Año 6 No. 7 - 8 Enero - Diciembre de 2014

¿Puede el cómic ser arte?


Daniela Mesa Cardona Universidad de Caldas danielamesac@gmail.com

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

     En el presente artículo pongo en relación los comentarios sobre el Cómic del psicoanalista Oscar Massota con dos posturas referentes a la categorización de obra de arte contemporánea, una de ellas propiciada por Arthur Danto con su teoría del Fin del Arte y la otra por Nicolás Bourriaud con su teoría de la Estética relacional. De igual forma, vislumbro la crisis ontológica que surgió en las vanguardias y cómo éstas al romper con el canon clásico nos dejaron una delimitación poco clara, en la filosofía del arte la estética y la crítica artística contemporánea, sobre lo que es el arte, teniendo como resultado que no se pueda no aceptar que una mera cosa, en este caso el cómic, sea una obra de arte. Lo cual nos permite concluir que la definición de arte que se ha heredado del pasado ya no es conveniente para referirse a las obras de arte contemporáneas.

Abstract

    In this acticle I attempt to relate the psychoanalyst Oscar Massta's comments on Comic with two postures with regard to the categorization of contemporary art, namely, that of the philosopher and critic of art, Arthur Danto, with his theory of the end of art, and that of the curator and theorist of art, Nicolas Bourraud, with his theory of an Relational Aesthetics.

Palabras Clave

Cómic, Fin del arte, Estética Relacional, Mera cosa, Definición Filosófica del arte, Arte Contemporáneo.

     La historieta o cómic es una producción de carácter narrativo y gráfico que se reconoce gracias a la secuencialidad de viñetas, que puesta unas luego de las otras presentan un relato. Su aparición se dio, tanto en Europa como en Estados Unidos, a finales del siglo XIX. Es erróneo creer que el cómic es de origen americano (creencia que se debe a la diferencia en el manejo de la distribución al público y el contenido del cómic en sí) y más equivocado aún suponer que su origen se dio con los grandes superhéroes de las casas D.C y Marvel, en la década de los 40’s y 50’s, respectivamente.

     El cómic norteamericano es reconocido a nivel mundial por su distribución masiva que empezó con tiras cómicas en los periódicos dominicales y que fue ascendiendo hasta obtener planchas en los diarios, las revistas y por último los books1 . A medida que se presentaban estas transformaciones en el nivel de materialidad –que no fueron realizadas en un corto periodo de tiempo sino que se tomaron décadas–, se iban desarrollando, a su vez, cambios en el interior del cómic. Estos cambios, obviamente, fueron producto de los guionistas e ilustradores que se dieron cuenta del gran papel comunicativo que desempeñaba la publicación e introdujeron además de diferentes técnicas, en cuanto a estilos, nuevas ideologías o temas que se encontraban lejos de la atmósfera cómica de sus inicios:

(…) la historieta es moderna. Nacida hace ya setenta años, se halla profundamente relacionada con el nacimiento y evolución de los grandes periódicos masivos, con la evolución de las técnicas de impresión, con los cambios de las formas gráficas, y en el centro mismo, tal vez, del entrecruzamiento y la influencia múltiple y recíproca de los modernos medios de comunicación (…) (Masotta, 1970).

 

II. ¿Es el cómic arte?

    No pretendo hacer una introducción sobre la historia del cómic, sino plantear una pregunta ontológica: ¿Es el cómic arte? Sin embargo, y por simple pretensión de claridad, habrá que decir que la historia del cómic no es breve y que, además de lo presentado anteriormente, viene acompañada por eventos históricos y culturales que, de ser explicados, se alejarían de la intención de mí trabajo. De todas formas, el desarrollo de este escrito se da bajo el peso de la historicidad del cómic norteamericano del siglo pasado, que de una forma u otra es el que más conocemos. Por otra parte, para referirme a cómics contemporáneos no tengo en cuenta estas barreras de separaciones: geográficas, estilísticas e ideológicas, pues el cómic se ha convertido en una manifestación cultural mundial.

     Si uno se pregunta “¿es el cómic arte?”2 , se puede contestar, rápidamente sin mucha premeditación, que no lo es, respuesta concedida tanto en un nivel de desconocimiento teórico del arte como en uno de gran conocimiento. Pero, ¿es realmente así?, esta respuesta puede ser dada por la visión clásica que tenemos del arte. Grandes obras enmarcadas, con muestras en dominio estilístico que logran provocar en los espectadores la sublevación de los sentidos por la capacidad comunicativa de sí mismas, que, además, se exponen en las paredes de importantes museos de la institución artística.

