Memorias XVIII Foro Interno de Filosofía y Letras - Universidad de Caldas

La transición hacia el neo artista

René Magritte y la posibilidad transformadora del artista

Andrés Mateo Zapata Jaramillo.

Universidad de Caldas.


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




Introducción    

Mediante este ejercicio de escritura e investigación se busca lograr exponer adecuadamente y relacionar a cabalidad la transición del papel que realiza el artista nuevo en comparación con el artista del pasado. Y aparte de esto lograr identificar la transformación e inclusión de valores y objetivos que buscan revitalizar y/o reinventar al artista nuevo a partir de su novedosa visión del arte. Para que esta exposición sea exitosa, se requiere, primero que todo, describir al artista como renovado según el punto de vista de Ortega y Gasset tomando como referente la división del tipo de público al que busca llegar el artista. Luego de plasmar la referencia, se busca describir al artista nuevo, su visión particular de lo que es arte y su tendencia a crear con total libertad a partir de la transformación de las formas.

Para brindarle forma al prototipo de artista moderno, se necesitarán, aparte de la ayuda bibliográfica de Ortega y Gasset, varios conceptos empleados en el trabajo de Hegel      Lecciones sobre estética. Dichas definiciones nos ayudarán a recrear con más ímpetu un tipo de artista desconocido hasta entonces, cuyo proceso de emancipación desemboca en la negación de valores realistas e imitativos del arte y en el reconocimiento forjado de un proceso creativo internalista que termina en una independencia propia.

Un recurso importante para materializar conceptualmente las ideas de Ortega y Gasset y Hegel será la necesaria relación entre las obras plásticas de Magritte (se tomarán obras como Clarividencia, Los amantes, Golconda, entre otras) y los conceptos que nos acerquen más a un análisis cercano de lo que significa ser un nuevo artista: la inclinación creativa, su visión de mundo y su forma de llegar a cultivar un goce estético en el espectador.

Luego de esta intervención, se logra relacionar      El origen de la obra de arte      de Heidegger, con el papel que cumple el artista en la contemporaneidad al hacer referencia a la correspondencia entre lo que le dice el objeto al artista y lo que logra plasmar este en su obra.

 

El nacimiento de un nuevo artista    

Existe una transición considerable entre el artista del pasado y el artista renovado que huye de lo establecido y no acoge la representación fiel de la realidad como expresión artística necesaria en sus tiempos. Cada obra de arte, según Hegel, es una manifestación de la época en la que es creada y se acoge a determinados valores y a ciertas problemáticas. Todos los artistas (sin importar su inclinación estética) comparten una identidad determinada por el tiempo que se basa en valores estéticos establecidos y dependientes de la época. Ya desde la visión de Ortega y Gasset se puede observar lo siguiente: “En arte, como en moral, no depende de nuestro arbitrio; hay que aceptar el imperativo de trabajo de la época” (Ortega y Gasset, 1925, p. 360). De esta manera, se hace alusión a una respuesta por parte del artista a transgredir las formas obsoletas de producir y reproducir el arte para dejar atrás todo capricho y nostalgia ante los métodos, las representaciones miméticas y la realidad como único recurso inconfigurable.

El artista del pasado seducía al vulgo sin más necesidad que apelar a la representación fiel y detallada de la realidad. Constantemente se lograba una microtransición en la masa, que aceptaba una manera de arte innovadora -y que, pese a su prolongado tiempo de aceptación conjunta, no es impopular- y renegaba sobre las formas de arte que eran arcaicas. Corrientes como el realismo y el romanticismo eran aceptadas categóricamente debido a su carácter imitativo de la realidad y su apelación a los destinos y pasiones más humanas.

La irrupción de un nuevo tipo de arte logra una división entre los espectadores, quienes, por un lado, en su mayoría no aceptan ni comprenden las nuevas formas de hacer arte.  Y una pequeña minoría que se ve contenida en un elitismo privilegiado debido a una facultad o don que les permitía entender lo que el nuevo artista quería representar.

