Año 3 No. 5 Julio - Diciembre de 2009

Mostrar y denotar ¿Una respuesta al problema del significado?


Diana Carolina Arbeláez

karohmillos65@yahoo.com.mx


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

         Para el desarrollo de este trabajo planteo en la primera parte la teoría de Frege, con el fin de poner en claro a que se refiere la diferencia entre sentido y referencia, en la segunda parte voy a tratar la teoría de Russell, primero en “descripciones” y después en “sobre el denotar”, para averiguar si hay una crítica consistente a Frege en estos dos artículos y establecer las diferencias del pensamiento de Russell en ellos. Después vendrá una tercera parte acerca de la objeción de Strawson a Russell en la teoría de las descripciones, y por último planteo una posible respuesta al problema del significado como referencia.

Abstract

         For the development of this paper I argue in the first part of Frege's theory, in order to clarify referred to the difference between sense and reference in the second part I will try to Russell's theory, first in "descriptions "and then" on denote "to find out if there is a consistent criticism Frege in these two articles establish the differences of Russell's thought in them. Then comes a third party about Strawson's objection to Russell's theory of descriptions, and finally posing a potential answer to the problem of meaning as reference.

Palabras Clave

significado, referencia, descripción, denotar, nombrar, intensional, extensional,meaning, reference, description, denote, name

1. La teoría fergeana de la referencia

En su artículo “sobre sentido (sinn) y referencia (bedeutung)” Frege parte de una problemática que permea toda su teoría, el problema de la identidad, pues lo que quiere saber es si la igualdad es una relación entre objetos o entre nombre o signos para objetos, para responder a estas preguntas se plantea el problema de si A=A (proposición analítica) y A=B (proposición sintética) son proposiciones idénticas sabiendo de antemano que A=B es una proposición verdadera. Para esto plantea una teoría en la que se considera que todo aquello que se puede referir a un objeto es un nombre propio “Se desprende del contexto que he entendido aquí por “Signo” y “Nombre” cualquier designación por la que un nombre propio, cuya referencia es por consiguiente, un objeto determinado (tomada esta palabra en la más amplia extensión), pero no un concepto, ni una relación, sobre los que se tratará más de cerca en otro artículo.” (Frege, 1991)

         Pero lo que quiere probar Frege es que para hablar de un mismo objeto podemos utilizar diferentes signos, lo que puede probaría la tesis de que A=A y A=B son proposiciones idénticas, tenemos pues que,

1. “Venus (A)= Venus (A)” y

2. “Venus (A)= El lucero de la mañana (B)”

        Estas dos proposiciones serían equivalentes si 2. Es verdadera. Pero hasta aquí no tenemos mucho, ya que los ejemplos que pone Frege son más contundentes en este sentido. Nos dice que si trazamos en un triángulo A, B, C, los puntos de intersección entre las líneas vamos a obtener que el punto de intersección de A-B, y el punto de intersección de B-C, serán el mismo. Como lo muestra la gráfica en la parte superior de la página.

        De allí concluye que existen diferentes maneras de referirse a una misma cosa, y estas maneras de referirse a una misma cosa son los sentidos, así, en un signo además de la referencia que es el objeto del que se habla, está el sentido que es la manera como se habla del objeto.

         Pero su error está en asumir que estas diferentes designaciones con nombres propios, pues con ello lo que está haciendo es asimilando el hecho de describir con el hecho de nombrar.

        Después de esto dice que el sentido puede ser comprendido por cualquier persona que tenga una cierta familiaridad con el lenguaje o la totalidad de designaciones a las que pertenece; pero con esto no se logra tener la referencia total o completa pues para que una persona pudiera ser poseedora de la referencia total tendría que conocer todo el conjunto de lo real, pues “la conexión regular entre el signo, su sentido y su referencia es de tal género, que al signo le corresponde sólo un sentido y a éste a su vez le corresponde sólo una referencia, mientras que a una misma referencia le corresponde pluralidad de sentidos y de signos”.

         No obstante la correspondencia entre sentido y referencia no es necesaria, sino contingente porque bien pueden existir signos que tengan sentido pero en los cuales a este sentido no le corresponda ninguna referencia, como es el caso de un personaje de ficción como Ignatius J. Reilly, cualquier proposición acerca de este tendrá sentido, pero no se referirá a una persona concreta, por ejemplo podemos utilizar la oración “El hombre que destruyó el “noche de alegría”” y esto tendrá sentido porque todos comprendemos lo que quiere decir, nos estamos refiriendo a un alguien que destruyó algo llamado “noche de alegría” pero ello no implica que ese tal exista o existió.

