Memorias XVIII Foro Interno de Filosofía y Letras - Universidad de Caldas

La presencia de la obra de arte


Jhon James Londoño López.

Universidad de Caldas.

jhon.251626454@ucaldas.edu


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




Introducción

La exposición que desarrollaré en este ensayo, aunque acepto la existencia de los dos tipos de deleites, tanto el contemplativo como el intelectual; tendrá como enfoque el deleite contemplativo desde una visión práctica de la vida humana. Expondré que la obra de arte tiene lugar en el acontecer existencial del ser humano, como una presencia en la que emerge y puede ser contemplada por cualquier persona.

La estructura que compone este ensayo será de la siguiente manera; para comenzar, escogí la pintura Venus y Cupido de Artemisa Gentileschi, presentaré algunos detalles de su vida desde el libro Las Olvidadas de Ángeles Caso; dónde nació, quién fue su padre y mencionaré una experiencia traumática de su vida. Seguiré con la primera parte, compuesta por la concepción empírica que va a determinar al objeto capaz de hacer aparecer la obra de arte en Kant desde la Crítica del Juicio, y con Gadamer que en su libro Verdad y Método hace una reinterpretación de Kant, sostiene que la obra de arte aparece como un acontecer existencial en la vida humana y no va a depender exclusivamente del objeto. En la segunda parte para dar una explicación clara del acontecer existencial, me apoyaré no sólo en Gadamer sino también en Heidegger; pues su concepción de verdad me permite explicar lo que se descubre en la obra de arte. En seguida, expondré que la obra de arte presenta dificultades para ser transmitida mediante lo que se diga de ella. A continuación, dos características de la obra de arte nos permitirán acercarnos a su sentido de actualidad (la presencia). Finalizaré con una conclusión que responde al objetivo con el que se realiza esta exposición; responder a la pregunta: ¿Depende la experiencia estética de los objetos empíricos o puede ser más dinámica?

Artemisa Gentileschi

Ángeles Caso nos presenta la vida de Artemisa Gentileschi en su libro Las Olvidadas; nos muestra a Artemisa como una mujer italiana nacida en Roma, hija; entre cinco hermanos, siendo ella la mayor y la única mujer, del pintor Orazio Gentileschi reconocido en su época como un gran pintor de la escuela romana de Caravaggio (y a quien posteriormente y tras la muerte de ella se le atribuirían sus obras). Artemisa demostró tener más habilidad para la pintura que sus hermanos, por eso su padre contrató un profesor particular de nombre Agostino Tassi quien marcaría de forma profunda la vida de esta mujer; tanto, que permearía en su obra y en el estilo que desarrollaría posteriormente. Después de que este hombre abusa sexualmente de ella, su padre Orazio denuncia el caso ante el tribunal papal y ella describe así lo sucedido en su testimonio: 

Cuando estábamos en la puerta del cuarto, me cogió y cerró el cuarto con llave y después de cerrado me tiró encima de la cama, empujándome con una mano por el pecho, me puso una rodilla entre los muslos de tal manera que yo no podía cerrarlos y, levantándome las faldas, que tuvo muchas dificultades para alzármelas, me puso una mano con un pañuelo en el cuello y en la boca para que no gritase […], y habiendo puesto primero las dos rodillas entre mis piernas y apuntándome con el miembro a la naturaleza, empezó a empujar y lo introdujo dentro de mí... Y le arañé la cara y le tiré del pelo y antes de que me introdujera el miembro también se lo agarré tan fuerte que incluso le arranqué un trozo de carne. (Caso, p.184 -186) 

