Año 3 No. 5 Julio - Diciembre de 2009

¿Están los significados en la cabeza?: Una defensa del internalismo1


Cristian David Molina2

molina_cruz6@hotmail.com


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

En este artículo se pretende ofrecer una defensa de lo que se conoce como internalismo en la filosofía del lenguaje. Dicho acometido se llevará a cabo describiendo una de las críticas más influyentes en la literatura sobre el tema esgrimida por Hilary Putnam. Finalmente se ilustrará una posible respuesta a dicha crítica con base en los comentarios que al respecto hace John R.  Searle. 

Abstract

In this paper it is try to offer a defense about what one knows as internalism in the language´s philosophy. Attacked saying it will remove to end describing one of the most influential critiques in the literature on this topic used for Hilary Putnam. Finally, it will learn a possible response above mentioned critique with base in the commentaries that in the matter it does John R. Searle.

Palabras Clave

Internalism, Externalism, Intencionality, Indexicality, Conditions of satisfaction, Intension, Extension

Uno de los problemas cruciales en la filosofía del siglo XX ha sido el problema del lenguaje y más específicamente el problema del significado, esto es, como se determina el significado de las palabras, en tanto estas últimas constituyen una de las maneras como los humanos nos relacionamos con el mundo. A continuación, se ofrecerá una síntesis del debate entre internalismo y externalismo que son básicamente las dos posturas desde las que se ha intentado dar respuesta  a dicho interrogante. El internalismo puede definirse afirmando que “los significados están en la cabeza”, con lo cual se quiere dar a entender que una expresión se refiere a un objeto si el objeto satisface o se adecúa a lo que Frege llamaba el Sinn de la expresión. Dicha adecuación se da en virtud de un conjunto de condiciones que son determinadas por los contenidos Intencionales de algún estado mental en la cabeza de un hablante y compartido por un oyente. De acuerdo con esto, el contenido Intencional de un estado mental es suficiente para determinar el modo como este último se relaciona con los objetos o estados de cosas a los que representa. Observaciones similares pueden hacerse para el caso de la referencia lingüística que no es sino un caso especial de lo que Searle llama referencia Intencional. Por su parte, el externalismo afirma en líneas generales que el contenido Intencional es insuficiente para determinar la referencia y, en general, la manera en que las palabras se relacionan con el mundo. Por el contrario, afirman los defensores de esta teoría, es necesario la apelación a relaciones causales, externamente contextualizadas y no – conceptuales para determinar el contenido de los estados mentales y por ende la referencia de las palabras. Esto significa que los elementos preponderantes para la determinación del significado de las palabras serían elementos externos al contenido Intencional de los estados mentales. Sin embargo, aun cuando se acepte que para explicar algunos casos de la forma como las palabras se relacionan con el mundo sea relevante tener en cuenta elementos externos propios del medio ambiente físico y social en el cual los individuos interactúan, eso no prueba que el internalismo sea falso, implausible, insostenible, o que no pueda dar una respuesta satisfactoria para lidiar con los contraejemplos que desde el externalismo se han propuesto como refutación del internalismo. Como afirma John Searle en su libro “Intencionalidad”, cualquier tipo de elemento externo como las relaciones causales sólo son importantes para el lenguaje y para las demás formas de la Intencionalidad en la medida que causan o producen algún tipo de impacto sobre el cerebro y los únicos impactos que importan aquí son aquellos que producen Intencionalidad. Esto es así, puesto que la única forma de representarnos el mundo, esto es, de relacionarnos con el mismo, es a través de nuestro cerebro y, en consecuencia, todo lo que usemos para tales menesteres debe estar adentro de nuestras cabezas.

Ahora bien, consideremos en primer lugar la crítica que presenta H. Putnam en su artículo “Significado y Referencia”, para luego contrastarla con la respuesta que John Searle expone frente a las afirmaciones del autor de “Las mil caras del realismo”.

