Año 4 No. 6 Febrero - Junio de 2010

La distinción analítico/sintético: una crítica desde Quine


Gabriel Eduardo Vargas Duque


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




La distinción analítico/sintético: una crítica desde Quine

GABRIEL EDUARDO VARGAS DUQUE1

Universidad de Caldas, Universidad Nacional, Colombia.

E-mail: gabriel.vargas@ucaldas.edu.co

     La distinción analítico/sintético parte de la tradición kantiana2. Sin embargo, no fue Kant quien por primera vez anotara la idea de esta distinción. La distinción es una herencia tanto racionalista como empirista. Descartes hablaba de verdades necesarias y verdades de hecho; Hume trazó la distinción como relaciones de ideas y cuestiones de hecho, Leibniz habló de verdades de razón y verdades de hecho, etc. Esto prueba que, en general, la filosofía, hasta la época moderna, había aceptado está distinción como un dogma.

     Se podría asegurar que Kant rechaza esta distinción, pero en realidad lo que hace es ampliarla. Kant propone una tercera alternativa que complementa los tipos de proposiciones que pueden brindar conocimiento. Esta tercera alternativa consiste en una mezcla entre juicios sintéticos y analíticos. Aclaremos esto.

     Los juicios analíticos son a priori, esto significa para Kant dos cosas: 1) que son independientes de la experiencia y 2) que son universales y necesarios. La primera característica señala que los juicios de este tipo no pueden ser refutados por ningún hecho. Por ejemplo, el juicio “todos los pispiríspis son pispiríspis” es verdadero independientemente de que existan o no pispiríspis. Ningún hecho podría mostrar que los pispiríspis no son pispiríspis. Del mismo modo, el juicio “todas las tías son mujeres” es verdadero independientemente de que hayan tías en el mundo. Supongamos que cae una bomba y mueren todas las tías del mundo. Aún así, el juicio “todas las tías son mujeres” sigue siendo verdadero, porque la razón de su verdad descansa en la relación que se da entre el sujeto y el predicado de esta oración, y no en ningún hecho. Por otra parte, la segunda característica apunta a mostrar, primero, que son universales, es decir, que no tienen excepciones, pues si son verdaderos son siempre verdaderos y, segundo, que son necesarios, lo que quiere decir que su negación conduce directamente a una contradicción. Así, el juicio “todas las tías son mujeres” implica que en todos los casos una tía es una mujer y que afirmar que no es una mujer es auto-contradictorio.

     De otro lado, los juicios sintéticos son aquellos que dependen de los hechos para establecer su valor de verdad. Esto implica que los hechos pueden refutarlos o confutarlos. Además, por esta misma razón, no son universales ni necesarios (pues necesitaríamos conocer todos los hechos pasados-presentes-futuros, y eso sólo lo puede un ser omnisciente) y su negación no implica una contradicción. Por ejemplo, el juicio “todas las tías son chismosas” puede ser negado sin contradicción, ya que la característica de ser chismosa no es un rasgo definitorio del concepto “tía”, lo que da ocasión al hallazgo de honrosas excepciones.

     Como podemos ver, estos dos tipos de juicios se contraponen. Se podría afirmar que son el polo-opuesto, como la cara y cruz de una moneda. Sin embargo, Kant afirma que hay una tercera clase de juicios, el canto de la moneda. Muchos filósofos se han negado a admitir el canto de la moneda, en parte, porque la separación tan abrupta que se da entre los dos tipos de juicio parece hacerlos tan irreconciliables como el agua y el aceite. No obstante, la propuesta kantiana no se dirige a una reconciliación, sino a una mezcla de los ingredientes que contiene cada tipo de los juicios descritos. Dicha mezcla es llamada juicio sintético a priori.

LOS JUICIOS SINTÉTICOS A PRIORI

     Los juicios sintéticos a priori comparten con los juicios sintéticos su relación con el mundo. Esto significa que los juicios sintéticos a priori se refieren a hechos en el mundo al igual que los juicios sintéticos. No obstante, son verdaderos en una forma muy distinta de la que lo son los juicios sintéticos. En otras palabras, los juicios sintéticos a priori no son verdaderos en virtud de lo que dicta la experiencia, mientras que los juicios sintéticos a secas, sí. Por otro lado, comparten con los juicios analíticos el hecho de que son universales y necesarios. Universales porque no tienen excepciones y necesarios porque son un requisito para la experiencia. Decir que son un requisito para la experiencia significa que son anteriores a ésta. Todo esto implica, como Kant lo afirmó, que son necesariamente verdaderos y anteriores de toda experiencia (a priori)3.

CRÍTICA A LA DISTINCIÓN ANALÍTICO / SINTÉTICO

     Como ya anoté, la distinción analítico/ sintético ha sido enunciada primero por Kant. Esta distinción es un punto central en su teoría epistemológica. Por ello, todas las críticas que se dirijan a ella son muy peligrosas para la teoría kantiana.

