Memorias XVIII Foro Interno de Filosofía y Letras - Universidad de Caldas

Capacidades y objeciones del movimiento derecho y literatura en los jueces


Laura Milena Morales Giraldo.

Universidad de Caldas.


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




1. Movimiento de derecho y literatura

 

La relación entre derecho y literatura surge como un movimiento en el cual  se busca que los abogados sean humanistas, todo esto con el propósito de  contrarrestar el movimiento de derecho y economía, en el que se pensaba el derecho como una ciencia y al abogado como un científico.

El movimiento de derecho y economía avaló el positivismo jurídico en la manera de pensar y practicar el derecho. El filósofo Kelsen (1993) expone en su libro la Teoría pura del derecho, la visión que defiende el positivismo jurídico y afirma que en esta corriente se crean enunciados jurídicos por parte del legislador de manera escrita, en las que se determinan parámetros generales mediante una ley. Además, se estipulan casos indeterminados que establecen bajo qué condiciones se producen determinadas consecuencias. Por lo tanto, si el legislador a través de una ley dispone que: la persona que hurte tendrá pena privativa de la libertad y Pedro roba el televisor de su vecino, entonces el juez que conozca el caso de Pedro y su vecino deberá dictar una sentencia en la que Pedro sea privado de su libertad.

El jurista Christopher Columbus Langdell era uno de los defensores del positivismo jurídico y del movimiento Derecho y Economía. Éste académico buscaba demostrar que el derecho era una ciencia que estaba construida mediante una jerarquía de principios simples, los cuales se elaboraban mediante la creación o suposición de casos, y éstos se tenían como muestra para decidir y juzgar procesos posteriores, de manera que el abogado pudiera brindar soluciones mecánicas y decidir más fácilmente sobre un caso en particular (Nussbaum, 1997). La propuesta de Langdell podría funcionar en las ocasiones que se busque resolver casos fáciles, que el problema jurídico sea simple y no hayan otros conflictos de por medio, porque la interpretación del abogado no haría falta; igualmente al estar previamente fabricada la solución del conflicto, se le podría confiar la tarea de tomar decisiones a una máquina, y de esta manera solo se resolverán los conflictos de subjetividad y acumulación de procesos en los juzgados. Sin embargo, esto sólo podría salir bien en un mundo ideal, en donde las sociedades no cambiaran.

La realidad muestra que en la gran mayoría de casos son difíciles, dado a que todos los días acontecen sucesos trascendentales en la vida de las personas en los que se derivan problemas jurídicos y que son producto de un tercero, de una fuerza incontrolable, del azar o de un acontecer político. Los casos complicados para el filósofo Herbert Lionel Adolphus Hart (2000) son aquellos en los que el juez no está de acuerdo con las solución que presenta el derecho, o que a su parecer se encuentra incompleta o simplemente no existe regulación alguna por parte del legislador. Para tener una respuesta adecuada en el caso, los jueces que conocen del proceso deben hacer razonamientos que sean apropiados para la resolución del conflicto que están conociendo, a este ejercicio Hart lo denomina “discrecionalidad judicial”. Cuando un juez conoce un caso difícil no le puede ofrecer una solución adecuada de la manera que lo propone Langdell, debido a que si el juez lo resolviera de manera mecánica puede resultar perjudicial, injusto, arbitrario o gravoso para las partes, porque el operador judicial no tiene en cuenta pequeños matices del caso. Siguiendo con el ejemplo de Pedro, qué pasaría si él tiene hambre y arranca un mango del árbol de su vecino, ¿debería ser privado de su libertad? Si el juez que conoce del caso defiende la teoría del movimiento derecho y economía, seguramente no dudaría en privar a Pedro de su libertad, sin embargo, si el juez que conoce del caso, es un juez que respalda el movimiento de literatura y derecho, seguramente analizaría cabalmente las circunstancias y pruebas que se presenten, para posteriormente tomar una decisión, acudiendo a la discrecionalidad judicial.