         Pero Frege además de examinar los nombres propios examina el sentido y la referencia en una oración asertórica completa, lo que le genera el problema de la sustituibilidad, salva veritate, lo que necesariamente lo conduce a la problemática de la intencionalidad. Ahora veamos cómo está planteado esto. En primer lugar, para Frege la oración asertórica completa “contiene un pensamiento (donde Frege entiende por pensamiento no el acto subjetivo de pensar, sino su contenido objetivo, que es capaz de ser propiedad de muchos” (Frege, 1991), lo que parece decisivo es que Frege equipara este pensamiento con el sentido, pues dice que en la sustitución de un término en una oración asertórica completa por otro correferencial, aunque no se altera la referencia sí se altera el sentido y por ende el pensamiento, por ejemplo. En la oración:

         Juan está enamorado de Ana. Hay un pensamiento, un contenido mental, una intensión que quien la afirma asocia con dicha expresión. Y en la oración: Pedro “Cree que Juan está enamorado de Ana” Ahora, cambiando el término Ana por otro correferencial, como por ejemplo, “la hija de la profesora de ciencias”

         La oración quedaría así: Juan está enamorado de “la hija de la profesora de Ciencias” lo cual irremediablemente cambia el contenido mental, la intensión, pues aunque Pedro tiene la creencia de que “Juan está enamorado de Ana”, puede no saber que Ana es la hija de la profesora de ciencias y por ello la creencia o el contenido mental de Pedro cambia, aunque la proposición conserve el valor de verdad.

          De esto concluye Frege que el valor de verdad de una oración asertórica completa es la referencia, por lo que aquí el significado no es intencional, es decir, no depende del uso sino de los hechos del mundo que son representados por las proposiciones, con ello establece un criterio empirista del significado que luego van a retomar Russell, Wittgenstein, en el Tractatu, y el positivismo lógico. No obstante, el pensamiento o el sentido también es importante, pero sólo interesa a la ciencia en la medida en que pueda avanzarse a partir de él hacia el valor de verdad, es decir hacia la referencia. Por lo que dice que un juicio, es un pensamiento que avanza hacia su referencia.

         Frege encuentra un problema y es que no todas las oraciones asertóricas son simples, hay oraciones que contienen como parte otra oración, dentro de ellas encontramos las que están en estilo directo y que se refieren a otra oración y las que están en estilo indirecto que se refieren a un pensamiento, en estas dice Frege que si su teoría de que la referencia es el valor de verdad, es cierta, debe permanecer el valor de verdad si se cambia algún término de la oración por otro correferencial, esto lo lleva a analizar el tipo de oraciones conocidas como subordinadas, partiendo de la hipótesis de que por ser estas oraciones partes de otras no tienen por referencia un valor de verdad, sino que su referencia es la misma que la de un nombre propio, la misma de una parte de la oración que no tiene por referencia un pensamiento, sino una parte del mismo.

          En primer lugar considera las oraciones subordinadas en estilo indirecto, donde la oración se refiere a un pensamiento, de estas dice que no puede intercambiarse la expresión por otra que tenga su referencia habitual, porque aquí están involucrados estados mentales, y la referencia son precisamente esos estados, no algo en el mundo, esto sucede en el caso de creencias, órdenes, peticiones, etc. Pero veamos ahora qué pasa en otras oraciones subordinadas en las que pese a que las palabras tienen la referencia habitual, ni tienen un pensamiento como sentido ni un valor de verdad como referencia.

         Por ejemplo en la oración: “El que escribió “la crítica de la razón pura” nació en Könisberg”, lo que dice Frege es que si la oración subordinada tuviera como sentido un pensamiento podría traducirse en una oración principal, pero esto no funciona porque “el que” no constituye un sujeto gramatical, sino simplemente aquello que hace posible la conexión con “nació en Könisberg”, el sentido de la oración no sería un pensamiento sino simplemente Kant, no obstante la formulación de la oración supone el pensamiento de que alguna vez hubo alguien que escribió algo llamado “la crítica de la razón pura”, pues de lo contrario “el que escribió la crítica de la razón pura” no tendría referencia alguna, por lo que no podría afirmarse que nació en Könisberg, ni tampoco negarse, ya que la afirmación o negación de esto presupondría de manera inmediata que el nombre Kant designa algo. Así los nombres propios, sean simples o complejos, deben designar algo.