Para Putnam la teoría internalista del significado es inadecuada e insuficiente para defender la tesis de que el significado de las palabras consiste en estar en determinados estados mentales o psicológicos. En otras palabras, que la intensión determina la extensión. Para probar esto, Putnam ofrecerá un experimento mental que aparentemente muestra que es posible que dos personas idénticas hasta la última micropartícula e idénticos en lo atinente a sus estados mentales o psicológicos se refieran cada uno a cosas u objetos diferentes. Esto es, que una misma intensión tenga extensiones diferentes. Esto refutaría la concepción internalista del significado y debería cambiar radicalmente nuestra forma de concebir la naturaleza del mismo. Exploremos, pues, la posición de Putnam sobre este particular.

En primer lugar Putnam definirá la concepción internalista del significado a partir de dos supuestos básicos, a saber:

1) "Que conocer el significado de un término es precisamente estar en cierto estado psicológico (en el sentido de “estado psicológico” en el que los estados de memoria y creencia son “estados psicológicos”)

2) Que el significado de un término determina su extensión (en el sentido de que misma intensión entraña misma extensión)” (Putnam, 2000, p.154).

 
Ahora bien, Putnam nos invita a imaginar un planeta que hace parte de una galaxia distante. Dicho planeta es idéntico a la Tierra hasta la última micropartícula. Además, en dicho planeta que Putnam llama “Tierra Gemela” (a partir de ahora “T.G”) existen una buena cantidad de individuos igualmente idénticos hasta la última micropartícula a nosotros, los terrícolas, que a su vez hablan el castellano tan bien como lo hacemos nosotros. A pesar de estas tremendas similitudes, en “T.G” hay algunas diferencias con respecto a la Tierra; por ejemplo, la palabra “agua” en “T.G” hace referencia a un líquido cuyas propiedades superficiales son idénticas al “agua” de la Tierra, pero cuya microestructura difiere de esta última, pues la formula química que sintetiza dicha microestructura es “XYZ” y no “H2O”. Ahora, imaginemos un habitante de la Tierra y llámesele Oscar1; así mismo imaginemos un habitante de “T.G” y llámesele Oscar2. Tanto Oscar1 como Oscar2 se referían, en sus respectivos planetas, al líquido cuyas propiedades superficiales son idénticas como “agua”, antes de saber que dicho líquido tenía una composición química diferente en cada uno de sus planetas. De esta manera, tanto Oscar1 como Oscar2 cuando se encontraban frente a una porción de un líquido cuyas propiedades superficiales eran idénticas al líquido que se denomina “agua”, uno y otro proferían algo como lo siguiente mientras señalaban a aquello a lo que se referían: “esto es agua”. Nótese que, de acuerdo a las suposiciones prescritas por Putnam, tanto Oscar1 como Oscar2 se hallan en el mismo estado mental o psicológico, a pesar de que aquello a lo que se refieren cuando señalan y dicen “esto es agua” posee una estructura química radicalmente distinta en cada uno de sus planetas. De acuerdo con esto, es posible que dos sujetos cuyos estados psicológicos son idénticos se refieran a dos cosas distintas. Por tanto, conocer el significado de una palabra no consiste únicamente en encontrarse en algún estado psicológico. Además, de acuerdo con lo que muestra el experimento mental es necesario revisar la tesis de que la intensión determina la extensión. Ahora, ¿por qué debemos aceptar este resultado?

Para Putnam, cuando alguien que tiene en frente de sí un vaso con un líquido cuyas propiedades superficiales son idénticas al líquido que nosotros llamamos “agua” normalmente haría algo semejante como señalar en la dirección del vaso y decir: “esto es agua”. Es decir, “mi definición ostensiva de agua tiene la siguiente presuposición empírica: que el cuerpo del líquido que estoy señalando mantiene cierta relación de mismidad (digamos x es el mismo líquido que y, o x es el mismoL que y)” (Putnam, 2000, p.156).