Según Amalia Amaya (2012), han surgido tres corrientes diferentes del movimiento derecho y literatura. La primera corriente es El derecho de la literatura y se encarga de estudiar el conjunto de normas que legislan la producción literaria. Estas son mucho más cercanas a los derechos de autor, los límites a la creación y expresión literaria y artística que tocan algunos derechos constitucionales, como la producción artística contra grupos raciales, religiosos, sedición, apología de actividades terroristas, entre otras. La segunda corriente es El derecho en la literatura en la cual se analizan textos literarios que examinan elementos de gran importancia en el ámbito jurídico, como la justificación del castigo y el sentido de la justicia. Según Amaya (2012):

Los estudios del derecho en la literatura parten de la premisa de que el análisis de éstas obras literarias proporcionan una perspectiva acerca de los problemas jurídicos diferente del tipo de conocimiento jurídico que podemos adquirir a través de tratados, manuales y compendios especializados. (p.4)

En el presente escrito se analizará la segunda corriente del movimiento derecho y literatura, según las capacidades que puede brindarle a literatura a los jueces que plantea Martha Nussbaum. La tercera corriente contempla el derecho como literatura y se estudian los aspectos que caracterizan al derecho y a la literatura, destacando características comunes como por ejemplo que en ambas disciplinas se utiliza el texto para crear el significado o se usa el análisis para estudiar la forma y estructura de sus textos.

 

2. Las capacidades que desarrolla la literatura en los jueces que leen literatura según Nussbaum

 

Martha Nussbaum fue profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago y dictó el curso de Derecho y Literatura. Nussbaum (1997) afirma que con el tiempo comprendió que sus estudiantes buscaban con el curso acercarse a “la investigación y defensa fundamentadas de una concepción humanista y pluralista de la racionalidad pública, que tiene un ejemplo elocuente en la tradición del derecho consuetudinario” (p.17) y contrarrestar las concepciones cientificistas de los seguidores del  movimiento de derecho y economía. La idea principal que busca defender Nussbaum en diferentes obras como El cultivo de la humanidad y Justicia poética, es que el arte en general tiene la facultad de darle al espectador la capacidad de transformación moral. En Justicia poética se refiere en específico a la capacidad íntegra que puede forjar el juez con la literatura realista, además, ella considera que la narrativa tiene las facultades necesarias para hacer grandes contribuciones al derecho y al razonamiento público en general.

Por su parte, Andrés Botero Bernal (2012) escribió un libro en portugués llamado A literatura forma bonus juees? y brindó un seminario en la Universidad de Girona en Cataluña que tenía por nombre "¿La literatura forma buenos jueces?". La presentación realizada en dicha universidad se divide en dos partes: en la primera parte él menciona las capacidades que puede brindarle la literatura al juez, desde la perspectiva de Martha Nussbaum y en la segunda, él realiza una serie de objeciones a lo propuesto por la filósofa estadounidense. A continuación presentaré lo dicho por Bernal y haré acotaciones al respecto.

En la primera parte del seminario Botero (2012) afirma que para Martha Nussbaum los jueces que leen frecuentemente literatura, específicamente novelas realistas, son jueces que tienen mejores capacidades interpretativas en los siguientes puntos: principalmente leer novelas realistas mejora la comprensión de los hechos, dado que el lector al momento de aproximarse a una historia debe entender muy bien los hechos que le plantea el escritor para tener una buena comprensión del drama central de la novela. La primer capacidad se adquiere en este ejercicio, debido a que algo similar deben hacer los jueces al acercarse al expediente de un proceso, en el que las partes aportan su versión de los hechos y las pruebas que dan fe de lo ocurrido. En ese momento el juez debe comprender la posición de cada parte y el conflicto que se desea resolver. Así Nussbaum afirma que los jueces que leen mucho mejoran su capacidad interpretativa de los hechos y eso le ayuda a ser mejores jueces, al momento de tener una cercanía con el expediente.

Es importante tener en cuenta que la interpretación es una de las facultades más importantes que tienen los jueces, debido a que cuando una ley es ambigua o hay lagunas legales porque el caso no se puede adaptar a un proceso de solución previamente establecido por el legislador, el juez a través de la interpretación legal puede determinar cómo debe ser entendida o decidida una ley en particular, de manera que pueda encontrar una alternativa para solucionar un caso difícil de manera adecuada y eficaz. Para el filósofo Joseph Raz (1996) la interpretación es posible cuando lo que será objeto de análisis no es claro, ni obvio. La interpretación toma importancia según él cuando se acepta que el derecho no es un sistema perfecto, sino que tiene vacíos debido a que se basa en proposiciones que carecen de valor de verdad. La valoración de una interpretación se centra en el éxito de dicha interpretación, de este modo las interpretaciones pueden ser calificadas como correctas o incorrectas dependiendo de qué tan razonable sea y que tanta habilidad posea para hacer que la gente entienda el sentido que le está dando el operador judicial.