     En líneas generales podemos enunciar dos tipos de críticas que tratan de socavar esta distinción kantiana. La primera se ocupa de mostrar que las definiciones que ofrece Kant, tal y como las ofrece, no son adecuadas. La segunda, mucho más destructiva, intenta mostrar que la distinción analítico/sintético no tiene bases, es vacía.

     El primer tipo de críticas consiste en acusar a Kant de ofrecer criterios psicologístas para distinguir entre analítico/sintético. A este tipo de objeción se puede responder formulando las definiciones kantianas en términos no-psicologístas. Este se podría considerar como un ataque lateral a la distinción4.

     El segundo grupo de crítica es mucho más insidioso. Se formula aceptando la distinción analítico/sintético en términos no-psicologístas5, para luego mostrar que tal distinción es espuria. Este tipo de crítica se dirige de manera frontal a la distinción. Veamos esta crítica:

     En un artículo ya clásico, Dos Dogmas del Empirismo, Quine afirma que la distinción analítico/sintético es vacía. Según este filósofo la noción de analiticidad se explica mediante la relación de sinonimia que tienen las palabras. Así, la oración analítica ‘todos los solteros son no casados’ se funda en la suposición de que las palabras ‘soltero’ y ‘no-casado’ significan lo mismo. Pero, ¿Cómo podemos saber que dos oraciones significan lo mismo?

     Para explicar lo que es el significado podemos tratar de usar un ejemplo: sabemos que enunciados como ‘todas las mesas son mesas’ y ‘todos los solteros son no-casados’ son verdaderos. Pero, ¿Cómo sabemos que son verdaderos?

     Una respuesta a esta pregunta la puede brindar Quine. En el primero de los casos diría que la oración es verdadera, porque corresponde a una estructura lógica. Este tipo de oraciones no tienen problema para Quine, pues sabe de antemano que son tautologías. Según Quine,

Si suponemos un inventario previo de partículas lógicas, con ‘no’ y otras formas de negación, ‘si’, ‘entonces’ (en sentido ilativo, no temporal), ‘y’, etc., puede decirse en general que una verdad lógica es un enunciado que es verdadero para cualquier interpretación de sus componentes que no sean partículas lógicas (Quine, 1984. P, 52-3).

     Con  esta  definición  Quine  afirma  que las tautologías    pueden    caracterizarse de    manera que    no haya    que recurrir a nociones intencionales (como sinonimia y significado). La definición que propone para ellas es puramente extensional. De este modo, se pueden derivar verdades con sólo cambiar las partículas extra-lógicas.

     De este modo, la primera oración es verdadera porque cuando sustituimos sus términos por cualquier otro término, sin cambiar las partículas lógicas, la oración continúa siendo verdadera. Así, la oración ‘todas las mesas son mesas’ corresponde a la estructura formal ‘todos los p son p’. Si remplazamos p por cualquier otro término la oración mantiene el mismo valor de verdad. En cuyo caso, si es verdad que ‘todas las mesas son mesas’, entonces la oración correspondiente ‘todas las sillas son sillas’ también es verdadera, debido a que corresponde a la misma forma lógica ‘todos los p son p’.

     No obstante, no ocurre lo mismo con la segunda oración. Al reducir esta oración a su estructura lógica queda así: ‘todo p es q’. En donde p representa el término soltero y q el término no-casado (obsérvese que no se puede decir que los dos términos corresponden a p porque eso sería asumir lo que se tiene que probar). De este modo, si remplazamos los términos p y q por cualesquiera otros términos, la oración resultante no será necesariamente verdadera. Para decir que la segunda oración es verdadera necesitamos afirmar que el término ‘soltero’ significa lo mismo que el término ‘no-casado’. Es decir, convertir la forma lógica de la oración en ‘todo p es p’.

     Para lograr este objetivo tenemos que valernos de la noción de sinonimia. Habrá que afirmar que los términos ‘soltero’ y ‘no-casado’ son sinónimos, para que la oración analítica sea necesariamente verdadera. Sin embargo, hay un problema. Al realizar este procedimiento se recurre a la noción de sinonimia que es intencional y Quine no acepta ninguna noción intencional como fundamento. Según Quine, las nociones intencionales no explican nada, porque no describen un estado de cosas, no se refieren a nada en el mundo.