         Por último, en las oraciones subordinadas en que puede ponerse por sujeto a un nombre propio y que contienen un pensamiento completo sí puede hacerse la sustitución de uno de sus términos sin alterar el valor de verdad, pero esto es un poco oscuro en la explicación de Frege. El caso es que el proceso de significación es un proceso mediato, mediado aquí por el sentido o por el pensamiento, es decir la referencia en Frege es indirecta, no obstante la pluralidad de signos y de sentidos debe ser suprimida en un lenguaje lógico perfecto.

         Ahora bien, aunque esta teoría parece bastante consistente la crítica de Russell también parece serlo.

 

2. La crítica de Russell en dos momentos

2.1. Descripciones

         En el artículo Descripciones Russell propone una teoría que según él explica mejor el problema de la referencia que la de Frege y Meinnung. No obstante lo que hace es dedicarse a exponer su teoría, pero no plantea un argumento concreto de crítica frente a la de Frege.

         Russell tiene en mente explicar la utilización de las palabras el y la en singular, lo que lo lleva a plantear su teoría de las descripciones. Dentro de estas distingue 2 clases las descripciones: definidas y ambiguas. De las ambiguas no hay mucho que decir porque son funciones lógicas de la forma “un tal y tal”, es decir “Existe Un x tal que x es f” no es siempre falsa, por lo que estas descripciones no implican unicidad, porque la x puede ser cualquier existencial que cumpla con la condición de ser f. Dentro de este contexto Russell plantea, en contra de lo que dijo Meinung y en contra de lo que él dijera años atrás, que no puede establecerse la diferencia entre existir y subsistir para darle un estatus ontológico a los objetos irreales, es decir, no se puede inventar un mundo en el que existan cuadrados redondos y montañas de oro, por lo que las descripciones que describen este tipo de “objetos” son descripciones que no describen nada, pues para Russell la palabra objeto implica algo real. Pero dice Russell que estas, al igual que todas las descripciones ambiguas, tienen sentido sólo en la medida en que estén dentro de una oración.

         Ahora bien, en las descripciones definidas sucede casi lo mismo que en las descripciones ambiguas, sólo que en este caso la variable lógica no puede ser llenada por cualquier x, sino por uno determinado. Por ejemplo: Me encontré con un hombre. Puede ser rellenada por cualquier x tal que x sea hombre. Mientras que: me encontré con Pablo. No puede ser rellenada por cualquier x, sino por un hombre determinado: Pablo.

         Pero lo anterior no implica que una descripción definida tenga sentido por sí misma, es decir, que pueda ser definida independientemente de las proposiciones en que aparezca. Esta consideración lleva a Russell al problema que no plantea Frege, la diferencia entre un nombre y una descripción.

         En el caso de Frege la descripción era una manera de designar la referencia. Así, el autor de “cien años de soledad” era un sinónimo de Gabriel García Márquez. Esto es lo que podría constituir la crítica de Russell a Frege. Para Russell “Un nombre es un símbolo simple cuyo significado es algo que puede aparecer solamente como sujeto, esto es: algo del género que, en el capítulo XIII, definimos como un “individuo” o un “particular”” (Russell, 1991). Mientras que Frege considera que “La designación de un único objeto puede también consistir en varias palabras u otros signos cualesquiera. Para abreviar se llamará nombre propios a cada una de estas designaciones” (RUSSELL Pág. 54 1991). En esto es evidente la crítica que hace Russell, pues lo que trata de probar es que no hay identidad entre un nombre propio y una descripción, porque para él:

[…] tenemos dos cosas para comparar: (1) un nombre, que es un símbolo simple, que designa directamente un individuo que es su significado y que tiene este significado por sí mismo, independientemente de los significados de todas las demás palabras; (2) una descripción que consta de varias palabras cuyos significados están ya fijados, y a partir de los cuales resulta cualquier cosa que haya de considerarse como el “significado de la descripción (Russell, 1991)

        Así, para Russell una proposición que contiene una descripción no es idéntica a la misma proposición cuando se sustituye la descripción por un nombre propio. Para él, pongamos por caso, no es lo mismo decir: “Scott es el autor de Waverly” que decir “Scott es Scott, como sí lo diría Frege en cierto sentido. Y esto porque para Russell la aceptación de estas dos proposiciones como idénticas implica que la función de los nombres ya no es nombrar un objeto determinado sino describir a la persona que tiene ese nombre.