La segunda capacidad está estrechamente relacionada según Bernal (2012) con la habilidad imaginativa y el poder igualador del lector. Para Nussbaum (1997), la persona que lee literatura tiene una mayor capacidad imaginativa, ya que la que la literatura abre la posibilidad de concebir la realidad de otros, al presentar otras versiones de mundos posibles en sus narraciones. Para ella la literatura que más puede acercarnos a estas dos habilidades es la literatura realista, debido a que este tipo de narraciones tienen un efecto directo en el lector en el modo que cuando una persona se acerca a una narración en la que uno de los personajes está pasando por un momento difícil y esta se produzca de manera injustificada, el lector puede sentirse avergonzado de las injusticias que está leyendo y al sentir esta sensación el lector buscaría eliminar la injusticia, de manera que se igualen las relaciones sociales

Si el lector es un juez, al momento de enfrentarse a un caso puede tener más habilidades imaginativas y ofrecer una alternativa que lleve a la solución del conflicto más viable y eficaz que el juez que no lee, gracias a la imaginación que desarrolla leyendo una narración literaria. Por otro lado, si el juez que ha tenido una formación literaria se topa con una injusticia en la que una persona está padeciendo una situación arbitraria injustificada, éste juez se puede sentir más comprometido en buscar un método para llegar a un principio igualador de manera que se neutralice o desaparezca la desigualdad. 

La tercera capacidad es la empática, según Botero (2012) la empatía surge cuando el lector se pone en los zapatos de los personajes, debido a que la persona que se acerca a una historia usualmente necesita ponerse en el lugar del otro para poder comprender en mayor medida lo que está sucediendo. Si el que lee es un juez y adquiere esta capacidad, podrá ponerse imaginariamente en el lugar del acusado, el demandado, demandante o de la víctima y así comprender cabalmente el conflicto al desarrollar la capacidad empática.

La empatía es una emoción muy importante en la filosofía de Nussbaum. La empatía se entiende como la capacidad que tienen los seres humanos de imaginar una situación placentera o desagradable que vive o ha vivido otra persona diferente a él, de tal manera que el que imagina puede adoptar la perspectiva del otro. Es necesario aclarar que la empatía no es pensar cómo se sentiría uno en el lugar de otro ser, sino que es la facultad de entender lo que le acontece a una persona diferente, de manera que se pueda adoptar su perspectiva de manera completa en diferentes ámbitos. Ahora, para que se pueda sentir de manera adecuada la empatía, es necesario que el espectador se involucre en la vicisitud de la otra persona.

La cuarta capacidad es la neutralidad que se relaciona con la capacidad empática. Como se dijo anteriormente la persona que lee literatura puede colocarse en el lugar del otro para comprender el conflicto central. El individuo que desarrolla esa habilidad siempre se entiende a sí mismo como un espectador externo a los hechos narrados; Botero (2012) afirma que esta capacidad formulada por Nussbaum (1997) frente a la capacidad de adoptar la posición del personaje y retomar su propia perspectiva, permite que el lector adquiera una neutralidad activa, en la cual el sujeto sabe que no está dentro de la trama, pero sí puede sentir de manera cercana lo que sienten las personas que están padeciendo la tragedia. La neutralidad es una capacidad importante para los jueces porque ellos pueden reconocer su rol, sin dejar de lado la búsqueda por la empatía. En ese entendido, el juez que adquiere la habilidad de neutralidad activa al momento de juzgar, puede sentirse como un agente externo del conflicto central; de esta manera puede conservar la independencia judicial, pero también tendrá cercanía y sensibilidad por lo que se está debatiendo.

Nussbaum (1997) afirma que los seres humanos adquieren la capacidad de leer el pensamiento de otros individuos después del primer año de vida, lo que le permite a los seres humanos que desde que son niños  llegar a diferenciar las características que lo divide de sí mismo y de la otra persona que interactúa con él. Esa capacidad es trascendental ya que le permite a los seres humanos comprender el mundo desde un punto de vista empático, de un modo en el que se pueda asimilar y entender la perspectiva del otro.

