Año 6 No. 7 - 8 Enero - Diciembre de 2014

Los arquetipos de Andrés Caicedo

Angelitos empantanados y los regímenes diurno y nocturno de la arquetipología

Sergio Luís Ospina Toro. Universidad de Caldas. serospina@gmail.com.

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




El propósito de este texto es analizar, a través de la clasificación de los arquetipos hecha por Gilbert Durand y por su aplicación por parte de Nortrop Frye, la serie de cuentos del escritor caleño Andrés Caicedo reunidos bajo el título de Angelitos empantanados al igual que mostrar la influencia del escritor norteamericano Edgar Allan Poe en la obra de Caicedo.

En su ensayo Crítica ética: teoría de los símbolos 1 , el crítico canadiense Northrop Frye trata el tema de la creación poética. En todas las épocas la literatura se ha formado a partir de la misma literatura, los temas y los lugares comunes permiten conectar las obras y de ahí surgen grupos de símbolos que pueden pasar a través de muchas obras y por muchas épocas. Esto quiere decir que existen convenciones en literatura, es lo que hace al arte comunicable, pues la literatura surge de las estructuras verbales, como cualquier otra forma de comunicación, pero lo que la diferencia de otras formas verbales es que la literatura pretende ser algo más que una forma de la búsqueda de la verdad, y aunque podrá contener los mismos temas que cualquier otra forma comunicativa, la literatura no solo se forma a partir de sus temas, Frye afirma que:

La literatura puede tener vida, realidad, experiencia, naturaleza, verdad imaginativa, condiciones sociales, o lo que se quiera, como contenido; pero la literatura misma no consiste en esas cosas (…). La literatura se conforma a sí misma y no es conformada desde fuera: las formas de la literatura no pueden existir fuera de la literatura (Frye, p. 132).

Esas formas comunes en la literatura, esos símbolos, comunican elementos que conectan la literatura y la mitología, al igual que conectan obras literarias entre ellas. Para evitar confusiones Frye llama a una imagen típica o recurrente arquetipo: “(…) un símbolo que conecta un poema con otro y de este modo contribuye a unificar e integrar nuestra experiencia literaria” (Frye, p. 135).

Por otro lado, Gilbert Durand, antropólogo francés, en su libro Las estructuras antropológicas del imaginario utiliza igualmente el concepto de arquetipo dentro del marco de la teoría que él llama mitocrítica. Define los arquetipos como los intermediarios entre los esquemas subjetivos y las imágenes suministradas por el entorno perceptivo, esto quiere decir que conectan las imágenes que podemos encontrar a nuestro alrededor, o que la literatura puede insinuarnos, y los contenidos del inconsciente colectivo.

Durand le da al término “arquetipo” un uso similar al de Frye en su intento de clasificar las imágenes que se encuentran en la imaginación humana. Los divide en dos grandes grupos, que él llama regímenes de lo imaginario: el primero es el régimen diurno de la imagen, en él se ubican los arquetipos antitéticos de la luz y la oscuridad, la caída en el pecado y el ascenso salvador, en este régimen impera la dinámica de los contrarios, luz y oscuridad, ascensión y caída, día y noche, masculino y femenino; el segundo régimen que propone Durand es el nocturno, que contiene los arquetipos de la intimidad, que a su vez llevan hasta los arquetipos cíclicos y del devenir. El régimen nocturno se construye a partir del régimen diurno, por medio de un procedimiento en el que a través de lo negativo se reconstituye lo positivo.

El escritor caleño Andrés Caicedo (1951-1977) creó una obra llena de referencias a su ciudad natal, al mismo tiempo que retrató a su generación de una forma crítica pero sensible: la música, las drogas, el sexo, la familia, todo esto narrado por un grupo de voces, femeninas y masculinas, que no superan los veinte años. Angelitos empantanados o historias para jovencitos es, junto a ¡Qué viva la música! y Calicalabozo, la obra más conocida. La primera es una serie de cuentos, la segunda una novela y la tercera una recopilación de cuentos cortos.

