Año 1 No. 1 Julio - Diciembre de 2006

Glosas in-trascendentes


Roberto Vélez Correa

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




Los estudiantes de los programas de Filosofía y Letras rinden homenaje a la memoria del profesor Roberto Vélez. Se publica a continuación una serie de textos inéditos, una especie de diccionario íntimo en el que el profesor registraba su particular visión de las cosas y la gente.

AMISTAD

Alegría de ver al otro, sin porcentajes. Es espontánea, permanente y cuando ocupa el pensamiento provee de cierta satisfacción tan diferente de la preocupación normal de las cosas. Está por encima de las pasiones; su única pasión surge del anhelo por comprobar el bienestar del amigo. La amistad no despierta celos, ni rabia, ni competencia; incluso, en la verdadera amistad, cuando alguien parte, siempre se le despide con la emoción de quien conjura en silencio las voces del regreso.

AMOR

Después de agotados el instinto y la pulsión sexual, hay un sedimento en el fondo del crisol: es el amor, dorado e incorruptible si no depende de la materia; frágil como la morralla si se le condiciona. El amor alcanza los grados de la sublimidad si libera al ser humano, hombre o mujer, de la angustia del poder y la posesión. El amor es la luz filtrada generación tras generación de la necesidad de procreación, o sea, de la fuerza natural que induce a los seres a buscar afanosamente la inmortalidad, bien sea en el esplendor de la unión, o en el reflejo amado de los hijos.

Los espejos son las señales que guían la ruta del amor. En su luna, los enamorados buscan la aprobación del nitrato de plata, antes de ser refrendada por el otro amado.

Amores eternos son los que provocan paz, tranquilidad, equilibrio. Amores fugaces son como las novas: brillan intensamente, antes de sumergirse en las sombras de los agujeros negros. Pero, estos últimos, también dejan la estela indeleble de los héroes que nunca mueren.

LEALTAD

Sentido de identificación y pertenencia a una causa o a quien la encarna. Su incondicionalidad está mediatizada por la luz de la razón, pero llega como la revelaciónde la fe, por los conductos irracionales de la intuición. La lealtad se pacta, en primera instancia, por inspiración; en segunda por principios. Como la fe, también creo que la lealtad mueve montañas. Nada que alivie y ayude tanto como la certeza del ser leal; si abusamos de su adhesión, sabremos que es estar condenados al infierno. La lealtad es el fundamento de los grandes sentimientos: el amor, la amistad, la solidaridad, la esperanza. Juega a la disyuntiva de los diamantes: la fragilidad o la eternidad.

NOSTALGIA

Regreso al sabor primigenio del vino, mucho antes de su añejamiento. La nostalgia es una extraña mixtura de tristeza y alegría que tejen los viejos tiempos. A veces se incrementa, cuando el presente tambalea y el futuro es incierto. Sin embargo, ser nostálgico significa por igual que el sentido diluido por los años de los antiguos valores, permanece latente en nuestro hoy. No puede confundirse la nostalgia con el conservadurismo; el nostálgico cuida de tirar el anzuelo de sus recuerdos, aferrado a la orilla del presente, para no naufragar en las engañosas aguas del tiempo perdido.

MUERTE

El miedo a la muerte magnifica y desnaturaliza su ineluctable realidad. Hay que aprender a vencer su prejuicio y extenderle cordial invitación a que habite nuestra cotidianidad. Sólo quien vence su miedo, tiene la opción de construir un proyecto de vida que finalmente le reste importancia a su amenazante presencia.

La muerte es definitiva, mas no hay que vestirla de negro. Si se confía en una luz al final del túnel, elijamos el blanco para su traje. Concibo la muerte como una explosión de la energía que confirma estados anteriores a la materia. En este sentido, es el pase a la reintegración del ser al infinito. Acceder a ella es contribuir al engranaje eterno que fluye en el tiempo.

