Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

Multiculturalismo: Forma Ideológica del Capitalismo Global


Cristian Camilo Rodríguez Olaya/ c.rodriguezolaya@hotmail.com Politólogo, Pontificia Universidad Javeriana/ Filósofo, Universidad Nacional de Colombia.

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

Este artículo busca defender la crítica al multiculturalismo de Slavoj Žižek que sostiene que este modelo político es la forma ideológica del capitalismo global. El multiculturalismo se presenta como la forma en que se aceptan las distintas culturas entre sí, sin embargo, se trata más bien de un “racismo posmoderno”, puesto que, vacía de cualquier contenido positivo a los otros particulares, pretendiendo que éstos se articulen a los principios “universales” y “racionales” del liberalismo. En rastrean de manera crítica nociones como la democracia liberal, la pospolítica, la globalización, entre otros. El artículo finaliza con tres críticas puntuales a la concepción política de Slavoj Žižek respecto a la democracia, a las posibilidades de hacer política y a su lectura eurocéntrica, como aquí se sostiene, de los fenómenos multiculturales.Este artículo busca defender la crítica al multiculturalismo de Slavoj Žižek que sostiene que este modelo político es la forma ideológica del capitalismo global. El multiculturalismo se presenta como la forma en que se aceptan las distintas culturas entre sí, sin embargo, se trata más bien de un “racismo posmoderno”, puesto que, vacía de cualquier contenido positivo a los otros particulares, pretendiendo que éstos se articulen a los principios “universales” y “racionales” del liberalismo. En rastrean de manera crítica nociones como la democracia liberal, la pospolítica, la globalización, entre otros. El artículo finaliza con tres críticas puntuales a la concepción política de Slavoj Žižek respecto a la democracia, a las posibilidades de hacer política y a su lectura eurocéntrica, como aquí se sostiene, de los fenómenos multiculturales.



  1. Democracias occidentales: hegemonía de la democracia liberal

EL ESTADO MODERNO SURGIÓ “idealmente” dentro de una etapa de “progreso” de la humanidad, por ende quedó enmarcado en un ámbito donde no había espacio para la “incivilización”. Fue considerado el mayor logro de la razón, puesto que, encarnaba la racionalidad democrática que podía orientar el curso de la humanidad bajo leyes universales, así como asegurar plenamente los derechos humanos.

De manera que la propaganda bajo la cual se erige el Estado moderno es la defensa de la libertad e igualdad, dos principios que, se supone, pueden desarrollarse y garantizarse al mismo tiempo. De hecho, un influyente pensador actual como Amartya Sen indicó que sin duda, para él, el acontecimiento más relevante del siglo XX fue el ascenso de la democracia. Sen dice que “en un futuro, cuando se vuelva la vista atrás buscando entender qué pasó a lo largo de este siglo, no habrá dudas en aceptar la primacía de la emergencia de la democracia, que ha constituido de manera muy notable, la única forma aceptable de gobierno” (Sen, 2006, p. 56).

Actualmente asistimos a un proceso que viene desplegándose desde hace varios años, a saber, la globalización. Esta noción se puede comprender como una escala global de la intensificación del impacto de los flujos de intercambio social, como pueden ser por ejemplo, los flujos de intercambio de información (internet), los flujos de intercambio económico (escala de producción mundial del capitalismo)[1] y el entrelazamiento de intereses colectivos (formación de movimientos sociales a escala mundial, ej. Green peace). “La globalización remite a un cambio o transformación en la escala de la organización humana que enlaza comunidades distantes y expande el alcance de las relaciones de poder a través de regiones y continentes del mundo” (Held, McGrew, 2003, p. 13).

  1. Pospolítica postmoderna

En este sentido es válido sostener que la forma de la política ha tomado en la globalización la forma de globalización neoliberal o la llamada pospolítica posmoderna[2]. La pospolítica se presenta como una forma política que busca que mediante la negociación de los intereses se llegue a un acuerdo que tenga una inclinación universal significativa, en términos de inclusión. En apariencia, diría Žižek, la pospolítica acentúa en la “necesidad de abandonar las antiguas divisiones ideológicas y enfrentar nuevas cuestiones utilizando el saber experto necesario y una deliberación libre que tome en cuenta las necesidades y demandas concretas de la gente” (Žižek, 2001, p. 215).

