Año 6 No. 7 - 8 Enero - Diciembre de 2014

Bloomsday: historia de una fiesta


David Jiménez González. Universidad de Caldas. davidjimenezgonzalez@hotmail.com

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




“Dame, Señor, coraje y alegría

Para escalar la cumbre de este día.”

Jorge Luis Borges, James Joyce

 

“Todos están lavados en la sangre del sol”

Leopold Bloom en Eumeo

“Mi intención no es solo transmitir el mito “sub specietemporisnostri”–escribió James Joyce a su amigo, Carlo Linati, en 1920 – sino también permitir que cada aventura (Esto es, cada hora, cada órgano, cada arte se interconecte y se interrelacione en el esquema estructural del todo) condicione e incluso cree su propia técnica. Cada aventura es, por decirlo de alguna manera, una persona, aunque esté compuesta por personas –como habla Aquino sobre el ejército de Ángeles.” Así como Odiseo fue conocido como “El de muchas mentes, el de muchas artimañas”; el “Ulises” de James Joyce es un libro con demasiadas dimensiones poéticas y temporales, que aun conmueven a los lectores habituales de la novela, que siguen el empeño del autor de ir de lo particular a lo universal, de la sensación más vulgar a la idea más sublime, basada ésta en un orden semejante al cosmos medieval retratado en “La Divina Comedia”.

Quizás solo hombres de la erudición de Richard Ellmann, Anthony Burgess o Umberto Eco –o seres tan cercanos al corazón y al temperamento de Joyce como Frank Budgen, su compañero de letras, o su hermano Stanislaus– puedan conocer cada recoveco, cada melodía, cada anécdota que podrían ayudar a reconstruir a la ciudad de Dublín, en caso de que pudiera ser borrada de la faz de la tierra. No obstante, no importa si no conocemos las intrigas políticas y literarias que se daban en Irlanda, durante principios del S. XX: “Ulises” es la recreación del espíritu de Joyce con la obsesión de su vida: Dublín, aquella “querida y sucia ciudad” de la que nunca partió; a pesar de su exilio voluntario en la Europa continental. Y así como no pudo dejar, de corazón, su ciudad, tampoco su sensibilidad artística pudo desprenderse de las vivencias o de los recuerdos, dejando que su misma vida fuera el mayor fruto de su talento: que su propia existencia fuera la experiencia de su propia filosofía. Por lo tanto, las dimensiones poéticas y culturales se vinculan en la nostalgia: los sueños de juventud, el balance de la madurez.

James Augustine Aloysious Joyce, hijo de John Joyce y de Mary Jane Murray, se ve a sí mismo como un artista que lucha por su libertad y, al mismo tiempo, como un burgués a pesar de sí mismo, en las figuras de Stephen Dedalus y de 

Leopold Bloom. A través de ellos toma, desde la pobreza de una nación destrozada por la superstición, el hambre y la opresión, la Gran Tradición de la Novela Decimonónica que llegó a su culmen en la obra de Gustave Flaubert. Joyce, cuya inclinación hacia el realismo se manifiesta de manera temprana en los cuentos reunidos en “Dublineses”, lleva esta visión hasta el extremo, incluyendo no solo una concepción cerrada de la percepción (basada en los conceptos de “Tiempo”, “Espacio”, “Materia” y “Movimiento”), sino una ampliación y un festejo hacia la experiencia interior (por medio de los recuerdos, las fantasías, la interpretación del pasado colectivo y de quienes somos como individuos). “Ulises”, citando a T. S. Eliot, ordena “la futilidad y la anarquía de la historia contemporánea”. El pandemónium de las aspiraciones y del carácter de Joyce –con todas sus inclinaciones hacia la música, la filosofía aristotélica de corte aquinatense, la blasfemia escatológica y la historia del pueblo irlandés– se organiza dentro de una Babel hecha Palabra, satírica y mitológica, reuniendo las Grandes Esperanzas y las Ilusiones Perdidas de la Pesadilla de la Modernidad.