HONOR

Antiguamente se empeñaba la sangre en su nombre. Hoy es flor que brota orgullosa del fango. El honor entraña carácter y claridad conceptual. Sin él, ninguna hazaña adquiere lustre y por el contrario, empaña el cristal del éxito. En la batalla diaria, enel deporte, en el amor y en la amistad, el amor permanece incólume si los ideales y los sentimientos son ciertos. Honor es, desde la hazaña que el caballero andante dedica a su dama, hasta la felicidad compartida del triunfo en los diarios retos de la existencia. Perder o ganar con honor son sinónimos de lo justo y sobre todo, de lo arduamente trabajado.

El único honor que ha perdido vigencia es el de la guarda de la intimidad, pues contradice la esencia del hombre. Nada tiene que ver el sexo o las debilidades humanas con el honor cuando se convierte en noticia y se esgrime como estigma.

MIEDO

El miedo es, por supuesto, inseguridad. Miedo a la oscuridad, a las sombras, a lo velado, a lo inesperado. A las alturas, al peligro inminente. Miedo de si mismo, de nuestras propias fuerzas. Nunca somos tan mortales como cuando sentimos miedo incontrolable. Entonces, la persona tiembla como la hoja bajo el azote del viento.Después del miedo, hay un gran espacio de reflexión, de reconsideración del ser, ya que el miedo devela las debilidades, los prejuicios y en síntesis, exhibe el verdadero rostro de quien lo siente.

El miedo es energía desaprovechada. Puede convertirse en dinamizador de una capacidad que en circunstancias normales no se tiene. Una fuerza desconocida se activa con el miedo, aunque irracional, impensada. También aquí nos redescubrimos.

TRISTEZA

Hay finales tristes, pero pueden ser más tristes los principios. Estados de ánimo cuando las células pierden su vigor y entran en reposo. La tristeza viene en oleadas; de repente, amanecemos con ella o se va gestando durante el día. Ninguna tristeza como las alimentadas los domingos o en las noches de desvelo. Es triste ver partir a los seres amados y hasta es triste gastar el sabor del éxito. Después del placer, resta una cierta tristeza si la pasión fue fingida. Impresionante, la tristeza de un niño abandonado en la calle o descartado por sus padres en un rincón de su alcoba. La de los ancianos resignados en los asilos que derriten al sol la esperanza del cariño olvidado y no tienen cartas para apostarle a la visita del fin de semana.

Tristeza de sabor amargo el ser conscientes del tiempo perdido, cuando atormenta la certeza de no volver a tener una segunda oportunidad.

COBARDÍA

¿Se es buen por cobardía, según Platón? Quizás. La cobardía es un bicho contagioso. Nace en la experiencia del miedo; es su resultado. Los cobardes son rechazados por quienes a su vez se creen valientes. Nada hay tan valiente como admitir con humildad la cobardía. Y no se confunda esto con el cinismo, deprimente vicio de los hombres. Siempre habrá posibilidad de recuperación del valor en el cobarde que es consciente de su baja moral; difícilmente en quien se niega a reconocerla.

ALEGRÍA

No aludo al carnaval que involucra a la comunidad y al cosmos en la viva expresión del ser. Me refiero a la alegría sencilla, modesta, cotidiana. Aquella que se distribuye avara entre hombres y mujeres y que de cuando en vez hacen vibrar en toda su extensión. La alegría de un regreso, de un piropo, de un regalo inesperado, de un gesto amable, de una buena noticia, de una caricia, de un billete de más. Breves impresiones que matizan el espeso lago de escepticismos del día.

Alegre no es sólo el que ríe, también lo es quien disfruta y se sintoniza con las aleghrías ajenas y convierte su práctica en un motivo de reflexión para sentirse alegre de estar vivo. Si los agelastas son aquellos seres temibles que nunca ríen, pobres las almas que nunca beben la mínima dosis de alegría y optimismo de la jornada.