Durante mucho tiempo Caicedo contempló la idea de escribir una historia trágica de dos personajes que llevaran el nombre Ángel. Esta idea se materializó con Angelitos empantanados, que narra la desventurada relación de Angelita Rodante y Miguel Ángel Valderrama, sus problemas familiares, las presiones del estudio, sus amigos y su muerte. La saga de Angelita y Miguel Ángel la componen tres cuentos: El pretendiente, Angelita y Miguel Ángel y El tiempo de la ciénaga. El primero es la historia de un pretendiente anónimo que nos introduce en la vida de Angelita y nos presenta a Solano Patiño, testigo de las angustias de la familia Rodante y personaje principal de Noche sin fortuna, novela que Caicedo no pudo terminar. Angelita y Miguel Ángel nos dan las perspectivas de los dos personajes y presenta a Berenice, a quien ya se había mencionado en el primer cuento y que es la causa de los problemas entre los dos. El tiempo de la ciénaga narra la última aventura de esta desafortunada pareja, en la que su idea de “progresismo” los lleva a un barrio marginal de Cali, donde conocen a tres muchachos de su edad, que terminarán siendo sus asesinos.

Lo siguiente es un rápido análisis de esta obra del escritor caleño según los criterios dados por la obra de Durand: se hará una breve presentación del trabajo de Durand y luego se mostrará dónde aparece dicho arquetipo en Angelitos empantanados.

Comenzando por el nombre de la obra, que Caicedo toma de los nombres de sus protagonistas, encontramos los dos componentes básicos del régimen diurno: el ascenso y la caída. Dice Durand que: “La herramienta ascensional por excelencia es realmente el ala, del que la escala del chamán o la escalera del zigurat no es más que un grosero sucedáneo.” (Durand, p. 136) por lo que se puede suponer que el ángel es la versión antropomórfica del ser que asciende. El pantano, por su parte, evoca imágenes de suciedad, vergüenza y miedo, lo que finalmente desemboca en un sentimiento de pecado. Esta es la dicotomía en la que están sumidos todos los personajes de Caicedo, tienen todas las posibilidades a su favor, pero sus destinos están ligados a la caída en el pecado.

La noche es uno de los muchos grupos de imágenes que se encuentran en el régimen diurno, Durand (2006) ubica la noche allí ya que: “Semánticamente hablando, puede decirse que no hay luz sin tinieblas, mientras que lo inverso no es verdadero: porque la noche tiene una existencia simbólica autónoma.” (p. 69) Las tinieblas nocturnas son, según el autor, el primer símbolo del tiempo y comenta que entre muchos pueblos primitivos el tiempo se cuenta por noches y no por días: “la noche negra aparece como la sustancia misma del tiempo ‘(…) las tinieblas siempre son caos y rechinar de dientes’” (Durand, pp. 95-96) La negrura está asociada con la agitación, la impureza y el ruido, la negrura es la “actividad” caótica misma. En la saga de Angelitos empantanados todo ocurre de noche, el día es un momento vacío, sin importancia, es el colegio, la insoportable vida familiar. La oscuridad y la noche tienen el peso simbólico de representar lo terrible. Es de noche cuando Solano Patiño es tragado por la oscuridad en el parqueadero del almacén Sears, ante la impaciencia y la angustia del pretendiente. Cuando al pretendiente (nunca nos dice su nombre) le presentan a Angelita está cayendo la noche, es de noche cuando la apuñalan y cuando persiguen a Miguel Ángel hasta su casa y lo asesinan en el último cuento de la saga.

En El pretendiente aparece otro aspecto de los símbolos de las tinieblas, el agua negra. El agua, en especial los ríos, son símbolos del devenir, del inevitable paso del tiempo y de la muerte. El sábado, cuando va a buscar a Angelita a su casa, el rio Cali se crece y, nos dice el pretendiente, se traga el grill latino con todas las personas que se encontraban ahí, ese mismo día inauguran la autopista a Yumbo, que se inunda debido a una lluvia torrencial. Ya de noche, encuentra a Angelita en un sendero a un lado de la autopista, cerca a un riachuelo y allí le pregunta si quiere ser su novia, ella le responde que no:

Luego pregunté: ‘Quieres ser mi novia ¿sí o no?’ ‘No’ Y tiró una piedrita plana que rebotó dos veces en el agua antes de caer, jubilosa, a la otra orilla. El riecito era más ancho de lo que pensaba. (Caicedo, p. 153)