Ángeles Caso expone la figura de Artemisa Gentileschi como una persona que fue sometida a situaciones difíciles por parte de las convenciones sociales de su tiempo, que veían con malos ojos no sólo su independencia como mujer, sino también su violación; ya que se consideraban indignas aquellas mujeres que aún no habían contraído matrimonio después de ese tipo de actos. Se casó con Pierantonio Stiattesi y tuvo dos hijos que murieron siendo muy pequeños, y dos hijas; Prudenzia y Francesca (de padre desconocido). Esta pintora alcanzó una fama notable durante los siguientes años de su vida y al final murió en 1653 a los sesenta años, dejando sus hijas casadas con personajes de la nobleza y un nombre que sería difícilmente recordado tras su muerte. Ángeles Caso escribe que en 1681 Francesco Baldinucci le dedicaría algunas páginas a ella. La recordaría “como una pintora valiente más que ninguna otra mujer”. (p.196) Entre las pinturas hechas por ella, Venus y Cupido será la que nos servirá más adelante para presentar algunos conceptos expuestos en este ensayo.  

 

Primera parte

 

El foco de Kant

En esta primera parte, voy a exponer la posición de Kant; que la obra de arte depende de los objetos empíricos. Empiezo con una cita de Kant en la Crítica del Juicio, en el primer libro de la analítica de lo bello, donde nos dice lo siguiente:

Las flores, los dibujos trazados libremente, las líneas entrelazadas sin objeto, y los follajes, como se dice en arquitectura, todo esto corresponde a las cosas que nada significan, que no dependen de ningún concepto determinado, y que agradan, sin embargo. La satisfacción referente a lo bello debe depender de la reflexión hecha sobre un objeto, que conduce a un concepto cualquiera (que queda indeterminado) […]. (p.42-43)

Kant llama la atención sobre dos cosas al escribir sobre la satisfacción referente a lo bello en esta cita. La primera es, las cosas que no dependen de ningún concepto, y la segunda de lo que depende la reflexión sobre un objeto. En la primera, él se refiere a que en la satisfacción que produce lo bello en los objetos, no debe haber un interés suscitado por un concepto, debido a que lo bello no nos obliga a ello (p.45). La segunda tiene su explicación en que la satisfacción que produce el objeto bello, depende de la comunicación que hay entre el objeto y el sujeto que despierta una reflexión que no conlleva al conocimiento sino a conceptos indeterminados (p.42-43).

Imaginemos por un momento que estamos en el último piso de la Universidad de Caldas, en alguno de sus edificios. Es de noche y la luna está en lo alto del firmamento. La observamos por la ventana. Para poder decir que ese objeto es bello, se debe establecer una relación entre el observador (el sujeto) y la luna (el objeto). La luna no nos despierta interés por ser buena o mala, no tiene detrás conceptos que nos influencien a verla, simplemente será observada y suscitará en nosotros una satisfacción generada por su representación en la mente y así producirá una reflexión con conceptos indeterminados. Si ponemos el foco en la segunda explicación del párrafo anterior, podemos ver que Kant tiene el énfasis de su interpretación de gusto estético en la dependencia exclusiva de los objetos; él hace un énfasis en el juicio empírico, ya que cuando el objeto entra en contacto con nosotros, la representación que hagamos de este, va a ser entendida como bella (teniendo en cuenta, que ésta, debe ser universal y aceptable para todos o para la mayoría).   

Reinterpretación del foco

En esta parte voy a exponer una interpretación de Kant diferente; la obra de arte depende de la experiencia vital, no de los objetos empíricos. 

Gadamer en su libro Verdad y Método en el capítulo que tiene por nombre La Subjetivación de la Estética por la Crítica Kantiana, nos muestra en su primera parte una reinterpretación del concepto kantiano de gusto. Dice que Kant va más allá de la generalización empírica del objeto para llegar a “una especie de sorpresa espiritual” (p.75). El gusto no trata sólo de una generalización empírica, ya que el objeto considerado bello (bien sea natural o de arte) no está sujeto a los juicios críticos de otros para poder serlo; otras personas no llegan a juzgar por mí (debido a una especie de canon que dicte lo que es bello y lo que no) las cualidades de un objeto que considero bello, al contrario; esa supuesta sorpresa espiritual, va a ser un sentimiento de placer a priori que el objeto provoca en mí, es decir “la significatividad de lo bello, capaz de despertar interés” (Gadamer, p. 85). Lo que Kant busca en la Critica del Juicio es (lo dice Gadamer) justificar un principio que sea a priori general y no empírico para dar validez a lo bello (p.75).