Žižek considera que detrás de ese modelo político en el que caben todas las culturas se esconde una nueva de forma de discriminación. El multiculturalismo representa para este filósofo esloveno, de hecho, la forma ideal de la ideología del capitalismo global. En lo que sigue del ensayo me dedicaré a presentar los argumentos que soportan esta tesis y finalizaré planteando unas críticas a la concepción de Žižek sobre la democracia y el multiculturalismo, aun cuando aquí se comparten muchos de los argumentos críticos que sostiene Slavoj Žižek.

  1. Ideología

La crítica de Žižek está vinculada estrechamente al concepto de ideología, de allí que se pueda denominar la comprensión de este filósofo lacaniano del multiculuralismo como forma ideológica del capitalismo global. Por lo tanto, es menester desarrollar de forma sucinta qué entiende Žižek por ideología y cómo ésta se relaciona con nociones como capitalismo, liberalismo, sujeto, fantasía, entre otros.

En El sublime objeto de la ideología Žižek advierte que cuando se hace referencia al término ideología, éste generalmente se asocia con la definición que planteó Karl Marx del mismo, a saber, que “ellos no lo saben, pero lo hacen”, cuestión que se traduce finalmente en “falsa conciencia”. El proyecto crítico-ideológico detrás de la denominación de “ideología como falsa conciencia” se traduce en el intento de llevar a la falsa conciencia ideológica a un estado en el que ésta pueda percatarse de sus condiciones efectivas, así como de la realidad social que ella misma distorsiona. Una vez la “falsa conciencia” se ha percatado de que ella produce que la realidad social se distorsione, ésta se disolverá tal dislocación.

Otras versiones críticas de la ideología como la Escuela de Frankfurt argumentan que no se trata únicamente de quitarse el velo distorsionador de la ideología sino que la realidad, en efecto, no puede desarrollarse sin la mistificación que es producto de la ideología. Para  Žižek tanto en la concepción de la ideología de Marx como en la de la Escuela de Frankfurt existe una paradoja, debido a que, en este caso, en el instante en que se aprehende la realidad tal como es ésta pasa a ser otro tipo de realidad. El filósofo esloveno no considera que oculte la realidad misma y propone, por lo tanto, no caer más en lo que él denomina metáforas simples de enmascaramiento[3] (Žižek, 2001A, p. 56).

En este orden de ideas Žižek se cuestiona si el lugar de la ilusión ideológica está en el “hacer” o en el “saber” en la realidad (el marxismo clásico, como ya se indicó, considera que la ilusión ideológica está en el “saber”). Žižek retoma para su propia construcción del problema de la ideología a Lacan para señalar que el humano carece de “algo” siempre. Dicha “falta” conduce a que el sujeto se identifique con aquello que los “otros” esperan de él, esto es, con el deseo mismo de los “otros”, puesto que así el humano descubre un modelo que lo mantiene apartado de confrontarse a sí mismo con su “núcleo traumático” (Real).

Otro concepto que Žižek trae de Lacan es el de síntoma, pues, éste se encuentra según Lacan en el centro de la obra de Marx[4] y le permite a Žižek construir su concepción de ideología. Para Lacan, y a diferencia de Freud, el síntoma no es aquel signo de algo que está oculto sino que es aquello en lo que el sujeto fundamenta el goce personal. El síntoma en palabras de Žižek es “un elemento particular que subvierte su propio fundamento universal, una especie que subvierte su propio género” (Žižek, 2001A, p. 47).

Con todo, la ideología no es esa “falsa conciencia” sino que es una fantasía (que se produce de forma inconsciente) la cual constituye la propia realidad social de los humanos. Lo ideológico es esa fisura, que es imposibilidad propia, pero que fundamenta su propio espacio simbólico de funcionalidad. Esta “constitución” de nuestra propia realidad no requiere de una “falsa conciencia” como sí lo plantea Karl Marx, tan solo es suficiente que estructure el objeto de goce de los individuos. Como bien lo dice Antón Fernández: “la ideología no necesita que se crea en ella, por cuanto el goce es siempre el goce del Otro, de modo que la creencia en la ideología comparte la estructura general de la creencia interpasiva” (Antón, 2012, Pp. 177-178).

Así mismo, Žižek argumenta que cualquier noción ideológica universal está dominada por un contenido de carácter particular que “mancha” a la universalidad y a partir de ello justifica su eficacia. El filósofo lacaniano esloveno se refiere, a propósito, a la noción de lo “típico”, con la cual se sostiene que hay hechos típicos que reflejan una tendencia y los que están fuera de ésta son “casos excepcionales”, sin embargo, esto es precisamente una trampa de la ideología.