Y más adelante dice: “Me desagradó pensar que por allí serpenteaba, impune, aquel torrente, y que su canto bien podía ser el innumerable de las ranas, de los grillos.” (Caicedo, p. 154)

La cabellera también es un aspecto importante en el grupo de imágenes reunidas bajo los símbolos del agua y la oscuridad. La onda, presente en el agua y en la cabellera, está ligada al tiempo irrevocable que es el pasado. La feminidad del agua se da, sin duda, porque la liquidez es elemento de la menstruación: “Puede decirse que el arquetipo del elemento acuático y nefasto es la sangre menstrual. Es lo que confirma la relación frecuente, aunque insólita de entrada, del agua y la luna” (Durand, p. 105). Irma la dulce, madre de Miguel Ángel, presenta esta relación entre el agua (el río) y su larga cabellera, del aislamiento en su habitación y en su casa, alejada de la ciudad a la ‹ 76 › ‹ 77 › Espantamoscas |Los arquetipos de Andrés Caicedo. Angelitos empantanados y los regímenes diurno y nocturno de la arquetipología | Sergio Luís Ospina Toro Revista Cazamoscas | Año 6 | N°7-8 | enero - diciembre de 2014 | pp. 72-80 que pertenece. Cada vez que Miguel Ángel entra en su cuarto se percibe esa relación que hay entre el agua y la cabellera: “Me sumergí primero en la penumbra del Cuarto de Irma la dulce, que es mi madre. Luego chapotié en su pelo, en su cuerpo”. (Caicedo, p. 172)

Ese aislamiento se puede relacionar al río Cali, que marca los límites de su casa, ese terreno intermedio entre la casa y la cuidad. Irma la dulce trata de hundir a Miguel Ángel en su cuerpo y en su vida, sin salir de la casa, sin tratar con los problemas de la ciudad y de la vida. Antes de morir, él va a hundirse en la muerte junto a su madre en esa casa. Pero el símbolo de la casa es un símbolo ambivalente, y más que ser un lugar de aislamiento puede llevar a la ensoñación de intimidad, la casa tiene la cualidad de ser continente y hábitat al mismo tiempo, es feminizada por el sentido que se le da al hogar dentro de la sociedad; en la casa “reina la esposa”, está en posesión del suelo familiar, es el caso de Irma la dulce; la casa es un ser vivo, además de ser un lugar donde se vive, es un microcosmos que hace de intermediario entre el microcosmos de sus habitantes y el cosmos, ya que el hábitat siempre se relaciona con el entorno geográfico. Esto se puede ver en la casa de Miguel Ángel, que contiene una “muestra representativa” de la flora de la ciudad, además de contener al río Cali. Al mismo tiempo, la casa es siempre una “construcción de sí”, y “redobla la personalidad de quien la habita” (Durand, p. 251), es imagen de la intimidad tranquilizadora, opuesta a la ciudad. No es una parte más de Cali, es casi antagónica a ella: “2 centímetros más allá del alambre de púas, comienza una ciudad de un millón de habitantes”. (Caicedo, p. 186)

La luna es también un símbolo del tiempo y de la noche, es un astro que con sus ciclos parece sometido al tiempo y a la muerte. La luna también simboliza el destino, muchas veces catástrofes, especialmente la luna negra, a la que se le otorga un poder maléfico. El tema mortal de la luna se une estrechamente con la feminidad porque “el isomorfismo de la luna y las aguas es al mismo tiempo una feminización.” (Durand, p.107). No es de extrañar, entonces, que la muerte de los dos jóvenes en El tiempo de la ciénaga sea precedida por una especie de rito lunar en el que Angelita oficia como sacerdotisa, cuando es, en cierta forma, poseída por la luna: “De pie hicimos un círculo, el llamado para el diablo, todos frente a frente, yo sé bien cómo actúa la luna en Angelita…” (Caicedo, p. 203)

Más adelante se analizarán los arquetipos de la escena en la que Angelita es apuñalada, ya que en ella se enfrentan las dos facetas del régimen diurno.