Al sentirse en peligro por verse incomunicada de la obra, la masa se siente prescindible y alejada de la obra de arte, mientras que el neo arte empieza a ser la condición necesaria de su tiempo. El espectador tradicional, acogido y arropado por los valores artísticos (que eran determinados por la época) disfruta con euforia una obra de arte al representar afecciones y destinos humanos, y tiene aval de la realidad: “Esto quiere decir que para la mayoría de gente el goce estético no es una actitud espiritual diversa en esencia de la que habitualmente adopta en el resto de su vida” (Ortega y Gasset, 1925, p. 357).[1] 

En contraste a esto, los nuevos artistas se centran en una perspectiva completamente divergente de la realidad en la cual la posición del creador tiene una distancia prudente al público y un estatus en constante ascendencia. Pese a estas cuantiosas diferencias, tanto del artista del pasado  como del nuevo, como del público mayoritario de arte realista influenciado por el romanticismo[CZM2]  y el mismo gremio artístico que tiene el don de identificar lo que es arte y lo que no, lo que es bello y lo que no. Ortega y Gasset quiere definir lo que significa ser un nuevo artista, y como se puede ver en la siguiente cita, él no intenta satanizar los nuevos horizontes que toma el arte: “Yo no pretendo ahora ensalzar esta nueva forma de arte y menos denigrar la última usada en el último siglo. Me limito a filiarlas, como hace el zoólogo con dos faunas antagónicas” (Ortega y Gasset, 1925, p. 359). [3] Más bien, intenta comprender al nuevo artista debido al desinterés y aborrecimiento que le causa el arte del pasado:      

Con estos jóvenes cabe hacer una de dos cosas: o fusilarlos o esforzarse en comprenderlos. Yo he optado resueltamente por esa segunda opción. Y pronto he advertido que germina en ellos un nuevo sentido del arte, perfectamente claro, coherente y racional. (Ortega y Gasset, 1925, p. 359)[4]      

Este nuevo sentido del arte, al que hace alusión Ortega y Gasset, fue también utilizado anteriormente por Hegel. A pesar de las vicisitudes y diferencias marcadas entre las dos posturas, Hegel veía en el nuevo sentido del arte una revitalización del artista y una transformación en su fuero interior, dictaminado por valores estéticos arbitrarios para aquellos espectadores que esperaban del artista una relación idéntica e inamovible entre naturaleza y arte.

Al artista se le  atribuye la virtud de la novedad (tomando esta apreciación como positiva, debido a los resultados y la necesariedad del cambio) y una libertad inabarcable, ilimitada y cambiante. Guiado por los dictámenes internos de su espíritu, este nuevo hombre ejerce una apropiación autoconsciente de su libertad creativa y reconstruye, desde sus cimientos, toda máxima predeterminada y aceptada universalmente. El nuevo creador, al igual que en Ortega y Gasset, tiende al rechazo y a la indiferencia sobre la antiquísima tradición que aceptaba una única forma de hacer arte. Esta inclinación natural del nuevo artista de crear nuevas formas y apartarse de ese tipo de arte enfocado sólo en el deleite masivo, se puede observar en lo que dice Ortega y Gasset referente a la instauración de un nuevo espíritu creativo:

Decía el evangelista: Nolite fieri sicut equus et mulus quibus non est intellectus. No seáis como el caballo y el mulo, que carecen de entendimiento. La masa cocea y no entiende. Intentemos hacer lo inverso. Extraigamos del arte joven su principio esencial... (Ortega y Gasset, 1925, p. 356)[5]     

Ante este desprecio y negación del viejo arte, se reformula una jerarquía de superioridad basada en una nueva sensibilidad y un nuevo concepto de artista     :

Pues la belleza artística es la belleza generada y regenerada por el espíritu, y la superioridad de lo bello artístico sobre la belleza de la naturaleza guarda proporción con la superioridad del espíritu y sus producciones sobre la naturaleza y sus fenómenos. (Hegel, 1989, p.     8)     [6]     

Esta visión hegeliana se puede asimilar, en cuanto a jerarquización, al estatus que adquiere el artista en Ortega y Gasset, producto de la separación entre dos tipos de arte con su respectivo público. La superioridad que afronta el arte surge de una desvinculación entre el artista y lo popular, lo real, lo dado y lo necesario. El artista busca alimentar su creatividad a partir de esta desvinculación y se enfoca más en la creación a partir de formas ya dadas (en Ortega y Gasset se hablaría de una realidad vivida) y ,de esta manera, el creador forja nuevas manifestaciones de dichas formas, configurándolas, deformándolas, reconceptualizándolas.

