Año 5 No. 6.5 Julio - Diciembre de 2011

Dos caras y ningún rostro


Maria Paz Gómez Gaviria


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




No habla una persona ubicada en instancias ideológicas ni desde la sectorización “¿dónde está mi país? política, simplemente habla una estudiante más que, tras las teorías y las ¿junto al río o al borde de la noche? ¿Junto al pan o al borde de la experiencias, tas lo visto y lo sentido se demora aquí para hablar de ésta realidad sombra? ¿En un pasado del que no hay que hablar o en el mejor de los académica localizada. “yo soy mi circunstancia” –decía Orte-ga- “Yo soy miagüeros? ¿Dónde? circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo” Así rompo la mudez, ¿dónde? asumiendo el riesgo de no acertar con la palabra justa y el tono adecuado para el ¿en la zanja azul del horizonte o en las insomnes cejas de estas teclas? momento social que estamos viviendo.

¿En la desolación de la memoria? ¿en el otoño de la gracia o en el oasis Denuncio un discurso político de doble moral que bajo las palabras “desarrollo” y de los quietos? ¿En los ahora libres ca-labozos o en las celdas de “eficacia” nos conduce, directamente, a un sub-desarrollo de la educación. fantasmas asiduos?

Anuncio al lugar público como el último templo del hombre moderno, un lugar en ¿dónde está mi país? peligro de extinción gracias a los politiqueros en transe de hacer nación. Comparto ¿En las ma-nos abiertas y aprendices o en los muñones del un dolor, que bien podría ser de cabeza, una pato-logía colectiva si se quiere, y algo remordimiento? ¿Simplemente en el sur? ¿En qué pronóstico o escape? ¿En que va saliendo de ese sentir reflexivo. qué repliegue de dolor? ¿Lo llevo acaso en mí? ¿Lo llevas tú de lado? ¿Me De un dolor de cabeza también puede nacer una diosa. Atenea (diosa de la guerra) espera en sueños? ¿En qué sueños? nació de la dolida cabeza de su padre Zeus. Inauguro un símbo-lo, una imagen al ¿dónde está mi país? menos: La Diosa de la revolu-ción –en caso de que existiera una- será la Crisis, la ¿encima de los dioses? ¿Sobre cuántos des-pojos? ¿Lindante con qué Diosa Crisis fundadora de la necesidad de alterar un momento de la época. A alivios? ¿Incontable de amores? ¿Asceta en qué triunfo? ¿Bandera de qué esta hora la educación en Colombia se enfrenta a esa diosa, reacciona ante ella con cima? ¿Pulso de qué candombe? ¿Postergado en qué olvido? ¿Espantado distintos ri-tos, ofrendas y sacrificios. Otros ya la habían presentido, Yo –al igual adolorido? que ustedes- la he sentido, La pegunta es ¿Hemos sabido comprenderla? Mirarla ¿dónde está mi país? de frente implica temblor y angustia. Localizarla ha sido la tarea de atrevidos ¿seré sordo a su viejo cuchicheo? cartógrafos del pensamiento que la sitúan en la globalización, en la modernidad, ¿dónde está o estará? en la economía, en el liberalismo; hábitats donde ella desenvuelve a sus anchas. ¿En qué rincón o pedacito de miedo poco ilustre? ¿En qué grito o clarín? Pregunto: ¿Qué pasa cuando entra en un lugar profano para ella y sagrado para los ¿en qué alma o almario? ¿Acurrucado, agazapado, desve-lado? ¿En pie de hombres? En el lugar público: último templo del hombre moderno. Ya no sé si la qué asombro? ley pero el ejercicio de la libertad nos obliga a defenderlo, y en muchos casos ¿dónde? nuestra ingenua valentía y el reflejo del sistema nos hace confundir la defensa con ¿en la atroz misericordia o en la plena sustancia? ¿En qué muralla o la violencia; estos términos no son equivalente aunque ambos son medios para un huerto? 

mismo fin.

