Año 4 No. 6 Febrero - Junio de 2010

Análisis crítico de la "Introducción a la lectura de Popper" de Carlos Emilio García Duque


Rafael Macía Mejía


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

La Introducción a la lectura de Popper del Profesor Carlos Emilio García viene siendo utilizada desde hace varios años como texto guía en la Universidad de Caldas. Este artículo pretende mostrar que el texto de este pequeño libro está plagado de errores y malinterpretaciones que pueden desorientar y confundir a los estudiantes para quienes fue en primer lugar escrito.

Abstract

The Introducción a la lectura de Popper by Professor Carlos Emilio García, has been used for several years as a course-guiding text at the Universidad de Caldas. This paper aims to show that the text of this slender book is riddled with errors and misinterpretations that can mislead and confuse the students for whom it was primarily written.

Palabras Clave

Popper, epistemology, demarcation, truth, truthlikeness.

Análisis crítico de la "Introducción a la lectura de Popper" de Carlos Emilio García Duque

RAFAEL MACÍA MEJÍA1

rafaelmaciamejia@gmail.com

RECIBIDO EL 08 DE ABRIL DE 2010

APROBADO EL 16 DE AGOSTO DE 2010

     En el momento de su publicación, la Introducción a la lectura de Popper (ILP) del profesor Carlos Emilio García2, anunciaba como propósito “proporcionar al lector diversas claves que lo familiaricen con su postura [la de Popper] y le permitan intentar una incursión más avanzada en las propuestas de este autor”, pero la imagen que se ofrece de ellas puede, por el contrario, sembrar la confusión entre quienes no disponen del bagaje suficiente para cuestionar la información recIbída.

     Aunque esta obra probablemente no refleja el pensamiento actual de su autor, sigue usándose como herramienta didáctica en la Universidad de Caldas y, como no existe equivalente entre las publicaciones hechas sobre Popper en Colombia, continúa apareciendo como referencia obligada.

     En el año 2006 el profesor García publicó en Inglaterra Popper’s Theory of Science. An Apologia (PTS)3, libro que se distancia casi totalmente de la ILP, pues ya no se confunden falsación y falsabilidad, no se atribuye a Popper la idea de verdad relativa, ni se cuestiona la aplicabilidad de las ideas popperianas desde una mirada justificacionista, pero su redacción en inglés, su difícil consecución en Colombia y su elevado precio, no han permitido a la PTS tener el mismo impacto en nuestro medio que la ILP, a la que corrige y bien podría suplantar. Llama la atención, sin embargo, que un artículo posterior, “La verosimilitud y el estatus epistémico de las teorías científicas”4 publicado en el año 2007 como reelaboración de un texto anterior, dé un salto atrás y tenga más en común con la ILP que con la PTS citada en su bibliografía, pues reaparecen antiguas confusiones y malentendidos. Creo que la importancia del autor y el efecto que sus publicaciones han tenido y tienen en nuestro país y fuera de él, justifican este ejercicio crítico.

      Antes de entrar en materia hay que dejar en claro que el racionalismo crítico popperiano rechaza la definición clásica del conocimiento como creencia verdadera justificada, y la noción del arco del conocimiento que la acompaña. Popper insiste en que la creencia es subjetiva y el conocimiento es objetivo. Disponemos de una buena definición de la verdad, la semántica de Tarski (verdad por correspondencia), pero no de un criterio de verdad. Existe pues la verdad objetiva y absoluta pero difícilmente está a nuestro alcance (es una idea reguladora en sentido kantiano) y aunque por casualidad llegáramos a conseguirla, no tendríamos, como decía Jenófanes, manera de saberlo. La experiencia, no es el punto de partida del conocimiento (por inducción), en un extremo del arco, ni es tampoco, en el otro, la base de su justificación definitiva o parcial. Todas las teorías son creadas como soluciones conjeturales a problemas reales y deben someterse, sin excepción, a la argumentación crítica intersubjetiva. En el caso de las teorías científicas esa crítica tiene como condición necesaria que la experiencia pueda en principio contradecirlas    (falsabilidad),    aunque su    refutación    (falsación)  concluyente sea    prácticamente    imposible.    El conocimiento, que nunca se puede justificar definitivamente, deja de ser episteme para convertirse en doxa o conjetura. No pueden rechazarse teorías por no estar justificadas, pues ninguna lo está.

     Este breve preámbulo pretende enmarcar las críticas orientadas a mostrar que en la ILP se hace patente un apetito justificacionista frustrado y una persistente con-fusión entre falsabilidad y falsación y entre la idea de verdad objetiva y la posibilidad de alcanzarla, a lo que se añade una inter-pretación historicista del proceso evolutivo, ajena a la obra de Popper. Las confusiones, como se mostrará, reaparecen de manera inesperada en un escrito posterior del mismo autor, en el que se ratifica el desconsuelo ante la imposibilidad de justificar teorías y se extraen, de la idea popperiana de verosimilitud, conclusiones a las que no puede dar pie.
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     Para empezar, es inexacto afirmar que “con ciertas modificaciones, Popper acepta la solución que el autor escocés [Hume] elaboró para ellos [los cuestionamientos a la inducción]”5, y que la falsación intenta “garantizar los mismos resultados que antes se atribuían a la inducción pero sin incurrir en sus problemas”6. Por el contrario, es la crítica a la inducción hecha por Hume, pero no su solución sicologista, la que Popper comparte, y es claro su rechazo a la experiencia como fuente de las teorías y de su verificación7. Por eso, la falsación nunca podrá ofrecer los mismos resultados atribuidos a la inducción, pues nada puede hacerlo, y mucho menos garantizarlos.