 

III. Crisis teórica en el mundo del arte:

     Arthur Danto, filósofo y crítico de arte, ya para la década de los 60, presenta su tesis más importante y controversial con respecto al arte al afirmar que se produjo un Fin del arte. En muchas ocasiones la tesis de Danto ha sido malentendida y refutada, pero su posición no expresa el fin de la producción artística, por el contrario, afirma que la crítica artística debe cambiar, al igual que la definición filosófica del arte, pues el paradigma representacional y, en últimas, mimético, que imperó en el periodo clásico, se transformó en el siglo XIX, con el surgimiento de las vanguardias; este nuevo periodo del arte, fue nombrado por el filósofo: Arte posthistórico.

     Los acontecimientos históricos se ven reflejados en las producciones culturales y el arte es una de ellas. No sólo Arthur Danto da muestra de ello, ya en su momento el pintor de arte abstracto Vasily Kandinsky decía que toda obra de arte era hija de su época. No es de extrañarse que para los teóricos y críticos sea de gran dificultad aceptar y definir una obra de arte contemporánea, ya que, desde la época de los movimientos, con una filosofía propia, expresada en manifiestos –el abstraccionismo, que toma a las figuras geométricas como base para la composición de las obras; el expresionismo abstracto que se aleja de la representación figurativa y el Dadá, que presenta en las antípodas de cualquier paradigma mimético y de pretensiones intrínsecas de belleza, sus obras–, el mundo del arte se ve envuelto en una metamorfosis constante; se empiezan a ver las dificultades ontológicas para las que la búsqueda de una definición filosófica del arte resulta más importante, no solamente para los críticos sino también para los artistas, que alcanzan, conjuntamente, una consciencia del impacto social y relacional que ocasionan sus obras.

     Si esto es así y el mundo del arte, de las vanguardias, está en una crisis ontológica, que a su vez sigue avanzando y produciendo obras y teorías críticas que son aceptadas institucionalmente, ¿de qué manera podemos denominar a lo que sucede en el arte a finales del siglo XX? ¿Cómo podemos otorgarle a un objeto contemporáneo el status de obra artística? Si para ese entonces era complicado proporcionarle un status ontológico de obra de arte a un Ready Made de Duchamp, qué se puede decir de los happenings o Performances del Fluxus. Nicolás Bourriaud, crítico de arte también muestra, como Danto, que la producción artística abandonó definitivamente su apego por el canon clásico y que arte, en nuestro tiempo, puede ser cualquier cosa.

 

IV. Abandono de los parámetros clásicos

     La belleza se ha dejado atrás y se reconoce, siguiendo a Kant, como algo que no es intrínseco ni exclusivo de la obra de arte, sino más bien una reacción del sujeto (lo que no implica que no hayan obras bellas en el arte contemporáneo). La representación mimética ha dejado de cumplir protagonismo a la hora de la creación de una obra. No se pinta a Baco para sentirlo presente en la bacanal, Baco puede, en este sentido, representar lo que el artista quiera. En cuanto a la materialidad, se sabe, gracias a las instalaciones, los performances y los ready mades, por mencionar algunos ejemplos, que no es necesario un lienzo con características determinadas y pintado con una técnica específica, para que se considere a una obra como arte. Entonces, si han sido transgredidos estos tres aspectos tan importantes para la obra clásica podemos, en gran medida, prescindir de ellos para considerar que un objeto, en este caso el cómic, no cumple con los parámetros necesarios para ser un objeto de contemplación artística.

     Por una parte, si se tiene la intención de hacer una consideración con respecto al cómic –en tantas ocasiones deslegitimado por las generalizaciones de un público con conocimientos superficiales o nulos que lo califican de irrelevante, lo reducen al aspecto humorístico o incluso lo consideran infantilismo de fanáticos de súper héroes– para hacerlo objeto de una investigación teórica que pueda calificarlo o no como obra de arte, pienso que bajo el espectro de las teorías sobre el arte contemporáneo de Danto y Bourriaud, se podría siquiera tener una duda al respecto y no contestar, como lo hice al principio del texto, con un rotundo y apresurado no. Por otro lado, aunque fuera el caso de necesitar aplicar las tres condiciones básicas que mencioné anteriormente, a saber: belleza, representación mimética y materialidad, para hacer del cómic una obra de arte, es preciso afirmar que el cómic reúne dichas condiciones.

•En cuanto a la belleza, otorgada por la técnica, la historieta o cómic, pariente cercana de los grabados, presenta un desarrollo estilístico que varía según el ilustrador y se basa, en técnicas utilizadas en la pintura misma.

• En cuanto a la representación mimética, el ilustrador puede fielmente representar la realidad, si es su objetivo hacerlo. Según Oscar Masotta (1970): “Aparentemente cercana a la pintura, entonces, es su parienta lejana” (p.10)

• En cuanto a la materialidad, podría surgir el inconveniente de que se encuentra, por la calidad difusiva del cómic, impreso en papel, pero de igual forma se puede, si es necesario para el caso, llevar a un lienzo y ser colgado en una pared. Al igual que Roy Lichtenstein, el artista pop, cuando representó una viñeta en su obra Forget it, forget me.