De esta manera, cada que alguien se refiere a un líquido cuyas propiedades superficiales son idénticas al agua, utiliza para ello la definición ostensiva de esta, y ello implica que dicho líquido para realmente ser agua debe mantener la relación de mismidad que Putnam ha señalado, esto es, la condición necesaria y suficiente para que un líquido sea agua es que dicho líquido mantenga y guarde la relación mismoL (entiéndase mismo líquido) con el agua. Ahora bien, cuando Putnam invoca la relación mismoL como la condición necesaria y suficiente para que algo sea agua, él está afirmando que cualquier cosa que sea agua necesariamente debe tener exactamente la misma microestructura que, de hecho, el agua tiene, es decir, debe ser H2O. Ahora, imaginemos a Oscar1 y Oscar2 en 1750 cuando aún no se había determinado la estructura líquida del agua. En ese entonces, tanto Oscar1 como Oscar2 se referían indistintamente a cualquier líquido cuyas propiedades superficiales fuesen idénticas al agua con la expresión “agua”, a pesar de que en cada uno de sus planetas dicho líquido poseía una microestructura diferente, esto es, en la Tierra agua era H2O y en “T.G” agua era XYZ. Dicho en otras palabras, aun cuando ni Oscar1 ni Oscar2 sabían en 1750 cual era la microestructura del líquido al que en cada uno de sus planetas llamaban agua, la microestructura de dicho líquido era tanto H2O en la Tierra como XYZ en “T.G”, tanto en 1750 como en cualquier otra fecha que se quiera citar. Dicha microestructura fue determinada en cada uno de los planetas por expertos en química. Esto explica por qué Putnam afirma que aun cuando Oscar1 y Oscar2 tuviesen exactamente los mismos estados psicológicos no se referían al mismo líquido cuando señalaban algo y decían “esto es agua”. Es decir, las porciones del líquido que señalaban cuando decían “esto es agua” no guardaban ni mantenían en ninguno de los dos casos la relación mismoL con el líquido al que se referían como agua.

Ahora bien, los resultados de este experimento mental tienen, según Putnam, importantes consecuencias para la concepción que se defiende con respecto a la forma en que opera lo que se conoce como “indexicalidad”. Dice Putnam, que si es correcto lo que se supone que prueba el experimento de las tierras gemelas, entonces cuando alguien que tiene frente a sí mismo un vaso con un líquido cuyas propiedades superficiales son idénticas al agua, lo señala y dice: “este líquido es agua”, la expresión indéxica este es un este “de re”. Es decir, cuando alguien se refiere a algún líquido que superficialmente es semejante al agua con la expresión “agua” está implicando necesariamente que dicho líquido mantiene con el agua la relación de mismidad (mismoL), esto es, que dicho líquido no sólo es, superficialmente hablando, idéntico al agua sino también que posee la misma microestructura del agua, a saber, que es H2O. De acuerdo con esto, es posible encontrar algunas similitudes entre esta concepción de la indexicalidad y la noción “designador rígido” acuñada por S. Kripke. Según la definición kripkeana de “designador rígido” una expresión es un designador rígido (un nombre propio o las palabras de los géneros naturales, como agua) si, y sólo si, dicha expresión designa a la misma entidad en todos los mun es. De esta manera, para el caso que nos ocupa, la expresión “agua” es un designador rígido puesto que se refiere a una determinada sustancia cuya microestructura es H2O en todos los mundos posibles, de tal manera que cuando alguien se refiere a un líquido superficialmente idéntico al agua como “este líquido es agua” dicho líquido para ser realmente agua necesariamente debe mantener la relación mismoL con el agua real, esto es, dicho líquido debe ser H2O. De igual manera, la expresión indéxica ”este” que habíamos dicho es un “este” de re es, a su vez, un designador rígido, puesto que siempre que lo utilicemos para hacer definiciones indéxicas de alguna sustancia necesariamente dicha expresión se referirá a una y la misma sustancia en todos los mundos posibles. De acuerdo con esto, es perfectamente plausible, según Putnam, que dos individuos idénticos hasta la última micropartícula y por ende que se encuentren en uno y el mismo estado mental o psicológico, se refieran a dos objetos o estados de cosas diferentes, esto es, que aun cuando tengan la misma intensión se refieran a distinta extensión. En consecuencia, la teoría según la cual “los significados están en la cabeza”, es equivocada, como supuestamente lo hace manifiesto el experimento mental ofrecido por Putnam. En palabras del propio Putnam, una adecuada teoría del significado afirmaría algo como lo siguiente:

“(para todo mundo W) (para todo x en W) (x es agua si y sólo si x mantiene la relación mismoL con la entidad a la que se hace referencia con “este” en el mundo actual W)” (Putnam, 2000, p.161). 

