Memorias XVII Foro Interno de Filosofía y Letras - Universidad de Caldas

Spinoza y la posibilidad del suicidio racional


Lenny Marcela Simanca Laguna

Universidad Industrial de Santander


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




   La posibilidad de un suicidio racional, para Spinoza, se entiende como la falta de la razón en el suicidio, pues los seres humanos estamos concebidos para perseverar en la existencia, e ir en contra de esto es negar nuestra esencia (conatus). La  esencia  de  lo  humano  es  complejizada  en  la  medida  en  que  se  valoran  sus dimensiones,  es  decir, lo  esencial  en  el  modo  finito, o sea, la esencia del ser humano es razonar,  esto  es, enterarse  de  las  causas  de  sus  deseos  y  de  sus  acciones. No obstante, el  ser  humano viene  al  mundo  y  se  enfrenta  a  éste  con  un  enjambre  de  ideas confusas  y  mutiladas.

   Pues bien, comencemos por evocar el paralelismo de alma-cuerpo que se da en Spinoza, puesto que será fundamental para llevar a cabo esta investigación y poder afirmar la posibilidad de la utilización de la razón al momento de cometer suicidio, o, si por el contrario solo son nuestras pasiones las que nos impulsan a cometerlo.

«El orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas»

    Debemos recordar que en Dios hay infinitos atributos, que posibilitan el conocimiento de él. Sin embargo, los hombres solo pueden dar cuenta de dos: extensión y pensamiento. Hablamos de extensión para referirnos a los cuerpos físicos y de pensamiento para referirnos a la ideas. El meollo del paralelismo es ese: a cada cuerpo le corresponde una idea. De una empanada, por ejemplo, le corresponde, por naturaleza, la idea de la empanada. De este mismo modo, Spinoza une el alma y el cuerpo, en tanto que la idea del cuerpo es el alma. El alma es la que tiene la capacidad de abstraer las ideas de los cuerpos, y el cuerpo tiene la capacidad de afectarse con otros cuerpos.

   En consecuencia, el hombre tiene como causa primera a Dios, dado que él nos concibe en el pensamiento infinito, y, de acuerdo con esto, al hombre, en cuanto es compuesto por múltiples modificaciones de los modos de Dios, le es provisto por la modificación del pensamiento, la cual se constituye en el alma humana como la idea, que es uno de los modos de dichos atributos, y que por medio de ésta tenemos ideas adecuadas o inadecuadas de las cosas percibidas por el alma humana.

   No podemos escapar de nuestra esencia: participar de dos atributos. Allí se halla el problema de la calidad del cuerpo y la calidad de la idea. Es decir, si un cuerpo, que está en buenas condiciones, es capaz de afectarse con otro y lo hace mejor que uno inválido, necesariamente tendrá una idea de igual calidad. Sucede lo mismo en la capacidad o potencia del entendimiento: las personas que carecen de cierta capacidad mental no tendrán la misma calidad de ideas que las demás personas.

   Por tanto, la capacidad corporal de afectarnos con otros cuerpos juega un papel importante en la vida del  ser humano, pues su esencia, esto es, perseverar en su ser, está determinada por cierta capacidad de tener ideas adecuadas. Sin embargo, sin calidad de cuerpo, no habrá calidad de idea.

   No obstante, cabe señalar que la esencia del hombre no es más que una modificación de la esencia de Dios, dado que si se da de manera necesaria, entonces diríamos que hay dos Sustancias con un mismo atributo, lo cual haría que hubiese dos causas primeras; por tanto, sería absurdo, pues «el ser de la sustancia no pertenece al hombre», pero esto no quiere decir que Dios no conciba al hombre, ya que sin Dios el hombre no puede ni ser ni ser concebido.

   Teniendo en cuenta que todo lo que existe y lo que no existe se da por el pensamiento infinito de Dios («a cada cosa hay que asignarle una causa o razón, tanto de por qué existe como de por qué no existe ») y de otros atributos y modos, en los cuales la esencia actúa como potencia de la existencia, ¿en el pensamiento cuales son los modos que le dan cabida al suicidio?, pues Spinoza demostró que los cuerpos se componen de múltiples modos y los conocemos en tanto  nuestra alma y cuerpo son afectados por cuerpos e ideas externas.

  Por otro lado, Spinoza nos expone tres géneros de conocimiento,  en las cuales se observa cómo conocemos. Parafraseo: la primera, es el de las opiniones o la imaginación, la segunda, es la de la razón, y la tercera, es de la ciencia intuitiva. Así nos guiaremos por el primero de estos tres géneros, para tratar de ver uno de los posibles suicidios presentados en la sociedad. Observemos este primer género, pues, es el que nos lleva al camino de la falsedad, en el que, para algunos, es lo que nos impulsa a cometer suicidio, dado que se encuentran nuestras pasiones impulsadas a actuar.