El criterio que sirve para justificar la validez de lo bello es una capacidad de juicio estético, es el juicio de gusto puro, una capacidad propia y personal donde “la imaginación concuerda libremente con el entendimiento” (Gadamer, p.81), dejando reducido al sentido común en una relación de utilidad subjetiva que sirve para todos, que termina en un gusto reflexivo:

Es sabido que Kant funda este sentimiento en la idoneidad que tiene la representación del objeto para nuestra capacidad de conocimiento. El libre juego de imaginación y entendimiento, una relación subjetiva que es en general idónea para el conocimiento, es lo que representa el fundamento del placer que se experimenta ante el objeto. Esta relación de utilidad subjetiva es de hecho idealmente la misma para todos, es pues comunicable en general, y fundamenta así la pretensión de validez general planteada por el juicio de gusto. (Gadamer, p.77) 

Ese sentimiento de placer a priori subjetivo (imaginación y entendimiento) nos abre paso para adentrarnos en los caminos del acontecer existencial del ser humano. La obra de arte, según la reinterpretación de Gadamer en Verdad y Método, es contemplada desde la relación de utilidad subjetiva con el objeto. (p.77) Esto le permite al ser humano, poder ver la totalidad de sus experiencias de vida (vivencias) significativas que han perdurado en el tiempo, presentes en la obra de arte (Gadamer, p.100). La contemplación vital del arte, o el acontecer existencial, o la vivencia, están encaminadas a encontrar expresión en la obra de arte, que nos permite hacer una interpretación adecuada de la vida. Es importante recalcar que; no es el objeto capaz de generar esto, es la experiencia vital la que se relaciona subjetivamente con el objeto y permite que la podamos contemplar en el juego de imaginación y entendimiento.  

 

Segunda parte

 

El silencio

En una escuela, la maestra de un jardín de niños coloca de tarea a los alumnos ahondar en los detalles del trabajo de los papás; ¿en qué trabajan?, ¿dónde trabajan?, ¿en qué consisten sus trabajos?, ¿desde hace cuánto?, entre otras preguntas, con el objetivo de incentivar en ellos un conocer paterno que sea diferente al conocer que ya poseen de sus padres. Uno de los niños, al realizar el ejercicio pide a su papá que defina en una palabra la experiencia de su trabajo. El papá, que hace de vigilante en una empresa por las noches, utiliza la palabra “fascinante” para definir su experiencia. A continuación el niño pide detalles de su experiencia, a lo que el padre empieza a relatar; en las noches, cada hora, hago una ronda por los pasillos de la empresa. En ella permanecemos dos vigilantes con un turno de 10 pm a 6 am. Al hacer la ronda, cuando paso por la recepción, donde deben esperar las personas, hay una pintura colgada en la pared. Me detengo un momento para observarla; es una mujer desnuda que en su rostro refleja una sensación de placer y sobre sí hay un niño con un abanico. Leo su nombre en la parte inferior Venus y Cupido de Artemisa Gentileschi. A continuación, (prosigue el padre) siento como si la pintura tuviera algo que decirme, sin embargo, permanece en silencio… es fascinante, como si estuviera dotada de vida. Esta experiencia práctica es la que vamos a usar, de ahora en adelante, para explicar la presencia de la obra de arte que la define el hombre de nuestro ejemplo con la expresión “siento como si la pintura tuviera algo que decirme… pero permanece en silencio.”