Ahora bien, a continuación se describirá una posible respuesta a la objeción que Putnam esgrime en contra de la teoría internalista del significado, invocando para ello, algunos de los comentarios que el filósofo J. R. Searle hace a propósito de la opinión de Putnam.

En primer lugar, intentemos desentrañar el argumento de Putnam con el fin de poner de manifiesto algunas suposiciones que habría que fundamentar. En general, la definición ostensiva de un término general se determina a partir de lo que Searle llama el “racimo de conceptos” asociado a dicho término, que podrían ser las propiedades superficiales y por ende accesibles a la mayoría de las personas cuyo aparato perceptor se encuentra en buenas condiciones. Para el caso del término general “agua” dicha definición se hizo con base en las propiedades superficiales de la misma, a saber, que es una sustancia incolora, insípida, inodora, etc. Ahora, teniendo en cuenta esto, cuando alguien se refiere a una sustancia que superficialmente es idéntica al agua, de acuerdo con Putnam, se está refiriendo a una sustancia que no sólo es superficialmente idéntica al agua sino que, además, tiene la misma microestructura del preciado líquido, esto es, que guarda y mantiene la relación mismoL con el agua real. Algo semejante puede decirse con relación a la definición indéxica de dichos términos generales. Esto es, para Putnam, la forma adecuada de definir dichos términos es hacerlo indéxicalmente. Es decir, no sólo invocando la definición ostensiva sino añadiendo como condición necesaria a dicha definición los rasgos de la microestructura propia del objeto o estado de cosas que se está definiendo. Para el caso del agua, no sólo basta con definirla a partir de sus propiedades superficiales (el racimo de conceptos normalmente asociado con la definición ostensiva de dicho término) sino que hay que adicionar las propiedades de su microestructura. Ahora bien, Putnam cree que esto prueba que no son los estados psicológicos o los contenidos intencionales de las personas las que determinan el significado o la extensión de un término general como agua. Putnam supone que, como la definición adecuada de agua implica la enunciación de la microestructura de la misma, y como la mayoría de los mortales no conocen dicha microestructura, entonces no son sus estados psicológicos o sus contenidos intencionales los que determinan la extensión o el significado de dichos términos. Sintetizando, dice Searle, el argumento de Putnam es más o menos como sigue:

"1) El racimo de conceptos asociados (a cualquier término general, por ejemplo, agua) no determina la extensión

2) La definición indéxica determina la extensión

3) Lo que está en la cabeza no determina la extensión" (Searle, 1992, p.211).

Como bien recalca Searle, la proposición número tres no se sigue de las afirmaciones que la anteceden. Es decir, “3” afirma que la definición indéxica no se halla en la cabeza, pero Putnam no nos dice por qué razón sucede tal cosa, esto es, simplemente lo supone y, por tanto, es una afirmación gratuita. Afirmar que como el racimo de conceptos asociado a un término general como agua no es suficiente para definir de manera adecuada dicho término, puesto que para ello es menester la definición indéxica, no implica que dicha definición indéxica no se halle en la cabeza. Incluso si es cierto que dicha definición se establece con base en las propiedades microestructurales y que esta tarea la llevan a cabo “expertos” en dichos menesteres, ello no significa que los estados mentales o psicológicos (la intensión) o los contenidos Intencionales de esos expertos no jueguen un papel preponderante en la determinación de la definición de un término general como agua. Ilustremos lo que se acaba de afirmar con un ejemplo de J. R. Searle:

“La expresión El asesino de Brown tiene una intensión que determina como su extensión al asesino de Brown. La intensión El asesino de Brown fija la extensión aun cuando es un hecho sobre el mundo quién asesinó a Brown. Para alguien que no sepa quién asesinó a Brown la extensión de la expresión El asesino de Brown es, con todo, el asesino de Brown aun cuando no sepa quién es” (Searle, 1992, p.211)3.