 

V. El cómic con un status ontológico de obra de arte

     Habiendo mostrado la oportunidad que tiene el cómic de ser estudiado como posible obra de arte, según requerimientos del arte clásico que pueden ser considerablemente importantes –por una institución, crítico o filósofo del arte x– hoy para la calificación de un objeto que aspira a objeto contemplativo, me concentraré de nuevo en las condiciones que Danto y Bourriaud consideran importantes.

     Para Danto, el arte posthistórico debe cumplir con el requerimiento de encarnar un significado y, además, de ser reconocido por una institución del mundo del arte. Tal como decía Bourriaud, al respecto de la posición “institucionalista” de Danto: “(…) Arthur Danto –para quien el arte existe cuando la institución ‘reconoce’” (p.76). Para éste último, la obra o manifestación artística se da, cuando responde a nociones interactivas, sociales y relacionales, pues para él la práctica artística, sus modalidades y funciones, evolucionan según las épocas y los contextos sociales, por ende el arte no tiene una esencia inmutable. Además de esto, da como definición a su teoría: “Teoría estética que consiste en juzgar las obras de arte en función de las relaciones humanas que figuran, producen o suscitan” (p.142). Procedo a realizar, nuevamente, el anterior ejercicio bajo los paradigmas de éstos dos teóricos.

1. Los requerimientos de Danto

• En cuanto a la presencia o el encarnamiento de un significado en la obra, el cómic, gracias a su función comunicativa, siempre estará diciendo algo. Y no solamente, al nivel del relato, dado por su combinación entre dibujo y palabra, sino también en el sentido de que otorga a sus signos una función simbólica o es capaz de utilizar figuras literarias para presentar, ingeniosamente, temáticas que requieren un análisis a profundidad. Por su parte Oscar Masotta (1970) afirma que: “(…) la historieta nos cuenta siempre una historia concreta, una significación terminada.” (p.10).

• En cuanto al reconocimiento institucional, no hay claridad o afirmación certera de que el cómic sea reconocido ontológicamente como una obra de arte.

2. Los requerimientos para Bourriaud:

• En cuanto a las nociones de interactivo, relacional y social, el cómic necesariamente presenta estas características, ya sea, en un periódico, en una revista o en un book. El cómic siempre está disponible para la contemplación y para la lectura de algún espectador. Masotta (1970) afirma:

    En primer lugar la historieta en el interior del “book” transforma radicalmente la definición misma de la audiencia a la que se dirige. Ella define aquí a su público; mientras que para el caso que va desde el New York Journal hasta el Daily News, es el periódico el que determina el público virtual y real al que se dirige. (p.79)

    Vale agregar que una de las facilidades del cómic es que, al igual que la literatura, puede ser encontrado en un estante de librería o de una biblioteca y puede, a diferencia de las obras de arte, ser prestada, regalada o vendida entre personas, en una cantidad, si se quiere, infinita de veces.

 

VI. Preguntas que se abren y complicaciones que surgen

    Haciendo un estudio, con base a características esenciales, uno bajo el paradigma clásico y otro bajo teorías contemporáneas de la obra de arte, se observa que el cómic tiene la capacidad de reunir dichas características esenciales, que suponen de algo una obra artística y no una mera cosa3 . Aun así, esto no es suficiente para categorizar al cómic como arte, pues quedan pendientes aspectos como el contenido, la venta y distribución, la institucionalización y exhibición y la consideración de los historietistas con respecto a si lo que hacen es o no es arte.

     Bien se sabe que la materialidad dejó de cumplir un rol imperante en el siglo XIX para darle paso al significado, en este sentido, es más importante lo que nos comunica la obra y no en dónde y cómo nos lo comunica. En palabras de Nicolás Bourriaud (1970): “La forma de la obra contemporánea se extiende más allá de su forma material: es una amalgama, un principio aglutinante dinámico.” (p.21). Ya no importa si la obra es experimentada como bella porque representa la realidad, lo verdaderamente importante es la invitación que hace la obra de ser apreciada en un rol activo y no puramente contemplativo. Siendo el contenido lo verdaderamente importante de la obra, se puede decir que el cómic, en muchas ocasiones, no se realiza con fines estrictamente de entretenimiento, en realidad pueden abarcar temáticas variadas, que si bien son agradables al leer, nos dejan consigo una denuncia y una reflexión.