PODER

Dominio, fuerza, capacidad, privilegio. El poder es la tecnología de la inteligencia. Capacidad de resolver problemas sin derrochar energías. Hay muchas clases de poder: del dinero, de la belleza, de la política, de la religión, de la herencia, de los antepasados, de la edad, etc. Existe el poder de la palabra y de la escritura. Los hábitos y los uniformes; desde luego, las armas y de quienes las usan. El poder está en capacidad de edificar o de destruir. Nada que despierte más insanas pasiones que el poder y su ejercicio. Es fácil alcanzarlo, muy difícil conservarlo. Son patéticos los huérfanos del poder, pues ya lo han conocido y resulta imposible acostumbrarse a vivir sin él. Mal consejero, la mayoría de las veces, su laberinto está sembrado de minotauros, guijarros y espinas. Después de todo, el poder decepciona, satura y termina por marcar con el sin sentido de poderlo todo. No obstante, el poder atrae con la fuerza del imán y no es fácil resistírsele.

Quién dijo: ¿el poder para qué?, sin duda, no lo tenía; ni la más remota esperanza de obtenerlo.

ENVIDIA

Mi definición (aunque estoy seguro, alguien lo dijo primero): la envidia es admiración con rabia; siempre delata los instintos y las debilidades del humano. Envidiar es mirar hacia afuera y descuidar el templo interior. Mientras se derrochan energías oteando el éxito de los demás, es preferible acumularlas y administrarlas a conciencia. Sirven, mas no tiene sentido envidiar al prójimo y mucho menos dejarse llevar por el gusanillo de la impotencia. Mientras se compartan fortalezas y debilidades más inmune se será al estado febril de la envidia. Si quieres combatir la envidia, hazla positiva, de la buena, de la sana imitación, del buen ejemplo; nunca pienses que no podrás también tú hacerlo o lograrlo. Si nos alegramos con los éxitos ajenos, en su momento también seremos acompañados en los propios. Nada tan desolado como una celebración que no convoque la solidaridad; hay que estar alertas si esto sucede, algo coyuntural de nuestro proyecto vital no funciona.

CINISMO

El cinismo es desfachatez. Desplante del autosuficiente que desafía, a través de la subversión de los buenos modales. ¡Cómo disfruta del desasosiego ajeno! El cínico no siente vergüenza; digiere su posición, sin asomo de arrepentimiento y la lanza al vacío. Mientras más caos y pudor despierte entre sus congéneres, más satisfecho queda. Es cierto que los cínicos triunfan , pues las leyes convencionales son en exceso lentas para establecer el equilibrio. Se requiere paciencia, masoquismo y mucho tiempo para redimir a un cínico. Inútil intentarlo, pues su estado natural consiste en eso precisamente. Se siente orgulloso de su actitud procaz.

VANIDAD

Falso orgullo, pecado de los débiles de espíritu, de los desposeídos del amor. Los vanidosos tienen una idea errada de sí mismos, pero están convencidos de su valor. 

Son ostentosos, pretenciosos; se creen el centro de la atención ajena y mientras más infundan la sensación de poder o de ser dueños de valores fatuos, más insisten en afianzar su vanidad.

La vanidad del género humano radica en la pretensión de ser el rey de la creación, el elegido de Dios. Los vanidosos olvidan el pecado original y continúan adelante con el mentón enhiesto, aunque dentro de su pecho apenas lata una leve pasión. La apariencia del vanidoso es encandilante, no se disuelve siquiera frente a la inminencia de la muerte, porque hasta inmortales y predestinados se consideran. Cuando el vanidoso admite su pecado mortal, ya es demasiado tarde: todo a su rededor se ha derrumbado y ya nadie le cree. La burla colectiva es el epílogo final del vanidoso. 

ORGULLO

Sólo existe el orgullo positivo. El de la frente en alto, el que queda de las grandes acciones que generan admiración sin que el héroe de turno caiga en la vanidad. Llevar con orgullo un apellido se acerca más a la vanidad, sin embargo, cuando los agraciados recuperan los méritos de la estirpe y defienden sus ideales, entonces, surge el orgullo bien entendido.