¿Dónde?

Este lugar público nunca se nos hace tan vital y necesario como cuando estamos a ¿dónde? punto de perderlo, su peligro de extinción nos arroja a una orfandad que pide a ¿dónde? gritos residencia y nuevas maneras de resistencias. Insisto: no digo legales, digo ¿libraré su pan, su cordura, su rabia o arrebato? ¿No cesaré jamás de legítimas. preguntarlo? ¿Nunca vendrá a mi encuentro? y si viene ¿con quién? Sí, “la libertad es un derecho” –frase tranquilizadora-tenemos derecho de ser ¿dónde está mi país? libres lo que ya no tenemos es la capacidad para serlo porque sabemos por larga y ¿en el cuaderno, en los planos, en las planas? ¿en la casi agobiante padecida experiencia que el estado, el estado Colombiano al menos en su remedo tensión de la esperanza? ¿en la alegre pesquisa de los niños? ¿en la de democracia no toma en cuenta los individuos para la toma de decisiones sino a sonrisa de sus soles? ¿en las deudas de sus montes? ¿en las huellas de las clases sociales dominantes. Al conocer esto renace la intem-pestiva pregunta de pánico? ¿en los morrales del hambre? ¿está en los que no están? ¿en el tintes Marxistas hecha por Rosa de Luxemburgo “¿Que es la libertad para aquellos montón de la penuria?¿en los umbrales y fogones? ¿en el enjambre que no tienen propiedad privada sino fuerza de trabajo para sobrevi-vir?... ” ¿Qué es irrumpió en la calle? ¿en el telón impune?¿en las gotas del alambre? la libertad para un obrero? por ejemplo, para alguien que solo tiene deberes y ¿dónde? derechos “laborales” (que son otra manera de disfrazar los deberes). Más aun ¿Qué ¿en el pan que amanece pese a todo? ¿en la bondad endémica?¿en el es la libertad para un estudiante? Quizá insistir no en lo legal sino en lo legítimo. regreso de los nietos pródigos? ¿en los que vienen a morir en casa? ¿en Salir a la calle Publica, a defender la universidad Pública ante los oídos sordos de los que nacen desvalidamente? ¿en los que ape-nas alcanzan? la Res-Publica. Con ese nacionalismo precoz agitador de banderitas gritando

¿dónde?

consignas hasta que se les seca la garganta bajo este mismo sol tercermundista. ¿dónde está mi país?

Estudiantes revolucionarios: es mucho decir, en ese momento sólo somos ¿dónde empieza la niebla o te esconde? ¿cómo puedes andar con pies de reaccionarios; alertas y activos ante las situa-ciones de injustica social, de plomo? ¿cuánto cuesta vencer a tu quebranto? ambigüedad y de doble moral. Si es así me uno a ellos, aunque soy consciente de ¿dónde está mi país? que eso no basta. El problema es mucho más amplio y más denso, es el problema ¿será que estuvo? del drama académico dentro del drama de Colombia, es una sobreabundancia y un ¿está conmigo? verdadero compromiso requiere pensar “a largo plazo” o -para evitar ese término ¿que viene y va conmigo? inversionista- un pensamiento de largo aliento, ya que es impo-sible encontrar ¿que al fin llega conmigo a mi país?” soluciones rápidas para arreglar algo que a otros les tomo tanto tiempo destruir.

Mario Benedetti. Preguntas Al Azar

    Hoy denuncio una universidad que no solo ha perdido su razón de ser sino también Ser de su razón: La educación ya no es vista como un fin sino como un medio para fines económicos. La educación reducida a un valor de cambio: El sistema necesita merca-dos, los mercados necesitan consumidores, los consumidores necesitan monedas, las monedas tienen dos caras y ningún rostro.

