Memorias XVIII Foro Interno de Filosofía y Letras - Universidad de Caldas

¿En qué consiste el valor de las ideas religiosas si Dios no hace falta en la sociedad?


Sandra Mendieta, Naidú Villegas.

Universidad de Caldas.


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




Es seguro que la iglesia se ha convertido poco a poco en algo grosero y rustico, que repugna a una inteligencia delicada, a un gusto propiamente moderno… Hoy, más que seducir, aleja.

Friedrich Nietzsche.

La genealogía de la moral.

No parece nada fácil dar respuestas a esta cuestión, pero después de leer detenidamente La genealogía de la moral de Nietzsche y El porvenir de una ilusión de Sigmund Freud profundizamos en lo siguiente:

Una de las opiniones que le atribuimos a Nietzsche en cuanto a las ideas religiosas es que el hombre tiene miedo, es decir, tiene el reblandecimiento moderno de los sentimientos donde vacila la fe en la moral. En este sentido, la fe tiene muchas connotaciones morales, algo así, como una costumbre o un camino donde el telos es siempre ascender, porque nuestra condición es una caída así como lo pensaba Platón un poco cristianizado, de acuerdo con esto, a la religión nunca le ha interesado decir la verdad, la práctica de la religión hace a las personas débiles y esclavas, propias de un rebaño, como lo afirma Nietzsche, dispuestos solo a ser siervos.

De acuerdo con esto, hay algo que nos impide aceptar nuestra realidad, por eso se tiene esa especie de sed en la búsqueda de algo ¾ la religión ¾ como el continuo devenir del mundo, sin dejar de lado que en las religiones se amalgaman, como se decía en el párrafo anterior, personas esclavas y débiles, las cuales no cuentan con el desarrollo para el auto-reconocimiento de la superación personal como un acto reflexivo, como un encuentro de todos los deseos de quietud, ideales, tranquilidad y en vez de esto, la religión obliga al hombre actuar con miedo. Detrás de la redención hay culpa, arrepentimiento y pecados, y detrás de esto se justifican cosas terribles; y al contrario, como piensa Nietzsche, todo hombre que atente contra la vida de otro no puede ser considerado bueno; en este sentido la religión le hace un desaire a todo deseo que el cuerpo tenga. Es acá precisamente donde Nietzsche afirma que “los sacerdotes son los enemigos más malvados. ¿Por qué? Porque son los más impotentes. A causa de esa impotencia el odio crece en ellos hasta convertirlos en monstruos. Los máximos odiadores de la historia universal” (Nietzsche, 1887, p. 39)

Quizás, no se pueda entender porque  todas las cosas largas son difíciles de ver, difíciles de abarcar con la mirada, pero para tratar de esclarecer un poco en que consiste el valor de las ideas religiosas, es preciso mencionar como la religión forma parte de una oculta magia negra, de una política verdaderamente grande de la venganza, es decir, algo de fuerza atractiva pero embriagadora, aturdidora y corrupta como lo es el símbolo de la “santa cruz”, aquel misterio y auto-crucifixión de Dios para la salvación del hombre, como lo afirma Nietzsche cuando atiborra al cristianismo donde esa idea de eternidad y redención es una idea errónea, donde se puede considerar esta victoria religiosa como un envenenamiento de sangre, donde tal intoxicación ha logrado éxito (la redención) y se encuentra en optima vía, donde todo se cristianiza o se aplebeya. “la marcha de ese envenenamiento a través del cuerpo entero de la humanidad parece incontenible”. (Nietzsche, 1887, p. 158).

Así las cosas, las creencias del hombre tienen una base de moralidad cristiana, una pusilanimidad humana, se puede resaltar en este sentido que al desaparecer la idea de Dios también pueden escabullirse los valores que se han anexado al hombre, en consecuencia con esto al desaparecer las prohibiciones, el temor, los mandamientos religiosos, el hombre podrá recuperar su coacción y así abandonar la idea de “entrar al reino de Dios, el reino de del cielo” ese taller donde se fabrican ideales – me parece que apesta a mentiras.

De acuerdo con lo mencionado anteriormente Nos permitimos ahora desarrollar algunas de las opiniones de Sigmund Freud, en El porvenir de una ilusión, cuyo tema central es la religión y hay afirmaciones severas de que las religión está basada en una ilusión, así, la religión puede ser peligrosa para la cultura, pero aun después del correr del tiempo se ha retenido este ideal por diversas civilizaciones. Como la afirma Freud cuando dice “…las religiones son más estimadas que las artes de beneficiar los tesoros de la tierra, procurar a la humanidad su alimento o vencer las enfermedades. Los hombres creen no poder soportar la vida si no dan a estas representaciones todo el valor al que ellas se aspira” (Freud, 1927, pp. 158-159), las civilizaciones crean las representaciones religiosas, así lo confirma Freud “he intentado mostrar que las representaciones religiosas han nacido de la misma fuente que todas las demás conquistas de la cultura… Para corregir las penosas imperfecciones de la civilización” (Freud, 1927, p. 162)

En este aspecto la religión es entonces un legado de generaciones anteriores., “y las ideas religiosas no son entonces presentadas como una revelación divina.” (Freud, 1927. Pag.159) sino más bien como un cúmulo de ilusiones, de deseos, como un aliento para las injusticias de las civilizaciones, de las leyes, como un debilitamiento del hombre, como un precedente infantil, como la necesidad de una instancia protectora; esta es la raíz de la necesidad religiosa. De modo que la indefensión humana es el papel principal del origen de la religión.

