política y artística precisamente porque comprende apropiadamente que la humanidad se ha desarrollado hasta el punto de ser histórica. Este último hecho significa que la vida social y la cultura son siempre y en todo lugar la consecuencia del trabajo de auto-creación del ser humano, tarea que no puede darse en la restringida base de la demostración analítica(2)(p. 152)

      Es importante resaltar que aquí no se busca reemplazar la crítica por la tópica en la educación. No se trata de que no se le enseñe a los jóvenes geometría o aritmética en absoluto, sino de que no se le dé primacía a la crítica sobre la tópica en los primeros años de educación. Vico no niega las ventajas de la crítica al momento de reconocer lo verdadero y distinguirlo de lo falso, y no propone tampoco que se asuma todo lo verosímil como verdadero. El autor es consciente de que suprimir por completo, tanto la crítica como la tópica, sería igualmente perjudicial.

      Ahora bien, como se puede ver por lo que hemos dicho hasta ahora, esta crítica al método de estudio moderno no es meramente epistemológica. Vico expone su preocupación más grande respecto del método de estudios moderno en una fuerte y clara sentencia. Comenzando el apartado VII de su lección, dice lo siguiente:

Pero el mayor inconveniente de nuestro método de estudios es el de que, afanándonos intensamente en las doctrinas de la naturaleza, no valoramos tanto la naturaleza moral, y principalmente aquella parte que trata de la naturaleza del espíritu humano y de sus pasiones de forma acomodada a la vida civil (Vico, 2002, pg. 92).

      La mayor consecuencia del método de estudios que se centra en la crítica, dejando de lado la educación en las letras y los discursos verosímiles, es que desatiende la naturaleza moral del individuo. Deja de lado la correcta diferencia entre virtudes y vicios y la distinción entre lo que es correcto o incorrecto en cada situación.

      Dado que el único y exclusivo fin reconocido por las ciencias y el método de estudios moderno es la verdad, se deja de lado lo que Vico llama las segundas verdades, es decir, lo verosímil. Al dejar de lado los asuntos del libre albedrío, llenos de incertidumbre e imperfección, lo que se hace es imposibilitar la correcta evaluación de los hechos humanos. Para dimensionar uno de los más alarmantes peligros de ignorar estas cuestiones, podemos imaginar lo que ocurriría si no hubiese un sentido común que guiase las mentes de los hombres en el empleo de los avances de las ciencias.

      Con verdad se podría decir que de ellas [las ciencias guiadas por la crítica] ha nacido el arte bélico de nuestra época; que tanto ha rebasado a los antiguos que, ante nuestro método de castrametación y poliorcética, Minerva despreciaría su acrópolis en Atenas y Júpiter increparía a su trisulco rayo por embotado e inerte (Vico, 2002, pg. 81).

      La vida en comunidad no sólo necesita conocimiento verdadero, necesita también la prudencia que viene del sentido común. Si no se educa a los jóvenes también en este aspecto, al terminar sus estudios se parecerían a los doctos imprudentes que, a pesar de que «de la verdad universal prosiguen en línea recta hasta las particulares, andan a trompicones por los vericuetos de la vida» (Vico, 2002, p. 94).

      Estas consideraciones que hace Vico sobre el método de estudios de los modernos, basado en la crítica y en la tendencia al pensamiento de tipo cartesiano, nos muestran una incuestionable preocupación práctica. No debemos olvidar que el autor napolitano jamás intenta reemplazar la crítica como instrumento de las ciencias, ni establecer una forma de educación que excluya la geometría y el método analítico. La cuestión que propone Vico en esta lección inaugural no es la de ver qué método de estudios es el más verdadero, sino cómo pueden aprovecharse las ventajas de ambos para que la educación resulte lo más provechosa para los jóvenes, de manera que puedan vivir y desenvolverse de manera recta en la comunidad.

 

Preocupación práctica en la ciencia nueva

      Como hemos visto, la lección Del método de estudios de nuestro tiempo da claras muestras de la preocupación esencialmente práctica de Vico. Podríamos decir que para él la búsqueda de la verdad no debe nunca excluir la verosimilitud y la prudencia que permiten al hombre un buen vivir en comunidad. Sin embargo, esta actitud orientada hacia el mundo civil no es un capricho de sus años de juventud o una tendencia momentánea en sus primeros escritos. Su obra más influyente, la Ciencia nueva, cuya última edición fue publicada en 1744, también está atravesada por una exigencia práctica.

      Para el presente apartado, nos centraremos principalmente en la sección titulada La idea de la obra, en la que el autor explica el grabado que antecede a la obra y que contiene de manera pictórica y sintética todos sus planteamientos. Según explica Vico (2006) el grabado debe servir como una especie de ayuda mnemotécnica para que el lector recuerde lo contenido en la Ciencia nueva luego de haberla leído. Lo que pretendemos al analizar algunos pasajes de este capítulo es mostrar cómo la preocupación presente en la lección Del método de estudios de nuestro tiempo se refleja en una obra tan importante de este autor como lo es la Ciencia nueva.

