Año 8 No. 9 Enero - Diciembre de 2015

Parsons y Rawls en la tradición del orden y del control social


Luis alberto Carmona Sánchez 

Universidad Católica de Manizales

luiscarmonasanchez@hotmail.com

 


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

     Con el siguiente artículo, pretendo otorgarle al lector información de carácter pertinente, que lo ayudará a comprender de una manera más precisa y sencilla, las relaciones conceptuales que hay entre el filósofo John Rawls y el sociólogo Talcott Parsons, que mostrarán cómo la teoría liberal de la justicia de Rawls sigue la tradición conser- vadora de la teoría del orden y del control social de Parsons. Para ello, los presupuestos conceptuales de los autores en mención fueron abordados comparativamente.

Abstract

     Through this article, I want to confer to the reader essential infor- mation which will be a great help to fully understand in an accurate and simple way the conceptual relationship between the philosopher John Rawls and the sociologist Talcott Parsons, as well as to show how Rawls’ liberal theory of justice keeps the conservative tradition of the Parsons’ order and social control theory. The relation specified before was presented in a comparative way.

Palabras Clave

Actores, orden, Parsons, política,Rawls, sociedad.

I. La sociedad bien ordenada

     En la sociedad bien ordenada John Rawls advierte la preocupación que mantiene el sociólogo Talcott Parsons en torno a la conservación del orden y el mantenimiento del control social. A continuación, se mostrará de forma más detallada  la  intención  de  cada  uno de los autores respecto al asunto del orden. 

     Talcott Parsons, heredero del funcionalismo durkheimiano, admitió que el orden de la sociedad se preserva en la medida en que se implemente un sistema de cultura que ponga como fundamento   la cooperación. Esta herencia funda una primera conexión entre la teoría de la justicia de Rawls y la tradición de la teoría del orden y del control social expuesta por Parsons. Es divergente el modo como Parsons se refiere a la sociedad en términos de orden, lo cual termina por ser un adalid conceptual en Rawls, quien lo expresa más adelante bajo la noción de ‘estructura ordenada de la sociedad’.

     Una sociedad que cuenta con una estructura bien ordenada garantiza su autosuficiencia, así como la no presencia de intentos de desviación por parte del individuo; de esta manera, se garantiza la estabilidad del colectivo. Sin embargo, la sociedad no se encuentra exenta de dicha desviación, ni en los casos de experimentación teórica, pues ante esto lo que se busca es un mejor proceder bajo la capacidad naturalizadora de la reforma, capacidad con que cuenta el sistema social parsoniano. La integración de los individuos no sufre alteración alguna.

     De esa suerte, el organismo en su conjunto o el sistema integral propuesto por Parsons es constitutivo por un subsistema denominado sistema social, el que termina por ser uno de los miembros funcionales de aquel. Parsons, al respecto, deja claro que la integración funciona por sí misma, con lo que logra garantizar la autorregulación y el surgimiento del sistema cultural en el marco de su teoría. El sistema cultural se sirve de la familia, la escuela y la iglesia para materializar la socialización que termina, armónicamente, con el buen comportamiento y la autorregulación de las personas; frente a lo que la sociedad exige de ellos. Así, bajo el proceso de socialización, la incorporación de valores y normas están dadas para garantizar el cumplimiento de la función de la cultura en la latencia de sí misma. Se evidencia entonces la forma cómo lo que se ha llamado la gran teoría sociológica de Parsons tiene incidencia en la metateoría de Rawls.

     La sociedad bien ordenada de Rawls es posible en la medida  que  su  estructura  básica  contiene y reproduce, en sus instituciones, la concepción pública de la justicia. En términos más precisos, Rawls afirma que la sociedad es efectivamente regulada por una concepción pública de la justicia. Este planteamiento hubiera hecho eco positivo en el funcionalismo heredado por Parsons, pues recuérdese que la máxima del funcionalismo reza que la sociedad tiende hacia la autorregulación y la interconexión de sus diversos componentes (valores, normas, metas, funciones).

     En virtud de lo afirmado, véanse comparativamente dos citas que dan sustento a esto. Afirma Parsons que “una sociedad solamente podrá ser autosuficiente hasta el punto en que por lo general pueda contar con realizaciones de sus  miembros  que contribuyan adecuadamente al funcionamiento societario” (Parsons, 1974, p. 18). Por su parte, Rawls es claro al expresar que “la idea de estabilidad puede introducirse del modo siguiente: a fin de ser estable, una concepción política de la justicia debe generar su propio apoyo y las instituciones a las que conduce deben ser autoejecutables” (Rawls, 2002, pág.170). Son pues, las exigencias formuladas por ambos autores.