El 16 de Junio de 1904 es la fecha del día del juicio (el “Doomsday”) para el “every-man” Leopold Bloom. El 16 de Junio de 1904 esla fecha cuando transcurren los sucesos del “Ulises”: el “Bloomsday”. La palabra “Bloomsday” ––portmanteau que no fue concebido por Joyce–– expresa la idea de lo ordinario como vía hacia lo sublime: la idea de poder elaborar la vida como una obra de arte, por medio de la imaginación, la vida transcurrida y la persistencia de la memoria. Joyce desprende el 16 de Junio de 1904 de su orden cronológico, para que haga parte del Diario de la Eternidad. Los Barrios, las vías y los monumentos de la Dublín de Joyce (Las Torres Martelloen Sandycove, el Número 7 de Eccles Street, WestlandRow, el edificio del Freeman’sJournal, la Columna de Horacio Nelson en medio de O’Connell Street, el Bar del Hotel Ormond, o el Nighttowndonde se situa el Burdel de Bella Cohen) se nos parecen los “círculos” del Purgatorio, dados en un mundo de completa inmanencia: un mundo percibidopor los sentidos y el remordimiento. La Odisea de Homero–como un Virgilio apenas visible– será el “Leit-Motiv” que nos deje entrever el destino y la causalidad que vinculan a Leopold Bloom y a Stephen Dedalus. La psicología y la mitología se unen para comprender estas versiones contemporáneas de Ulises y de Telémaco: el hijo que aún se empeña en ser un príncipe del arte; el padre, desencantado de sí mismo, que se resiste aún a ser rey de su comodidad burguesa, a causa los sueños frustrados, traídos por la nostalgia.

Pero ¿Qué hay del 16 de Junio de 1904 que hemos dejado en el calendario, como excusa comprender una novela? En 1904, mientras la Guerra Ruso-Japonesa estaba llegando a su momento más álgido, miles de irlandeses seguían huyendo de la pobreza y del régimen imperial impuesto por la Gran Bretaña, viajando hacia Norteamérica, en barcos-ataúd. Esta situación dio lugar a varios actos inescrupulosos: Leopold Bloom se entera, por medio de la prensa del 16 de Junio, de un proceso judicial incoado contra presuntos culpables de estafa, habiendo ofrecido éstos un pasaje barato hacia Canadá. Igualmente, en 1904, otro irlandés célebre, Roger Casement, publicaba su Informe sobre las Atrocidades en el Congo, enfrentándose contra los intereses coloniales del Reino de Bélgica. Casi un siglo después, Mario Vargas Llosa en su novela El Sueño del Celta, retratará a Casement como un hombre semejante a Stephen Dedalus: un hombre que trata de despertar de la pesadilla de la historia moderna, a través del humanismo y la inteligencia; aunque con un sentido patriótico que lo acerca más a la efigie de un Michael Collins: 

“En esos primeros meses de 1904 (Roger Casementse introdujo en) un antiquísimo pasado en el que historia, mito y leyenda —la realidad, la religión y la ficción— se confundían para construir la tradición de un pueblo que seguía conservando, pese al empeño desnacionalizador del Imperio, su lengua, su manera de ser, sus costumbres, algo de lo que cualquier irlandés, protestante o católico, creyente o incrédulo, liberal o conservador, debía sentirse orgulloso y obligado a defender. (...) Aquellos meses significaron el redescubrimiento de su país, la inmersión en una Irlanda que sólo había conocido por conversaciones, fantasías y lecturas, muy distinta de aquella en que había vivido de niño con sus padres, o de adolescente con sus tíos abuelos y demás parientes paternos, una Irlanda queno era cola y sombra del Imperio británico, que luchaba por recobrar su lengua, sus tradiciones y costumbres. «Roger, querido: te has vuelto un patriota irlandés», le bromeó en una carta su prima Gee. «Estoy recuperando el tiempo perdido», le respondió él.” 

Para 1904, James Joyce había regresado de su primer viaje a París para ser testigo de la muerte de su madre, hecho que marcó su definitivo distanciamiento con las tradiciones irlandesas. El “non serviam” será su bandera contra Irlanda, “la cerda vieja que se come a sus crías”. Con apenas 

veintidós años, Joyce ya había concebido sus propias “virtudes teologales” –Exilio, Silencio y Astucia– para defenderse de la tentación del nacionalismo –tanto en las tertulias literarias, encabezadas por Lady Gregory, George Russell y William Butler Yeats; como en los movimientos políticos, originados en torno a la figura del caudillo Charles Stewart Parnell, que derivarían en el separatismo del “Sinn Fein” y en la violencia del IRA–.