En el libro Estética y Hermenéutica, en el capítulo 20, Gadamer sostiene que: “la experiencia de la obra de arte no sólo es el desvelamiento de lo oculto, sino que, a la vez, está realmente ahí dentro. Está dentro como en el recogimiento…” (p.295) Esta expresión que presenta  Gadamer sobre la obra de arte como si tuviera algo dentro, sostiene de fondo un concepto de verdad. Ese concepto Gadamer lo saca de Heidegger; “la verdad se entiende como desocultamiento, desvelamiento (Unverborgenheit), no solo en la acepción de traer algo a la luz por primera vez, sino en la más general de des-encubrir lo oculto y olvidado.” (Escudero, p.48) La obra de arte, según esto, nos da la posibilidad de desocultar la verdad de algo que se encuentra oculto y olvidado dentro de ella. Nos permite acceder a un tipo de conocimiento, que de acuerdo a la definición de verdad propuesta por Gadamer, tiene que ser desocultado. 

Al principio tenemos una experiencia estética basada en el presentir la presencia de la pintura de Venus y Cupido. Posteriormente, la experiencia estética pasa a ser la posibilidad del desvelamiento de la vida interna de la pintura, de su verdad íntima. Si nos fijamos en esta experiencia encontramos que el hombre, fascinado por la sensación que le transmite la pintura, está en realidad ante el desvelamiento de lo que está ahí, dispuesto a ser revelado, clama por ser desocultado y, a pesar de todo guarda silencio.   

Fascinante

Hans-Georg Gadamer en el capítulo 20 de su libro Estética y Hermenéutica nos reafirma la forma como puede ser entendida la verdad que se encuentra en la obra de arte, que nos permite acceder a una manifestación de sentido: “Las obras de arte poseen un elevado rango ontológico y esto se muestra en la experiencia que hacemos en la obra de arte: algo emerge a la luz y eso es lo que nosotros llamamos verdad.” (p.290) Sin embargo, páginas más adelante va a explicar que esa verdad presenta dificultades para ser dicha, ya que lo que está dentro de la obra de arte está guardado en sí mismo y difícilmente podrá ser descubierto mediante lo que se pueda afirmar. (p.297)

En el ejemplo anterior; el hombre define con la palabra “fascinante” la experiencia de observar aquella pintura en la noche. Está en realidad hablando de algo que no se podrá ajustar a lo que intenta transmitir la pintura, pues sólo se puede entender cuando se presencia. Pero acierta cuando dice posteriormente “siento como si la pintura tuviera algo que decirme… pero permanece en silencio.” Así, afirma que a pesar de su elevado rango ontológico, lo que transmite la obra de arte, no se puede transmitir con exactitud sin presenciarla. 

“Como si estuviera dotada de vida”

En cierta ocasión mientras caminaba por las calles del centro histórico de Bogotá, fui abordado por unos sujetos que me invitaron a ver una obra de teatro en una de las antiguas casas coloniales sin ningún costo. Accedí después de recordar que la ciudad estaba en una semana dedicada al teatro. Disfruté de la obra durante 1 hora y 30 minutos y cuando finalizó la mayoría de las personas se levantaron de sus asientos, aplaudieron apresuradamente, fueron a saludar a los actores, a felicitarlos y posteriormente a salir y conversar sobre lo que habían podido captar del contenido de la obra. Un amigo, profesor de arte, me compartió que cuando una obra era contemplada; nos dejaba abrumados, alejaba las palabras de la mente y quedamos mudos. La vivencia de ser absorbidos por los sentimientos que desata una obra y quedar en silencio absoluto, puede suceder no sólo en teatro sino también al contemplar una pintura. En una ocasión entré al Museo Nacional y pude ver a una persona que estuvo 10 minutos observando una sola obra y parecía que podía estar ahí durante mucho tiempo sin agotarse. Esta actitud tenía una base; contemplar y ser absorbido por la pintura, hasta un punto en el que la experiencia estética sólo puede generar un silencio de complacencia para expresar lo que se siente. Usando la expresión del ejemplo anterior, es “como si (la pintura) estuviera dotada de vida”.               

