Año 4 No. 6 Febrero - Junio de 2010

La transición del mythos al logos:

Apuntes alrededor de esta cuestión

David Santiago Mesa Díaz


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Palabras Clave

Transition, reality, Greece, amazement, mythos, logos

La transición del mythos al logos: Apuntes alrededor de esta cuestión

DAVID SANTIAGO MESA DÍAZ

Universidad de Antioquia, Colombia.

E-mail:  davidsantiagomsdz@gmail.com

RECIBIDO EL 30 DE MARZO DE 2010

 
APROBADO EL 16 DE AGOSTO DE 2010

 

Resumen

     En este texto se intentan destacar los aspectos más importantes que influyeron en lo que se conoce en filosofía como la transición «del mythos al logos». Ahora, no es un texto que aborde exhaustivamente este asunto, pero resulta ideal como referente esquemático para las personas no iniciadas en filosofía o que están interesadas en empezar a profundizar sobre esta cuestión. Dentro de los  temas  que se abordan en el texto se destacan, por ejemplo, las características del mythos y los acontecimientos que influyeron  en su decaimiento, el significado que se ha dado en filosofía a la transición mythoslogos, y algunas características del logos como "mejor" alternativa para explicar la realidad.

Palabras clave

Transición, realidad, Grecia, asombro, mythos, logos.

 

Abstract

     The aim of this text is to emphasize the most important aspects that  influenced on what is known in philosophy as the transition “from mythos to logo “. It is  not a text that approaches exhaustively this matter, but it  turns  out  to  be  ideal as  schematic modal for the   persons not initiated in philosophy or that are interested in starting to penetrate this subject. Among the topics that are  treated in the text, it is possible to find, for example, the characteristics of the mythos and the events that influenced his decay, the meaning that has been given  in  philosophy  to  the  transition  mythos - logos, and  some  characteristics  of the logos like a ‘better’ alternative to explain the reality.

 

Key words

Transition, reality, Greece, amazement, mythos, logos

 

     El presente texto intenta explicar la fórmula griega «del mythos al logos», fórmula que podría  considerarse  como la síntesis de la historia del pensamiento occidental. En el  tratamiento  del  tema, la idea es presentar un conjunto de elaboraciones, a modo de apuntes, sobre diversos aspectos que entraron a jugar un papel importante a la hora de  acontecer la  transición  que  nombra  esta fórmula.

     En el texto se presentan, en primer lugar, algunas de las características del mythos, sus mayores representantes y los factores más  sobresalientes  que  influyeron  en  el advenimiento del logos; luego, se explica brevemente el significado de la transición mythos-logos y se expresa la opinión que tuvieron de ella los filósofos más sobresalientes de la Grecia clásica: Platón y Aristóteles. Finalmente, se indica cuál es la naturaleza del logos y se resaltan los aspectos por los cuales llegó a convertirse en una ‘nueva’ alternativa para explicar la realidad. Asimismo, el texto está distribuido en cinco pequeños apartados con el fin de lograr un mejor tratamiento del tema y facilitar su lectura y apreciación.

     Cabe anotar que en el presente artículo, no se pretende agotar el contenido de un tema tan extenso como lo es el de la transición del mythos al logos, es más, puede ocurrir que alguien juzgue que algún elemento relevante ha quedado sin consignar o que no ha recibido una notable importancia dentro del texto. Sin embargo, los puntos más sobresalientes de la transición del mythos al logos son tocados aquí de una u otra forma y, con adecuados caracteres, se subraya su papel particular en el proceso del advenimiento del logos. Lo más importante es recordar que la  intención del texto es mostrar que aquello que la tradición filosófica ha dado en llamar  con la fórmula «del mythos al logos», tiene el sentido de indicar un cambio ‘no violento’ en el que poco a poco los griegos, ayudados por algunos acontecimientos importantes, fueron  adoptando  otra  manera  de  ver   su realidad, ya no ayudados con relatos míticos sino utilizando el pensamiento lógico-filosófico.

