Memorias XVIII Foro Interno de Filosofía y Letras - Universidad de Caldas

Concepciones sobre el poeta y su quehacer en la obra de Nietzsche


Andrés Felipe Llano Henao.

Universidad de Caldas.


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




En el transcurrir de este pequeño trabajo daremos un vistazo al concepto que tiene Nietzsche del poeta: hombre de naturaleza quimérica contagiado del espíritu trágico dionisíaco que desde la Grecia antigua fundó el arte teatral. Vamos a dar un vistazo al quehacer de este enigmático personaje que, con vocación de mentiroso logra transvalorar toda ley moral establecida y con espíritu de niño se dispone mediante el juego a crear una moral para sí mismo. Se convierte en un extraño para aquel pálido criminal que, perplejo por la audacia del poeta, se dispone como mosca a sofocar con el veneno de la envidia a este ser con vocación de superhombre.

La poesía es un arte, por así decirlo, un poco despreciada por su carácter inverosímil. Pareciese que no hay algo más menospreciado por la academia que los poetas; ese desarraigo del lenguaje lógico e irrespeto por las conceptualizaciones, evoca innumerables odios. Al Poeta no le importa el orden, el ser virtuoso no está en sus intereses. Vive en un caos eterno, en una interna lucha consigo mismo. Habita bajo los haraposos vestidos del irreverente Dionisio -dios del vino- , aquel que incita a los vicios y la degeneración, a la desinhibición y exaltación de las pasiones. Y tal vez en realidad sea un falso, como hace alusión el poeta portugués Fernando Pessoa:

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente,
y, en el dolor que han leído,
a leer sus lectores vienen,
no los dos que él ha tenido,
sino sólo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
distrayendo a la razón,
y gira, el tren de juguete
que se llama corazón. (Pessoa, s.f.)

El poeta es un fingidor, pero aun así, en él hay algo de verdad, en sus letras hay algo de belleza. En la cruda exaltación de sus sentimientos hay algo de fáctico y es que, detrás de tanta irreverencia se esconden historias. Tras la infinidad de máscaras que esconden su verdadero rostro, hay una historia trazada por una serie de acontecimientos trágicos. El poeta es un amante de la vida y por esto la acepta así como viene siempre, floreciente; pero a la vez entendiendo que como cual víbora, en algún momento necesitara cambiar de piel. Como cual ave fénix, deberá entender que algún día la pálida muerte tocará su puerta y solo le quedará aceptarla para así poder renacer con más fuerza.

En la obra Verdad y mentira en sentido extramoral, Nietzsche describe la verdad como un modo de expresar lo que se siente. Por ello, señala que los animales están hechos para mentir. No obstante, ellos no son los únicos que mienten. El hombre, animal racional, también lo hace, dado que su objetivo es asegurar su supervivencia y la relación con los demás. Hay ocasiones en las que el mentir resulta algo provechoso. Sacamos ventaja de la mentira cuando esta nos puede producir mejores beneficios que ser sinceros. Somos egoístas de cierta manera, actuamos para nuestros propios intereses, como bien lo expresa Hobbes en El Leviatán: “El hombre es un lobo para el hombre.” Una bonita metáfora que mucho tiene que ver con la forma como actuamos los seres humanos en la mayoría de los casos. Hasta en la solidaridad hay algo de egoísmo, siempre al ser solidario se espera sentir algún tipo de satisfacción.

La elaboración de metáforas es fundamental para el hombre, señala Nietzsche, la eliminación de estas significaría la eliminación del hombre mismo. Citando a Nietzsche en Verdad y mentira en sentido extra moral: “únicamente por el tejido rígido y regular de los conceptos sabe el hombre lúcido que está lúcido; así es que, cuando el arte desgarra ese tejido de los conceptos, llega a creer que está soñando”. El hombre mismo tiene una irreductible propensión a dejarse engañar. El intelecto es un gran maestro cuando de fingir se trata. Está libre y eximido de servirse de lo racional mientras sepa engañar. Ese ingente entramado de conceptos al que se aferra el hombre indigente, es para el intelecto un juguete que sirve para sus más atrevidas acrobacias; al destrozarlo, y volverlo a componer, irónicamente pone en evidencia que no tiene necesidad de esos expedientes de la indigencia y no es guiado por conceptos, sino por intuiciones.

Nietzsche propone que en nuestra vida nos podemos encontrar con dos tipos de hombre: el hombre racional y el hombre intuitivo. El primero teme a la intuición y el segundo a la abstracción. No obstante, el problema está en que ambos pretenden gobernar la vida: el hombre racional, sabiendo hacer frente por previsión, prudencia y regularidad; y el hombre intuitivo, pasando por alto como héroe pletórico y alegre, la vida, tomada como real y acondicionada a la ficción y a la belleza; este es el artista, el poeta

Para entender un poco la noción que Nietzsche tiene del poeta debemos entender primero en que consiste  la génesis del artista. Por esto debemos tener en cuenta que para Nietzsche la creación artística sustituye a la divina. Se revela ese peculiar indicio al sostener una voluntad ciega e irracional que recrea el mundo, donde el poeta resulta ser guía de esa seducción. La metafísica1 es estética. El artista es el ente por el que nacen todas las cosas.