En el libro Verdad y Método, Gadamer nos brinda dos características que nos ayudan a entender la obra de arte; “algo se convierte en una vivencia en cuanto que no sólo es vivido sino que el hecho de que lo haya sido ha tenido algún efecto particular que le ha conferido un significado duradero.” (p.97) Las dos características que podemos resaltar de esto, son; la inmediatez y la duración. (p.97) El acontecer existencial, el vivir significativo que trasciende en el ser humano y muestra su aspecto fascinante en la obra de arte, es algo que sucede en el ahora, en el presente y es cosa de un instante, ya que, bien lo dice Gadamer, ayuda a que permanezca unida toda la vitalidad y esta, a su vez, hace que permanezca toda esa carga de sentido debido a la cualidad de duración que tiene la obra de arte en sí; “Todo acto permanece unido, como momento vital, a la infinitud de la vida que se manifiesta en él” (Gadamer, p.100).

La obra de arte tiene la cualidad de absorbernos y descubre (o desoculta) un momento de sentido muy fuerte. Cuando el padre del niño contempla a Venus y Cupido, se encuentra absorbido por la presencia de la representación significativa que para él es aquel cuadro. Ese momento de contemplación se convierte en un momento de vida ejemplar, una vivencia, pues es capaz de mostrar un sentido de duración infinita que se consume en un momento, que como todo momento de vida ejemplar sucede en el ahora, y le da así la impresión al hombre de estar frente a algo que tiene vida (la obra muestra lo significativo que puede tener la vida para él). Lo dijo Gadamer en Estética y Hermenéutica:

Se da el nombre de símbolo a aquello que vale no sólo por su contenido sino por su capacidad de ser mostrado… ya aparezca como símbolo religioso o en sentido profano, ya se trate de una señal, de una credencial o de una palabra redentora, el significado del symbolon reposa en cualquier caso en su presencia, y sólo gana su función representadora por la actualidad de su ser mostrado… (p.110)

La presencia de la obra de arte

La obra de arte, que posee las cualidades mencionadas anteriormente (la inmediatez y la duración), explica su presencia por la capacidad de ser actual ante cada ser humano que la contempla. El hombre que se detiene a contemplar la pintura, es capaz de detectar la existencia de ésta, porque lo que representa es parte de su vida misma. La persona que escucha su descripción, no podrá comprender todo lo que significa porque para hacerlo, verdaderamente, tendría que estar presenciándola, desocultando lo oculto. La obra de arte que en este caso toma forma de pintura de Venus y Cupido, tiene una presencia por la verdad de las vivencias que puede llegar a transmitir, pero sólo se puede presentar cuando hay un sujeto que puede ver en ella todo lo que tiene para decir. Lo explicó Gadamer en Estética y Hermenéutica; “Quien participa así en un culto deja también «emerger» a lo divino, de modo que está ahí como una manifestación corporal. Donde más cierto resulta esto es en la obra de arte.” (p.297) Por ello afirmó, entre otras cosas en el mismo libro, que el conocimiento que podemos encontrar al presenciarla “no deja de ser otra cosa, diferente de la actualidad (Gegenwartigkeit) con la que el arte nos sale al paso.” (p.284). Esa actualidad que es actualidad de una vivencia especial con carácter de duración, es lo que nos permite manifestar que la experiencia estética no depende de los objetos empíricos sino de una experiencia dinámica, una relación íntima con la obra de arte. 


Referencias

Caso, A. (2005) Las Olvidadas, Una historia de mujeres creadoras. Himali (editorial digital).

Gadamer, H. (2006) Estética y Hermenéutica. Tercera impresión, Neo Metropolis, Tecnos Alianza, Madrid.   

Gadamer, H. (1993) Verdad y Método, Fundamentos de una hermenéutica filosófica. Quinta edición, Ediciones Sígueme, Salamanca.

Heidegger, M. (2016) Guía de lectura de Ser y Tiempo, Volumen 1, por Jesús Adrián Escudero. Herder Editorial, S.L., Barcelona. 

Kant, I. (1876) Crítica del Juicio, seguida de las observaciones sobre el asentimiento de lo bello y lo sublime. Librerías de Francisco Iravedra, Antonio Novo, Madrid.