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     La función de la falsabilidad como criterio de demarcación propuesto por Popper es primariamente interteórica y no intrateórica; su propósito fundamental es el de separar las teorías empíricas de las demás, no el de “la eliminación de enunciados no falsa-bles (metafísicos) de los sistemas teóricos (incrementando así su testabilidad) (…)”8, aunque pueda usarse también para eso:

 

(…) no creo que sea posible eliminar todos “los elementos metafísicos” de la ciencia: están estrechamente entretejidos con el resto. (…) Mi criterio de de-marcación, no obstante, no se ha concebido como instrumento para la detección de dichos el-ementos. (…) no creo que la de-tección de elementos metafísi-cos y su eliminación de la ciencia pueda convertirse en parte de una rutina o de una técnica9.

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     Cuando se advierte en la ILP que “los casos de falsación definitiva o absoluta no están exentos de cierto carácter ambiguo ni de una sombra de temporalidad”10 el enfrentamiento de términos duros, como: “definitiva” y “absoluta”, con otros blandos como: “ambiguo” y temporalidad”, pretende asestar un golpe al racionalismo crítico, que resulta ilusorio pues Popper jamás ha sos-tenido que existan tales casos: “n realidad, no es posible jamás presentar una refu-tación concluyente de una teoría, ya que siempre puede decirse que los resultados experimentales no son dignos de confi-anza, o que las pretendidas discrepancias entre aquellos y la teoría son meramente aparentes y desaparecerán con el progreso de nuestra comprensión de los hechos”11.

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     El criterio lógico de falsabilidad no es una “cualidad o propiedad que se califica como deseable en los sistemas de enunciados, si es que han de considerarse como pertenecientes a la ciencia empírica”12 pues, más que eso, es un requisito necesario: “Mi propuesta es que un enunciado (una teoría, una conjetura) cumple las condiciones para pertenecer a las ciencias empíricas si, y solo si, es falsable”13.

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     Con la intención de expresar “correctamente la representación comparativa de falsabilidad que ofrece Popper en el apartado 33 de su Lógica”14 se describe en la ILP un continuum epistemológico en el que se pueden ubicar las teorías y enunciados de acuerdo con su grado de falsabilidad15. Apenas se menciona, varias páginas después16, que Popper se refiere únicamente a teorías que satisfacen la relación conjuntista de subclasificación, y no es fácil para el lector no iniciado caer en la cuenta de la pertinencia de esa restricción.

     Como el concepto de número cardinal (o potencia) de una clase no es útil para comparar contenidos de enunciados falsadores entre teorías, debido a que se trata de clases infinitas y a que “las clases de posibles falsadores tienen el mismo número cardinal en todas las teorías”17, Popper apela a dos métodos que le permiten comparar grados de falsabilidad (contrastabilidad): el de la relación de subclasificación y el de la dimensión de las teorías. Para el caso de la relación conjuntista de subclasificación se asigna valor de cero (0) a la clase de posibles falsadores de las tautologías (excluidas por definición del contenido lógico de cualquier teoría) y, arbitrariamente, de uno (1) a la clase de posibles falsadores de las contradicciones (que contienen todos los enunciados lógicamente posi-bles). De esta manera, en la expresión 1 > Fsb(e) > 0, la falsabilidad de un enunciado empírico“(…) se encuentra siempre en el intervalo entre 0 y 1 con exclusión de estos límites, o sea, en el ‘intervalo abierto’ limitado por estos números; así, al excluir la contradicción y la tautología (así como los enunciados metafísicos), la fórmula expresa simultáneamente el requisito de coherencia y el de falsabilidad”18.

     Por ser arbitrario, el valor de 1 dado a uno de los extremos excluidos del intervalo abierto, no representa, en sentido estricto, el “grado máximo de falsabilidad”19, pues se asigna a un contenido lógico que no puede compa-rarse con los de las teorías empíricas20.

     La comparación no puede hacerse entre todos los enunciados y teorías sino, únicamente, entre aquellos que satisfacen la relación de subclasificación, y su esquema no es tan simple como el que propone la ILP. De hecho, en la sección 34 de la LIC (p. 111), Popper utiliza un diagrama de Venn para mostrar tal relación y una retícula (no una escala lineal) que hace visibles los grados de contrastabilidad, y corresponde con bastante precisión a la relación de deducibilidad de las teorías (descrita en el apartado 35 de la LIC).

     Podemos decir, por tanto, que esta relación tiene una estructura reticular (se trata de una “retícula de sucesiones” establecidas por la flecha [del diagrama], o por la relación de subclasificación) (Ibíd.)

     En el caso de la dimensión de las teorías, se trata de medir, de alguna manera, la simplicidad de sus enunciados falsadores “(…) averiguando el grado de composición mínimo que ha de tener un enunciado básico para ser capaz de contradecir a la teoría; siempre en el supuesto de que podamos encontrar un modo de comparar enunciados básicos y hallar si son mas (o menos) compuestos: es decir, si los componen un número mayor (o menor) de enunciados básicos de tipo más simple”21.

     Sin entrar en detalles acerca de las dos maneras propuestas para comparar grados de contrastabilidad de teorías, Popper afirma que cuando ambos métodos se pueden utilizar al tiempo, priman los resultados obtenidos cuando se da la relación de subclasificación, que es más sensible; pero aclara que “habrá casos en los que no se podrá emplear ninguno de los dos o sólo uno de ellos, y entonces –como es natural– no habrá ocasión de que entren en conflicto”22.