Pese al carácter transgresor de este nuevo artista, no se debe abandonar la naturaleza ni la realidad vivida, ya que es necesario un referente existente para lograr una mejor aprehensión del espectador: “Un cuadro, una poesía donde no quedase resto alguno de formas vividas, serían inteligibles, es decir, no serían nada, como nada sería un discurso donde a cada palabra se le hubiera extirpado su significación habitual” (Ortega y Gasset, 1925, p. 363). [7] 

De esta manera, se percibe al artista como un cúmulo de posibilidades creativas, que  pueden expresarse gracias a la libertad que le favorece el nuevo tipo de arte[CZM8] . Han existido incontables artistas que conciben su obra con base en su libertad artística, su capacidad transgresora y su metaforización de las formas. El propósito es poder identificar de manera fiel y detallada      los conceptos inmersos en las características del nuevo artista, para esta ardua labor se ha escogido a René Magritte      como representación oportuna del neo artista[CZM9] , debido al alejamiento de la realidad en sus obras, y su contenido rico en cuanto a variedad de concepciones.

 

La libertad creativa del neo artista:

Configuración de las formas desde el surrealismo

El surrealismo, por su naturaleza, suscita demasiada perplejidad debido a la deformación, desidentificación y desarraigo de las formas. El espectador se ve sumido en un océano de incertidumbres, producto del acostumbramiento a las formas. Los cánones establecidos -y con carácter inobjetable- sueltan imperativos a diestra y siniestra, y obstaculizan un desprendimiento de las formas tradicionales.

Ante esta problemática, artistas representantes del surrealismo buscaban, por medio de su producción artística, alejar al espectador de la realidad y un acercamiento con nuevos conceptos, formados y reformados por el artista. Las formas, al ser controladas bajo total libertad, eran manejadas, moldeadas y mezcladas. El autor de la obra surrealista, introduce componentes quiméricos producto del funcionamiento activo de la imaginación, la creatividad de la separación y unión de formas, y el estado de libertad en el que se encuentra sumido por medio de la experiencia onírica.

René Magritte, distinguido surrealista belga, logra plasmar, a través de la semiótica de sus obras, un mundo tergiversado, lleno de elementos comunes o identificables, pero modificados por diferentes causas. Magritte es el artista por excelencia para definir características e identificar concepciones filosóficas acerca de las inclinaciones del neo artista: su libertad creativa, su visión alejada del espectador y su relación con la obra.

Las formas en las obras de Magritte son más que familiares. Hay un grado alto de cercanía entre el espectador y los ítems encontrados en las obras de Magritte, pese a que en la obra están contenidas formas más que conocidas y confirmadas por la percepción del espectador, se encuentran compelidas en desorden, alejadas de su concepción original y generalmente mediante visiones oníricas se refleja una metáfora. En los cuadros de Magritte se logran identificar frutas, atuendos, personajes, objetos de uso común, fenómenos naturales, entre otros. Dichos objetos pierden relevancia por lo que son y ganan importancia por lo que aspiran ser:    

 No se trata de pintar algo que sea por completo distinto de pintar un hombre, una casa, una montaña, sino de pintar un hombre que se parezca lo menos posible a un hombre, una casa que conserve de tal lo estrictamente necesario para que asistamos a su metamorfosis, un cono que ha salido milagrosamente de lo que era una montaña, como la serpiente sale de su camisa.      (Ortega y Gasset, 1925, p. 366)[10]     

Una de las obras más representativas de Magritte es Clarividencia, que muestra cómo un artista toma como ejemplo un huevo para poder representarlo por medio de sus facultades en un lienzo. Ante la subordinación que infunde el objeto, el artista no logra realizar la imitación y no realiza lo que es esperado o predecible. El artista reflejado en Clarividencia concluye su ejercicio artístico al hacer de ese huevo una representación de un ave. Aristóteles en el libro IX de La metafísica, habla de la existencia de un acto (lo que es) y una potencia (lo que tiende a ser). La posibilidad metamórfica del artista se ve reflejada en la tarea de trasladar con diferentes y mejores propiedades, el acto (el huevo) con sus propiedades determinadas y sus características conocidas públicamente, hacia una visión “clarividente” o “profética” del acto, el cual sería la potencia (el ave).

También, pese al cálculo cronológico y al cambio de propiedades de la sustancia que se plasma en el lienzo, Magritte representa en su cuadro un artista transgresor, visionario y con nuevos intereses. El artista en Clarividencia, no busca recrear detallada y fielmente la realidad sino, más bien, enfocarse en el acto como punto de partida de la realización de una metamorfosis de las formas. El neo artista, reflejado en la obra de Magritte, no responde a necesidades impositivas y adversas a sus intereses; no sigue cánones, ni acepta las formas como dadas ni necesarias, sino que se atreve a romper con los prejuicios y hace de su libertad un producto de su espíritu, una necesariedad creativa.