  Si nos dejamos guiar por este primer género, lo que encontraremos en él son ideas inadecuadas, mutiladas y confusas de lo que percibimos de nuestro cuerpo, siendo guiados a tomar  decisiones erróneas sobre nuestra existencia. Pero qué pasa si nos dejamos guiar por los otros dos géneros, los cuales nos conducen a la verdad, y por ende a tener ideas adecuadas de lo que percibimos de nuestro cuerpo, haciendo posible un suicidio racional, y generando más ideas adecuadas de lo que conocemos de las cosas que nos aquejan: podremos tomar decisiones adecuadas sobre nuestros cuerpos.

   De ahí que por medio de la imaginación concibamos, como dice Spinoza, «un imperio dentro de otro imperio», pues tenemos ideas inadecuadas de nuestros cuerpos. De acuerdo con esto, ¿hasta qué punto esto delimita la existencia o la vida de otro ser humano al considerar al hombre un imperio dentro de otro imperio? Para un ser humano es fácil poner sus necesidades encima de las demás personas, ya sea por el poder que ejercen en cada uno de los ámbitos sociales o por el poder que ejercen en su propio cuerpo. Sin embargo, se debe ver hasta dónde se puede tener juicios sobre la vida de los demás y la vida propia, pues aquí se observa más a fondo el poder que puede contener una persona sobre su propio cuerpo, y cuándo es racional su forma de actuar.

    La racionalidad a la hora de suicidarse es algo que en Spinoza no tiene cabida, pues los seres humanos no tenemos una idea adecuada del cuerpo, de manera que lo que imaginamos de éste son afectos producidos por otros cuerpos, donde no solo se da una afección, sino se dan muchas afecciones, provocando que lo que entendemos en cada circunstancia,  sea una percepción poco confiable de nuestros cuerpos. Pero el suicidio no solo es un acto llevado a cabo por una persona en un momento aleatorio, sino son personas que al dejarse guiar por sus pasiones, según Spinoza, se convierten en débiles de mente (alma). Sin embargo, qué pasa cuando encontramos personas que llevan a cabo suicidios asistidos, tratando de evitar un mal mayor, escogiendo acabar con su vida, considerándolo como un mal menor, dado que son personas que sufren cierto tipo de enfermedades degenerativas, que atacan su cuerpo y su mente a medida que va progresando, las cuales, cuando su raciocinio se encuentra intacto, deciden evaluar sus opciones, escogiendo, en este caso, la muerte, apelando al derecho de una vida digna, la cual no tendrían las personas con estas enfermedades.

    En suma, la parte en la que se ve involucrada nuestra alma y por la cual tenemos la interpretación de diferentes afecciones es sin duda la que se verá trastocada por causas externas, haciendo que el suicidio solo se tome de forma pasional, como efecto de los encuentros con los demás cuerpos. Esto por un lado, pero ahora retomemos los suicidios asistidos desde el pensamiento. Cuestionemos qué tan perfectos son los pensamientos en los hombres, pues como atributo de Dios demuestra la perfección y realidad de él, en cuanto piensa todo lo existente, pero qué pasa con la modificación del pensamiento que se da en los hombres, qué tan perfectos nos hace ser esta modificación, puesto que no sólo se involucra nuestro pensamiento, sino también lo que se lleva a cabo a través de éste, haciendo que nos afectemos por las cosas que hacemos realidad… claro está, en nuestra capacidad de seres humanos, y en la concepción que tenemos de pensamiento, que es muy pequeña con relación al atributo del cual se modifica.

   Pues bien, la razón por la cual entendemos el suicidio se encuentra en la utilidad dada. Citó: “cuanto más se esfuerza cada uno de buscar su utilidad, es decir, en conservar su ser y puede hacerlo, mas dotado esta de virtud, y, al revés, en la medida que cada uno descuida su utilidad, esto es, conservar su ser, es impotente”, es aquí donde Spinoza resalta que el suicidio no puede ser racional, puesto que, como se puede buscar perseverar en su ser y atentar contra este, esto por un lado, sin embargo, esto lo podemos refutar en la misma medida, en que se puede desear ser feliz, en tanto nuestros cuerpos dejen de existir en el mundo, sabiendo que la esencia seguirá existiendo en tanto Dios es causa primera de todas las cosas.

   Por tanto, la posibilidad de un suicidio racional se remite a las ideas adecuadas que tengamos, donde entre más causas exteriores nos afecten, más conocimiento tendremos de nuestros afectos. Entonces, de esta forma nuestra alma entenderá las enfermedades, las cuales son las causantes de que se tome la decisión de un suicidio asistido, evaluando cuáles son las consecuencias de vivir con una enfermedad degenerativa, o salvaguardando el derecho a una vida digna, de modo que desde el conocimiento de la enfermedad que nos aqueja se interactúe con la racionalidad de la decisión de acabar con su propia vida.


Referencias

Spinoza, B. (2005) Ética demostrada según el orden geométrico. Madrid: Trotta.

Grey, J. (2016) Reply to Nadler: Spinoza and the methaphysics of suicide. Routledge.