El diez de Junio de ese mismo año será el día cuando, casualmente, Joyce quede cautivado con la belleza de la mujer que lo acompañaría durante el resto de sus días: Nora Barnacle, una empleada de hotel, nacida en Galway y que había huido de la casa paterna tras años de maltrato. Tras un breve flirteo, quedan para encontrarse el día quince. Ese día, James y Nora no podrán verse, a causa de un sobresalto en el hotel donde trabaja ella. Entre la decepción y la esperanza, Joyce le escribe:

Debo estar ciego. Durante largo rato estuve mirando una cabeza de cabello castaño rojizo y después decidí que no era la suya. Volví a casa muy abatido. Me gustaría concertar una cita, pero quizás no sea conveniente para usted. Espero que sea tan amable de fijarla usted misma, si es que no me ha olvidado. 

Será el dieciséis cuando se dé el primer encuentro, marcado en la memoria de Joyce como el día “cuando ella lo convirtió en un hombre”. Empero, y a pesar de la importancia íntima de esta fecha, el dieciséis de Junio en el “Ulises” contendrá referencias a hechos que se dieron,posteriormente, al encuentro entre Joyce y Nora. Estos hechos influenciarán en la esencia del relato.

Por aquel entonces, Joyce no vivía con sus padres ni hermanos, sino en una de las Torres Martello, en Sandycove –construidas estas por los británicos, en 1804, como defensa contra una posible invasión marítima por parte de Napoleón. Estas torres eran alquiladas por el ayuntamiento de Dublín ante el déficit presupuestal. –Para quien sería el autor del “Retrato del Artista Adolescente”, las Torres Martello serían el símbolo del “omphalos”: el surgimiento de la identidadirlandesa, por medio de un renacimiento pagano en pleno siglo XX, que vincularía a la Isla Esmeralda, con la maternal herencia griega, (transmitida ésta a través del “mar color de vino”.) Joyce compartía su residencia con un joven inglés, Samuel ChenevixTrench (“Haines” en la Novela) y con el estudiante de medicina, y poeta ocasional, Oliver St. John Gogarty, quien serviría para inspirar el personaje de BuckMulligan. Gogarty era conocido, entre las tertulias líricas de Dublín, como el autor de “La Balada del Jovial Jesús”, que Joyce parodió en el “Telémaco”:

“Soy el chico más raro de que se ha oído hablar. Mi madre era judía y mi padre era un pájaro. Con José el Ebanista no puedo andar de acuerdo: Brindo por mis discípulos, brindo por el calvario.”

Durante Septiembre, la convivencia entre el temperamental Joyce y el egocéntrico Gogarty terminaría de manera abrupta. El 9 de septiembre Gogarty se enfurece ante la referencia que Joyce hace de su persona en su poema satírico “El Santo Oficio”, en el cual, el autor hace tanto un voto de fervor estético -hacia La “Poética” de Aristóteles- como una diatriba contra el ambiente literario de su ciudad: contra las imposturas y las ilusiones patrioteras que abundaban entre los literatos dublineses.

Por mí mismo, a mí mismo me bautizo
con el nombre de Catarsis–Purgativo.
Yo, quien desgreñado abandoné camino por defender la gramática de los poetas, llevando a tabernas y burdeles
la mente del ingenioso Aristóteles.
Aquí mi intérprete debe estar
por si acaso los bardos lo intentan
y se equivoca, por lo que, ahora
de mis labios reciben ciencia peripatética. (...)Si uno rige su vida por el sentido común, ¿cómo puede dejar de ser profundo?
Pero no debéis considerarme como a uno
de aquella compañía de mojigangas. (En especial) Con aquelquien cuya conducta parece tener preferencia por un hombre de «tono» (...)1
Así vuelvo la vista,
distante da las vacilaciones
de ese heterogéneo séquito, esas almas
que odian la fortaleza que la mía tiene, acerada en la escuela del viejo Aquino.