     Quine ataca el dualismo al igual que Carnap. Carnap, para superar el dualismo que presenta la palabra sinónimo, intentó explicar el concepto de analiticidad en términos de descripciones de estado. Según Carnap, o bien dos enunciados o bien dos términos son equivalentes si son ‘verdaderos de las mismas cosas’. No obstante, este proyecto fracasó, debido precisamente a que si se define la analiticidad de esa forma, termina convertida ella misma en una oración sintética. Esto se ve claramente con el ejemplo que trae Quine: los enunciados ‘criatura con riñones’ y ‘criatura con corazón’ son verdaderos de las mismas cosas (es decir, se aplican a las mismas entidades), pero no son sinónimos. De igual forma, se puede afirmar que aunque los términos ‘soltero’ y ‘no-casado’ se apliquen a las mismas entidades, eso no quiere decir que sean sinónimos. Así, no puede afirmarse mediante este recurso que la oración ‘todos los solteros son no-casados’ es analítica. En breve, la analiticidad no puede ser explicada por la noción de sinonimia. Del mismo modo, la analiticidad no puede explicarse por la noción de significado.

     Según Quine, la explicación tradicional de analiticidad apela a la noción de significado, pero esta noción tiene que ser cosificada para que pueda servir como explicación. De inmediato este dualismo debe ser rechazado como un error craso. Pero, ¿Por qué es un error cosificar los significados? Porque eso sería aceptar que hay por ahí significados a la manera de mesas o sillas. Eso es una idea ininteligible y, por tanto, difícil de aceptar.

     De otro lado, Quine intenta convertir la noción de analiticidad en una verdad lógica, mediante el recurso de caracterizar la sinonimia en términos de la definición. Sin embargo, este recurso falla, ya que la definición proporcionada por los diccionarios está presupuesta por el uso. Esto se explica porque las definiciones plasmadas en los diccionarios son transmitidas por investigadores que recogen las definiciones del uso, en cuyo caso la sinonimia se establece por el uso. Pero lo que se requiere es un análisis lógico que nos permita dar una explicación de la sinonimia y no información acerca del uso de las palabras. Quine también rechaza la idea de que se pueda decir que una afirmación es sinónima de otra por estar definida en términos estipulativos, pues la clase de sinónimos que se presentan en los enunciados analíticos no son estipulativos. De este modo, la definición requiere de la noción de sinonimia para ser explicada y, por tanto, se cae en un círculo vicioso.

     Como último recurso Quine trata de caracterizar la sinonimia en términos de la intercambiabilidad. Trata de mostrar qué pasaría si se intercambian frases completas que mantengan el mismo valor de verdad de la frase original. Pero otra vez este recurso falla, porque si dos expresiones se intercambian tienen que recurrir a la noción de sinonimia para intercambiarse y mantener el valor de verdad de la frase original. De este modo, remplazar la frase ‘todo soltero es no-casado’ por ‘ningún hombre no casado es casado’ es recurrir la noción de analiticidad antes de explicarla. Nuevamente estamos en un círculo.

     En conclusión, de acuerdo con el análisis de Quine, el concepto de significado es vacío y, por tanto, no funciona para hacer la distinción. Para defender esta posición, Quine muestra que la noción de significado es un vestigio cartesiano que expresa un dualismo inadecuado. El punto de Quine es que si apelamos a la noción de significado para explicar la analiticidad, entonces estamos apelando a una noción que es oscura. Por tanto, no podemos justificar la analiticidad en términos de significado, hasta que no expliquemos lo que es el significado. Pero, del mismo modo, el significado tiene que ser explicado en términos de analiticidad y esto genera un círculo. Lo mismo ocurre al apelar a las nociones de sinonimia, definición o intercambiabilidad. Así, según Quine, si la analiticidad tiene que ser explicada en términos de significado, sinonimia, o definición, entonces no hay nada que podamos llamar analítico. Por otra parte, la exigencia que pone Quine de explicar la identidad de significado o sinonimia en términos de la intercambiabilidad de los términos sinónimos, tampoco puede satisfacerse. Por tanto, la distinción analítico/sintético es vacía.

     Por último, si la distinción analítico/ sintético es vacía, entonces la propuesta kantiana de juicios sintéticos a priori también lo es. Esto debido a que tales juicios son una mezcla que se funda precisamente en esa distinción.
 

 

Notas

1. Docente del Departamento de Filosofía de la Universidad de Caldas. Docente del Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

2. Kant hace la distinción analítico/sintético en A7-B 11 pp. 47-8.

3. Kant muestra que hay juicios sintéticos a priori en la Introducción parte V y en B 15-B 16 p. 51-2.

4. A estas críticas ya me referí en el trabajo titulado: ¿Hay juicios sintéticos a priori?, entonces, por razones de economía, no extenderé en explicaciones sobre este punto.

5. Realmente Quine critica la distinción clásica de Ayer sobre analítico/sintético, que no es susceptible de las mismas objeciones que se proponen a la distinción kantiana (entre ellas la acusación de psicologísmo).


Referencias

AYER, Julios Alfred. Lenguaje, Verdad y Lógica. S.l.: Ed. Martínez Roca S.A, 1916.

KANT, Immanuel. Crítica de la Razón Pura. Barcelon: Editorial Alfaguara, 1999.

QUINE, Willard Van Orman. Desde un Punto de Vista Lógico. S.l.: Editorial. Orbis S.A., 1984.