La quinta capacidad tiene para Nussbaum (1997) un gran valor moral: la compasión. Como ya se ha afirmado, para ella el lector que se acerca a la literatura realista puede sentirse avergonzado por las malas situaciones que padezca uno de los personajes; según Botero Bernal (2012), con ese ejercicio compasivo Nussbaum considera que en ese momento se forjan las emociones que van a constituir la moral que hace los buenos jueces.

La compasión es concebida por Nussbaum (2014) como una emoción dolorosa que se encuentra dirigida hacia el sufrimiento grave que padece  una o varias criaturas. Este sentimiento implica que el tercero o espectador reconozca que otra persona  está padeciendo un dolor del cual no es directamente culpable de su ocurrencia (Nussbaum, 2016). La compasión requiere que el espectador tenga la creencia de que la otra persona que está sufriendo de manera grave y que ese sufrimiento no surge por su propia intencionalidad, sino por circunstancias exógenas a él. Las personas que sienten compasión deben de considerar de algún modo que la realidad que sufre la otra persona puede ser similar a la de la persona que siente compasión (Nussbaum, 1995).

Ahora bien, la compasión que describe Nussbaum está compuesta por tres matices. El primero es el pensamiento de gravedad que se presenta cuando una persona experimenta compasión y considera que el otro sufre de un modo importante. La valoración del sufrimiento la hace el espectador, aunque la persona que padece la dificultad no se haya percatado de su infortunio. El segundo es el Pensamiento de la no culpabilidad. En él la autora asevera que por lo general las personas no sienten compasión por los individuos que han propiciado intencionalmente una dificultad, a no ser que el origen del padecimiento surja de un factor externo. El sentimiento de compasión se diluye en la medida en la que se considera que la persona que sufre ha sido la causante directa de la mala situación que le aqueja. Sin embargo esa generalidad no parece ser absoluta, dado a que Nussbaum afirma que en algunos casos podemos sentir compasión por las personas a las que podemos atribuirles la culpa de lo que les acontece, por esto, la compasión y atribución de culpa se dirigen a un ámbito colateral de la situación del individuo. La intensidad del sentimiento de compasión se encuentra determinado por el grado en el que se presente la culpa del agente. El tercero es el pensamiento de la similitud de posibilidades, en este pensamiento se analiza la manera en la que la persona que siente compasión por otro, concibe que el ser que sufre tiene posibilidades similares a las que se le podrían atribuir a él mismo. No obstante, es posible que una persona sienta compasión por una calamidad que no se parezca a ninguna que dentro de lo posible ese individuo pueda experimentar.

Para Nussbaum (2014) la compasión y la simpatía son sentimientos diferentes, esto se puede abstraer del libro Emociones políticas, ya que ella afirma que no siempre que una persona siente empatía por otra, puede transformar ese sentimiento empático en compasión, debido a que la empatía puede sentirse frente a acontecimientos placenteros o difíciles, mientras que la compasión requiere únicamente de una mala situación.

Asimismo en el libro Paisajes del pensamiento Nussbaum (2008) desarrolla las características que debe ejercer el individuo para que la compasión y la empatía hagan parte de la unidad del sentimiento. Para que la empatía pueda llegar a ser comprendida como compasión Nussbaum considera que es necesario que un individuo tome el lugar del otro que sufre,  teniendo presente que no es él quien padece la calamidad, sino un individuo ajeno a él. La capacidad de poder separar la visión del que sufre con la del espectador es uno de los elementos que hace que se relacione la empatía con la compasión, dado a que al experimentar un sentimiento de compasión por una persona, es necesario comprender suficientemente las particularidades cualitativas de la vida del otro que resultan ser determinantes para el acontecimiento del infortunio del afectado. La tarea fundamental para el espectador es saber tomar la distancia adecuada que le permita diferenciar que el que está acongojado es el otro y no él y así no experimente un dolor propio por una desgracia ajena, sino que comprenda el dolor desde la perspectiva del que padece la adversidad.

 

3. Objeciones a las capacidades que propone Andrés Botero Bernal

 

La primera objeción se relaciona con el mito del Rey Sabio, cuando se sostiene según Botero Bernal (2012) que las personas que tienen un acercamiento a la literatura tienen mejores capacidades morales que las personas que no lo hacen. Esta afirmación nos llevaría a pensar que las personas que leen literatura son mejores sujetos morales y esta posición nos llevaría a pensar “mal” sobre los jueces o las personas que no leen literatura.