Por ejemplo, dice Žižek, quienes están en contra del aborto suelen presentar campañas con la imagen de una mujer que es profesional, que considera que su carrera está por encima de su papel de madre, que tendría una capacidad económica para tener un hijo pero prefiere viajar por el mundo, en fin, una mujer “exitosa” y que de forma “egoísta” decide no tener su hijo. Por el contrario, el aborto para el caso de Estados Unidos (país al que Žižek se está refiriendo en este caso), es practicado en gran parte por mujeres afrodescendientes sin recursos, inmigrantes, mujeres que fueron violadas, entre otras. No obstante, estos casos sólo se mostrarían como una excepción de la regla, es decir, como algo fuera de lo “típico”. “Este giro especifico –un contenido particular es divulgado como “típico” de la noción universal– constituye el elemento de la fantasía, el soporte o fondo fantasmático de la noción ideológica (…) Esta particularidad fantasmática no es (…)  una ilustración o ejemplificación insignificante: es en este nivel que las batallas ideológicas se ganan o se pierden” (Žižek, 2005A, p. 138).

Mientras la ilusión que fundamenta la vida social permanezca inalterada los humanos podemos “gozar del síntoma”. Si esa ilusión se llegase a desvanecer el goce acabaría y por lo tanto, los individuos nos veríamos obligados a confrontarnos con lo Real (noción que Žižek toma de Lacan) y así se disiparía la vida social misma. La fantasía –que nos permite “gozar” – no debe ser comprendida como un deseo que tiene una forma alucinatoria. Al respecto Žižek manifiesta, tomando como caso las relaciones sexuales, que el “papel de la fantasía se basa en el hecho de que “no hay relación sexual”, no hay fórmula o matriz universal que garantice una relación sexual exitosa con el compañero: a causa de la ausencia de tal fórmula cada sujeto se ve obligado a inventar su propia fantasía” (Žižek, 2013, p. 17). 

A partir de lo anterior es válido señalar por qué para Slavoj Žižek la ideología se puede comprender como un conjunto de agenciamientos que conducen a los sujetos a actuar a pesar de que ellos mismos saben de la implicación que tienen sus actos. De allí que Žižek responda el cuestionamiento planteado hace algunos párrafo (¿la ilusión ideológica está en el “hacer” o en el “saber”?) oponiéndose al marxismo, pues para éste en tanto la ideología es “falsa conciencia” la ilusión ideológica está en el saber.

Žižek argumenta que, por el contrario, la “falsa conciencia” no logra aprehender un nivel de la realidad social en el que los individuos no sólo “saben” sino que (fundamentalmente) “hacen”: los humanos hacemos uso del dinero y sabemos que éste no es mágico sino que es, de hecho, producto de las relaciones sociales. Los sujetos saben también que detrás de las relaciones entre las cosas hay relaciones entre individuos. El problema aquí dice Žižek radica en que:

“en su propia actividad social, en lo que hacen, las personas actúan como si el dinero, en su realidad material, fuera la encarnación inmediata de la riqueza en tanto tal. Son fetichistas en la práctica, no en teoría. Lo que “no saben”, lo que no reconocen falsamente, es el hecho de que en su realidad social, en su actividad social –en el acto de intercambio de mercancías– están orientados por una ilusión fetichista” (Žižek, 2001A, p. 59).

Así las cosas, el hecho de que parra Žižek la ilusión ideológica no está fundamentalmente en el “saber” y que los humanos no estemos dispuestos a “renunciar” al síntoma conduce a trabajar sobre dos cuestiones importantes: el capitalismo y la democracia, las cuales serán desarrolladas a continuación y siempre con el fin de fortalecen, y en diálogo, la tesis sobre el multiculturalismo como ideología.  

  1. Multiculturalismo o racismo posmoderno

Es debido a la “incapacidad o no disposición humana de abandonar el goce” que las personas aceptan seguir reproduciendo las dinámicas del capitalismo (mediante el consumo), aun cuando tengamos conciencia de que con nuestro consumo reproducimos la explotación de la naturaleza y de muchos individuos a partir de las condiciones de trabajo que les imponen a ellos (ej. maquilas).