     Es el caso, por ejemplo, de Los Combates Cotidianos del historietista francés Manu Larcenet. En esta obra, entregada en cuatro tomos, el historietista nos presenta los cambios que experimenta Francia durante el periodo de elecciones presidenciales en el que Nicolas Sarkozy queda electo, los profundos cambios sociales, económicos y culturales que esto representa, tanto para los proletarios como para trabajadores de mejores oportunidades o artistas como lo es Marco, el fotógrafo, protagonista de la historia. Marco es una metáfora de un país lleno de hombres que sufren de graves crisis de pánico que no se ven en ninguna medida mejoradas por las visitas al psicólogo o la ayuda de los fármacos, y que, además, pretenden olvidar, por cuestiones de dolor existencial y sin tener un gran resultado, sus raíces familiares y culturales; es una historia de hombres que tienen miedo a los compromisos y a la agitación que se vive en la urbe.

    Así, muchos ejemplos más, como Maus, cómic en el que Art Spiegelman devela las atrocidades cometidas durante la segunda guerra mundial por los nazis, remitiéndose así a denunciar hechos históricos y políticos, o también obras como, Pagando por ello de Chester Brown, cómic autobiográfico que relata las experiencias del historietista con prostitutas y que sirve para polemizar y abrir un debate moral, político y económico acerca de la profesión de estas mujeres. Esto, de una forma u otra, nos muestra que: “En la historieta todo significa, o bien, todo es social y moral.” (p.9)

     La venta y la distribución de los cómics es diferente a la de las obras de arte ya categorizadas como tal, ya que la venta de esos se hace por medio de casas editoriales de reconocimiento o independientes, la autopublicación o la inclusión esporádica en periódicos y revistas, que venden al mismo tiempo otro tipo de mensajes. Uno de los grandes problemas que caber resaltar es que si bien en el mismo mercado del cómic hay distinción entre los que son producidos a pequeña y gran escala, en el mundo artístico sólo hay un original por obra y éste es el que se vende, los otros son reconocidos como reproducciones.

     Con respecto a la institucionalización y la exhibición, si no hay un reconocimiento institucional hacia el cómic como arte, es muy complicado que pueda exhibirse como tal en un museo de arte contemporáneo. De todas formas, en nuestro país, en el Museo de Arte Contemporáneo de Medellín, el historietista colombiano Truchafrita tiene una sala en la que se exponen todas las ediciones de su publicación de cómic Gacetilla Robot, ¿serán en este sentido consideradas como obras de arte, pues comparten un lugar con otras que sí lo son? No lo sé, pero si los grafitis de Bansky y de Mr. Brain wash pueden trasladarse a exhibiciones de museos y ser reconocidas como obras, ¿por qué los cómics de Truchafrita no?

     Por último, la visión que tienen los historietistas acerca de si lo que hacen es arte a muchos los tiene sin cuidado aunque otros consideren que es un objeto de preocupación. Sin embargo, la discusión adquiere un nivel filosófico marcadamente ontológico. Considero, y digo esto siguiendo la propuesta de Danto, que la filosofía debe buscar una nueva definición de arte, que sea sostenible y compatible con el arte que sea, sin importar en que formas materiales se presenten en un futuro.

     No estoy afirmando que el cómic pueda ser arte, tal vez habrán ciertas publicaciones que puedan ser postuladas y alcancen el status ontológico de obra de arte, otras no creo que puedan lograrlo. Pero sí considero que con base en la sintomatología teórica del mundo del arte de nuestra época, en el que no hay restricciones internas acerca de lo que puede ser arte, un estudio de este tipo, en el cual el cómic es objeto de cuestionamiento teórico, puede ser fructífero y puede terminar por mostrarnos que en sí, el cómic puede ser una obra de arte.

Notas

1. Término empleado por el psicoanalista Oscar Masotta.

2.  Deseo  explicitar  que  cuando  me  refiero  a  “cómic”,  no  estoy 
hablando de él en la categoría de universal, sino que, me refiero 
a un particular, algún cómic en concreto (también abarca las 
novelas  gráficas).  Así  como  todo  cuadro  no  es  una  pintura,  no 
todo cómic podría ser una obra de arte.

3. Termino acuñado por Arthur Danto para designar los objetos 
que, pudiendo ser obras de arte, no son obras de arte.


Referencias

Bourriaud, N. (2006). Estética relacional. Buenos aires: Adriana Hidalgo Editora.
Brown, C. (2011). Pagando por ello. Barcelona: Ediciones La Cúpula. 
Danto, A. (2005). El abuso de la belleza.Barcelona: Paidós.
_______. (2002). La transfiguración del lugar común. Barcelona: Paidós.
_______. (1999). Después del fin del arte. Barcelona: Paidós.
Larcenet, M. (2003). Los combates cotidianos .España: Editorial Norma.
Masotta, O. (1970).La historieta en el mundo moderno. Barcelona: Paidós.
Spiegelman, A. (2001). Maus. Barcelona: Planeta de Agostini.