Para ampliar mejor este planteamiento Botero Bernal (2012) afirma que la mayoría de jueces del siglo XIX incorporaron procesos de formación literaria en su educación. Según él la relación de literatura y derecho era mucho más fuerte en ese tiempo, debido a que los jueces creaban literatura, en ese sentido  plantea en su conferencia una pregunta: ¿podría afirmarse que las estructuras morales de los jueces de ese tiempo eran mejores que las de hoy? 

Para debatir este punto es necesario tener en cuenta las dos condiciones que establece Nussbaum y que expone Bernal en el seminario de la Universidad de Girona en cuanto a la formación moral de la literatura en los lectores: en primer lugar, es necesario que las personas deban de estar informadas de cada una de las capacidades que propone Nussbaum y sean conscientes de ellas cuando leen, de manera que sea efectiva la formación moral que están realizando. En segundo lugar, se encuentra la relación dialógica, esta condición requiere que las personas que realicen una interpretación moral de una obra literaria, compartan, socialicen, depuren su análisis con otras personas.

Es posible que los jueces del siglo XIX no hubieran pensado en las capacidades morales que puede brindarle el arte a las personas, de manera específica, la literatura a los jueces, dado que el movimiento de literatura y derecho toma auge en 1960 en Estados Unidos y según Amalia Amaya (2012): “hasta la segunda mitad del siglo XIX, el derecho no constituía una rama de estudio autónoma” (p.1). Por todo esto, es posible afirmar que los jueces de esa época no cumplían con el primer requisito de conocer las capacidades que le brinda la literatura al juez en su práctica judicial y tampoco eran conscientes de que el ejercicio literario podía ser compatible con el derecho, de la misma manera considero que al no ser conscientes de las capacidades que brinda la literatura, los jueces posiblemente tampoco depuraban de la interpretación moral de las obras literarias, sin embargo ofrecer una respuesta en este asunto puede ser bastante especulativo, al no contar con ningún registro de las charlas entre jueces literatos. Por consiguiente no se puede aseverar que la estructura moral de los jueces del siglo XIX fueran mejor que la de los jueces que hoy.

La segunda objeción de Botero Bernal (2012) se divide en dos puntos: el primero es que la persona que lee literatura, lo puede hacer con miras a una finalidad posterior, esto iría en armonía con lo que se ha expuesto hasta el momento y va encaminado con lo que defiende Nussbaum a lo largo de sus obras, en el sentido que las personas pueden acercarse a obras literarias buscando una construcción moral. El segundo punto es que las personas pueden leer literatura buscando ratificar su prejuicio moral, con este argumento se presenta una de las mayores críticas que se le ha hecho al movimiento de literatura y derecho, en específico lo que plantea Nussbaum, porque la historia demuestra que han existido criminales que han sido buenos lectores de literatura.

En el fondo esta crítica es similar a la primera porque acude al papel que cumple la literatura en las personas que tienen un vínculo muy estrecho con la literatura y no demuestran cambios morales. En el prefacio de Justicia poética Nussbaum (1997) relata una crítica que le hizo una estudiante de su curso de Derecho y literatura (en el mismo sentido que lo hace Botero Bernal), frente a la perspectiva optimista del papel moral que cumple la literatura en la vida de las personas, en la cual dice que:

Tal vez la lectura de una obra como Maurice pueda cambiar la mentalidad de un individuo, incluso la de un juez. Sin embargo, me temo que en la mayoría de los casos no sería así. Tal vez muchas obras de este tipo obligarían a alguien que aborrece la homosexualidad a examinar sus razones para ello. Pero me parece que es una diminuta chispa de esperanza contra una tormenta de odio y prejuicio. (p.19)

Martha Nussbaum le da la razón a su estudiante y afirma que la imaginación literaria debe luchar contra los prejuicios, aunque hayan existido autores que narren buenas historias y en su vida privada rechacen homosexuales, negros, indígenas, latinoamericanos etc. Para la filósofa el problema no se encuentra en la teoría o propuesta que ella defiende a lo largo de sus obras, sino que por el contrario considera que se encuentra en los seres humanos que cultivan su simpatía de forma estrecha y parcial. Para ella la solución de este problema consiste en cultivar la empatía de manera más coherente y humanitaria.