     Tanto la incorporación de valores y normas comunes, como la incorporación de una “concepción pública de la justicia”, nace cuando el propósito es el mantenimiento del orden (equilibrio) de la sociedad; en beneficio de la reducción de la intervención militar que pueda padecer en su interior la sociedad que tiene en mente cada autor, pero sin tener la misma consideración si su respectiva sociedad es quien acomete la intervención hacia su exterior. 

 

II. El voluntarismo y la no-voluntad

     El pensamiento de Parsons conoce dos periodos teóricos diferentes en su proceso de maduración; como también sucede con Rawls y su filosofía política. Refiriéndonos al primero, se logra identificar a un primer Parsons quien se preocupa, en gran parte, por la gran teoría de la acción, lo que lo lleva a escribir en 1937, La estructura de la acción social. Posteriormente se puede observar a un segundo Parsons, que expresa su interés por el estudio “macro” de la sociedad, como se encuentra en su obra El sistema social, escrita en 1951. Cabe resaltar que para Parsons, el voluntarismo mantiene su continuidad en la imposibilidad de entrar y salir de la sociedad política estipulada por Rawls.

Con lo anterior podemos concluir, con base en el interés particular que presenta Parsons, que éste, al hablar del voluntarismo, lo hace en el marco de su primer periodo, en el de la teoría de la acción; la cual se constituye de: a- acto unidad, b- voluntarismo y, c- Verstehen1. Para efectos del propósito de la presente exposición, haré mención sólo del segundo componente (b- voluntarismo), el cual hace alusión a las elecciones que hacen los actores en las circunstancias sociales donde se encuentran.

     A causa de las circunstancias (valores, normas, ideas y situaciones) a las que están circunscritos los individuos (actores, según la terminología parsoniana), se afirma que estos no son completamente libres al momento de hacer efectiva su elección. De manera que el voluntarismo no implica libre voluntad.

     En lo que concierne al segundo periodo, encontramos en Parsons el interés estructural-funcional de la sociedad, en donde plantea cuatro imperativos funcionales de todo sistema social (ACIL). Parsons, en tanto sociólogo de la gran teoría, dice que la estructura de la sociedad presenta cuatro imperativos: 1- Adaptación, sistema que satisface las exigencias de los actores; 2- Capacidad para alcanzar metas, todo sistema debe definir y alcanzar sus metas principales; 3- Integración, función de la integración para controlar a los actores; 4- Latencia, mantenimiento de patrones culturales y renovación de la motivación en los actores.

     Como se advertirá, el trasfondo de cada uno   de los imperativos funcionales es la posición que tienen los actores en los mismos, razón por la que los actores, afirma Parsons, no hacen su ingreso  ni deciden su retiro del sistema social de manera voluntaria. Se da pues desde la adaptación del organismo biológico al mundo externo mediante el trabajo, la producción y la distribución, transitando por la capacidad para alcanzar metas, función que desempeña la política mediante la movilización de los actores y de los recursos para un determinado fin, hasta la integración y la latencia. Los actores son parte de la estructura, por ello lo único que les corresponde es incorporarse funcionalmente a la estructura de la sociedad, lo cual no constituye un acto de voluntad. 

     Por su parte, en el caso de Rawls, su posición frente a la de Parsons sobre la voluntad del actor, puede encontrarse en el último período de la vida del filósofo con su acercamiento a los ideales republicanos.

     En La justicia como equidad, una reformulación, nuestro filósofo liberal dice que el individuo no entra voluntariamente en la sociedad política, si se entiende por ésta un “sistema equitativo de coope- ración a lo largo del tiempo, de una generación a la siguiente” (Rawls, 2002, pág. 26), dado que esta sociedad es cerrada. En páginas anteriores de la misma obra había expresado que:

[…] la justicia como equidad, en cuanto concepción del proceso social, se centra primero en la estructura básica y en las regulaciones necesarias para mantener a lo largo del tiempo la justicia de trasfondo para todas las personas por igual, sea cual fuere su generación o su posición social. (Rawls, 2002, pág. 8)

Este asunto nos conduce a plantear uno más específico, como lo es la relación entre el individuo y la sociedad bajo la idea de integración y cooperación social. 

 

III. La idea de integración y cooperación social en la adaptación del individuo a la sociedad

     Para garantizar y mantener el orden y el control social, Parsons consigue teóricamente que la sociedad adapte al individuo a su “normal” funcionamiento, lo que se obtiene gracias a la mediación de los procesos socializadores que incorporan patrones de acción en los actores. Esta idea, en términos de Rawls, se muestra en la necesidad de mantener el orden y la estabilidad de la sociedad mediante procesos educativos, familiares e institucionales que incorporen, en cuanto éstas por sí lo tienen  (las instituciones de la estructura básica), ideas de justicia como equidad.