El color negro siempre ha tenido una valoración negativa y Durand cree que tal vez ese temor instintivo hacia la negrura sea el origen del antisemitismo y cualquier hostilidad por los tipos étnicos oscuros: “(…) así se explica en Europa el odio inmemorial al moro, que se manifiesta en nuestros días por la segregación espontanea de los norafricanos que residen en Francia” (Durand, p. 97). Ackerman, compañero de Miguel Ángel, es quien lo lleva a conocer a Berenice, la mujer que lo alejará de Angelita. En el pensamiento de Miguel Ángel, Ackerman es el responsable de sus problemas con Angelita, lo culpa de llevarlo a su perdición:

O que ayer le hubiera dado su tote a Ackerman, le hubiera dicho judío inmundo cuando me invitó a que fuéramos, que él conocía una casa en donde las hembras eran como las de “Playboy”. Que mejor no se me hubiera acercado nunca, todo lleno de barros, a decirme que si tenía plata, que era caro pero que pagaba, seguro mano, yo te lo digo. Que mejor yo no lo hubiera conocido nunca, judío. (Caicedo, p. 174)

Todos los aspectos negativos de la feminidad se reúnen bajo el símbolo de la araña, el autor se queda con la concepción clásica de este símbolo, en el que la araña representa “el símbolo de la madre imperiosa, que logró aprisionar al niño en los eslabones de su red” (Durand, p. 110). Berenice es la causante de la perdición de Miguel Ángel, su nombre y su destino son iguales a los de la protagonista del cuento del mismo nombre de Edgar Allan Poe, pero su relación con el joven se relaciona igualmente con otro cuento del autor estadounidense: Eleonora, esto se puede ver en el momento en el que Miguel Ángel escribe en el tablero de su salón:

Vengo de una raza notable por la fuerza de la imaginación y el ardor de las pasiones. Los hombres me han llamado loco. Lo cierto es que aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sólo sueñan de noche. Diremos pues que estoy loco. (Poe, p. 152).

Lo que sigue es una versión adaptada por Caicedo a la situación de los dos primeros párrafos del cuento de Poe:

Vengo de una raza notable por la fuerza de la imaginación y el ardor de las pasiones. Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo lo profundo, no surgen de una enfermedad del pensamiento, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general. Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. (Caicedo, p. 185)

Berenice definitivamente encaja en el arquetipo de la mujer terrible. En El pretendiente, Angelita la trata de bruja:

Dice que está perdiendo la memoria. Esa mujer lo ha embrujado.

¿Y cómo es que se llama la tal mujer?

Berenice

¿Berenice?

Si, que nombrecito, ¿no? Él me lo ha explicado una y mil veces. Dice que es tan bella que fue imposible ni ceder, que cuando ella estira los brazos es como si el viento del mar soplara en sus espaldas. (Caicedo, p. 158)

No olvidemos que es la misma Berenice la que le pide a Miguel Ángel, de quien supuestamente está enamorada, que le lleve dos amigos suyos, y al responderle que él no tiene amigos, ella le dice:

Entonces tráigame a los dos primeros hombres que se encuentre al voltiar la esquina. Y yo salí a obedecerle, pero a mi manera. Tenía que buscarlos en el San Juan Berchmans, rendirle fidelidad a mi colegio, donde hay un Berchmans hay un caballero. (Caicedo, p. 191)

El hecho de que le lleve a dos excompañeros de clase, de su misma edad, confirma la relación que hay entre el personaje de Berenice y el arquetipo de la araña, que logra aprisionarlos en el hilo de su red, aunque el final de Berenice no sea afortunado.

El tercer esquema del régimen diurno es el de la caída. Una de las primeras angustias que sufre todo recién nacido es la manipulación por parte de la comadrona o de los doctores que asisten a su madre en el parto. Durand asimila esas primeras experiencias de la caída con las primeras experiencias del miedo. Junto a esta, la experiencia temporal de la caída, viene también una experiencia existencial. Este temor de la caída se refuerza mientras se aprende a caminar, las múltiples caídas y heridas superficiales aumentan este matiz negativo. El esquema de la caída, al igual que los anteriores tiene una faceta moral, la caída como pecado; en el contexto de la caída se incluye una moralización y la caída se convierte en el símbolo de los pecados. El mito de Adán y Eva es el más accesible para estudiar esto: la serpiente, animal lunar, es la que induce al pecado a Eva y es la causa de su expulsión del jardín del Edén. La interpretación sexual de la caída y el pecado por causa de la mujer ubicarían a los menstruos como consecuencia de su falta, llegando a una feminización del pecado original que limita con la misoginia.