De forma semejante, afirma Searle, la condición necesaria y suficiente que Putnam impuso como un rasgo esencial de cualquier definición de un término general como agua, esto es, la relación mismoL: “idéntico en estructura con esta materia (indéxicalmente identificada)”, es un contenido Intencional, es decir, en este caso es también una intensión la que determina una extensión, independientemente de que la estructura a la que se alude sea conocida o no. En consecuencia, “La teoría de que la intensión determina la extensión es la teoría de que las intensiones establecen ciertas condiciones que cualquier cosa tiene que reunir para ser parte de la extensión de la intensión relevante.” (Searle, 1992, p.211). Es decir, Putnam ha hecho que se desvíe la atención, pues, supone que lo importante para una definición adecuada de cualquier término general es la determinación de la estructura de aquello que se define y creyendo, a su vez, que aquí no cuentan las intensiones. Sin embargo, como se ha podido ver, independientemente de que lo que cuente en una definición sea la identificación indéxica de la estructura de aquello que se quiere definir, dicha identificación indéxica sólo es posible hacerla con base en las intensiones de quien lleva a cabo tal cosa.

En segundo lugar, es necesario aclarar la forma en que Putnam concibe las relaciones que existen entre los contenidos Intencionales y las expresiones indéxicas. La mejor manera de clarificar este asunto en particular es ilustrándolo con un ejemplo. Suponga que usted tiene una réplica idéntica hasta la última micropartícula en otro planeta: un doppelganger. Usted y su réplica comparten todo, es decir, poseen los mismos pensamientos, tienen uno y el mismo monólogo interior, de tal manera que cuando usted dice que le duele la cabeza, su réplica también manifiesta el mismo dolor y el mismo pensamiento. De igual manera, si usted dice: “yo pienso” su réplica profiere exactamente la misma expresión: “yo pienso”. Ahora bien, aun cuando usted y su réplica compartan una vida mental idéntica hasta la última micropartícula, cuando usted utiliza la expresión indéxica “yo” usted se refiere a usted mismo (o, como dice Putnam, a su clase unitaria); de igual manera, cuando su réplica utiliza dicho demostrativo él se refiere a él mismo (a su clase unitaria). En consecuencia, alega Putnam, aunque tanto usted como su réplica son idénticos, en cuanto a vida mental se refiere, usted y su réplica se refieren a cosas diferentes cuando utilizan la expresión indéxica “yo”, esto es, dicha expresión tiene extensiones diferentes en cada caso, a pesar de que tanto usted como su réplica son idénticos con respecto a sus intensiones. Ahora bien, para Searle en la formulación de Putnam en lo que se refiere a las expresiones demostrativas hay dos suposiciones que son insostenibles. Primero, Putnam cree que la teoría internalista del significado no puede explicar de forma satisfactoria la naturaleza de las expresiones indéxicas. Y, en segundo lugar, supone que dos individuos que tienen estados mentales de idéntico tipo comparten a su vez idénticas condiciones de satisfacción para dichos estados mentales. ¿Por qué asegura Searle que dichas suposiciones son erróneas? De nuevo la estrategia para responder a la pregunta será plantear una ilustración.