     Buscando precisar la idea intuitiva de gra-dos de falsabilidad, se pregunta Popper:

¿Es posible disponer los grados de falsabilidad de varios enunciados en una escala, esto es, coordinar a estos unos números en los cuáles queden ordenados de acuerdo con su falsabilidad? No cabe duda de que no es dable ordenar de este modo todos los enunciados, pues si hiciésemos tal cosa habríamos comparado arbitrariamente enunciados no comparables23.

     En la nota a pié de página Popper añade: “sigo creyendo que todo intento de hacer comparables todos los enunciados por in-troducción de una métrica ha de incluir un elemento arbitrario, extralógico”24.

     Una escala lineal de grados de falsabilidad, como la dibujada en la página 35 de la ILP, no ilustra adecuadamente las ideas de Pop-per, ni puede pretender acomodar en ella, como lecho de Procusto, todas las teorías y enunciados.

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     Aunque el criterio lógico de falsabilidad se utiliza efectivamente para “descartar como no científicas a aquellas teorías, hipótesis y proposiciones, que no tienen ningún falsador potencial”, la suspensión de “nuestra adhesión a las teorías efecti-vamente refutadas” 25 no resulta de la aplicación del criterio, sino del procedimiento empírico y conjetural de falsación, que para nada implica que las teoría falsadas no posean “capacidad de explicación o predicción y en consecuencia, no tienen por qué jugar un papel protagónico en la empresa de la ciencia”26 pues, de hecho lo hacen, como ocurre con la teoría física newtoniana, que no ha dejado de ser utilizada: “(…) la dinámica de Newton, aunque podemos considerarla refutada, ha mantenido su superioridad sobre las teorías de Kepler y de Galileo. La razón de ello es que su contenido, o poder explicativo es mayor”27.

     La confusión entre falsabilidad y falsación surge de nuevo cuando la ILP plantea que:

Sería posible clasificar to-das las teorías en tres grandes grupos: 1. Las teorías falsa-bles (científicas) 2. Las teorías efectivamente refutadas (teor-ías superadas o sustituidas por otras mejores) y 3. Las teor-ías irrefutables (tautológicas, como las matemáticas, cuasi-tautológicas, como los sistemas metafísicos, o sintéticas, como algunas cosmogonías). Para los popperianos resultan más importantes las teorías pert-enecientes a los dos primeros grupos28 (ILP, p. 36).

     Esta clasificación incluye erróneamente, como segundo grupo, en el mismo nivel taxonómico de los otros dos, una subclase del primero, integrada por teorías lógicamente falsables que han sido falsadas de manera conjetural, pues toda teoría falsada es necesariamente falsable, pero no toda teoría falsable tendrá que ser necesariamente falsada como, por ejemplo, las teorías verdaderas.

     Muy importante para los popperianos es la diferencia entre el primero y tercer grupos por medio del criterio lógico de demarcación. La otra distinción, entre teorías refutadas y las que aún no lo han sido, se da en el seno de las teorías lógicamente falsables como producto del trabajo empírico de los científicos y no de la mera aplicación de un criterio lógico. Tales exámenes y decisiones prácticas ocurren en coordenadas espaciotemporales específicas. Eso explica que “no conozcamos muchos ejemplos (distintos a los estrictamente históricos) de esta clase de colisión”29 pues ¿qué otro tipo de ejemplos podría haber?
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     Afirma la ILP que “si nos atenemos a la mera forma lógica de los enunciados o las teorías, y a las condiciones establecidas por la definición, es claro que solo pueden tener contenido lógico las teorías empíricas” 30. Pero según la definición de contenido lógico –que aparece en la página 46 de la ILP– no hay por qué negárselo a las teorías metafísicas que se clasifican como tales por la propiedad lógica de no ser falsables sin que eso les impida tener contenidos lógicos y, por lo tanto, contenidos de verdad como lo expresa Popper con toda claridad:“(…) un enunciado puede ser metafísico (lo que significa que su contenido contrastable es cero) aunque puede tener un gran contenido lógico”31.

     Afirma enseguida la ILP que, “si nos fijamos únicamente en la forma lógica”32, es posible ubicar las teorías a lo largo de un continuum, representado por una escala lineal, en el que los enunciados tautológicos y los contradictorios con contenido de verdad igual a cero están situados en un extremo, los contenidos empíricos verdaderos con contenido de verdad igual a uno en el otro, y los enunciados empíricos falsos en posiciones intermedias. La representación gráfica incluida ilustra, de alguna manera, la idea de que aún los enunciados y las teorías empíricas falsos poseen contenido de verdad pero, como los enunciados empíricos tendrán el máximo contenido de verdad posible si y sólo si son verdaderos, y no disponemos de cri-terios de verdad, no es posible clasificarlos (conjeturalmente) como verdaderos o falsos sólo por su forma lógica, sino mediante contrastaciones.

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     Popper pensó que era posible comparar los contenidos de verdad y de falsedad de dos teorías falsas (como casi todas las que generamos) para escoger entre ellas. Pero se demostró que una teoría falsa tiene exactamente la misma cantidad, finita o infinita, de consecuencias falsas y verdaderas 33. Lo único claro en el momento de tomar decisiones es que la nueva teoría resuelve, hasta donde sabemos, más problemas que la anterior y no ha sido refutada, lo que permite clasificarla provisionalmente como verdadera, con la esperanza de que no tenga mayor contenido de falsedad que su predecesora, sin que por eso se la considere más probable. Esta conclusión es calificada en la ILP, sin explicación alguna, como “una mera afirmación retórica”34 y, para mayor desconcierto, se añade que, aunque nunca podemos estar seguros de que una nueva teoría posea menor contenido de falsedad y mayor contenido de verdad “esta exigencia, por supuesto, se encuentra justificada por el carácter no complementario de las nociones de contenido de verdad y contenido de falsedad y por la concepción popperiana de la verdad (i.e. no existe tal cosa como la verdad absoluta), que excluye la idea de verdad como un fin alcanzable de manera efectiva”35.