Pero el verdadero final de la difícil cohabitación llegaría el 19 de ese mismo mes, cuando Trench dispara contra Joyce. Trench, tras despertar de una pesadilla, cree todavía estar en ella al percibir aún la sombra de una pantera que lo acosaba en sueños. Aterrado, hala del gatillo de su pistola, sin llegar a herir a Joyce. Sin más demora, éste sale del lugar, viendo este suceso como una señal de su partida inminente de la Isla. Joyce, en voz de Stephen Dedalus, deja registro de este suceso: “Ahí en la oscuridad, con uno que no conozco, y que delira y gime para sus adentros que le va a pegar un tiro a una pantera negra. (...) Si ése se queda aquí, yo me voy.”

Tres meses antes del episodio de la “Pantera” Joyce, 22 de Junio, aún no comprometido con la monogamia y sin haberle prometido fidelidad a Nora, se enfrenta con un hombre quien se atreve a murmurar sobre el pasado “non sancto” de Nora. Todo se resuelve por medio de los puños, lastimándose así Joyce. Sólo un judío conocido por la infidelidad de su esposa, un tal

Alfred Hunter, le ofrece ayuda. Hunter, un ser despreciado por su comunidad y tratado por el mismo Joyce con indiferencia, reacciona con amabilidad ante alguien que no le había mostrado la más mínima deferencia. Esta actitud sorprende tanto al aspirante a escritor que, en 1906, mientras buscaba un editor que le ayudase a publicar “Dublineses”, medita sobre escribir un último cuento: el judío errante vagando por Dublín, como Odiseo buscando el camino a Ítaca.Tendría que esperar Joyce hasta 1914, el año cuando concluyó el “Retrato...”, y de haber disfrutado de la amistad EttoreSchmitz –más recordado como ItaloSvevo: el autor de “La Conciencia de Zeno” –, para poder concretar el perfil de Leopold Bloom y, así, iniciar la escritura del “Ulises”. El encuentro de Nora Barnacle, la ayuda de Alfred Hunter y su experiencia en las “Torres Martello” fueron hechos sincretizados, junto con la personalidad imaginada de Joyce, para crear el ambiente en la novela. Esto hace comprensible las sutiles sugerencias en los capítulos de “Eumeo” e“Ítaca”, cuando Bloom le ofrece su casa a Dedalus para que se pase, pues este no quiere encontrarse con Mulligan, tras una violenta –y apenas mencionada- disputa.

El 16 de Junio de 1954, cincuenta años después del primer encuentro entre Joyce y Nora Barnacle, se celebró, de manera pública, el primer “Bloomsday”. Aunque el 16 de Junio era una fecha especial tanto para el escritor como para su familia y sus colegas, no fue sino hasta 1954 cuando se empezaron a establecerse las peculiares costumbres anuales, para celebrarr el espíritu de la obra: un opíparo desayuno, en O’Conell Street, con chuletas, salchichas, judías y pudines (sin pasar por alto el riñón de cerdo que tanto disfrutó Bloom al inicio del capítulo de “Calipso”); usar ropa a la moda eduardiana, llevar sombrero de hongo, portar una patata como amuleto, comprar un jabón de limoncillo o, simplemente, beber whisky junto con un sándwich de queso para el almuerzo. La idea del peregrinaje por Dublín, siguiendo las divagaciones de Bloom y de Dedalus dadas a lo largo del libro, es atribuída a John Ryan –publicista y director de la Revista literaria “Envoy”- y al novelista Brian O’Nolan. La empresa tuvo la aprobación del odontólogo Tom Joyce, 

omo representante de la familia. Junto con otros, se recreó el sepelio de PaddyDignam, tal como se describe en los capítulos de “Los Lotófagos” y de “Hades”. En horas de la tarde de ese 16 de Junio de 1954, la celebración derivó en blasfemias y pendencias entre los mismos organizadores, avivadas por el alcohol. Estos sucesos confirmarían el juicio de Bloom, de que es imposible pasear por Dublín sin toparse con una taberna.