​1. Algunas características del mythos

     La historia del pensamiento occidental es un verdadero enigma para los filósofos e historiadores contemporáneos. La fórmula griega «del mythos al logos» es demasiado apretada para describir un período de la historia en el que tantas cosas ocurrieron   y dieron forma al pensamiento racional y  a sus innumerables aportes para el hombre de todos los tiempos. La fórmula parece indicarnos un punto de partida: el mythos, o por lo menos un estado anterior al logos, uno en el que la verdad tenía una carga semántica muy diferente en comparación a la que poco después alcanzaría.

     Muchos siglos han transcurrido desde  que «el pensamiento mítico» fuera considerado una ‘panacea’ para el hombre occidental. Su característica fundamental era servirse  de los ‘mitos’ para explicar y comprender el universo (García, 2000), el entorno tanto físico como social, y justificar las normas e instituciones que existían dentro de la sociedad. Hablar del mythos implica entonces hablar de  todo el contexto en el que estaba inmerso, el momento histórico y su contacto  con otro cúmulo de acontecimientos que van a particularizarlo radicalmente.

     El mythos, en primer lugar, encierra un contenido que pretendía sostener las explicaciones de todos los fenómenos que ocurren en el mundo, por esta razón debía ser tenido como verdadero. Ahora, su aval de verdad no surgía de la nada, estaba garantizado por un personaje: el poeta- rey-sacerdote que, estando a la cabeza de todo lo real, era principio cosmogónico y garante de toda verdad. Este personaje era la cabeza de un sistema de gobierno que imperó en territorio griego durante los siglos XVIII al XII a. C. aproximadamente (época Creto-Micénica), y recibía el nombre de sistema palatino porque en el centro de una sociedad constituida estaba el rey y su palacio. Durante este período, todo acontecimiento en el orden social y natural era competencia del rey, que, a través de un conjunto de prescripciones ajenas al dominio público y llenas del sentido de lo religioso y lo sagrado, imponía el orden a todo lo real. Por tanto, todas las palabras que pronunciaba el rey eran consideradas una revelación que era preciso obedecer.

     En segundo lugar, el mythos esprotagonizado por personajes divinos o semi-divinos y, por tanto, es una narración de carácter divino  y trascendente que se recitaba oralmente. Al ser narrado por el poeta exigía de éste un gran desarrollo  de  la  memoria. Aquí es necesario caer en la cuenta de que no podemos entender la palabra memoria  sólo como el sentido común nos lo enseña, debe ser entendida, más bien, como un saber mántico, es decir, como un saber de “lo que es, lo que será, lo que fue” (Hesiodo, 1983). De aquí que la actividad de los poetas sea solidaria a las nociones de Mnemosyne y Musas, inspiradoras de la verdad que, según la tradición hesiódica, la primera es la madre de las segundas; ambas daban a la palabra del poeta una significación más real y profunda, cargada de sentido divino. No obstante, el mismo Hesíodo nos cuenta que las Musas le dijeron que sabían “contar la verdad, pero también mentiras semejantes a lo verosímil” (Hesiodo, 1983), lo que nos lleva a concluir que el mythos no ofrecía un criterio seguro para discernir si lo que referían era verdad o falsedad, de ahí que su prestigio estuviera ligado fundamentalmente a la tradición.

     Por último, la labor del poeta tenía dos caras: al igual que narrar las historias de los dioses, celebraba las hazañas de los hombres. Así, la labor del poeta era también dar al hombre capaz  de  grandes  hazañas,  la “memoria” de parte de las  Musas, la  cual  consistía en obtener la gracia de ser recordado por siempre o de ser olvidado para siempre. Al respecto dice Píndaro: “Olvidadizos son los mortales que en sus ondas no han arrastrado los versos que pronuncian la gloria, de todo lo que no ha hecho florecer el supremo arte de los poetas” (García, 2000).

    Con todo, el mythos recoge muchos otros aspectos, entre los cuales los más destacados están los tres antes mencionados: palabra divina revelada por el rey, relato oral con carácter mántico y dador de gloria a los hombres valientes. 