Suponga que usted identifica indéxicamente una sustancia como agua. Lo mismo hace su doppelganger en otro planeta, esto es, bautiza una sustancia como agua. Imagine así mismo que tanto usted como su doppelganger tienen estados mentales y experiencias visuales de idéntico tipo, etc. Ahora bien, en vista de que tanto usted como su réplica definieron indéxicamente a una sustancia como agua, ello significa que tanto usted como su gemelo hacen referencia con el término general agua a cualquier sustancia que tenga la misma estructura que dicha sustancia. Ahora bien, ¿cómo es posible que, a pesar de que tanto usted como su réplica han definido de forma idéntica al agua y cómo a pesar de que tienen idénticas experiencias visuales, tanto usted como su réplica se refieran a dos sustancias estructuralmente diferentes? Para Searle, la respuesta es sencilla, a saber, a pesar de que usted y su doppelganger comparten en el momento de hacer la definición indéxica estados mentales idénticos así como experiencias visuales igualmente idénticas, los contenidos Intencionales y por ende las condiciones de satisfacción tanto de los estados mentales como de las experiencias visuales, son diferentes. Cuando alguien tiene una experiencia visual ello implica que para que dicha experiencia sea verídica, primero, el objeto u estados de cosas de la propia experiencia tiene que existir y, en segundo lugar, dicho objeto o estado de cosas debe a su vez causar la propia experiencia visual. Si usted, por ejemplo, tiene una experiencia visual de que al frente suyo hay una sustancia que usted ha llamado agua, el contenido Intencional de la misma tiene dentro del conjunto de sus condiciones de satisfacción el que sea esa  misma sustancia la que cause la propia experiencia visual. Si usted tiene un doppelganger en una tierra gemela aun cuando él tenga el mismo estado mental y la misma experiencia visual que usted experimenta cuando tiene al frente suyo la sustancia que tanto usted como él han llamado agua, aún así los contenidos Intencionales de sus respectivas experiencias visuales son diferentes: usted se refiere a la sustancia que causó su experiencia visual y su réplica se refiere a la sustancia que causó la experiencia visual que él ha experimentado. Expliquémonos. Una de las características distintivas de la experiencia visual es que la misma es “causalmente autorreferencial”. Esto significa que toda vez que alguien, usted por ejemplo, tiene una experiencia visual, dicha experiencia por definición tiene a su vez un contenido Intencional. Dicho contenido Intencional tiene a su vez un conjunto de “condiciones de satisfacción” que son a su vez las que determinan las condiciones bajo las cuales uno puede afirmar que un estado mental es verdadero, verídico, satisfecho o exitoso según el “modo psicológico” en que el estado se presenta, esto es, dependiendo de si es una creencia, un deseo, etc. Para el caso particular de la experiencia visual, las condiciones de satisfacción exigen que para poder satisfacer su contenido Intencional necesariamente el objeto o estado de cosas hacia el cual la experiencia se dirige debe causar el resto de sus condiciones de satisfacción. Así, para el ejemplo invocado más arriba, como ya se dijo, aunque usted y su gemelo hayan tenido idénticas experiencias visuales, no obstante, las mismas difieren en cuanto a sus condiciones de satisfacción se refiere, pues, para su experiencia visual parte de las condiciones de satisfacción de la misma es que sea el objeto o estado de cosas que usted percibe lo que cause la propia experiencia visual. Del mismo modo, para la experiencia visual de su doppelganger parte de las condiciones de satisfacción de la misma es que el objeto o estado de cosas percibido sea lo que cause dicha experiencia. Ahora bien, en palabras de Searle y de acuerdo con el ejemplo que él mismo ofrece en el cual un individuo, Jones que también tiene un doppelganger en una tierra gemela, Jones gemelo, los cuales al tener cada uno en frente de sí una porción de la sustancia que se denomina agua, lo que se ha dicho puede enunciarse de la siguiente manera:

“Las definiciones indéxicas dadas por Jones en la Tierra de agua pueden ser analizadas como sigue: agua se define indéxicamente como todo lo que es idéntico en estructura a la materia que causa esta experiencia visual, cualquiera que sea su estructura. Y el análisis para Jones gemelo es: agua se define indéxicamente como todo lo que es idéntico en estructura a la materia que causa esta experiencia visual, cualquiera que sea su estructura (…) Esto es, en cada caso las condiciones de satisfacción establecidas por el contenido mental (en la cabeza) son diferentes a causa de la autorreferencialidad de las experiencias perceptivas” (Searle, 1992, p.213)4. 

En consecuencia, hay que decir que Putnam ha errado el punto al querer refutar la explicación tradicional (internalista) del significado, pues, como se ha podido apreciar, aun cuando se aceptase la explicación que él mismo propone para determinar el significado de las palabras, los supuestos que al principio citábamos como el blanco del ataque de Putnam se mantienen en pie, esto es, Putnam nos ha mostrado de otra manera a como se había hecho por parte de la tradición que los significados no pueden estar en ninguna otra parte más que en la cabeza. 

Notas

1 Este trabajo hace parte de la tesis de grado presentada en el 2008 para optar por el título de Profesional en Filosofía y Letras, Universidad de Caldas. 

2 Profesional en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas. 

3 La crusiva es mía.  

4 La crusiva es mía.


Referencias

Putnam, H. (2000) Significado y referencia. En L. Valdés, La búsqueda del significado. Madrid: Universidad de Murcia - Tecnos. 

Searle, J. (1992) Intencionalidad, Madrid: Tecnos.

Valdés, L. (2000) La búsqueda del significado. Madrid: Universidad de Murcia - Tecnos.