     Pero esa no es “la concepción popperiana de la verdad”, ni puede usarse para justi-ficar nada:

(…) cuando digo que no podemos saber –ni siquiera de una teoría científica bien corroborada– si es o no verdadera, en realidad estoy presuponiendo un ‘concepto de verdad científica absoluta’; del mismo modo que cuando alguien dice ‘no logro alcanzar el objetivo’, utiliza un ‘concepto absoluto de objetivo’, esto es, que se presume su existencia independientemente de que sea o no alcanzado36 (C&R pp. 197-198. Itálicas originales).

     Las teorías científicas deben ser falsables, pero no basta ser falsable para ser científico. La falsabilidad es condición necesaria para la falsación pero no todo lo falsable debe poder ser falsado. Las críticas a la falsación, como procedimiento, no afectan al criterio lógico de falsabilidad.

     La ILP argumenta que si una teoría con alto contenido de falsedad “no resulta fal-sada después de que la hayamos sometido a pruebas severas, entonces el principio [sic] de falsación no es un método concluyente ni confiable para usarlo como criterio de cientificidad de las teorías”37. Pero aparte de que el racionalismo crítico no es justificacionista y no propone métodos concluyentes, resulta que ni la falsación es el criterio de demarcación de teorías, ni la falsabilidad, que sí lo es, puede ser condenada por no lograr “falsar una teoría que posee alto contenido de falsedad”38 pues no es esa su función. Además, ¿Cómo sabríamos que la teoría tiene un alto contenido de falsedad si no hemos podido falsarla?

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     Sólo puede asignárseles grados de falsabilidad a las teorías empíricas (falsables), por lo que no es correcto afirmar que “el carácter empírico de una teoría guarda estrecha relación con su grado de falsabilidad”39. La relación se da entre el contenido (no el carácter) empírico de una teoría y su grado de falsabilidad.

     Tampoco es razonable afirmar que “las únicas teorías que podemos falsar, de facto, son aquellas cuya falsedad conocemos de antemano (en cuyo caso la falsación es superflua)”40. Si en algún momento histórico dichas teorías fueron falsadas, sin que se conociera su falsedad de antemano, no hay razones que impidan que hagamos lo mismo con las teorías actuales. Como no podemos conocer el futuro, los únicos ejemplos de refutación de los que disponemos son los ocurridos en el pasado, es decir, los históricos y, obviamente, resultará superfluo falsar nuevamente lo falsado, aunque tales decisiones metodológicas puedan someterse a revisión (falsar la falsación).

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    Es incorrecto afirmar que “Popper nos pre-senta una imagen de una ciencia empírica que crece, lenta pero seguramente, por medio de ejercicios académicos de conjeturas y refutaciones”41. No hay tal seguridad, ni se trata de meros ejercicios académicos:

(…) cuando hablo del desarrollo del conocimiento científico, lo que tengo en mente no es la
acumulación de observaciones, sino el repetido derrocamiento de teorías científicas y su reemplazo por otras mejores o más satisfactorias42.

(…) ya antes he descargado varios golpes contra la creencia en una ley del progreso, y sostengo que ni siquiera la ciencia está sujeta a la acción de nada que se asemeje a tal ley43.

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     Después de endilgarle a la falsabilidad los problemas de la falsación, se concluye en la ILP que “las anteriores objeciones demuestran que la metodología de la ciencia propuesta por Popper es inaplicable”44. En la misma tónica se añade, varias páginas después, “que el criterio [sic] de falsación es incapaz de proporcionar una imagen coherente del proceso de evolución de las teorías científicas y (…) tampoco consigue fundamentar muy bien las diversas razones que es posible aducir para justificar nuestra elección de una entre diversas teorías en competencia”45.

     Tales críticas yerran el blanco pues, como hemos mostrado, suponen un propósito justificacionista inexistente en el racionalismo crítico y resultan de confundir la falsabilidad con la falsación y también la verdad con su búsqueda, como se verá más adelante. Así, pese al ofrecimiento de “aclarar las razones por las cuales un proyecto de ciencia empírica como el falsacionista sólo puede ser consistente con una interpretación relativizada de la verdad (…)”46, no se plantea nada distinto a los erróneos argumentos mencionados.

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     Según la ILP, la filosofía popperiana “coincide en encargar a la ciencia la misión de resolver problemas, si bien la matiza con una analogía de naturaleza biológica para dar cuenta de la noción de progreso”47. Pero dicha analogía no podría satisfacer ese propósito porque, de acuerdo con la biología moderna, el proceso evolutivo no tiene meta alguna hacia la que se pueda progresar, y Popper, que ha rechazado explícitamente una ley del progreso en la ciencia, ni siquiera lo intenta. El progreso biológico no es necesario, pero puede darse y de hecho se da. En la ciencia, aunque se busque intencionalmente progresar, tampoco se logra de manera necesaria. La metodología científica consiste precisamente en la implementación consciente de un ecosistema crítico que ejerza la máxima presión selectiva sobre las teorías, evitando inmunizarlas contra ella. Así, sólo lograrán sobrevivir las mejores, que para Popper, son las que más se acercan a la verdad.