Un padre se siente orgulloso de su hijo, no porque lo refleje o postergue, sino por la certeza de haber sido puente accidental de una existencia feliz. Cuando el amante exhibe a su despampanante pareja, su orgullo se desvirtúa, pues nada tan frágil ante el tiempo como la belleza. Pero, si la satisfacción procede del interior del cuerpo ajado, el orgullo abre paso entre las grietas del tiempo.

El pueblo vive orgulloso de sus héroes, tanto de los protagonistas de grandes acciones, como de los personajes grotescos que animan su cotidianidad. El orgullo de patria está emparentado con el honor y la identidad que afianza los ánimos de la comunidad que se reconoce en su geografía.

PLACER

Vibración de la materia ante los más disímiles estímulos. También el interior del hombre experimenta emociones límites con el gozo sagrado. El placer sube en intensidad como la columna de mercurio dilatada por el calor. Y en veces, hierve, llega al punto blanco del acero derretido para transformarse en dolor. Los poetas místicos flagelaron su cuerpo para purificar sus almas a través del dolor que 

ahuyentaba el placer pecaminoso y los hacía dignos ante la mirada divina. El dolor de la contemplación arroba los sentidos, despega la mente de la materia corruptible para beber de la luz sagrada.

Si el placer es efímero, hay que capturarlo y de inmediato y grabarlo para siempre en la mente. Ser consciente de las huellas que deja el placer a su paso, es aproximarse al sentido de la felicidad, que es por necesidad efímera. Nadie resistiría una felicidad alargada indefinidamente sin asomarse al abismo de la locura. Aunque haya quien diga que la enajenación es un estado de felicidad.

DOLOR

Hay muchas clases de dolor: de ausencia, físico, moral, de luto, de patria. El dolor lacera las carnes del cuerpo y del espíritu. El primero es más fácil de olvidar. Los dolores del espíritu imprimen huellas imborrables; son como bisturís hendiendo las fibras de la piel y provocando los músculos de la carne, permanentemente. Como las ausencias que vacían el estómago, resecan la garganta, enturbian la mirada. El dolor físico hace patente la miseria humana y así se aproxima a la voz de la cosmogonía.

El dolor moral estremece en el remordimiento y la desesperanza del olvido. El dolor del luto cancela los vínculos terrenales y los relega al frágil recuerdo. El dolor de patria es una bofetada a la dignidad del territorio que nos define e identifica; cuando se siente, estamos muy cerca del exilio comunitario a que nos obliga la vergüenza y el pundonor.

RECUERDO

Facio Lince escribió: “Los muertos sólo mueren cuando mueren aquellos que los recuerdan”. El recuerdo es la última brizna de cariño o de amor que se disuelve con la lluvia del tiempo. Nos aferramos a él, como a la hoja que flota junto a nosotros mientras nos ahogamos. La Historia oficial, crítica o no, se encarga de capturar y grabar los recuerdos de los pueblos; pero, ¿quién registra los nuestros? Debemos escribirlos con tinta indeleble, mientras no nos hagan daño. Un bello recuerdo se convierte en aliciente, en sentido de vida. Un mal recuerdo aniquila nuestras defensas morales. Nos amarga, atosiga, persigue.

Tampoco es saludable vivir de los recuerdos. Que ellos habiten en nosotros y sirvan de inspiración en los momentos cruciales, cuando haya que tomar decisiones y continuar adelante con la sabiduría de la experiencia pasada, sin descuidar el presente ni menospreciar el mañana.

SOLEDAD

A veces nos mostramos solos para seducir la compañía. El ser, consciente de la soledad, hace que el hombre se apretuje cada día más a los semejantes. Las cosas inertes sufren de una soledad ontológica; los irracionales mitigan su soledad en la satisfacción de los instintos y por ello tienen sentido de manada, de camada, de rebaño. El ser humano, en cambio, tiene que dilucidar a través de su inteligencia, los beneficios y perjuicios de la individualidad. Entretanto resuelve el conflicto, yerra constantemente, se confunde, se engaña. No siempre está rodeado de compañías. A veces, ¡qué terrible es comprobar que se está solo en medio de la multitud!