Un ejemplo de esto se puede encontrar en Vacío, cuento que hace parte de Calicalabozo, y que puede ser considerado como uno de los varios prototipos que ideó Caicedo antes de crear la saga de Angelita y Miguel Ángel, veamos:

A lo mejor no he debido estarme tanto tiempo en la casa de Angelita, porque cuando salí todo estaba vacío. Voltié la cara y ella me estaba diciendo adiós desde la ventana. Por primera vez estuvimos juntos más de una hora. Nos amamos por primera vez. (Caicedo, p. 36)

El narrador y personaje principal, que no tiene nombre, sale de la seguridad de la casa de Angelita a una ciudad vacía, sin gente, pero igualmente peligrosa. La luna, su única acompañante, es signo de peligro:

Yo no quiero morir tan joven. Vacía la esquina de la casa de Angelita. Y la luna llena. Esa luna llena que se está llenando desde hace cuatro días y hoy es cuando está más llena. Hoy es la noche del peligro, mano. (Caicedo, p.36)

La muerte siempre acompaña a esa caída en el vacío, y la luna, símbolo femenino por excelencia, marca a la noche con un destino trágico, común denominador en la mayoría de los personajes de este escritor caleño.

Ya dentro de la saga de Angelitos empantanados está marcada por la idea de la caída, el pecado, y la muerte causada por una mujer. Angelita y Berenice son una muestra de eso, la primera pierde al Pretendiente y la segunda a Miguel Ángel, pero es un personaje secundario, Daniel Bang, amigo de Miguel Ángel, el que es literalmente arrastrado al abismo por una mujer llamada Antígona:

Una madrugada fue Danielito Bang el que me encontró por allí tirado y me despertó de mis profundos pensamientos.

“Aló, aló”, me dijo, dándome pataditas. “Cómo vamos de abismo”.

Me voltié y lo miré. “Todavía no toco fondo”, le dije. A su lado estaba una mujer de blanco.

“Puede que no haya fondo”, dijo Danielito. (Caicedo, p. 156)

Luego dirá que: “Me miró con una angustia que nada tenía que ver con mi lamentable estado; era él quien daba el último soplo, el impulso.” (Caicedo, p. 156)

La culpable del estado de Daniel es la mujer que lo acompaña, Antígona, de quien se dirá que el color blanco del carro que ella manejaba “nunca transmitió tanta vileza”. (Caicedo, p. 157) En esto, Caicedo se aleja de la clasificación de Durand, y le da al color blanco el mismo significado que le da Poe en La narración de Arthur Gordon Pym, en la que su protagonista viaja al polo sur y presiente en la nieve y en la niebla la perdición que se acerca. Ocurre también en ¡Qué viva la música!, cuando María del Carmen tiene su primera experiencia con la cocaína:

Cocaína era la cosa que traía. Me estremecí, como maluca y con ansia, pero “No –pensé–, es la excitación que trae todo cambio”. Yo había soñado con ella, con un polvito blanco (erótica, aunque referidas a una raquítica acción de fuerzas, me sonaban estas palabras) en un fondo azul, y luego con el polo Sur, y por allí navegando una barca de muertos. (Caicedo, p. 15)

Esta referencia al color blanco, relacionándolo a la droga, luego al polo sur y a una “barca de muertos” es una clara referencia a la obra del escritor norteamericano.