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     Plantea la ILP que “si no hemos de depender de juicios históricos; es decir, esperar que en efecto ocurra un progreso de tipo cronológico en la actividad científica, ¿con ayuda de qué criterios habremos de juzgar el grado de adecuación de una teoría?”48.

     Ya se aclaró que todos los juicios acerca de nuestras teorías, espacio-temporalmente indexados, no pueden ser más que históricos. Sin embargo, cuando se equipara “depender de juicios históricos” con “esperar que en efecto ocurra un progreso de tipo cronológico en la actividad científica”, surge una concepción historicista teleológica, incompatible con las ideas popperianas, en la que un proceso con leyes propias conduce hacia un progreso inevitable al margen de nuestras decisiones. Es obvio que no hemos de depender de los “juicios” de tal tipo de “historia”, sino de la actividad crítica permanente y de nuestras decisiones conjeturales y falibles.

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     Después de advertir que “la epistemología evolutiva parece conferir una vida propia al mundo de la cultura, idea que no está exenta de problemas”49 se formulan en la ILP los siguientes interrogantes:

¿Quién determina los caminos promisorios a través de los cuales es dable esperar una evolución adecuada de las teorías? ¿Es posible esperar cambios progresivos de carácter fortuito, y en caso afirmativo, cómo han de evaluarse? ¿Podemos cruzarnos de brazos y esperar que la dinámica propia de la evolución de las teorías haga su trabajo? ¿Será posible, a largo plazo, que nos topemos con modificaciones adaptativas tan eficientes para resolver problemas, que no quepa esperar ninguna mejoría ulterior y éstas se tornen en características permanentes?50 (ibíd.).

     La autonomía parcial del mundo de la cultura (mundo 3), planteada en efecto por Popper, no encaja en el devenir evolutivo teleológico progresista que los interrogantes citados parecen atribuir erróneamente al seleccionismo epistemológico popperiano, pues ni el seleccionismo biológico ni el de teorías garantizan nada. Popper no puede ser lamarckiano porque no es inductivista, ni instruccionista y tampoco historicista. Su metodología científica establece clara-mente que la crítica racional intersubjetiva orienta de manera conjetural, porque así nos lo proponemos, el proceso de selección y de supervivencia de teorías, aunque su producción no esté regulada ni exista método para obtenerlas. Se dan cambios progresivos parcialmente fortuitos51 cuando a alguien se le ocurre y hace pública una teoría mejor que las existentes. En un universo abierto a la aparición de novedades, es prácticamente imposible que se alcance una modificación adaptativa tan eficiente que no sea susceptible de mejorar, porque la retención de tal variación es ciega en el sentido de no prever los cambios ambientales futuros que pueden llevarla a la extinción.

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     De regreso al asunto de la verdad y de su búsqueda, apenas esbozado y de manera poco clara en párrafos anteriores, insiste la ILP en afirmar que, aunque Popper propuso intentar acertar tanto como fuera posible en la región de la verdad,

Olvidó decirnos que esos enunciados que ocupan el espacio demarcado para la verdad, no permanecerán allí para siempre. Como resultado de un fenómeno harto difícil de explicar, la ubicación de estos enunciados en la región de la verdad es temporal. Conforme se transforman las teorías científicas, y surgen nuevos hallazgos, algunos enunciados abandonan este campo y son reemplazados por otros, que pueden ser esencialmente nuevos o haber sido reputados como falsos en el pasado52.

     A esta afirmación se agregan otras:

En principio, el grado de verosimilitud de un enun-ciado, como el de una teoría, puede sufrir modificaciones. (…) Esta clase de transformaciones modifican el status de la verdad y fortalecen el carácter interminable del juego de la ciencia53 (ILP, p. 73).

Salvo en el dominio de la lógica proposicional bivalente, la verdad es un concepto relativo. Lo que se considera verdadero en un momento de tiempo determinado, de acuerdo con las condiciones de desarrollo de una disciplina, puede tornarse en falso cuan-do esas condiciones cambian y nuevos descubrimientos hagan evidentes nuestros errores54 (ILP, p. 89).

     Es obvio que nuestras valoraciones con-jeturales y falibles pueden sufrir, y de hecho sufren, modificaciones, pero ¿Cómo podrían nuestras conjeturas provisionales acerca de la verdad de un enunciado o teoría cambiar el status de la verdad objetiva de los mismos? El carácter interminable del juego de la ciencia no se debe a que la verdad sea relativa y mutable sino, precisamente, a que siendo absoluta, objetiva e inmutable no disponemos de criterios de verdad y sólo nos queda intentar acercarnos a ella lo mejor que podamos. Y ¿Cuál será el misterioso “fenómeno harto difícil de explicar” responsable de que la ubicación de los enunciados en la región de la verdad sea temporal?

     Pese a todos estos cuestionamientos, de manera desconcertante y en aparente contravía de todo lo previamente citado, se afirma que “el hecho de que califiquemos como verdaderos a enunciados que son falsos (o viceversa) constituye una prueba de nuestra ignorancia sobre el contexto al que ellos se refieren y no depende de ninguna característica objetiva de los enunciados”55. El descon-cierto se incrementa con la inclusión de una cita de Popper, que obliga al lector a preguntarse si se transcribe con ánimo autodestructivo o con algún propósito irónico:

Existen verdades inciertas –incluso enunciados verdaderos que consideramos falsos– pero no existen certezas inciertas. Como nunca podemos conocer nada con seguridad, no vale la pena, simplemente, buscar la certeza; pero sí vale la pena buscar la verdad; esto lo hacemos principalmente buscando equivocaciones a fin de poder corregirlas. Por ello la ciencia, el conocimiento científico, es siempre hipotético: es conocimiento por conjetura. Y el método de la ciencia es el método crítico: el método de búsqueda y eliminación de errores al servicio de la verdad56.