La negación categórica de las leyes reguladoras del arte, que se manifiesta en las obras más transgresoras de Magritte, se puede explicar desde Hegel cuando se aleja lo que se considera bello y artístico en las formas legisladas por la universalidad:

Pero, en comparación con la naturaleza, es en el espíritu en general, y sobre todo en la imaginación, donde parecen estar particularmente a sus anchas el arbitrio y la ausencia de ley, y esto se sustrae por sí mismo a toda fundamentación científica.      (Hegel, 1989, p. 10)[11]     

Esta “ausencia de ley", le permite a Magritte, mediado por la imaginación, generar cuadros fantasiosos en los que la realidad está desligada de las formas tradicionales. Cualquier vacilación en la creación de formas en su mente será propicia para condicionar en el artista      una libertad creativa: “En efecto, formalmente considerada, cualquier ocurrencia, por desdichada que sea, que se le pase a un hombre por la cabeza será superior a cualquier producto natural, pues en tal ocurrencia siempre estarán presentes la espiritualidad y la libertad.” (Ibid.). [12] [CZM13] Dicha libertad será la guía del artista en su misión de revolver las formas y conceptos para crear un manifiesto simbólico de la fantasía que va más allá de lo cognoscible encontrado en las formas primitivas.

 

El neo artista y la deformación de su entorno natural

Al observar la libertad creativa y el alejamiento de las formas tradicionales en Magritte, se busca hacer contrapeso a un tipo de arte que ya ha tendido a desaparecer. La realidad, aceptada mayoritariamente, es invisibilizada y permeada por una realidad más interactiva, más libre, e influenciada por elementos extra reales, encontrados en la imaginación del artista. Hegel ya lo había visionado, el arte ha muerto, o al menos sus formas más primigenias, universales y canónicas. Ante esta muerte, Magritte, por medio de sus obras plásticas, no hace más que cambiar formas tradicionales, inyectarlas de vitalidad y fantasía; y además, atribuirle a los objetos características y definiciones diferentes e incluso contradictorias.

Magritte escapa de los cánones y se resguarda en la anteposición de conceptos de sus pinturas y el manejo autónomo de las formas. En su obra Golconda hay una anteposición de conceptos y un cambio de lugares naturales. En Aristóteles, las sustancias tienen una orientación que los dirige hacia su lugar natural. La causa final es la meta o el lugar hacia donde los objetos dirigen su movimiento o cumplen una labor natural implícita en su causa interna. La tendencia del hombre a tener un movimiento rectilíneo uniforme descendente es absurda, debido a que su orientación natural no le permite realizar este tipo de movimiento y su causa final es diferente a la del agua, que tiende a moverse rectilíneamente hacia el centro de la tierra. En Golconda, se transgrede el movimiento teleológico del hombre al equipararlo con las gotas de lluvia que  ejercen el movimiento natural del agua. Su causa final es implantada, no por principio ni leyes de realidad, sino por capricho del artista para poder manejar la realidad a su antojo y permitir un análisis meta real de las formas.

En Golconda hay una transposición de propiedades, en la que el artista traslada las propiedades del agua y su función fluvial a las propiedades del hombre adversas a estas. Así es que Magritte ignora las propiedades naturales de las cosas y juega con estas para recrear formas impensadas e irreverentes:

La “realidad” acecha constantemente al artista para impedir su evasión. ¡Cuánta astucia supone la fuga genial! Ha de ser un Ulises al revés, que se liberta de su Penélope cotidiana y entre escollos navega hacia el brujerío de Circe. Cuando logra escapar un momento a la perpetua asechanza no llevamos a mal en el artista un gesto de soberbia, un breve gesto a lo San Jorge, con el dragón yugulado a los pies. (Ortega y Gasset, 1925, p. 366)      [14] 

 

La esencia del objeto en la creación del neo artista

Pese a que el artista ha acogido en su lecho la libertad creativa que mora en su ser,      ha deformado los elementos de la realidad a su antojo, ha antepuesto los componentes de la naturaleza y contraposicionando conceptos; el neo artista también logra divulgar una verdad implícita en su obra con base en elementos pertenecientes a la realidad, pero deformados.

Heidegger pensaba que el acercamiento a la obra era un desocultamiento de la verdad latente en cada cosa reproducida por el artista. Cualquier cosa que es constituyente de un cuadro de Magritte, transfiere un desentrañamiento oculto, insondable y parcialmente privado al espectador.