2. Los educadores del mundo griego

    Entre tanto, Homero y Hesíodo son los maestros de la verdad para el pueblo griego, los mitólogos más populares e influyentes del mundo helénico. Homero es quien ordena la multitud de divinidades que forman parte del cielo imaginario griego, creando todo un  universo  teológico,  por su parte Hesíodo es quien los organiza y les establece un árbol genealógico. Ambos poetas surgen en un período de la historia muy enigmático del mundo griego, la Edad Oscura, en el  que  decae  paulatinamente el «pensamiento mítico»,  afectado  por una serie de acontecimientos que pronto iremos  señalando. Fiel  prueba  de  ello es el  hecho  de  que  las  obras  de  Homero  y de Hesíodo se hayan conservado en manuscrito, lo que demuestra que ya se había descubierto la escritura fonética y   la oralidad estaba decayendo. Pues bien, Homero y Hesíodo, con sus aportes en materia teológica, quisieron restaurar la imagen épica del mundo luego de que el sistema palatino perdiera su vigencia. Sus obras tuvieron un impacto profundo en el área cultural griega. La Odisea de Homero y   La   Teogonía   de   Hesíodo,  brindaron las pautas para enseñar y guiar a toda la Helade, así su popular talento se convirtió en pilar fundamental del espíritu griego en un período de la historia en el que el orden visible se había perdido.

3. El mythos decae

     Muchos factores influyeron en lo que denominamos el paso griego «del mythos al logos», es decir, el paso de un orden fuertemente jerarquizado, en donde primaba lo divino y lo privado, a uno débilmente jerarquizado, donde cobra mayor importancia el valor de lo público, el de la igualdad y el de la vida en comunidad. El logos  filosófico  comienza a tomar forma a partir de estos cambios pues del mythos como narración sagrada   y divina, palabra revelada e inmutable, se empieza a dar paso al logos como palabra humana y contingente, más a la par con    el  concepto  que  con  la    representación.

     Es preciso, por tanto, ir  puntualizando  los   acontecimientos   más    relevantes que influyeron en dicha transición. No obstante,  nombrar  el  peso  que  tuvo  cada uno de ellos es una  labor  ingente que requiere de mucha investigación y supone un estudio más detallado del que presento a continuación, dado lo anterior me limitaré a explicar brevemente las transformaciones más sobresalientes  en  las que cada uno de estos acontecimientos actuó como causa para el  advenimiento del logos.

     En primer lugar, se hace necesario situar las invasiones dóricas a territorio griego en el siglo XII a. C. Ellas marcan el fin de una forma de vida social que tenía como centro el palacio y como principio organizador la figura divina del rey [poeta-sacerdote]. Su consecuencia más significativa, al destruir el equilibrio proporcionado por el rey, es el nacimiento del pensamiento lógico- filosófico y la apertura del camino para la inauguración de la polis y todo su universo espiritual (Vernant, 1998). Desde entonces, el prestigio de la palabra, el desarrollo de las prácticas públicas y la igualdad entre los ciudadanos de la polis, pasarán a ser características dominantes  del  espíritu   griego. Cuando la figura del rey decae, el ágora cobra vida donde antiguamente estaba el palacio del rey y se erige como lugar propio para la discusión pública, asimismo la alétheia del poeta entra en crisis porque el mythos ya no justifica adecuadamente la explicación del mundo. La figura de los nuevos maestros de la verdad no es ya la del rey sino la de los pensadores y sabios, viajeros en el caso de Jenófanes, que vienen a poner en ‘entre dicho’ lo que antes constituía creencia popular.

     En el párrafo anterior se destaca –además de la irrupción de los dorios en territorio griego– la aparición de la Polis, el desarrollo de prácticas públicas dentro del ágora y el prestigio adquirido por los sabios, como factores importante en lo que se ha denominado la transición «del mythos al logos».