        Por lo que Russell considera probada la no sustituibilidad de un nombre por una descripción, conservando la identidad de las proposiciones.

          Pero además de esto, muestra que cuando en una función proposicional se sustituye la x por un nombre, suponiendo que la función f es siempre verdadera, Russell pone el caso de la ley de identidad, que plantea también Frege en su artículo.  Según Russell, si reemplazamos la x por un nombre como Scott, teniendo en cuenta que para Russell reconocer esto como un nombre es muy temerario, tendríamos que Scott es Scott, algo con lo que no se tendría problema, mientras que si reemplazamos la x por una descripción definida eso ya no supone verdad, inmediatamente hay que recurrir a premisas adicionales. Pues para decir que “el autor de Waverly es el autor de Waverly” es una proposición verdadera, es necesario que exista algo como el autor de Waverly. De aquí concluye Russell que las funciones proposicionales que son siempre verdaderas pueden convertirse en falsas cuando se reemplaza la x por una descripción que no describe nada. De aquí infiere Russell las condiciones necesarias lógicamente para que una proposición en la que aparece una descripción definida sea verdadera.

1. existencia de lo descrito

2. unicidad.

2. que lo descrito cumpla con la característica que se le atribuye.

         A partir de esto Russell afirma que los nombres, como los conocemos, son descripciones encubiertas y que lo único que lógicamente puede entenderse como un nombre propio, es decir algo que señale inmediatamente un particular, pueden ser los pronombres demostrativos. Esto genera otro problema que no trataré aquí, el de la referencia de los nombres propios.

         Hasta ahora tenemos que la crítica de Russell contra Frege no se dirige en particular a su distinción entre sentido y referencia sino a aplicarle esta distinción tanto a nombres como a descripciones, pues como vimos, la relación entre un nombre y el objeto designado por este es inmediata, mientras que la relación entre una descripción y lo descrito es mediato, es decir, la descripción no tiene significado por si misma sino dentro de una proposición que será verdadera si se cumplen ciertas condiciones. Esta distinción corresponde con la de Mill entre los términos connotativos y no connotativos. Pero veamos ahora una objeción más radical, la presentada por Russell en su artículo sobre el denotar.

 

2.2. Sobre el denotar

         En este artículo Russell es un tanto más radical, aquí plantea el problema de la legitimidad de la distinción entre sentido y referencia, intentando establecer qué tipo de relación tienen, aunque emplea otros términos “El significado” y “la denotación”, pero ahora no se contempla ya el problema de los nombres que, como vimos, señalan inmediatamente el objeto, sino el de las descripciones.

         El problema aquí es el de establecer la relación entre la denotación (referencia) y el concepto o significado (sentido). Según el argumento de Russell.

         El problema está en que no se puede admitir una relación entre el concepto y la denotación sin identificarlos, es decir, o bien son lo mismo, o bien no se relacionan en nada. Pero si esto es así queda invalidada tanto la teoría de Frege como la del mismo Russell, ya que el concepto de significado se convertiría en un concepto superfluo. Russell dice que podría parecer que C’ (José Fernando Ospina) y C (el profesor de Filosofía del lenguaje) son entidades diferentes, pues C’ denota a C, pero esto no explica la relación existente entre C y C’ que sigue sumida en el misterio. Así, deberíamos buscar un complejo denotativo C’’ encargado de denotar a C’, pero con esto no se logrará nada ya que la relación entre significado y denotación permanecería en el misterio, aunque tendríamos otro término complicando todo. Por lo que Russell dice “todo esto constituye un enredo inextricable y parece demostrarnos que la distinción entre significado y denotación ha sido en su totalidad mal concebida” (Russell, 1966)

         El argumento no queda del todo claro, porque es difícil pensarlo en un ejemplo concreto, el caso es que según Russell la aceptación de esta distinción convierte la relación entre palabra y objeto en algo inalcanzable.

         Ahora, después de esto viene la crítica de Strawson, que según pienso no es aplicable a la teoría presentada en Sobre el denotar.

 

3. La crítica de Strawson

         Lo primero que puede decirse de la crítica de Strawson presentada en su artículo “sobre el referir” es que constituye un enfoque diferente de la filosofía del lenguaje, Strawson no piensa en el lenguaje desde la lógica sino desde el uso, dice que hay diferentes usos, y que este uso del que están hablando Frege y Russell es lo que él entiende como uso referencial singularizador, dentro de este uso es posible hacer la distinción entre:

1. una expresión = El rey de Francia

2. el uso de una expresión= alguien emite la expresión en el siglo XV.