Parafraseando al filósofo y poeta romano Lucrecio, a través de lo onírico el hombre crea los dioses. Esta idea se contrapone  a la metafísica tradicional y da un atisbo de lo que en Así habló Zaratustra se concibe como el súper hombre, también se pone sobre la mesa la idea de la muerte de Dios, pensamiento presente en la obra de Nietzsche recién mencionada. En el poeta se encuentra la imagen del soñador. El artista pinta la bella apariencia de los mundos oníricos en el supuesto del arte figurativo; en constante creación vive el Poeta. Duerme a los ojos del mundo, pero vive despierto ante la vida. A través del sueño y la embriaguez, muestra la manera cómo el mundo siente el mundo. En el sueño, desde la perspectiva del filósofo y psicoanalista Sigmund Freud, se representa el inconsciente del soñador. Así pues a través del sueño, en ese juego de la subjetividad, del inconsciente, el ser humano llega a algo que dentro de la filosofía de Nietzsche se le llama Principio de Individuación. El poeta a través del sueño busca su independencia y encuentra esa liberación de todo presupuesto moral que le ha sido impuesto; vuelve a sí mismo para encontrar dentro de sí su propia genealogía moral, destruyendo todo atisbo de adoctrinamiento. El poeta mata a Dios y se hace dueño de sí mismo.

El poeta no sabe lo que es contener sus pasiones. Las desborda Lo que nos hace sospechar que hay mucho de Dionisiaco en él. Este pintor de lo onírico no escatima límite alguno en sus pasiones y pinta un mundo en el cual logra proponer su propia verdad, donde alcanza su individuación. Citando de nuevo la obra del pensador alemán Verdad y mentira en sentido extramoral: “Los poetas no tienen el pudor de sus aventuras; las explotan.” (Nietzsche,1873). Al poeta le es indispensable “explotar”, ya que es propiamente el terreno que le compete para la fecundidad de sus aventuras. No le antecede una moral. Durante la creación artística no hay críticas propias o ajenas que valgan, sino que, podría decirse, “inaugura la nueva obra de arte”.

Por otra parte, el filósofo en Nietzsche se le puede llamar de tres maneras distintas, según, se nos muestra en Más allá del bien y del mal. Lo menciona como el filósofo, después, el filósofo del porvenir y luego como el verdadero filósofo. Cada uno es distinto. En el caso del primero, tiene como características los prejuicios que lo inundan, es decir, su amor por la verdad única, ser dialéctico, llevar dentro de sí intenciones morales, poseer un espíritu científico siempre objetivo, creer que existe una naturaleza, creer en la voluntad; al mismo tiempo, establecer un mundo dual, puesto en contradicción, algo digno de metafísicos. En el caso del segundo, el filósofo del porvenir es innombrable, ya que todavía se está creando como en el caso de un niño que se encuentra en el vientre de su madre, en este no haré hincapié. En tanto que el tercer caso, el verdadero filósofo, va más allá del bien y del mal, es decir, integra el juicio falso y verdadero, bueno y malo, cuerpo y alma, en fin, todo cuanto sea metafísico. Para el verdadero filósofo el alma es una proporción del cuerpo, el espíritu del instinto, lo bueno de lo malo. En este tercer personaje desde una perspectiva nietzscheana se encuentra el poeta

Para contrastar, el poeta se encuentra en la figura del Zaratustra. Este inventa su propio cielo, su tierra, sus dioses, le entrega al hombre las fábulas de sus sueños, es decir, posee un carácter creador. Ante la invención poética del mundo, la figura del filósofo, observa en la vida el eterno retorno, la voluntad de poder y el nacimiento del superhombre, una voluntad fuerte y una débil. Ésta última, tiene el poder del número, carga con las cosas más pesadas, ya sea, la igualdad de los hombres, la verdad, la gramática o en general, la metafísica.

Dentro de la obra de Nietzsche queda mucha tela por cortar en cuanto a lo que podría hablarnos sobre el poeta y su quehacer. Cabe recalcar que además de ser filósofo, Nietzsche fue poeta y dentro de su obra podemos notar esa predisposición al arte poético. El uso de metáforas se hace frecuente en la mayoría de sus obras y en Así hablo Zaratustra nos muestra una filosofía hecha poesía. Ya para terminar, en Nietzsche se nos muestra al poeta como un gran entendedor de la vida. En su melancólica figura se encuentra ese tránsito entre la bestia y el súper hombre que tanto se menciona en la obra recién citada, el poeta es uno de los amigos de Zaratustra, él comprende la vida, tiene su corazón abierto a la llegada del súper hombre, él quiere convertirse en el súper hombre. El poeta entiende lo que muchos otros no entienden, comprende que su quehacer en este mundo depende solamente de su voluntad de poder y no de la creencia en extra-mundos, él sabe que el mundo necesita de creadores, hombres que se atrevan a soñar más allá del orden establecido, hombres que estén dispuestos a ser destructores, pero que del mismo modo quieran construir sobre aquellas ruinas.

Así pues, la vida para el poeta siempre será un devenir constante y, contrario a lo que nos ha hecho pensar la tradición judeocristiana, algo desconocido. A través de esta idea entendemos que el fin último del hombre es la superación de sí mismo pero para que se dé esta superación, primero debe morir una y otra vez, como lo propone Nietzsche en la primera parte de Así habló Zaratustra, pasar por mil ocasos y mil amaneceres, querer destruirse a sí mismo en pro de volverse más fuerte, superar todos sus presupuestos morales para volverse creador de una nueva moral en la que el “yo quiero” este por encima del “yo debo”, en otras palabras, incendiar todo para poder recomenzar.

Notas

1Se entiende por metafísica la noción tradicional del estudio del ser en general, que sitúa al poeta más allá de lo físico.


Referencias

Pessoa, F. (Sin fecha) El Poeta es un fingidor.