A propósito del capitalismo contemporáneo Slavoj Žižek señala que este tiene dos características claras: por un lado, ha generado un retroceso –casi retirada– del compromiso activo que asumía la sociedad civil, es decir, el capitalismo ya no da lugar para un entusiasmo ético-político de los sujetos como “constructores de mundo” y, por otro lado, este repliegue de la sociedad civil ha conducido en un consumismo apolítico pasivo. De allí que Žižek manifieste que “en la sociedad humana, lo político es el principio estructuralmente abarcador, de modo que toda neutralización de cierto contenido parcial como “no político” es un gesto político por excelencia” (Žižek, 2005B, p. 192).

Estas características también son inherentes de la pospolítica posmoderna y por lo tanto, del multiculturalismo como forma ideológica del capitalismo global. La cuestión más problemática del multiculturalismo consiste en que este modelo produce una división entre “ciudadanos normales” y “otros”. En el proyecto pluralista de aceptar muchas formas de vida posible se evidencia un “respeto” por la identidad del Otro, un Otro que propiamente no le interesa al multiculturalista sino que lo “tolera” manteniendo una distancia con él desde una posición privilegiada de tipo universal[5]. De hecho, la crítica de Žižek al multiculturalismo es tan profunda que se refiere a éste como un “racismo con distancia”.

“El multiculturalismo es un racismo que vacía su posición de todo contenido positivo (el multiculturalismo no es directamente racista, no opone al Otro los valores particulares de su propia cultura), pero igualmente mantiene esta posición como un privilegiado punto vacío de universalidad, desde la cual uno puede apreciar (y despreciar) adecuadamente las otras culturas particulares: el respeto multiculturalista por la especificidad del Otro es precisamente la forma de reafirmar la propia superioridad” (Žižek, 2005A, p. 172).

Como expresión hegemónica el multiculturalismo (puesto que es un producto del pensamiento liberal contemporáneo), pretende anular las divisiones ideológicas, desmentir las contradicciones de clase (propuesta del marxismo), alabar un pluralismo amorfo y por lo tanto, una tolerancia insípida, así como renunciar a la política (pospolítica) para plantear otro tipo de política que tenga como objetivo la desarticulación del sujeto como actor activo para luego tornarlo un consumidor pasivo. Es de hecho la globalización como se denomina a la lógica pospolítica y no debe confundirse con universalización. “La globalización no sólo significa capitalismo global (…) sino también la afirmación de la humanidad como punto de referencia global de los derechos humanos, con lo cual se legitima la violación de la soberanía de los Estados, con medidas que van de restricciones comerciales hasta la intervención militar” (Žižek, 2001B, Pp. 217-218).

El multiculturalismo sostiene que únicamente su tolerancia es universal en la medida en que “es esa” la tolerancia que cualquier “individuo racional aceptaría”. Sin embargo, como ya se argumentó es una tolerancia racista, pues, le pide al Otro que no se mueva de su espacio, que no se exprese fuera de su esfera, que en el “espacio de lo público” (ficción también liberal como se vio con Carole Pateman) se presente como un individuo vacío, esto es, sin aquello que lo constituye como humano, sin pertenecer a la cultura específica a la que hace parte. Este es “el modo mismo en que la globalización capitalista afecta a nuestro sentido de la ética y a otras formas de pertenencia comunitaria: el único vínculo que conecta a esos grupos múltiples es el que los une al capital, siempre dispuesto a satisfacer las demandas específicas de cada grupo y subgrupo (turismo homosexual, música hispana…)” (Žižek, 2001B, p.228).

Cabe señalar, por lo tanto, que la tolerancia multiculturalista se rige a partir de la lógica capitalista: “usted me interesa únicamente como consumidor”, de allí que no haya un interés verdadero por el Otro.  El multiculturalismo como ideología del capitalismo global termina siendo en efecto intolerante, puesto que, quienes no compartan las lógicas liberales de aceptación del capitalismo, de una igualdad y libertad[6]meramente formal (libertad negativa), quienes no tengan el modelo de vida ideal de progreso, etc., serán intolerados por el liberalismo y, de hecho, serán presentados como individuos que no tienen “racionalidad universal”, pues, de tenerla no dudarían en vincularse a las dinámicas del capitalismo.