El ser humano está tan solo, a pesar de los miles de millones de congéneres del planeta, que gasta inmensos recursos económicos en busca de una brizna de vida más allá de la tierra. Otras, envía mensajes que pretenden comunicarlo con seres inteligentes más acá o más allá de la galaxia. Empero, nada ni nadie responde. El hombre se encuentra solo, infinitamente solo, y por eso, busca angustiosamente a Dios.

COMPLEJOS

A pesar de la lucidez racional, el ser humano sufre innumerables complejos que contradicen su equilibrio mental. Cercanos a la creencia, a la superstición, los complejos confunden e infligen angustia inútil. La mayoría de las veces, un complejo tiene raíces lejanas en la niñez o quizás en la sangre de los antepasados, pero nada que contribuya más a afincarlos que la insolidaridad de propios y extraños. Es necesario sacudir hasta desaparecerlas, estas ideas caprichosas y reemplazarlas por constructos mentales frutos de la autorreflexión. De inferioridad o de superioridad, los complejos afectan la estabilidad emocional y llenan de obstáculos los caminos del éxito personal. Ni tan acomplejados que disminuyamos nuestra estatura, ni tan soberbios que no podamos mirar de igual a igual los ojos de quien nos habla.

El único complejo admisible es la seguridad de poder alcanzar lo que los demás logran, valiéndose únicamente de su condición de seres humanos. 

SOLIDARIDAD

Sentimiento espontáneo que circula por las venas ante el primer llamado. No hace peguntas, ni pone condiciones. La solidaridad es un elixir que brota de los gestos y de la garganta en difíciles o exitosas situaciones. La humanidad cada vez que avanza en su civilización, requiere de más solidaridad, pues nada que desprenda tanto al hombre de su íntima necesidad como su confianza en la tecnología para la solución de problemas. La solidaridad es el eslabón clave de la cadena: una solidaridad genera otra y así sucesivamente. Entretanto tengamos la voluntad presta a acudir al servicio del otro, es posible alcanzar la armonía social y por ende la paz.

Lo contrario de la solidaridad es la intolerancia, cercana ésta al dogmatismo que cierra las posibilidades de interpretación y de convivencia. La solidaridad es un lazo de unión sólido y por tanto irrompible que cerca y acerca a los individuos de una comunidad para guiarlos en un proyecto común de vida.

APOYO MORAL

No se puede brindar como cuota o limosna. Hay que ser convincentes al expresarlo y para ello es imprescindible acudir al deseo que emana del alma y se refrenda en la mirada, la tensión del cuerpo o la suavidad de la caricia. No se puede asimilar a la conmiseración, pues despertar lástima ofende al otro y agrava su dolor. El apoyo moral tendrá que adquirir los ribetes del compromiso, ahora y siempre, sin vacilaciones, sin titubeos. Que convenza al otro que hacemos suyo su problema o su dolor y que estamos dispuestos, como el Cid Campeador, a ceñir la espada por él. Esta clase de expresión solidaria deberá penetrar las capas del tiempo y del espacio. A veces, una voz de apoyo a tiempo surte mejores efectos que los recursos materiales puestos a disposición. Un gesto, una mirada, un apretón de manos, una palabra amable y elocuente, una caricia, una mano sobre el hombro o tantas otras cosas que brotan espontáneas, son suficientes para que el necesitado de apoyo moral asimile nuestra entrega y haga buen uso de ella.

LUTO

La muerte ajena no hay que sentirla, sino entenderla en quien la sufre. De ahí proviene el sentido pésame con el cual hay que ser delicado al hilvanarlo mentalmente y luego expresarlo en palabras. El dolor del otro es muy distinto al que imaginamos. Hay un grave riesgo al dar un “lo siento mucho”, pues la verdad, no tenemos por qué sentirlo; acaso sí, nos duele el dolor del amigo o del hermano que sufre la pérdida irremediable. Los seres que mueren tienen sus propios dolientes y su viaje eterno no es predecible qué tanto pesar dejen en su camino sin regreso.