La otra faceta del régimen diurno es la luz, opuesta a las tinieblas2, el ascenso, contrario a la caída, y la virilidad heroica que se opone a la femineidad terrible. Todo héroe diurno es siempre violento, para él cuentan más sus hazañas que la sumisión a su destino: “La rebelión de Prometeo es el arquetipo mítico de la libertad de espíritu. De buena gana el héroe solar desobedece, rompe sus juramentos, no puede limitar su audacia, como el Hércules o el Sansón semita” (Durand, p. 165). Las armas son un elemento arquetípico central en este régimen, las armas cortantes con su acepción fálica se presentan como un símbolo de la sexualidad varonil, son símbolos de potencia, en ese sentido, de cierta tecnología sexual. Este simbolismo de las armas alzadas le da un matiz polémico al isomorfismo de la verticalidad, la trascendencia y la virilidad; el arma del héroe solar y trascendente es un símbolo de potencia y pureza al mismo tiempo. El prototipo de todos los héroes solares sería Apolo matando a la serpiente Pitón

En Angelitos empantados el personaje que tomaría el papel de héroe diurno es el Mico, que aparece en El tiempo de la ciénaga, es uno de los muchachos que Angelita y Miguel Ángel conocen cuando entran a un cine en un barrio del sureste de Cali. Para ser precisos, este personaje toma el papel de héroe solar, en el sentido que le da Durand, luego de que Angelita termina de ser poseída por la luna, él ha venido hablando con ella, y luego de ese ritual llega a un punto en que no puede soportar más su situación: “Miraba a Angelita como con una cara de sufrimiento, como si no comprendiera el mundo, comenzó a arrastrar los zapatos en la hierba, penosamente me pareció a mí.” (Caicedo, p. 205)

Pero luego la situación empeora para los dos:

Me aterró voltiar a verle la cara al Mico: era un hombre perdido en un delirio sin nombre, sé que no lograba enfocar bien las imágenes, pero su vista se bastaba en Angelita, estiró una mano y avanzó hacia ella (…) Angelita se quedó mirándolo sin ningún interés, todo el cuerpo del Mico comenzó a temblar con espasmos como de fiebre, sé que tenía el infierno adentro, ¿a qué olerá el beso de un hombre que tiene el infierno adentro?, eso es lo que yo digo. (Caicedo, p. 205)

Luego de eso, Angelita retrocede llena de asco y el Mico se volvió a acercar a ella, a quien le había puesto el infierno adentro, esta vez con la intención de apuñalarla. La lucha entre la representante de la luna maléfica y del héroe redentor de la luz termina con la victoria para este último, que ve restituida su virilidad después del rechazo de Angelita, acuchillándola varias veces junto a sus amigos. Luego seguirán a Miguel Ángel hasta su casa y después lo matarán también, para después tener un dilema moral: el papá de Angelita ha puesto precio sobre sus cabezas y los tres piensan en traicionarse. Pero en el momento en que están más cerca de hacerlo, frente a una estación de policía, no se delatan, sino que se abrazan y finalmente celebran su amistad y la muerte de sus dos pasajeros amigos.

Lo anterior es solo una muestra de lo que la aplicación de la teoría de los arquetipos nos puede mostrar de un texto. Aunque todas las obras tienen elementos de los dos regímenes en que Durand divide los arquetipos, la inclinación de Caicedo por régimen diurno es evidente, lo que le da a su obra un matiz en el que los antagonismos y las dicotomías toman mayor relevancia, la clara separación entre el día y la noche, entre el joven y el adulto, entre el hombre y la mujer que se muestra superior a él, que lo lleva a la perdición y que a veces se lleva a sí misma a la perdición, entre los muchos personajes que caen en su infortunio y los pocos que logran su salvación.

 

Notas

1. El ensayo se encuentra en la obra del escritor Northrop Frye titulada Anatomía de la crítica.

2. El hecho de que le lleve a dos excompañeros de clase, de su misma edad, confirma la relación que hay entre el personaje de Berenice y el arquetipo de la araña, que logra aprisionarlos en el hilo de su red, aunque el final de Berenice no sea afortunado.

 


Referencias

Frye, Northrop. (1991) Anatomía de la crítica. Caracas: Monte Ávila 
latinoamericana. 

Durand, Gilbert. (2006) Las estructuras antropológicas de lo imaginario. 
Introducción a la arquetipología general. 
México: Fondo de cultura 
económica. 

Caicedo, Andrés. (1988) Destinitos Fatales. Bogotá: Editorial la Oveja Negra. 
Poe, Edgar Allan. (2001) Cuentos completos. Madrid: Alianza editorial.