3. una emisión de una expresión= alguien emite la expresión en el siglo XV en determinado contexto y de determinada forma (oral o escrita)

Y entre:

1. una oración= El rey de Francia es sabio.

2. el uso de una oración= alguien utiliza la oración en el siglo XX, por ejemplo.

3. la emisión de una oración= alguien utiliza la oración en determinado tiempo y en determinadas circunstancias.

         Como vemos, en Strawson no se habla de las proposiciones en forma absoluta sino en un uso concreto, en su relación con el hablante. Así, las condiciones bajo las cuales una oración que contiene una descripción definida es verdadera o falsa, no son condiciones necesarias lógicamente, como en Russell, sino condiciones de uso y en esa medida condiciones de posibilidad. En Russell, si una proposición no cumplía con las condiciones de existencia, unicidad y lo descrito, no cumplía con la característica atribuida, la proposición era falsa; en Strawson, si estas mismas condiciones no se cumplen la cuestión de la verdad o falsedad de la proposición no se plantea, aquí encuentro alguna coincidencia con Frege, quien había dicho que en una oración que incluía un nombre se presuponía la existencia del objeto referido por ese nombre tanto para afirmar la proposición como para negarla, no obstante no puedo declarar que ambos tengan la misma idea en mente.

         Por último, Strawson hace la crítica a la confusión de Russell y Frege entre las funciones identificativa y adscriptiva o descriptiva del lenguaje, según esto Russell confunde la distinción entre utilizar una expresión para hacer una referencia singularizadora, con aseverar que hay un individuo y sólo uno que tiene ciertas características.

         Según esto, para Strawson hacer una descripción o utilizar una función referencial singularizadora no implica la existencia de aquello de que se habla. En otras palabras, nombrar y describir son dos cosas diferentes y en algunos casos independientes, en últimas, la posición de Strawson habla de un significado determinado por las condiciones de uso y no exactamente por la existencia de ciertos objetos.

         Ahora, en lo que compete a esta problemática, esto es someramente lo que quería tratar. como puede verse ninguno de los autores resuelve el problema del significado, aunque presentan muchos avances, en la última parte trataré de dar una posible respuesta a la pregunta del comienzo, ¿mostrar y denotar son una respuesta al problema del significado?

4. Ostención o intensión

         Cómo es que podemos comunicar a través de palabras los hechos del mundo? quizá una respuesta adecuada a esta pregunta sea que la ostensión tiene sentido en la medida en que hace posible la convención, pues es por convención que aceptamos el hecho de que una palabra represente un objeto, una cualidad, o una relación entre objetos, sin duda nunca nos referimos a un objeto de forma inmediata pues esto implicaría que andemos por el mundo señalando cosas, o como en aquel país que visitó Gulliver donde todos iban con un gran saco para mostrar todo lo que querían decir, no es esto como decir que los nombres propios se refieren inmediatamente a los objetos? por lo menos para el sentido común es algo difícil de pensar, la referencia a objetos realizada por medio del lenguaje está mediada por la convención, pero a la vez está mediada por la intensión, es decir, por el contenido mental que tenga el hablante o por la actitud que tenga frente a lo expresado. En este sentido podría aceptarse como legítima la distinción de Frege, entre sentido y referencia pues nuestro lenguaje está mediado por los conceptos que tenemos de las palabras, por lo menos en teorías del signo como la de Peirce la relación palabra-mundo es una relación mediata, pues los nombres no se le aplican a las cosas sino a los conceptos que tenemos de ellas.

         Entre tanto Russell convierte en cierto sentido la cuestión del lenguaje que es ya harto complicada en una cuestión prácticamente irresoluble. Al decir que no es legítimo hablar de un significado y una denotación.

 


Referencias

Frege, G. (1991) Sobre sentido y Referencia. Madrid. Universidad de Murcia - Tecnos Págs. 27-48.

Russell, B. (1991) Descripciones. Madrid. Universidad de Murcia-Tecnos. Págs. 49-59.

Russell, B. (1966) Sobre el denotar. Conocimiento y lógica. (pp 51-74). Barcelona: Editorial Taurus.

Strawson, P. (1991) Sobre el referir. Madrid: Editorial Universidad de Murcia - Tecnos.