Conmueve una sala de velación donde el dolor hace coro y despunta en histeria colectiva. A veces, se confunde con una escena tragicómica o un apocalipsis familiar. No se sabe qué es peor, si esta demostración de angustia ante lo irremediable o el dolor de muerte que empieza a diluirse en chisme y chistes flojos cuyas chispas se intensifican en lo fúnebre del momento. ¡Qué exótico resulta el humor en los cementerios! Sin duda, se agudizan sus plumas que le hacen cosquillas a los mortales.

VIGENCIAS

Lo antiguo y lo clásico, alguna vez fueron vanguardia, rompieron la ola de la novedad. Pero, siempre hay cosas que conservan su novedad sin importar el paso de los años, verbigracia, los abismos generacionales de padres a hijos: siempre se dará la diferencia y el acuerdo, cada vez se alejará más. Sin embargo, estas distensiones dinamizan la existencia y la hacen más emotiva e interesante. Ningún conflicto humano tiene solución eterna. Es vigente el arte en cualesquiera de sus expresiones. Cuando una obra pierde vigencia es porque en realidad no poseía valor estético que resistiera el paso de los años. La vigencia del amor, a pesar de su radical transformación, es uno de los consuelos del desarrollo humano, en medio de tantos valores que se deshacen con las costumbres. Igual, es vigente la guerra, que alimenta la esperanza de la paz. Y nada tan vigente como la sed de conocimiento que abre insospechadas fronteras a la humanidad. Será actual la enfermedad, no obstante los avances médicos que no claudican, pero como los abismos entre padres e hijos, unos factores patógenos sustituirán a otros, y el ser humano tendrá que estar a la vanguardia científica para sobrevivir.

ILUSIÓN

Espejismo particular del ser, cuyas luces son suaves y multicolores. Es bien distinto a la esperanza, sentimiento abstracto que tiene un punto de llegada indefinido. La ilusión, por su parte, abarca un espectro mayor. A veces se relaciona con la ensoñación y el deseo por transformar. La ilusión viene de adentro, la esperanza de afuera. La primera tiene el control, así sea inasible del yo, particular o colectivo. La culminación de una esperanza está cosida a los factores externos e imprevisibles. Por tanto, cabe la posibilidad de dirigir la ilusión hacia misiones trascendentales y duraderas, que no cesen su efecto positivo, una vez cristalizadas.

FRUSTRACIÓN

Sentimiento de derrota que persiste largo tiempo y parece doblegar al espíritu y con él, al cuerpo. Un proyecto largamente añorado que se trunca por imponderables del azar, crea una profunda frustración. O cuando alguien, en quien habíamos depositado nuestra confianza, la quiebra al proceder en contravía al pacto de honor, genera frustración.

Grave frustración cuando muere una persona que estaba a las puertas de cosechar los frutos de sus desvelos. Y mucho más, cuando se trata de un niño o de un joven, pues se truncan las expectativas de una existencia prometedora. Frustración la de los pueblos que depositan sus esperanzas y sus ilusiones en sus líderes a quienes ven caer hechos trizas de sus pedestales. Mayor frustración genera la impotencia frente al poder cuando el uso y el abuso de las atribuciones, pasa de lo velado a lo abierto y descarado. Nada tan frustrada e impotente como una comunidad humillada por el Estado y sus fuerzas que lo sustentan. Frustrante como la injusticia terrenal, sobre todo porque no hay posibilidad de ser resarcida en una otra vida que no existe.

INTIMIDAD

Es el resguardo de las debilidades y temores del hombre y de la mujer. Sólo la conciencia la devela en su escenario interior para establecer soliloquios de alivio. Su cofre oculta insospechados tesoros que despiertan la codicia de los demás; por eso, nada tan vulnerable al desnudo como la intimidad del ser social. A través de ella, podemos disfrutar de breves pasiones como los gustos musicales, literarios, plásticos y hasta sensuales, no admitidos o menospreciados por las élites que nos rodean y condicionan. Si las leyes humanas la protegen es porque su valor es incalculable. 