Las democracias liberales se han visto afectadas profundamente por el multiculturalismo, debido a que éste se ha tomado como una ampliación del liberalismo clásico, empero, realmente significa un respaldo cultural del capitalismo multinacional. En este sentido, puede comprenderse a las democracias como parte y resultado de la ideología liberal, la cual es claramente una ideología porque plantea una “superioridad racional” para comprender el mundo, esta es, la cosmovisión liberal. La concepción hegemónica liberal es resultado de una “lucha por un contenido particular que siempre “hegemoniza” un término aparentemente neutral y universal” (Žižek, 2002, p. 241).

Žižek argumenta que la democracia, como parte del entramado ideológico liberal, se ha visto reducida como fundamento político que permita las prácticas del capitalismo. Es la economía la que ordena ahora a la política y no la política la que determina las dinámicas de la economía. En La suspensión política de la ética Slavoj Žižek subraya que “la producción económica se convierte directamente en producción política, la producción de la sociedad en sí misma. Por lo tanto, está abierto el camino para la democracia absoluta, pues los productores directamente regulan sus relaciones sociales sin siquiera desviar de la representación democrática” (Žižek, 2005B, p. 45).

Con todo, el multiculturalismo como forma ideológica del capitalismo global defiende la idea del “respeto” por el Otro, pero únicamente en tanto ese Otro no pretenda cuestionar los principios universales del liberalismo. La posibilidad de hechos democráticos queda así mermada por la lógica dominante del liberalismo y por ende, por las dinámicas del capitalismo global. El gran vacío que está generando el multiculturalismo es algo justamente inverso a lo que esta forma de entendimiento mutuo supone, puesto que, en palabras del profesor Jorge Gantiva Silva, “la problemática del multiculturalismo (coexistencia hibrida de diversos mundos vitales culturales), que hoy en día se impone, es la forma de aparición de su opuesto, de la presencia masiva del capitalismo mundial global: atestigua la homogeneización sin precedentes del mundo actual” (Gantiva, 2001, p. 172).  

  1. Críticas a Žižek: ¿Por qué rendirse a un compromiso político activo?

La lectura crítica de Žižek al multiculturalismo es bastante seductora y tiene aportes muy importantes para la comprensión del vínculo entre capitalismo, globalización y pospolítica. En este escrito se considera, siguiendo la tesis del filósofo esloveno, que el multiculturalismo es la forma ideológica del capitalismo global, pues, en efecto, es resultado del modelo hegemónico liberal el cual se pretende presentar como “universal y racional”, hecho que conduce a que las distintas culturas sean minusvaloradas y discriminadas.

El aporte de Slavoj Žižek, tiene, sin embargo, varias limitantes como aquí se sostiene. Me concentraré en resaltar tres que, a mi juicio, son las más significativas: en primer lugar, el rechazo de Žižek a la ideología de la democracia liberal lo lleva a terminar rechazando la democracia en general, es decir, cualquier tipo de vías reivindicativas que mediante este modelo político se busquen tomar.

Este filósofo lacaniano ignora que, a pesar de las profundas deficiencias que puede tener la democracia, ésta ha sido una vía importante para muchos grupos subalternos, movimientos sociales, entre otros, y aun cuando puede ser una forma ideológica, por lo menos ha puesto fin a modelos totalitarios en muchos países del mundo. Las reivindicaciones feministas, las reivindicaciones de los afros, las luchas de grupos o países colonizados, etc., todas son disputas que han tenido un parcial éxito en sus reivindicaciones debido a la existencia de la democracia como modelo político. ¿Podría ser mejor? Sí, seguramente, empero, las lógicas de la democracia se fundamentan precisamente en el hecho de escuchar distintas voces, aun cuando en muchos casos no se dé así.

En segundo lugar, Slavoj Žižek se fija especialmente en los contextos europeos y en Norteamérica, olvidando que alrededor del mundo se han dado una cantidad de luchas políticas importante que ni siquiera siguen las lógicas culturales del capitalismo multinacional. La crítica al multiculturalismo de Žižek se centra en las democracias liberales de países hegemónicos y desconoce diversos procesos interculturales como los que se han llevado a cabo, por ejemplo, en Ecuador y Bolivia en los últimos años (Interculturalidad o el Buen vivir) y que se apartan significativamente de la tolerancia/aceptación del otro que es propia del multiculturalismo eurocéntrico.  