     Sería incorrecto interpretar la expresión “verdades inciertas” como apuntando a verdades relativas, pues lo que Popper pretende establecer es la diferencia entre la certeza (subjetiva), que nada tiene que ver con la epistemología, y la verdad (objetiva).

     Se lamenta, en fin, el Profesor García porque “puede incluso sospecharse que en el intercambio sinérgico de enunciados, algunos de los sistemas resultantes corresponden a momentos en los que se da una aproximación a esa verdad indefinida que no podemos fijar para saber que hemos alcanzado, pero esta sospecha no es suficiente para consolarnos”57.

     Si bien no hay consuelo en la epistemología popperiana para quienes ven frustrados sus anhelos justificacionistas, los liberados de esa peligrosa adicción58 podrán comprender que se trata de una búsqueda sin término bastante estimulante.

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     En la última parte de la ILP, cuando se analiza la teoría de los tres mundos de Popper, se afirma que “corresponden a tres niveles de realidad ontológica, siempre y cuando la palabra nivel no esté acompañada de la idea de diferencia jerárquica”59, pero tal restricción no es popperiana, pues lo que Popper plantea es, justamente, una estructura jerárquica propia de un sistema emergente. Está claro que el mundo 2 surge del mundo 1 y el mundo 3 lo hace del 2. Cada nuevo nivel se somete a las restricciones del nivel originario, sin el cual no podría existir, pero posee propiedades nuevas que no se derivan del mismo. En dicha estructura, los niveles superiores ejercen causalidad retroactiva o descendente (así denominada por Donald Campbell60 y Roger Sperry61), sobre los inferiores en una interacción descendente jerárquica, fundamental para la teoría popperiana de los controles plásticos62 (CO, p. 224) casi siempre pasada por alto, pese a su importancia dentro del marco de la epistemología evolucionista popperiana y al hecho de que sólo dentro de ese esquema puede comprenderse el “dualismo” de la relación mente-cuerpo63.

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     Hacia el final, de regreso al tema de la ver-dad, se afirma en la ILP que:

Si insistimos en el carácter in-temporal de la verdad, incurriremos en una concepción falibilista llevada hasta los límites. (…) la única tarea que le quedaría a la ciencia sería probar la falsedad de enunciados a los que temporalmente hemos atribuido verdad, y aunque esta interpretación es compatible con la concepción popperiana que vincula la búsqueda de la verdad a la eliminación del error, conduce a entender la verdad como el mero residuo de nuestras suposiciones iniciales y no explica los criterios que nos permiten decidir si el residuo corresponde a la verdad o si se requiere insistir en el proceso de refinamiento64.

     Sin criterio de verdad a la mano clasifica-mos provisionalmente las teorías que con-cebimos –con la esperanza de que sean verdaderas– como verdaderas o falsas. Cuando una teoría a la que considerábamos verdadera resulta ser falsa, sólo se puede concluir, conjeturalmente, que siempre fue falsa pero no lo sabíamos. Al eliminar tentativamente las teorías falsas nos va quedando un residuo, temporal, de las interesantes, clasificadas provisionalmente como verdaderas, capaces de resolver problemas reales y de crear otros nuevos que requieren de nuevas teorías que los resuelvan.

(...) no creo que podamos nunca reducir seriamente el número de teorías competidoras por elimi-nación, ya que dicho número es siempre infinito. Lo que sí hac-emos –o deberíamos hacer– es adherirnos, por el momento, a la más improbable de las teorías su-pervivientes, o sea –para expre-sarlo con mayor precisión– a la que pueda ser contrastada de un modo más exigente65.

     No será entonces posible detener jamás “el proceso de refinamiento”, pues en un universo abierto aparecerán siempre nuevos problemas y nuevas teorías, ni se podrá satisfacer el apetito justificacionista de proporcionar, porque no existen, “los criterios que nos permiten decidir si el residuo corresponde a la verdad”. Como el “residuo” en permanente renovación es inagotable, la búsqueda es realmente sin término.

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     Varios años después, en “La verosimilitud y el estatus epistémico de las teorías científicas”66, el profesor García afirma que de las nociones popperianas de verdad y verosimilitud se deriva el hecho de que ninguna teoría científica interesante es verdadera, y exige como refutación que se le muestre al menos una que lo sea, petición tan imposible de satisfacer como el desafío de Hume de que se le muestre el término medio de los entimemas inductivos. La afirmación, a la luz de la epistemología popperiana, es irrefutable, pues no es posible demostrar (justificar) que alguna teoría epistémicamente interesante sea verdadera para ofrecerla como refutación. Para hacerlo, tendríamos que disponer de una teoría científica interesante que fuera verdadera y tendríamos que saberlo. Esto implicaría aceptar que disponemos de criterios de verdad y que la inducción, en contra de la crítica humeana, es una inferencia lógicamente válida capaz de justificar teorías de manera definitiva. Y se hace evidente, otra vez, la confusión entre ser verdaderas, que es algo que le pasa a las teorías, y saber que lo son, que es algo que nos pasa.