    Doble es la tarea de quienes se oponen a esta llamada “reforma a la ley 30”. Digo que la tarea es doble porque oponerse y resistir no es simplemente decir: “no” –eso es ser un renegado- sino ante todo entenderla como problema y de allí generar una acción. Inmersión de pensamiento y emergencia de prácticas. Aquí esta una: Este foro, mis palabras, su atención ante ellas –uno con las palabras no solo dice sino que también hace- Lo que nos convoca hoy no es un ansia intelectual sino un afán de situarnos ante una realidad, ante su inmediatez verti-ginosa, turbulenta y extraña aunque se nos presente inofensiva bajo el título de “refor-ma a la ley 30” Aunque de la reformación a la deformación solo hay un paso. Ya no es la “privatización” de la universidad sino la “inversión” en la universidad; se disfrazan los términos y cuando los que le cambian el nombre a las cosas no son los poetas sino los políticos hay que empezar a preocuparse.

    Principio del utilitarismo: se desatiende lo ético para dar paso a lo eficaz, a lo renta-ble. Y en eso no hay ninguna novedad: el capitalismo sacrifica la justica cada día en nombre del desarrollo, este siglo malenten-dió a Kant “Sapereaude” porque “progreso” no es sinónimo de madurez. La pregunta es ¿cuántas víctimas?, ¿cuántos daños?, ¿cuántos robos?, ¿cuántas deformaciones habrá? Habrá hasta que podamos llegar realmente a una acción y no a una simple reacción momentánea, que no hace historia sino anécdota, algo que pasa sin decirnos mayor cosa, al decir de Deleuze “un des-plegarse sin acontecimiento”. Esta parecer ser la constante del movimiento estudiantil, ¿Cuántos ya hemos estado ahí? Y nos hemos dado cuenta que la gran mayoría de veces somos un fuego que da más humo que calor. Es muy tenue línea que separa a los revueltos de los auténticos revolucionarios.

    En estos momentos hay un sentimiento común en los estudiantes y es un afán social, ahí se empieza a articular otra manera de resistencia. Sin embargo, el problema más que de una universidad es de la educación que hemos vuelto general: Estamos más preocupados por repetir lo que dice un autor que por atender a un momento histórico. Con nuestro acade-micismo de fórmulas muertas se llega a una extraña ecuación: Mucha ilustración y poca conciencia, mucha inteligencia y poca voluntad. Resultado: El presente no tiene presencia, los estudiantes le somos “útiles” pero ya no necesarios a la sociedad.

    Antes que sonar pesimista con esto, en-cuentro allí la potencia de un lugar por re-cuperar, por re-encantar. La tarea –que mas que tarea ha de ser labor- es la de transgre-dir poéticamente a la sociedad, recreándola. Es fuera de las paredes académicas donde empieza una universidad que puede ser representativa para su época. Ahora digo dos palabras: Universidad + Pública –largo título para tan poco-sabiendo que la pala-bra más violentada no es “Universidad” sino “Pública”, palabra desatendida en su senti-do más amplio y vital. El lugar que hemos perdido es el lugar colectivo. El error, me parece, es que buscamos su reconocimiento en la esfera política olvidando que su rei-vindicación, su re-significación solo puede darse en la esfera cultural.Ahora mismo saldría a la calle ya no a exigir una universidad pública sino a re-encantar el lugar público, a intimarlo, a trastocarlo para que sepa de nosotros y de esta lucha, que es la de todos, una lucha que solo me-recerá ese nombre cuando la mirada de un trabajador, de una madre, de un transeúnte tenga un pequeño brillo al encontrarse con nosotros. Algo que valga más que una protesta, un documento o una consigna. Cuando nos miren como preguntando ¿eres tú? Y podamos responder “yo soy también tú”. No una copia sino una convi-vencia, algo así como la confraternidad, un Ser con Otros. Solo así podremos reclamar una cultura que respete y crea en lo público, para exigir una universidad no desde la mendicidad sino desde el compromiso.