La mimesis en la obra del neo artista se ve reducida por su recreación alternativa de la realidad. Esta técnica ha perdido trascendencia artística debido a la negación de los imperativos estéticos kantianos, el prejuicio latente y conservador sobre la superioridad que tiene la naturaleza como universal; la inconformidad, el rechazo masivo al arte tradicional y realista; y la transfiguración y tergiversación de formas al gusto de la libertad del espíritu. No sólo la mimesis ha perdido su rumbo por las razones mencionadas, sino que además, ha perdido considerablemente la correspondencia que en tiempos remotos tenía con la verdad.

El desocultamiento de la verdad en la obra de arte, según Heidegger, no busca que el artista se enfoque por medio de la producción mimética en entablar una relación que delibere la verdad:      “Así pues, en la obra no se trata de la reproducción del ente singular que se encuentra presente en cada momento, sino más bien de la reproducción de la esencia general de las cosas”      (Heidegger, 2010, p. 26). [15] Esta esencia general de las cosas es a lo que, en realidad, pertenece ontológicamente la cosa. Así su imagen sea deformada, reinterpretada, contenida en otra, contrapuesta o desfigurada; la esencia de las cosas se conserva en cuanto a lo que es y no en cuanto a su representación mimética.

Las cosas en cuanto a lo que son y representan, han sido ampliamente protagonistas de los cuadros de René Magritte. La manzana que opaca el rostro del hombre en El hijo del hombre, el velo que cubre los rostros de los personajes en Los amantes, la roca que conforma un castillo en su cúspide en The Castle of the Pyreneeso, la paloma que intercepta nuestra visión de un hombre con un sombrero en Man in a bowler hat; son cosas u objetos que expresan su propia esencia, pero no contribuyen a un ejercicio mimético juicioso, sino que más bien expresan su esencia mediante el desocultamiento de la verdad. El espíritu del objeto y su función en la obra, distan de lo que miméticamente debe cumplir como obra. La verdad prima en la esencia de la cosa, mas no en la representación tajante, realista y tradicional de lo que debe ser una cosa.

Se vuelve impensable, que haya en la obra Los amantes uno velo que cubra los rostros de los protagonistas. A fin de cuentas, el velo puesto en sus rostros, permite una sensibilidad mínima en cuanto a lo que produce un beso, hablando sensorialmente. Los labios se encuentran incomunicados debido al objeto. De esta manera, el velo no permite la realización de una acción que se puede observar cotidianamente en parejas que se atraen, y quieren expresan su intimidad. Aun así, a Magritte le es indiferente, ya que esta cosa cumple en el cuadro una labor mucho más que simbólica: la esencia del objeto (velo) no es el que tradicionalmente se le atribuye, no cumple con su labor primigenia; un velo sirve para ocultar de la vista alguna cosa, mas no para evitar que una pareja tenga éxito en sus inclinaciones pasionales.

La verdad que expresa la utilidad de la cosa, no yace en su funcionalidad determinada, sino en su esencia como cosa. Como objeto, el velo que cubre a los amantes no expresa una necesidad de estar ahí, ni hace parte de la amalgama de objetos necesarios en la cotidianidad de un hogar. Más bien, este objeto expresa una incomunicación y una no consecución de la acción que pretendía ser exitosa. El objeto nos habla, nos expresa la verdadera esencia de su utilidad y su participación en la obra. “Cuando en la obra se produce una apertura de lo ente que permite atisbar lo que es y cómo es, es que está obrando en ella la verdad” (Heidegger, 2010, p. 25). Y así, el velo que incomunica la consecución de la representación pasional del beso, desoculta su verdadera esencia, que no es la que tradicionalmente le atribuimos. La esencia manifiesta el verdadero sentido del objeto en la obra, basado en su función en la realidad, pero con una representación simbólica de la cosa y lo que quiere decir el objeto como protagonista en la creación artística.

    

Conclusión: Entre la aceptación y la negación

A pesar de la imposición creativa por parte de una forma de hacer arte que surge de lo tradicional y lo natural, hay una transición comprendida en una serie de artistas que desean solamente obedecer a los mandatos de su propia consciencia. Al tomar una posición centrada en un núcleo de libertad que va hacia todas las direcciones, el neo artista encuentra más formas de realizar su labor.