En tercer lugar, Žižek plantea que la economía capitalista se destruirá a sí misma por lo actor consumistas, ya que actúa sobre el exceso de materias. En la autodestrucción del capitalismo no habrá un protagonismo político del sujeto sino que será el propio límite interno del capitalismo el que fragmentará y disipará al capitalismo como modelo económico, de allí la nombrada frase de Žižek: ¡vive tu goce! Al respecto, en un artículo denominado La democracia es el enemigo Žižek plantea lo siguiente:

“En este momento no hay escasez de crítica anticapitalista: estamos inundados de historias sobre empresas que contaminan sin piedad nuestro medio ambiente, banqueros que reciben tremendos bonos mientras sus bancos son salvados con dinero público, fábricas donde los niños trabajan horas extras haciendo ropa barata para las boutiques de lujo. Hay un problema, sin embargo. El supuesto es que la lucha contra estos excesos debería tener lugar en el conocido marco democrático-liberal” (Žižek, 2011).

Tiene razón Žižek al pensar que el supuesto es que las luchas se deben dar en el marco de la democracia liberal y por lo tanto, en el marco del capitalismo. Sin embargo, su propuesta de política del goce y esa abstinencia y pesimismo frente a lo que pueda lograr el humano como sujeto con un papel activo en la política y su capacidad de transformar el mundo, conduce a una profundización de las dinámicas del capitalismo que en el advenimiento del calentamiento global no da espera. Las luchas políticas se dan en cualquier espacio, pues, después de permitir que el sistema capitalista haga de las suyas no podríamos quejarnos tampoco de que dicho sistema se torne también en un sistema totalitario.  

Notas

[1] Respecto a este punto es importante no perder de vista la siguiente consideración de Hugo Fazio: “la globalización transciende el mercado en la medida en que desvirtúa su esencia natural, recurre a procedimientos distintos a los derivados de su naturaleza, reproduce imaginarios, nuevas formas de pertenencia e identificación” (Fazio, 2002, p. 7).

[2] Algunos autores contemporáneos también se han referido a tal forma política como pospolítica, tal vez el que ha desarrollado de forma más significativa esta expresión además de Slavoj Žižek es el filósofo Jaques Rancière. En palabras de Žižek cuando este filósofo francés llama pospolítica a nuestra época se refiere al “cambio del discurso político (del vínculo social) que pasa de la histeria a la perversión: la pospolítica es el modo perverso de administrar los asuntos sociales, el modo que ha sido privado de la dimensión “histerizada” universal/dislocada” (Žižek, 2001B, p. 264).

[3] La crítica de Žižek al “desenmascaramiento de la realidad” como proyecto crítico-ideológico se extiende incluso hasta filósofos actuales como es el caso de Peter Sloterdijk. Este filósofo alemán advierte, desde la lectura de Žižek, que “el modo de funcionamiento dominante de la ideología es cínico, lo cual hace posible el procedimiento clásico crítico-ideológico. El sujeto cínico está al tanto de la distancia entre la máscara ideológica y la realidad social, pero pese a ello insiste en la máscara” (Žižek, 2001A, Pp. 56-57).

[4] Siguiendo a Jaques Lacan, Žižek precisa que Marx fue quien inventó el síntoma, pues, detectó “una fisura, una asimetría, un cierto desequilibrio “patológico” que desmiente el universalismo de los “derechos y deberes” burgueses. Este equilibrio lejos de anunciar la “imperfecta realización de estos principios universales (…) funciona como su momento constructivo” (Žižek, 2001A, p. 47).

[5] Uno de los representantes más significativos del liberalismo político contemporáneo es John Rawls, uno de los pensadores contra quien, seguramente, Žižek lanza su fuerte crítica al multiculturalismo. A continuación se presentará la pregunta fundamental de la obra de Rawls para que el lector tenga un referente y una versión distinta a lo planteado sobre el filósofo esloveno (lastimosamente muy breve). En el Liberalismo político Rawls fórmula el siguiente cuestionamiento, al cual pretende responder en dicha obra y donde se muestra la inclinación de este autor hacia el multiculturalismo: “¿Cómo es posible que exista durante un tiempo prolongado una sociedad justa y estable de ciudadanos libres e iguales, los cuales permanecen profundamente divididos por doctrinas razonables, religiosas, filosóficas y morales?” (Rawls, 2013, p. 29).

[6] En contraposición al liberalismo político para Žižek la libertad no significa “un estado neutral y feliz de armonía y desequilibrio, sino el acto violento que perturba el equilibrio” (Žižek, 2006, p. 436).


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