     Volviendo a Parsons, y a la luz de lo planteado sobre él hasta el momento, se nota con mayor claridad que su interés, en tanto sociólogo, del orden, es saber cómo el sistema controla al actor y no cómo éste crea y mantiene el sistema social. En correspondencia con este interés, y casi en sentido aprobatorio, cuando Rawls se refiere a la cooperación social, deja claro que ésta es “guiada por reglas y procedimientos públicamente reconocidos que los cooperantes aceptan como apropiados para regular su conducta” (Rawls, 2002, pág. 29).

     Estas semejanzas expresas permiten afirmar que, a partir del sistema de cooperación social en Rawls y su semejante en Parsons como sistema social y cultural, se constituyen en la elevación de la teoría conservadora del orden al plano liberal de la justicia.

En síntesis, Rawls continúa refiriéndose a la estructura básica de la sociedad bien ordenada, la que asume como:

[…] el modo en que las principales instituciones políticas y sociales de la sociedad encajan en un sistema de cooperación social, y el modo en que asignan derechos y deberes básicos y regulan la división de las ventajas y surgen de la cooperación social a lo largo del tiempo. (Rawls, 2002, pág. 33)

     En vista del ejercicio comparativo que se viene proponiendo, me permito insistir en destacar  algunos apartados divergentes al propósito definido. Reitera Rawls que “los ciudadanos aceptan como justas las instituciones existentes y no suelen tener deseo alguno de violar o  renegociar  los  términos de la cooperación social, dada su posición presente  y prospectiva” (Rawls, 2002, pág. 171). Parsons, conceptual y políticamente, aprueba la  afirmación de Rawls, al decir que lo indicado por éste es cierto en la medida que los actores compartan pautas valo- rativas, lo cual facilita las actuaciones favorables y/o desfavorables del sistema de valores. Frente a esta declaración de Parsons, Rawls no discrepa, por el contrario, llama la atención sobre la consideración de determinados matices morales y metodológicos que traen consigo el compartimiento  de  este  tipo de posiciones, y básicamente de consideraciones e implicaciones de tipo ético-políticas; que hace llevar a cuesta la similitud conceptual y de contenido existente entre la función que cumple el sistema cultural en Parsons -sobre todo  este  sistema,  que en últimas es el que consolida y mantiene la inte- gración entre el individuo (su personalidad) y el sistema social-, y el “sistema de cooperación social” en Rawls.

 

IV. Ánimo conciliatorio

     La escasa intervención del Estado como legítimo monopolizador de la fuerza física ante las desviaciones sociales y las injusticias evidencia un problema, encabezado por la defensa de  autores  que pretenden solucionar y resolver dicho inconveniente.

     En el caso de Parsons, se asume ineficaz e innece- sario el poder con el que pueda evitarse desviaciones provenientes por parte de los actores, incluso, no reivindica el poder ante situaciones de guerra, y éste ha de ser asumido únicamente como represión física. No es el poder quien mantiene y garantiza el orden de la sociedad, pues este a largo plazo provoca mayor desintegración y “desviación social”, lo que propone controlarse, concluye Parsons. De todas formas, se presentarán conflictos sociales, siendo el caso que, si no es el poder del Estado quien logra imponer y mantener el orden y control de la sociedad, entonces ¿a quién le corresponde asumir esta función? La respuesta ya ha sido tratada: a los mecanismos de socialización (familia y escuela), quienes hacen que el individuo suministre a los actores valores, normas, ideas y acciones comunes; labor de integración que cumple el sistema social y labor de mantenimiento por parte del cultural. Por tanto, el desarrollo y la consolidación de un sistema cultural se fundamentan en la cooperación. 

Para Rawls lo anterior puede entenderse como la intervención que se le concede al Estado, como monopolizador legítimo de la fuerza física; le otorga mayor crédito a lo que denomina “reglas claras, simples e intangibles”, encarnadas, transmitidas y reproducidas por las instituciones que de suyo cuentan con la idea de justicia como equidad. El filósofo es claro en este punto cuando se refiere al segundo rasgo distintivo de la relación política. Dice:

[…] El poder político es siempre, obvio es decirlo, poder coercitivo respaldado por la maquinaria del Estado para hacer cumplir sus leyes. Pero en un régimen constitucional el poder político es también el poder de los ciudadanos iguales considerados como un cuerpo colectivo. (Rawls, 2002, pág. 243)