Dependiendo de cada época, el artista logra, por medio de su imaginación, una sincronía con las problemáticas y/o técnicas de su tiempo. La imitación, el realismo, el romanticismo y demás formas de hacer arte quedan puestos en tela de juicio debido a su carácter invariable y estático. El arte, en su proceso de desarrollo, nunca va a quedar estancado en una vacua estaticidad, debido al cambio propio del hombre e inherente y connatural a la obra como producto de un desarrollo creativo.

Por esta característica propia del arte, como es la movilidad continua y el constante devenir, el artista se construye y se reconstruye cientos de veces. Partiendo de una reivindicación de la propia autoconsciencia, acompañada de nuevos valores estéticos, el artista logra ser parte del proceso continuo del arte hacia el cambio constante, ante la nula estaticidad. El punto de inflexión del neo artista ha sido los postulados de Hegel respecto a la jerarquización de la belleza, en la que se devuelve la dignidad a un creador ilimitado que se basa sólo en su espíritu para recrear, mediado por la creatividad encontrada en su propio fuero, una obra totalmente nueva alterna a los designios de la naturaleza como único recurso artístico.

Desde ese momento, el trabajo del neo artista se constituyó a partir de una serie de características encontradas en sus obras, que podían metaforizar totalmente su visión y sus respectivas inclinaciones. A lo largo de la configuración del artista se puede evidenciar un nuevo sentido, alejado de las formas arcaicas e imitativas de hacer arte. Algunos elementos que se pueden identificar en la creación del artista y su visión particular de las cosas son una libertad indeterminada, un encuentro con la verdad en la obra de arte que parte de las exigencias de la época y de la esencia de los objetos, y la reformulación de formas mediante técnicas tanto prácticas como conceptuales.

René Magritte, encarna todas estas características que se pueden identificar en el neo artista. Su visión alejada del arte tradicional y su enfoque desvirtuado de la realidad, lo hacen merecedor del atributo de neo artista en el pleno esplendor de la palabra. Por medio de sus obras, René Magritte no ignora las formas establecidas, sino que, partiendo de estas mismas, convierte, mezcla, deriva, transforma y ejerce a su antojo la capacidad creativa de su facultad más sagaz: la imaginación. Tomándose licencia de su carácter libre como creador, Magritte logra reconceptualizar el proceso artístico hacia una expansión del horizonte. Mientras que en el arte tradicional la obra se nos mostraba como dada, Magritte, como neo artista, logra enfocar al espectador no en la punta del iceberg, sino más bien en el contenido rico en imaginación, fantasía y onirismo.

La reconceptualización es clave en la obra del neo artista, debido a la atribución de propiedades, conceptos, realidades y demás características a un objeto o forma tomado como dado e intransferible. Es así como las formas se desdibujan, se implantan en otras y se recrean en diferentes ambientes. Todo este manejo de formas por parte del neo artista es prueba práctica de la negación de aceptar las formas como establecidas e inconfigurables. Esto demuestra que el artista renovado es totalmente libre de ejercer su soberanía ante la obra. La expresividad, las connotaciones y el contexto son determinados por el artista.

Es así como mediante el empleo de las formas en su total arbitrio, artistas como Magritte muestran fácticamente el producto de su libertad compositiva. Aparte del enfoque del neo artista como transformador, sus obras alcanzan un carácter desvelador. Toda obra de arte carga con una verdad oculta en la esencia de los objetos. Es así como el neo arte no logra beneficiar su desarrollo basado en la realización y consecución de la verdad por medio de la imitación, sino que por medio de la esencia y lo que sugieren las cosas se puede llegar a esta.

Finalmente, se puede observar al artista de hoy desde un enfoque totalmente distinto al del artista del pasado, que buscaba una adaptación de las formas en la obra de arte      sin salirse del color convencional, las formas estipuladas y la técnica aprehendida a través del tiempo. El artista va en constante cambio y la novedad como virtud es su estandarte. Es crucial la guía de su propia libertad en su proceso creativo. La negación del arte viejo, olvidado y mimético y la aceptación de un arte renovado, relevante y libre, hacen del artista un creador renovado, cuyos valores y principios se basan en la libertad, la verdad y la creatividad.


Referencias

Hegel, G. (1989). Lecciones sobre estética. Akal. Madrid.

Heidegger, M. (2010) Caminos de bosque. Alianza Editorial. Madrid.

Ortega y Gasset, J. (1925). La deshumanización del arte. Tomado de: https://monoskop.org/images/3/39/Ortega_y_Gasset_Jose_1925_1947_La_deshumanizacion_del_arte.pdf