Para clarificar un poco lo dicho previamente, el totemismo y las religiones deístas tuvieron que ser sustituidas por un dios humano para así satisfacer la necesidad de protección del hombre así lo manifiesta Freud y hace una exposición de cuando el niño esta pequeño la madre satisface el hambre y por tal razón se constituye como el primer objeto amoroso y por ende en la primera protección contra los peligros del mundo exterior; pero luego viene el padre más fuerte el cual le inspira temor y cariño., es de aquí donde se afirma que “el individuo en maduración advierte que está predestinado a seguir siendo siempre un niño necesitado de protección contra los temibles poderes exteriores” (Freud, 1927, p. 162) en consecuencia con esto se crea los dioses, esas representaciones religiosas que la civilización facilita al hombre.

En que consiste pues el valor de las ideas religiosas, una de las respuestas que le podemos atribuir es entonces que “son principios y afirmaciones sobre hechos y relaciones de la realidad exterior o interior en los que se sostiene algo que no hemos hallado por nosotros mismos y que aspiran a ser aceptados como ciertos.” (Freud, 1927, p. 165) es decir, que tiene una explicación subjetiva y relacionada con la particularidad del lugar, dicho de otra manera, la cultura.

Según Freud si nos preguntamos en que se funda la aspiración de ser aceptados los principios religiosos, recibiremos tres respuestas:

  1. En principio, que debemos aceptarlos porque ya nuestros antepasados los creyeron ciertos.
  2. Se nos aducirá la existencia de pruebas que nos han sido trasmitidas por tales generaciones anteriores.
  3. Se nos hará saber que está prohibido plantear interrogación alguna sobre la credibilidad de tales principios. Tal atrevimiento hubo de castigarse en épocas pasadas con penas severísimas., todavía actualmente lo ve con disgusto la sociedad.

En efecto la sociedad no conoce muy bien en que se fundamentan sus principios religiosos, y ningún principio puede demostrase a sí mismo. “la imposibilidad de demostrar se ha hecho sentir en todos los tiempos y en todos los hombres, incluso a aquellos antepasados nuestros que nos han legado la herencia religiosa. Muchos de ellos alimentaron seguramente nuestras mismas dudas, pero gravitaba sobre ellos una presión demasiado intensa para que se atrevieran a manifestarlas” (Freud, 1927, p. 165) resulta en tal caso que estas dudas han atormentado a muchos hombres de donde nos aducen en favor de la credibilidad de los principios religiosos proceden del antepasado y han ejercido gran poder sobre la humanidad, sin embargo hay falta de garantías donde la religión es pues, un pensar con el deseo y el secreto de su fuerza esa precisamente allí.

“calificamos de ilusión una creencia cuando aparece engendrada por el impulso a la satisfacción de un deseo” Es decir, el dogma religioso es una ilusión indemostrable y no es licito obligar a nadie aceptarlo como cierto; pues hay muchas personas que tienen como único consuelo la doctrina religiosas y solo con ello pueden sobrellevar la vida y las crueldades de la realidad sin dejar de lado que los sacerdotes han sabido traficar con los mandamientos religiosos donde los pecadores se rescatan con penitencias, esta doctrina religiosa nos muestra la verdad deformada y disfrazada.

Para finalizar este escrito queda demostrado entonces que la religión como hemos tratado de exponer es un falso sistema de creencias, una satisfacción de deseo, ilusiones y de allí se desencadena nuestro patrimonio cultural, lo que se quiere proponer es sustituir la moral que tiene muchas implicaciones religiosas por una ética laica, una educación en la cual se pueda vivir sin ilusiones así aceptando la realidad para no doblegarse o estar aplastado ante esos falsos “principios religiosos. Pues nadie puede estar obligado a creer o engañarse a sí mismo. Además es muy conveniente dejar a Dios en sus divinos cielos y reconocer honradamente el origen puramente humano de los preceptos de la civilización con lo cual implicaría un redescubrimiento del ser interior y así retornar al alma para conocerla y comprender que el ser humano debería superar sus limitaciones y sus miedos, y en lugar de esto proponerse sueños que lo conduzcan al autocuidado, la restitución de los valores que demuestren un camino de crecimiento y desarrollo constantes. Solo así es posible recordarse a sí mismo, y en este sentido Dios no hace falta en la sociedad porque no sirve para nada al hombre.

 

 


Referencias

Freud, S. (1927). El porvenir de una ilusión. Alianza Editorial; Madrid.

Nietzsche, F. (1997). La genealogía de la moral. Alianza Editorial; Madrid.