Año 4 No. 6 Febrero - Junio de 2010

Reseña a “Antonin Artaud: un pensamiento expresado en el cuerpo”, de Nataly Penagos Ríos


Sergio Ramírez Agudelo


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




Reseña a: “Antonin Artaud: un pensamiento expresado en el cuerpo”, de Nataly Penagos Ríos

SERGIO RAMÍREZ AGUDELO

Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas.

E-mail: seramo17@hotmail. com  

 “Antonin Artaud: un Pensamiento Expresado en el Cuerpo”, es un texto que plantea desde  un  principio  los  límites  de su discurso y la pretensión del mismo, haciendo del trascurso, sea rutinario o crítico, algo viable para  el  pensamiento. Es de gran importancia resaltar que hacer una  tesis  sobre  Antonin  Artaud,  con  una disposición de escritura que asume los límites conceptuales y prácticos de sus ideas sobre el teatro, pone su obra de palabras amorfas, y construcciones conceptuales que se bifurcan, en un plano más comestible. “Un pensamiento expresado en el cuerpo” se convierte en un discurso que, de la mano con Artaud, intenta replantear el teatro occidental, sacándolo de manera brusca del texto literario y deslindando la analogía teatro-texto, “con  Aristóteles  y  su poética, el teatro se encuentra limitado al texto, y partir de él, la historia  del  teatro se ha identificado con la historia  de escritores dramáticos (...)”. La escritora intenta marcar los límites en los cuales se pone el teatro, en interacción con el texto, buscando el problema que la puesta en escena tiene con la palabra. La separación de la relación teatro-texto se hace poniendo en suspensión la forma, porque ésta mitiga y omite una atmósfera cargada de afectos dentro del escenario, para poder colocar en juego una nueva relación teatro-escena, el cambio esquemático de la relación se hace con dos consignas: 1) el espacio como único lugar posible de la escena teatral, y 2) el gesto como expresión sincera y trágica de la sensibilidad humana. Esto implica una disposición corporal de manera radical en el teatro, el cuerpo se hace protagonista; claro que la autora afirma identificar las limitaciones teórico-practicas de las ideas puestas en galería por Artaud, que a su consideración carecen de una originalidad total, porque ella nos dice que desde finales del siglo XIX la escena teatral ya empezaba a tener importancia dentro de la dramaturgia, creando un “teatro físico”, el cuerpo expresa los hijos de sus desesperaciones, hambre, furia, enfermedad, deseo, miedo, etc. Los instintos básicos llaman al animal interno  a una liberación en la escena, pero llevar   a práctica las teorías de Artaud se hace imposible, porque el hombre es inseparable de la palabra, no hay escritura que pueda resolver la tensión planteada por Nietzsche entre lo dionisiaco y lo apolíneo, tomando como único camino cualquiera de las  dos direcciones. Nataly expone que éste es un problema vital; aunque resalta de manera obsesiva que el cambio de la analogía teatro-texto a teatro-cuerpo, beneficia a la dramaturgia en su impacto como obra de arte en el mundo contemporáneo, porque hará de la atmósfera teatral un lugar cargado del rose monstruoso del actor-espectador, el espacio se llenará de cuchillas creadas por el gesto, y el espectador y el actor se afirmarán como cuerpos envueltos en la “tragedia” teatral, “(...) el teatro de la crueldad es un teatro que se expresa en todo su esplendor un apetito por la vida (...)”.

     El teatro se convierte en afirmación de la vida en medio de la angustia de la época. El cuerpo como lenguaje, el cuerpo como caja de sonidos que aturden en el teatro, que logra la afirmación de la vida, al retornar a la voluptuosidad sensorial del cuerpo.  La  palabra  queda   trasformada en un suspiro lanzado por el cuerpo, y el cuerpo se da como un metalenguaje en el gesto, embriagando al espectador con una percepción estética, que se hace efímera en lo irrepetible, para poder de esta manera acabar con el concepto de imitación y reproducción en el teatro que, la escritora afirma, desdibuja la escena al no causar sorpresa, angustia o delirio, porque se presupone qué es lo que se va mostrar, y  el espectador empezará a marcar límites entre él y el actor. No se puede menospreciar  un  texto  hecho con simpleza de explicación  y fuerza de impacto, en temas donde quizás no se igualan la fuerza de  las  palabras  con la explicación de las posiciones. No es un intento de alterar lugares que ya  están alterados, el texto se da en clave de ponerlos en soltura en aguas calmas, para tranquilidad de mentes menos maniáticas, no se sabe quién lleva de la mano quién, si Antonin Artaud a Nataly Penagos o Nataly Penagos a Artaud, ella aclara ideas de Artaud poniéndolas en la simpleza, y aclara su mente poniéndola en reto con las ideas de Artaud, es un ir y venir en la escritura, que la hace una lectura recomendable para entrar en enfrentamiento con la obra  de este poeta.