     Afirma el autor que los enunciados generales “no son verificables, es decir, no son decidibles mediante la observación y a fortiori no se pueden evaluar como verdaderos por medio de la teoría correspondentista de la verdad”67. Es obvio que sólo en el marco de la definición tripartita clásica del conocimiento como creencia verdadera justificada, rechazada por Popper, puede equipararse la no-verificabilidad con la no-decidibilidad mediante el recurso a la experiencia. Popper, por el contrario, piensa que la experiencia juega un papel fundamental, pues puede falsar los enunciados empíricos universales. Desde Bacon se ha hecho énfasis en el poder del contraejemplo, y los positivistas agregaron el falsacionismo a su armamento crítico sin abandonar la justificación. Pero lo que Popper sostiene es que no hay verificación, ni inducción ni justificación. La ausencia de verificación no convierte a las teorías empíricas en indecidibles mediante el recurso a la experiencia, pues pueden ser falsadas y clasificadas conjeturalmente como verdaderas o falsas.

     Pero, afrma García, “ya que la testabilidad per se no establece verdad, tal consuelo no parece capaz de proporcionar alivio total a alguien perturbado por sus intentos fallidos de resolver el problema de decidir el valor de verdad de los enunciados generales”68. En realidad, no hay nada en el racionalismo crítico
que pretenda establecer la verdad defnitiva de enunciados universales y sirva de consuelo a quienes albergan apetitos justifcacionistas que jamás podrán ser satisfechos. Es obvio que si todos los enunciados de una teoría son verdaderos, todas sus conclusiones válidas –su clase consecuente– también tienen que serlo. Pero no existen métodos para determinar la verdad de tales enunciados. García supone que las posibles teorías verdaderas sobre todos los hechos del mundo generarían “ciertas difcultades
metodológicas (al tener sólo consecuencias verdaderas), pues al carecer de contenido de falsedad no serían testables en el sentido que la epistemología popperiana requiere”69 y concluye que “dado que la
testabilidad es una condición sine qua non del estatus científco, podemos concluir que ninguna teoría científca puede explicar todos los hechos y, a fortiori, que ninguna teoría científca es absoluta y comprehensivamente verdadera”70.

     Pero el argumento no funciona. La contrastabilidad, como criterio de demarcación, sólo discrimina entre las teorías empíricas y las que no lo son, y nada puede decirnos acerca de su verdad ni posible cobertura. Como el requisito de falsabilidad no depende del contenido de falsedad sino del contenido de falsadores potenciales o hechos que la teoría prohíbe (contenido empírico informativo), la hipotética teoría en cuestión, pese a carecer de contenido de falsedad sería contrastable (falsable). Lo único que podría derivarse válidamente de lo enunciado, (aunque sea falso) es que las teorías verdaderas sobre todos los hechos del mundo, al no ser contrastables no serían, para Popper, científcas, pues no satisfarían el criterio de demarcación y de ahí no se puede concluir, porque nada tiene que ver lo uno con lo otro (non sequitur), que ninguna teoría científca (obviamente contrastable) pueda explicar todos los hechos ni que, en consecuencia, ninguna de ellas pueda ser absoluta y comprehensivamente verdadera. Tampoco es correcto suponer que el criterio de demarcación colapsaría71, pues se confunde otra vez lafalsabilidad, que permite determinar si una teoría posee o no la característica lógica de ser falsable, con la actividad práctica, espacio-temporalmente indexada, de contrastar (intentar falsar) efectivamente cualquier teoría clasifcada como falsable. No es para nada paradójico ni contradictorio que una teoría empírica verdadera sea necesariamente falsable pero no pueda ser falsada. Una hipotética teoría empírica verdadera sobre todos los hechos del mundo tendría un alto contenido empírico informativo, es decir, un alto grado de falsabilidad; pero al ser verdadera y no tener contenido de falsedad, no podría ser correctamente fal-sada (erróneamente sí podría serlo) y sobreviviría a todos los intentos correctos de falsación, es decir, saldría siempre corroborada. Al concluir que “puesto que cada ‘test’ resultaría en corroboración, a largo plazo se estancaría el contenido empírico”72, el autor se equivoca de nuevo y se contradice. Se equivoca porque la corroboración permanente no tiene por qué conducir al estan-camiento del contenido empírico de la teoría, ya que dicho contenido (de hechos que la teoría prohíbe) no depende de que, en efecto, la teoría pueda sobrevivir o no a la falsación, y se contradice, pues acepta la contrastabilidad (falsabilidad) de las teorías verdaderas sobre todos los hechos del mundo cuando venía de negarla. Lo que sí ocurre, y parece originar la confusión, es que las corroboraciones repetidas sobre el mismo asunto aportan cada vez menos al grado de corroboración de una teoría, pues lo que se espera es que sobreviva a pruebas cada vez más estrictas y no a una serie de contrastaciones similares. Pero eso no afecta, en ningún sentido, el contenido empírico de una teoría, y menos el de una sobre todos los hechos del mundo, que ten-dría una enorme cantidad de prohibiciones para someter a prueba.

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     Hay en la ILP problemas de forma y de consistencia que impiden en ocasiones captar con claridad el discurso argumen-tativo, pero la mayoría son de fondo, pues algunas de las ideas atribuidas a Popper no lo son o se distorsionan hasta convertirlas en blanco de críticas que no merecen, o les son inaplicables.

     En resumen, puede concluirse que:

  1. La exploración de algunos asuntos, con más detalle del esperado, en una obra introductoria, dificultan al lector captar con claridad el discurso argumentativo que la ILP le ofrece. De alguna manera, los arboles favoritos del autor entorpecen a veces la visión del bosque y uno de ellos, el de la valoración comparativa interteórica de la verosimilitud, debidamente podado por la crítica, puede exponerse como lo hace el mismo Popper en ROC de manera más sencilla.
  2. Hay confusiones y contradicciones que afectan la coherencia de la ILP y en ocasiones parece que se borra con el codo lo que se hizo con la mano. El lector debería poder diferenciar entre lo que se le ofrece como exposición fiel de las ideas de Popper y las interpretaciones y comentarios críticos del divulgador.
  3. Se presentan como popperi-anas en la ILP ideas que no lo son, y la ocurrencia de este hecho en un texto posterior a la PTS, en el que en general no aparecían, parece dar a entender que muchas de las confusiones sobreviven.