Perder la intimidad es como si nos quitaran la piel a la orilla del mar. Cuando elevamos la intangible compuerta de la intimidad, nos damos por entero a quien elegimos, en un acto de entrega o de confianza infinita que no tiene precio.

MENOSPRECIO

Humillación sutil, a veces abierta, del semejante. Su práctica demuestra inútil soberbia. Pretender mirar al otro por encima del hombro, significa rebjarnos a nosotros mismos con la triste actitud. Hay que ser conscientes de que los humanos pesamos igual en las balanzas; las diferencias, si las hay, son circunstanciales y efímeras. En el complejo engranaje de la existencia, el día menos pensado, se equilibran las fuerzas y lo más posible es que el azar ajuste la cuentas al invertir las categorías y hacernos pasar de ofensores a ofendidos. Despreciar al hombre o a la mujer es una actitud absurda que podríamos evitar si nos miramos en el espejo, mientras menospreciamos.

JUVENTUD

Estamos tan preocupados de adquirir los privilegios del viejo, que olvidamos y no disfrutamos la frescura y la vitalidad que sólo nos brinda la juventud. La juventud es células nuevas, abundantes, reproductoras. La belleza física es inherente a la piel joven; ningún rasgo desentona cuando la piel y la mirada brillan. Nada falla al organismo joven, en plena formación. Es tan desbordante la energía que la derrochamos en los sueños y los experimentos. Nunca prevemos el mañana, porque para el joven es el hoy la razón de ser de la existencia.

Muy pocas cosas y estados provocan tanta nostalgia y añoranza, como la juventud lejana y perdida. Es la edad de todas las posibilidades, pero escasas definiciones. Cuando se clama que la juventud es el futuro de la humanidad, se plantea no sólo una tautología y como tal inútil, sino que además, suena la consigna a los clamores de paz que nadie escucha ni le interesa. Sin embargo, los héroes de ficción son casi todos adolescentes o jóvenes porque la imaginación vincula lo nuevo con lo exitoso, lo bello con lo sublime. En realidad, grandes hombres han realizado lo mejor de sí, en su etapa moceril. Algunos alcanzan la senectud para recordarlo; otros, mueren sin conocer la decadencia y capturan así la inmortalidad que sólo garantiza la fama.

CARIÑO

Sentimiento útil ubicado entre la amistad y el amor. Es leve, pero no fugaz. Hay cariños que duran eternidades, que se conservan por siempre en su temperatura media. La expresión del cariño es la ternura y viene en cuotas de miradas, sonrisas y tímidas caricias cuando los dedos no terminan por apoyarse en la piel. Limpio de sensualidad y morbo, el cariño auspicia reacciones amables que dejan huella. Su recuerdo transforma los rostros en una dulce expresión de paz y nostalgia. Es el cariño una forma de comunicación del ser humano en todas sus edades y condiciones. Si alguien pierde la capacidad de sentirlo y manifestarlo, algo vital en él ha muerto por dentro; es como si dosis de anestesia recorrieran sus arterias para adormecer su sensibilidad en todos los rincones del organismo y del alma.

POLÍTICOS

Nunca es tan visible el político como en vísperas electorales, ni tan esfumado una vez consolidados los resultados en las urnas. Más tarde que temprano volverán a recorrer las calles de los pueblos y de los barrios pobres de las grandes ciudades, dotados de una contagiosa simpatía y generosidad en promesas. Algunos adquieren la aureola de intocables y descuidan la clientela porque piensan que ya es suficiente con el prestigio cultivado, otros se untan de pueblo entre las fritangas, la chicha, el aguardiente, la cerveza y los manoseos de sus coterráneos. Es posible que el político haya empezado como líder cívico o nueva alternativa y en sus primeros pinitos hubiera lanzado anatemas contra la corrupta casta política; mas poco a poco aprendió a colorear su piel de camaleón y terminó por mofarse de los relevos generacionales, tan bien intencionados, tan honestos, tan románticos, tan inocentes o no nos digamos mentiras, tan pendejos.