     Más adelante afirma su planteamiento y lo amplía al señalar que:

[…] Las consideraciones que les mueven [a los ciudadanos satisfechos con la estructura básica de la sociedad] no son amenazas o peligros percibidos que provienen de fuerzas externas sino que son consideraciones hechas en los términos de la concepción política que todos asumen. (Rawls, 2002, pág. 266)

     En condescendencia con Rawls, puede ser incorporada su idea de la desobediencia civil, con la que se podría apoyar un posible espíritu de sublevación necesaria y justa, pero sólo en casos especiales y, por ende, restringidos. Sin embargo -y esto es muestra de la incorporación de ideas republicanas, reveladas críticamente por los mismos liberales rawlsianos-, Rawls sobrepone la idea de estabilidad en la sociedad. La desobediencia pierde poder conceptual, mientras la utopía realista de este autor hace lo propio, tomando mayor fuerza. Por tanto, la idea de una sociedad estable a raíz de cambios operados por su interior no conlleva a amenazas que impidan el desarrollo de la misma.

     Tanto en Parsons como en Rawls, sus respectivos planteamientos sociológicos, filosóficos y políticos, dieron explicación y respuesta a la sociedad que, fundada sobre el orden y el control social, originó la legitimidad en los idearios políticos aportados por los autores considerados. Así, la categoría de cooperación deviene central en el ideario conservador, aunque paradójicamente no deja de ser una consecuencia necesaria el hacerse liberal, de la misma forma como el ideario liberal (sin mayor esfuerzo) se apropia de los principios conservadores.

 

Conclusiones 

     En el presente escrito se puso en juego, bajo notable riesgo metodológico y comprensivo, la relación conceptual existente entre el sociólogo Talcott Parsons y el filósofo John Rawls, en quienes puede leerse una línea delgada de continuidad en sus “metateorías”. Un ejemplo de ello es la obra de Parsons, enmarcada en la tradición académica interesada por el orden y el control social, y la    de Rawls en la tradición contractualista: en esta parte terminan por incorporar y sugerir ideas republicanas que tanto Parsons como Rawls no escatimarían en apropiarse para fundamentar sus respectivos planteamientos.

     De igual manera, se necesita no sólo satisfactorio, sino necesario, continuar con el trabajo exploratorio de asemejar analítica y críticamente los postulados de ambos autores abordados en el presente escrito; labor que se torna gratificante en la medida que las islas interpretativas imaginadas e impuestas externamente sobre las teorías, se desvanecen por la fuerza propia que les subyace a las mismas. En consecuencia, los ejercicios que posibiliten la relación, el habla y el escucha entre los pensadores que tenemos por diversos y excluyentes, serían esenciales en cuanto al aporte interpretativo de la riqueza en las teorías y de la posibilidad de contar con miradas sociales y humanas integrales, más que conceptuales mecánicas y/o aisladas de sus respec- tivas condiciones objetivas en las cuales se forjan    y a las cuales terminan respondiendo bajo compro- miso académico, ético y político.

     Finalmente, nuevas relaciones conceptuales esperan ser advertidas entre los autores trabajados  en el presente escrito, y que con plena seguridad el lector ya habrá aproximado alguna. Por ejemplo, indagar sobre la forma como Parsons trata el estatus-rol mientras Rawls plantea la categoría de los más y menos aventajados;  de  igual  manera  sobre la concepción de familia en ambos, etc. “Vetas en bruto”, que requieren ser cinceladas hasta que adopten formas claras y  sugerentes,  que  iluminen la comprensión de la realidad y la superación de las teorías, con lo que se les hace plena justicia. 

Notas

1 Parsons la asume como la necesidad de analizar la acción desde una perspectiva subjetiva. 


Referencias

Delgado Grueso, D (Compilador). (2005). John Rawls legado de un pensamiento: Universidad del Valle.

Mejía, Quintana, O. (1998). Derecho, legitimidad y democracia deliberativa: Temis.

_________(2005). La tensión republicana en la teoría de John Rawls. En: John Rawls legado de                                           un pensamiento: Editorial Universidad del Valle. Cali.

Mills, C. W. (1961). La imaginación sociológica: Fondo de Cultura Económica.

Parsons, T. (1974). El sistema de las sociedades modernas.: Trillas.

________(1986). Autobiografía intelectual. Elabo- ración de una teoría del sistema social: Tercer Mundo.

Rawls, J. (2002). La justicia como equidad, una refor- mulación: Paidós.

                (1986). Justicia como equidad: Tecnos.

________(1979). Teoría de la justicia. Fondo de Cultura Económica.