     Existen otros factores que ponen  al  mythos en un lugar secundario y dejan traslucir el nacimiento del logos. En  primer lugar, el descubrimiento de la escritura fonética que desplaza lo secreto   y lo hace público, permitiendo a todos escribir tal como hablan y consolidar una cultura común en  la  que  todos  conocen la ley y los conocimientos anteriormente prohibidos; en segundo lugar, la invención de la moneda acuñada que hace posible    el intercambio homogéneo de objetos, lo que deja ver el predominio del logos en su carácter de representación universal y, por último, la acogida de técnicas geométricas laicales para la ubicación en el espacio y en el tiempo que permiten al hombre griego una concepción más precisa de la realidad.

4. El significado de transición​

     El significado de transición no tiene que ver con que mythos y logos sean dos fuerzas opuestas que luchan por la preeminencia. “En principio mythos y logos no se oponen –el logos es hierós logos–, narración sagrada que recoge las gestas de los héroes y la vida de los dioses. Poco a poco el logos se va trasformando –pasa de mera representación a concepto” (Morey, 1988). Es mucho más preciso que entendamos el encuentro griego del mythos y el logos en términos de un cambio de perspectiva, es decir, de un cambio de visión que no justifica un combate ‘violento’ sino la urgencia de un nuevo saber basado en razonamientos bien trabados.

     Llegó un momento en la historia del pensamiento occidental –luego de las invasiones dóricas y el decaimiento del sistema palatino– en el que se exigió al mythos explicaciones que  no podía  dar  ni sustentar. Alguna vez Píndaro, un piadoso y conservador poeta, se encontró con un relato mítico que le extrañaba enormemente. La razón de esto fue que descubrió  en él   actitudes   descaradas   y crueles de parte de algunos de sus personajes, llevándolo a advertir sin censura: “más allá del relato verdadero, los mitos recamados con pintorescos embustes forjan totales engaños” (García, 2000). Por  eso  cuando el mythos no fue capaz de sostener sus explicaciones, fue necesario buscar una razón verdadera, un logos alethés.  Tal  es el caso de Jenófanes de Colofón, uno de los llamados pensadores presocráticos que problematizó agudamente los contenidos de los mitos y sus pretensiones de enseñar y guiar, centrando su crítica en Homero y Hesíodo, mitólogos más respetables en el mundo griego. Dice Jenófanes al respecto: “Homero y Hesíodo han atribuido a los dioses cuantas cosas constituyen vergüenza y reproche entre los hombres, el robo, el adulterio y el engaño mutuo” (Kirk, 1987). Su crítica es clara, la divinidad tiene que estar libre, ciertamente, de toda flaqueza moral que hasta los hombres consideren censurable.

     Ahora, ¿existió un sentimiento particular que haya impulsado a los primeros filósofos a la búsqueda de un logos verdadero? ¿Algo los motivó a encontrar una verdad? Frente a estas preguntas, Platón y Aristóteles proponen una respuesta,  encontrando  en el fenómeno del thaumázein el comienzo del teorizar filosófico. El admirarse ante todo lo que se presenta a los sentidos   fue,para los primeros filósofos, un paso muy relevante en la elaboración de sus teorías naturales. “La realidad global se presenta ante esos inquietos pensadores como algo que requiere una explicación distinta a la que dan las narraciones míticas” (García, 2000). Cuando el thaumázein aparece, el filósofo se pone en acción, se inscribe en la búsqueda de una respuesta, no se queda quieto, de ahí que diga Heráclito “muchos se admiran, pocos conocen” (García, 2000). “Históricamente, –según afirma Miguel Morey– el primer gran tema de asombro será la physis –la naturaleza: entendida como una entidad  en  marcha, un entramado de acontecimientos que hay que reducir bajo un principio soberano” (Morey, 1988).

     Podemos concluir que el  encuentro griego del mythos y del logos, su sentido en términos de transición, debe entenderse como un ‘admirarse’ frente a la realidad y  no  un  encontrar respuesta  a los interrogantes en los relatos míticos que creen explicar  el  mundo,  viéndose el  hombre,  por  este  motivo,  motivado a encontrar una razón verdadera. En síntesis, ésta es la opinión de Platón y Aristóteles sobre el paso del hombre griego del mythos al logos. No quiere esto decir que se haya dado un choque antagónico entre mythos y logos sino, más bien, que surgió la necesidad de mirar toda la realidad desde otra perspectiva para poder abarcarla y explicarla con más facilidad  que  con  el  mythos, surgiendoasí el logos y convirtiéndose en  principiohomogenizador de la realidad.