      Ahora bien, al ver el grabado, lo primero que vemos es una mujer con las sienes aladas apoyada con ligereza sobre un globo terráqueo. Sobre ella se puede ver un triángulo brillante con un ojo en el centro, del cual sale un rayo de luz que se refleja en el pecho de la mujer e ilumina la estatua de un poeta que hay más abajo. Estos son sólo algunos elementos entre los muchos que se pueden admirar en el grabado. Por supuesto, todos los detalles presentes en esta imagen tienen un significado importante y muestran un aspecto de la obra; no obstante, al centrarnos en el rayo de luz y la mujer con las sienes aladas, podemos ver la exigencia práctica que guía la obra de Vico.

      La mujer representa la metafísica y el globo terráqueo en el que se apoya simboliza el mundo natural. El hecho de que ella esté por encima del mundo físico con los ojos orientados hacia el brillante triangulo de la providencia divina quiere decir que la ciencia metafísica no centrará su atención en el mundo natural. La ciencia metafísica no será considerada en esta obra como un mero medio para conocer el mundo y sus leyes, el centro de atención no está en el ser de las cosas. Al contrario «ella, en esta obra, elevándose aún más [que las ciencias naturales], contempla en Dios el mundo de las mentes humanas, que es el mundo metafísico, para demostrar así la providencia en el mundo de las almas humanas, que es el mundo civil» (Vico, 2006, p. 4). De esta manera, vemos un punto de quiebre similar al que se resaltó en Del método de estudios de nuestro tiempo. Vico no le da un protagonismo central a la naturaleza, a esa gran máquina del mundo donde se centra toda la atención de la crítica, sino al mundo humano, al mundo civil.

      En este mismo punto, Vico resalta que el esfuerzo de los filósofos se enfocaba en ver la divina providencia a través del orden natural; sin embargo, «por la utilidad misma [los filósofos] fueron empujados como hombres a vivir con justicia y conservarse en sociedad, y a celebrar así su naturaleza sociable; la cual, en la obra, se demostrará que es la naturaleza civil del hombre, así como la existencia de un derecho natural» (2006, p. 5). De acuerdo con esto, podríamos decir que el objetivo de esta obra no es sólo mostrar el aspecto esencialmente social del hombre, sino que también pretende mostrar una especie de legalidad natural en el surgimiento y desarrollo de las comunidades humanas.

      El rayo de la providencia divina que ilumina la metafísica juega también un papel muy importante. Uno de sus significados, quizá el más relevante para mostrar el interés moral de Vico (2006) es que «denota el corazón terso y puro que debe tener aquí la metafísica, no manchado por la soberbia de espíritu o por la vileza de los placeres corporales» (p. 8). A pesar de dirigirse al mundo de los hombres en vez de al mundo natural, la metafísica no debe ser sólo una observadora. En cierto sentido, la ciencia nueva que nos propone el autor no carece de un carácter ético, no es mera teoría sobre las costumbres y las leyes de las comunidades humanas. Una ciencia que trate sobre el hombre debe ser ella misma moderada y prudente, de manera que no caiga en excesos que puedan tener consecuencias nefastas para las comunidades.

     Para finalizar, veremos una cita en la que Vico (2006) explica de manera sintética el propósito de su obra:

Así, esta Nueva Ciencia, o sea, la metafísica, meditando a la luz de la providencia divina la común naturaleza de las naciones, al haber descubierto los orígenes de las cosas divinas y humanas entre las naciones gentiles, establece un sistema del derecho natural de las gentes, que procede con suma igualdad y constancia (p. 35).

      La obra final de Giambattista Vico mantiene vivo ese interés en el mundo de los hombres y en la vida civil que ya estaba presente en sus primeras obras. Dentro de una época caracterizada por el imperio del pensamiento racional calculador aparece un filósofo que denuncia los excesos de la razón, privada de elocuencia y sensibilidad moral. Sin embargo, no podemos decir que Vico sea un pensador que rechaza las ciencias y el avance en geometría y física matemática. Lo que sí podemos decir es que se trata de una autor que no dejará de pensar y cuestionar su época y su historia, de manera que la ciencia no olvide que debe estar siempre acompañada de la prudencia.

Notas

1. Para distinguir entre este uso de la palabra “crítica”, se emplearán cursivas cuando nos refiramos al método de estudios moderno.

2. Traducción del inglés por Manuel Cerezo Lesmes. Texto original: Learning to reason with topics better prepares citizens for political and artistic life precisely because it rests upon and reflects a proper understanding of that fact that humanity has developed to the point of being historical. This last fact means that social life and culture are always and everywhere the consequence of human work at self-formation, a task that cannot proceed on the restricted basis of analytic demonstration.


Referencias

Bermudo, J. M. (1998). Vico y Descartes. Cuadernos sobre Vico, 23-41.

Bové, P. (2009). Philology and Poetry: The Case Against Descartes. Law and Literature , 149-168.

Vico, G. (2002). Obras. Lecciones inaugurales. La antiquísima sabiduría de los italianos. (F. Navarro Gómez, Trad.) Barcelona: Anthropos Editorial.

Vico, G. (2006). Ciencia Nueva. (R. d. Villa, Trad.) Madrid: Tecnos Editorial.