A más de medio siglo de celebrarse el primer “Bloomsday”, este festejo se ha extendido a las ciudades donde tuvo su residencia Joyce: Trieste, Zürich y Paris. Igualmente, a ciudades mencionadas en Ulises (Como Szombathely, el pueblo donde nació el padre de Leopold: Virag Rudolf. En este pueblo, el “Bloomsday” es celebrado en las ruinas restauradas del templo de Isis, construido durante la época de la ocupación romana). La fiesta del Bloomsday, por ser un suceso tan sofisticado como libresco, siempre ha conservado

un carácter restringido, que apenas ha llegado a tomar un carácter popular. Ejemplo de ello es “La Sociedad de Finnegan”, encabezada por el escritor catalán Enrique Vila-Matas. Esta sociedad seha reunido, desde el 2008, para conmemorar y discutir sobre la obra de Joyce. Igualmente, la “Sociead del Finnegan”, a propósito de Joyce, celebra la “Vía del Finnegan”, esto es: la “Vía de la Dificultad Literaria” (recorrida por escritores tan dispares como Stendhal, HermannMelville, Thomas Pynchon, David Foster Wallace, Robert Musil, Georges Perec, o Roberto Bolaño). La “Vía Literaria” es una respuesta al ocaso de la “Era Gutenberg” y a la degradación de la cultura del libro, expresada ésta en el culto al “BestSeller”, en el olvido del compromiso estético en la escritura, en la subestimación del lectory en la popularidad de la jerga “posmodernista” (El mismo Vila – Matas ha tratado, a lo largo de toda su obra, sobre el tema de la “Vía de la dificultad literaria”. En su novela “Dublinesca”, ha hecho énfasis en el fin de la “Era Gutenberg”: en esta historia, un editor visita la capital de Irlanda durante el Bloomsday, reflexionando sobre el futuro de la literatura como necesidad existencial, ante la inevitable venalidad del mercado editorial).

Pero estas restricciones literarias, propias de la celebración del Bloomsday, se desvanecen, cuando “Ulises” ha servido de inspiración para varios grupos musicales. Junto con “The Sensual World”, de la cantante inglesa Kate Bush, el más conocido de estos homenajes musicales ha sido la canción “Rejoyce”, interpretada por Jefferson Airplane, perteneciente a su álbum de 1967 “AfteBathing at Baxter’s”. En su letra, hay una ingeniosa referencia a Molly Bloom, tanto al ser ella la parodia de la Gea Tellus –al momento de dormir junto a su marido- como en la infidelidad cometida constantemente con su amante, BlazesBoylan: 

Molly'sgone to blazes,/Boylan'scrotchamazes:/

anywomanwhosehusbandsleepswithhis head/ allburieddown at thefoot of hisbed. 

No obstante, la canción que podría haber reflejado mejor el espíritu irónico y sublime del “Ulises” bien pudiera ser “Islands”, interpretado por el grupo de Rock Progresivo King Crimson. En su letra, podemos hallar una evocación profunda hacia el anhelo de eternidad que aún se conserva en lo cotidiano, mientras que la música extiende el sentido de las palabras por medio de la experimentación sonora, propia de la década de 1970.

Earth, stream and tree encircled by sea

Waves sweep the sand from my island.

My sunsets fade.
Field and glade wait only for rain

Grain after grain love erodes my
High weathered walls which fend off the tide

Cradle the wind
to my island.

Cómo melómano, quizás Joyce se hubiera sentido satisfecho con el hecho de que su obra hubiera trascendido el lenguaje verbal, siendo comprendido desde la música. Empero, “Ulises” seguirá siendo una de las mayores obras literarios, al reivindicar la importancia de “Le mot juste” como goce verbal y como asunto de utilidad pública. En palabras de EzraPound: “Las palabras nos gobiernan, las leyes están grabadas en palabras y la literatura es la única manera de mantener vivas estas palabras vivas y vigentes.” El “Bloomsday” puede ser, entonces, una excusa más para celebrar el propósito de la lectura: vivir, por medio de la inteligencia, exaltando nuestros sentidosy leyendo no solamente con los ojos o con la cabeza, sino con todo nuestro cuerpo, mientras las palabras toman posesión de nosotros: mientras la visión integral de lo humanopuebla nuestro aislamiento. 

 

Notas

1. Subrayado fuera del texto.