Año 2 No. 2 Julio - Diciembre 2008

Reseña a "Andrés Del Corral Salazar: Una aproximación a la filosofía de la ciencia de Karl Popper."


Jhon Alexander Isaza Echeverry


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




            La tesis la constituyen cinco capítulos: i) El problema de la inducción, ii) El criterio de demarcación: la falsabilidad, iii) El proceso de contrastación: falsación y corroboración, iv) Conjeturas y refutaciones, v) Teoría del mundo 3. Todo aquel que se haya acercado a la filosofía popperiana se relacionará también con la que se supone como actitud por excelencia de un simpatizante de ésta, la crítica. De lo contrario a lo que podría uno esperar de un racionalista crítico, Del Corral nos ofrece un esquema, aunque detallado y fiel, pasivo, de los principales puntos de la propuesta filosófica de Karl Popper.

            Inicia de la única manera en que se puede ofrecer una introducción al pensamiento popperiano, mostrando lo que clásicamente se ha entendido como el problema de la inducción, la posición que al respecto tiene el filosofo escocés David Hume y mostrando el comodín que se esconde tras la solución de Popper a lo que constituyó el “derrumbe de la racionalidad humana”. Una vez puesta en escena la falibilidad popperiana,

            Del Corral nos muestra la posición que tiene Popper frente al verificacionismo del positivismo lógico y su afinidad con la metafísica, no como método, pero sí como herramienta para la investigación científica, punto en el cual difiere completamente de Carnap y los suyos. Continúa en su empresa con una exposición darwiniana, si se quiere, de la filosofía popperiana; el conocimiento consiste en lanzar hipótesis atrevidas a modo de conjetura y una vez allí, hacer el mayor esfuerzo posible por derribarlas, por refutarlas, sólo sobrevivirá aquella conjetura que tenga la fuerza para superar los intentos por refutarla. Termina con un breve anexo acerca de las virtudes de lo que desde Popper se conoce como Racionalismo critico, pero no sin antes poner en el papel lo que, según algunos, constituye una de las cosas más absurdas, problemáticas y confusas del legado popperiano: su teoría del mundo tres, y con ella su epistemología sin sujeto cognoscente.

            Realizaré a groso modo un seguimiento del camino propuesto por Del Corral:

            i. Se comprende la inducción como el proceso mediante el cual inferimos un enunciado universal partiendo de n cantidad de observaciones particulares. David Hume atacó lo que para el momento se consideraba como el método por excelencia de la racionalidad humana, argumentando que no podemos pretender tener conocimiento sobre hechos que aún no han sucedido, partiendo de casos particulares. Es decir, el método inductivo obedece a un error, pues la pretensión de que la naturaleza actúa con base en regularidades, y que además tenemos conocimiento de dichas regularidades, es no sólo ambiciosa, sino también fallida. Con todo, la única manera en que podemos pretender justificar el método inductivo, es como herramienta para la supervivencia; es decir, lo que en ese momento era considerado como pilar del conocimiento humano, después de Hume, pasó a tener una justificación meramente psicológica.

            En el apartado El conocimiento como conjetura, de su libro conocimiento objetivo, Popper inicia su ataque a Hume, afirmando que la inducción psicológicamente tampoco está justificada. En esa medida “La idea de inducción por repetición debe achacarse a un error, una especie de ilusión óptica. Resumiendo: no hay inducción por repetición” (Popper,1988: 20).

            Es la lógica la principal herramienta en la filosofía de Popper. En este caso utiliza el que denomina principio de transferencia, el cual consiste en afirmar que lo que es verdad en el dominio de la lógica lo es también en el de la psicología; consecuentemente con el principio de transferencia, dado que lógicamente la inducción no está justificada, ergo, psicológicamente su justificación obedece a un error. Lo único que puede determinar el valor de verdad o falsedad de un enunciado es la experiencia. Pero un método a priori para la justificación de juicios sintéticos es insuficiente. Y es a partir de este derrotero que Popper inserta el ya mencionado comodín: la experiencia no puede determinar el valor de verdad de un enunciado, ésta sólo puede decirnos algo sobre su falsedad, y así, todo enunciado, toda teoría, toda hipótesis, toda conjetura que tenga la pretensión de construir conocimiento debe tener la facultad de ser refutada por medio de la experiencia; no debe, popperianamente hablando, excluir la posibilidad de ser falsada a futuro.

            Se entiende entonces de qué manera la falsación es una propiedad que deben, según Popper, tener las teorías.

            ii. La intensión del Círculo de Viena, en un principio, no era eliminar la metafísica. En sentido estricto, el Círculo atacó las intensiones metafísicas de construir enunciados con pretensiones cognoscitivas.