Según Nussbaum (2014) es imprescindible el pensamiento crítico de las personas. Para incentivar la capacidad de empatía es necesario hacer uso de la educación y cultura pública de manera que los individuos adopten la percepción de los “otros como seres plenamente humanos e individuales” (p.239). Lo que propone Nussbaum (2014) con esta iniciativa es la construcción de una sociedad más empática, de manera que los sujetos que hacen parte de esa comunidad que cultiva la empatía, puedan ser espectadores de los acontecimientos que surgen en la vida del otro y, que esa observación le permita al tercero realizar un análisis que le permita comprender que esa persona que padece un conflicto tiene un cúmulo de cualidades que los hacen diferentes, lo que marca su estilo de vida y su manera de pensar; sin embargo deben ser compatibles de tal modo que puedan coexistir los dos modos de vivir la vida.

La tercera objeción que realiza Botero Bernal (2012) va encaminada a una especie de predicción, ya que cuando se plantea que si una persona lee determinadas obras, llegará a un resultado específico. Ese razonamiento nos llevaría a pensar que hay interpretaciones objetivas y resultados objetivamente esperables. Frente a este asunto Botero Bernal se pregunta si es posible eliminar la subjetividad en la interpretación literaria y estética, de manera que se pueda predecir que si una persona lee una obra con un procedimiento específico llegará a un resultado específico. Para él si esto es así, se cae la posibilidad de tener un resultado objetivo y se llegaría a una consecuencia subjetiva. Por esta razón considero importante señalar lo que propone Joseph Raz (1996) cuando se refiere a las interpretaciones que se le puedan dar a las obras de arte; con respecto a ello él afirma que no siempre las interpretaciones son unidireccionales, sino que “varias interpretaciones pueden iluminar varios aspectos diferentes de una misma obra” (p.27). Con relación a la tercera objeción, puede que muchas personas tengan contacto sobre una misma obra y realicen un ejercicio tal como lo propone Nussbaum, no obstante no podemos esperar que todos lleguemos a un mismo resultado, porque puede que pasemos algo por alto de la narración de una novela, mientras que otra persona puede que lo considere sumamente necesario. En este punto considero que la objeción de Botero Bernal (2012) es un poco extremista, debido a que Nussbaum no espera que las personas tengan una interpretación objetiva de las obras de arte.

Siguiendo con la posición que plantea Botero Bernal, es exagerada porque el objetivo de propuesta de Nussbaum no es que todas las personas lleguen a concluir un mismo punto de una obra literaria, sino que mediante la disertación y la apreciación de diferentes individuos, se enriquezcan moralmente unos a otros. Es cierto que posiblemente no todas las posiciones versen sobre el mismo asunto, sin embargo, no podríamos afirmar que esto eclipsaría el sentido de la interpretación y la adquisición moral, al contrario considero que es algo bastante beneficioso, porque en el momento en que sean socializados los puntos de vista diferentes, eso hará que la retroalimentación de las personas sea mucho mayor.


Referencias

Nussbaum, M., (1997). Justicia poética. España, Barcelona: Andrés Bello.

Nussbaum, M., (2008). Paisajes del pensamiento. España, Barcelona: Paidos.

Nussbaum, M., (2014). Emociones políticas. Colombia, Bogotá: Planeta Colombiana S.A.

Nussbaum, M., (2016). El cultivo de la humanidad. Colombia, Bogotá: Planeta Colombia S.A.

Raz, J. (1996). ¿Por qué interpretar? ISONOMÍA, 25-40.

Kelsen, Hans. Teoría pura del derecho. 7ª Edición. Ed. Porrúa, 1993, México, Págs. 83-122.

Hart, H. L., (2000). Post scríptum al concepto de derecho. Medico D.F, México: Universidad autónoma de México.

Amaya, Amalia, Derecho y Literatura (May 21, 2012). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=2064297.

Bernal, A. B. (20 de Abril de 2012). ¿La literatura forma buenos jueces? Obtenido de Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=VOvDdlBC4QQ.

Bernal, A. B., Kendi Safo, C., Medma, L., Lzina Ribeiro, I., & Kroyyem , A. (2013). Direito e literatura. Curitiba: Juruá.