Año 3 No. 5 Julio - Diciembre de 2009

¿Por qué lejos de Veracruz?


Pamela Natalia Zamora1

natygz@hotmail.com


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




La verdad nunca parece verdadera2

Enrique Tenorio era un agraciado manco como dice en el libro, no tenia otro signo de originalidad o singularidad alguna, era un tipo normal, con herencia de literato y ánimo de artista maldito; era el segundo de los tres hermanos Tenorio; el mayor, Antonio escritor de profesión, con mediano éxito, compañero de Marta, vivía con una eterna bata sin salir de su casa en Sant Gervasi; el tercero, Máximo, pintor de acuarelas y de mujeres ideales e invisibles, serviles, sumisas y hermosas, adecuó su habitación al estilo de una tumba etrusca y casi no salía, era un genio anónimo.

Enrique odiaba todo aquello que oliera a literatura, porque le recordaba a su arrogante hermano que todo el tiempo lo hacia sentir inferior y todo lo que oliera a pintura, pues lo remitía a la triste y excéntrica vida de Máximo, que sin querer se fue quedando solo, comunicándose únicamente con el mundo que pintaba.

Enrique negó gran parte de su vida la influencia ejercida por sus hermanos, pero después de haber vivido un sinnúmero de desgracias, que incluían: un viaje a África que lo dejó manco, otro a Sur América que lo dejó viudo, una visita a Veracruz (donde creyó haber matado a dios) y la muerte de su padre entre otras; éstas lo obligaron a voltear la vista y darse cuenta que en el arte y la literatura puede haber más vida que en la vida misma. Devorando libros y resignificando las palabras, le dio vida a lo que leía (Homero- Robinson Crusoe – Kafka – Juan Rulfo, etc.), y fue él mismo, un Odiseo y un Pedro Paramo, pues como diría el mismo Pessoa en su poema Autopsicografía “Cuanto más sienta/ cuanto más sienta como varias personas,/cuanto más personalidades tenga/ cuanto más intensamente/ estridentemente, las tenga/ cuanto más simultáneamente sienta con todas ellas/ cuanto más unificadamente diverso, dispersamente atento esté, sienta, viva, sea/más poseeré la existencia total del universo”

En un dietario con portada de Tucanes, comprado en México, iba escribiendo sus desventuras y describiendo en forma de memoria la vida de la familia Tenorio sin tener la intención de hacer un libro; buscaba las razones del por qué cierto ser superior se ensañó contra él y le jodió la vida entera, cómo muchas veces escribió no soy escritor pero escribo, pues para comprender la vida hay que contarla, así sea a la almohada o uno mismo.

Protagonista y narrador de su propia fábula, donde los otros actúan y se ve como espejo, como un desconocido reflejado en sí mismo, susceptible y débil, así se veía Enrique a la hora de agarrar su cuaderno de Tucanes y comenzar a escribir una antología de recuerdos, que comenzó con la afirmación a Veracruz no pienso nunca volver, pues el significado y el valor de la rememoración y de la nostalgia está en sí misma, pues volver sería su muerte; allí conoció el sabor agridulce del tequila en los labios de una mujer y en la copa rota del corazón engañado, nunca regresará, pero es su recuerdo y su nostalgia más honda. Y culminó con la muerte de un fantasma que rondaba su cabeza y rumiaba sus entrañas, resumido todo en el dietario como búsqueda de escape a la nulidad y soledad a la que se vio reducido después de comprobar que ciertamente alguien le andaba jodiendo la existencia, ese alguien era un dios de carne y hueso muy superior a él, porque tenía a su Rosita y él no.

Es poco lo que me cabe expresar en estás tres hojas, para decir que este libro es todo un viaje a lo más profundo de nuestros recuerdos, es el acto mismo de untarle mantequilla a unas tostadas, o pensar que la siguiente canción será la mejor, del miedo que nos embarga y que ciertas veces los desconocidos no son los otros sino nosotros mismos, son 236 hojas que se volverán 472, pues este libro merece no ser leído una sino dos veces como mínimo.

La majestuosidad y las simplicidad con que escribe, las referencias entre líneas de otros escritores hace pensar que Enrique Vila-Matas escribe no sólo con las manos y un cigarro en la boca, sino con la agilidad, la paciencia y el rigor que tienen unos pocos para leer y escribir, pero aun más para vivir la vida escribiéndola.

Notas

1 Estudiante de la Profecionalización en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas.

2 Vila-Matas, Enrique. Lejos de Veracruz. Editorial Anagrama. Pág. 62.