            Los positivistas lógicos utilizaban un criterio empirista del significado; criterio que les permitía demarcar una diferencia entre ciencia y pseudo-ciencia. La primera debía consistir en enunciados con sentido, los enunciados sin-sentido eran propios de la metafísica o la pseudo-ciencia.

            “Así –afirma Del Corral–, Los positivistas admitieron como científicos únicamente los enunciados que podían ser reducidos a la experiencia por medio de ‘clausulas protocolarias’, ‘proposiciones atómicas’, ‘enunciados singulares o de observación’”. El método utilizado por los positivistas lógicos como condición necesaria para la significatividad y el sentido de los enunciados, y mediante el cual se podían permitir alzar la bandera en contra de la metafísica, era el verificacionismo. Pero como vimos en el capitulo i), para Popper la verificación nunca podrá ser concluyente, ya que por medio de la experiencia sólo podremos saber si una tesis es falsa, nunca si es verdadera, ya que dada su actitud, el universo está abierto y siempre cabrá la posibilidad de que en el futuro se false una teoría en la cual teníamos completa confianza.

            iii. Ahora, y una vez aclarada la posición popperiana respecto del método por excelencia, la falsación, y sus inconvenientes con los criterios de demarcación entre ciencia y pseudo-ciencia de los positivistas lógicos, se hace prudente mostrar cuáles son, según Popper, los criterios con base en los cuales debemos constrastar deductivamente una teoría científica, y los que nos permitirán elegir entre una y otra teoría que se refieran a un mismo estado de cosas, a un mismo conflicto. En el orden en el que los presenta Del Corral, los criterios son: coherencia interna: cuenta éste como criterio de contrastación, ya que una teoría que no tenga coherencia es simplemente inconsistente y, por lo tanto, debemos rechazarla. Una vez la teoría haya pasado el primer criterio, el científico deberá evaluar su forma lógica: el análisis de la estructura lógica de la teoría permitirá desechar las tautologías, lo cual nos permitirá tener, en caso de que la teoría resista, una teoría con un mayor contenido empírico, pues según Popper, en tanto mayor sea la clase de enunciados que la teoría prohíba, en tanto mayor sea el número de fenómenos que excluya, tanto más resistente será. Es este otro de los puntos que distancia a Popper de los positivistas lógicos, pues el criterio de éstos, el verificacionismo, da preferencia a las teorías con contenido afirmativo.

            Intuitivamente hablando, podemos decir que una teoría, al precisar la explicación de un fenómeno, excluye la posibilidad de que sucedan otros tantos, y en caso de que sucedieran estos, deberíamos abandonar la explicación anterior y optar por otra que a la vez excluirá otros fenómenos. Y cada refinamiento de la explicación teórica, se supone, eliminará paulatinamente la posibilidad de un número mayor de fenómenos en la ciencia hasta dejar un espacio muy reducido para, y sólo para, lo que realmente pasa en el mundo –dada la hipotética situación de tener a la mano una súper teoría–, dejando el resto, esto es, todo lo que realmente no sucede en el mundo, como prohibido. […] no podemos establecer, ni por inducción ni por ningún otro medio, la verdad conclusiva de los enunciados permitidos, pero sí en cambio la falsedad de los enunciados prohibidos. […] Por tanto, una teoría dice más en cuanto más prohíbe, es decir, cuanto mayor sea el tamaño de la clase de sus falsadores potenciales (Del Corral, 2007: 21).

            Los dos criterios restantes no necesitan de una mayor explicación. Comparación interteórica y confrontar la teoría con la experiencia.

            Teniendo en cuenta los factores que competen al racionalismo critico de Popper, entre ellos la idea de que a Sir Karl le interesa el contexto de justificación, más no el contexto de descubrimiento, es decir, aquello que debemos atacar sin piedad son las ideas de los hombres, no los hombres tras las ideas, su propuesta se inclina hacia la negación de permitir que los ataques sean dirigidos a los sujetos, hacia el deseo de que las conjeturas cuenten con una estructura tal que puedan defenderse por sí solas, sin la necesidad de una niñera que las tenga en brazos.

            La descripción ofrecida por Andrés Del corral nos muestra los puntos más áridos de la filosofía popperiana, exhibe de soslayo las críticas a ésta y deja ver, consciente o inconscientemente, el influjo que la lectura de los escritos popperianos ejerce en quienes, de forma afortunada, llegan a ellos.