Notas

1. Médico anestesiólogo y Magister en filosofía. Ex-presidente de la Sociedad Colombiana de Anestesiología y Reanimación SCARE.

2. GARCÍA, Carlos E. “Introducción a la lectura de Popper”. En: Cuadernos filosófico-literarios, 2001. vol. 11.. De aquí en adelante se citará esta obra con la sigla ILP y la página respectiva. Las siglas de las obras de Popper, citadas todas en sus ediciones en español son las siguientes: La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos, 1959/67. En adelante LIC; Conjeturas y refutaciones. El desarrollo del conocimiento científico. Barcelona: Paidós, 1963/94. En adelante C&R; Conocimiento objetivo. Madrid: Tecnos, 1972/88. En adelante CO; Realismo y el objetivo de la ciencia. Post Scriptuma a la lógica de la investigación científica. Vol. 1. Madrid: Tecnos, 1983/85. En adelante ROC; En busca de un mundo mejor. Barcelona: Paidós, 1992/94. En adelante EBMM.

3. GARCÍA, Carlos E. Popper’s Theory of Science: An Apologia. London: Continuum Books, 2006. Se citará como PTS.

4. GARCÍA, Carlos E. “La verosimilitud y el estatus epistémico de las teorías científicas”. En: Estudios de filosofía, Agosto de 2007. vol. 36. p. 9-24.

5. GARCÍA. ILP, p. 12.

6. Ibíd.,, p. 24.

7. Cfr. POPPER. C&R, p. 68; ROC, p. 64 y ss.

8. GARCÍA. ILP, p. 31.

9. POPPER. ROC, p. 219.

10. Op. cit., p. 33.

11. POPPER. LIC, p. 49.

12. GARCÍA. ILP., p. 34.

13. POPPER. ROC, p. 23 (negrillas agregadas).

14. Op. cit., p. 34.

15. Cfr. Ibíd., p. 34 y ss.

16. Cfr. Ibíd., p. 41.

17. POPPER. LIC, p. 109.

18. Ibíd., p. 111. Itálicas originales.

19. GARCÍA. ILP., p. 34.

20. Cfr. POPPER. LIC., p. 110-111

21. Ibíd., p. 120 (negrillas añadidas).

22. Ibíd., p. 123 (negrillas añadidas).

23. Ibíd., p. 112 (negrillas añadidas).

24. Ibíd., p. 112, nota 41 (itálicas originales, negrillas añadidas).

25. GARCÍA. ILP., p. 35.

26. Ibídem.

27. POPPER. C&R., p. 288.

28. GARCÍA. ILP., p. 36.

29. Ibíd., p. 37.

30. Ibíd., p. 47.

31.POPPER. ROC., p. 243 (itálicas originals).

32. Op. cit., p. 47.

33. Ver MILLER, David. Critical Rationalism. A Restatement and Defence. Chicago: Open Court, 1964. Capítulo 10. Popper reconoció rápidamente su error.

34. GARCÍA. ILP., p. 51.

35. Ibíd., p. 52.

36. POPPER. C&R., p. 197-198 (itálicas originales).

37. Op. cit., p. 53.

38. Ibídem.

39. Ibíd., p. 56.

40. Ibídem (itálicas originales).

41. Ibíd., p. 57.

42. POPPER. C&R., p. 264.

43. Ibíd., p. 265-266.

44. GARCÍA. ILP., p. 58 (subrayado añadido).

45. Ibíd., p. 68 (subrayado añadido).

46. Ibíd., p. 61.

47. Ibíd., p. 65.

48. Ibíd., p. 66.

49. Ibíd., p. 71.

50. Ibídem.

51. Popper acepta la idea fundamental del seleccionismo universal de variación ciega y retención selectiva (VCRS o, en inglés BVSR).

52. Ibíd., p. 72.

53. Ibíd., p. 73.

54. Ibíd., p. 89.

55. Ibíd., p. 72.

56. POPPER citado por GARCÍA. ILP., p. 74.

57. Ibíd., p. 73.

58. Peligrosa porque su frustración suele conducir al irracionalismo.

59. Ibíd., p. 79.

60. Ver CAMPBELL, Donald. “Epistemología evolucionista” (1974). En: MARTÍNEZ y OLIVÉ (Eds.) Epistemología evolucionista. México: Paidós/ UNAM, 1997. p. 43-103.

61. Ver SPERRY, Roger W. “The Impact and promise of the Cognitive Revolution”. En: SOLSO.MASSARO (Eds.). The Science of the Mind. New York: Oxford University Press, 1995. p. 35-49.

62. Cfr. POPPE. CO., p. 224.

63. Ver POPPER, Karl. “La selección natural y el origen de la mente. En: MARTÍNEZ y OLIVÉ. Op. cit., p. 25-42.

64. GARCÍA. ILP., p. 90.

65. POPPER. LIC., Apéndice IX, p. 391 (itálicas originales).

66. GARCÍA, Carlos Emilio. “La verosimilitud y el estatus epistémico de las teorías científicas”. En: Estudios de filosofía, Agosto de 2006. vol.36. p. 9-24.

67. Ibíd., p. 12.

68. Ibídem.

69. Ibíd., p. 19.

70. Ibídem.

71. Ibíd., p. 19, nota 13

72. Ibídem.

 

 


Referencias

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