5. El logos, la respuesta

     El  logos  es  lo  más  útil  para  resolver   la aporía que suscita el asombro. La autoridad que ejercían los poetas y sus narraciones de dioses y prodigios resultan insuficientes para explicar la naturaleza y los fenómenos que ocurren en ella. Ahora, el poeta no tiene  la  misma  credibilidad de siempre porque los nuevos pensadores han cuestionado sus teorías, la palabra es ahora de dominio público, la cultura griega está sufriendo mutaciones, se abre a todo  el demos y adecúa un espacio para ello –el ágora–, no necesita ya de héroes porque la igualdad prima ante  todo. Se  ha  perdido la figura del rey ordenador y su puesto ha sido ocupado por el logos. La palabra es ahora un asunto de todos, “la palabra no es ya el término ritual, la formula justa, sino el debate contradictorio, la discusión, la argumentación” (Vernant, 1988).

     Los sabios se erigen frente a los poetas como los  nuevos  maestros  de  la  verdad y proponen un nuevo concepto de lo verdadero, uno que pondrá la investigación como fuente del conocimiento, pues “[c]iertamente los dioses no revelaron todas  las cosas desde el principio a los  hombres –dice Jenófanes–, sino que, mediante la investigación, llegan éstos con el tiempo   a descubrir mejor” (Kirk y Raven, 1987). La inconformidad frente a la ‘rigidez’ del mythos y al valor de lo tradicional, pone a los nuevos pensadores a confrontar las creencias con la realidad, y los lleva a concebir teorías acordes con los fenómenos naturales que los asombran. Por eso dice Jenófanes al presentar sus teorías teológicas y naturales: “Sean tenidas estas cosas como semejantes a la realidad (...)” (Ibídem).

     Ahora bien, el fenómeno del thaumázein está referido al todo. Los  presocráticos  son los primeros en sentir asombro por el todo, ellos marcan el inicio de un nuevo modo de ver la realidad. Con ellos se inicia un proyecto de investigación que  quiere dar cuenta de toda la realidad, explicarla como resultado de  un  proceso  a  partir  de un estado primero en el que existían  una  o  algunas   sustancias   primarias. Este  proyecto de investigación, acerca de la naturaleza, abre el camino hacia el pensamiento filosófico. La naturaleza, la physis, pasa a ser prioridad en la investigación de los primeros filósofos que, con un sinnúmero de explicaciones, van a dar cuenta del orden del mundo que los rodea.  Explicaciones  que  los  llevarán  a entenderla como un proceso que implica movimiento y quietud, y a considerar dos nociones nuevas: la de principio o arge, y la de orden universal o Kosmos.

     En resumen, “[e]l logos, tal como habla de él Heráclito (...) trata de ser un principio  de inteligibilidad abstracto que permita homogenizar toda la multiplicidad de lo real bajo una medida universal” (Morey,1987). El logos es, igualmente, la medida del conocimiento humano, una palabra que marca su límite. La confianza en  la  razón,  en  el  logos,  en el pensamiento lógico-filosófico, va acompañada de todo un contexto histórico, político y social que se mantiene en el marco de la polis –la ciudad, uno de los  logros más significativos de la Grecia arcaica–, que al interior de ella, se desarrollará todo un universo espiritual que facilitará la permanencia del  logos. El  predominio  de la palabra sobre los otros instrumentos del poder, la escritura alfabética y la posibilidad de poder fijar con precisión las leyes y las nuevas ideas, el desarrollo  del  comercio, la invención de la moneda, la libertad de opinión, la influencia oriental, el prestigio de los sabios, entre otros, son factores de peso para la permanencia y acogida del logos. Razón por la cual, la transición de mythos a logos no es un hecho aislado o sujeto a unas circunstancias claras y precisas en el orden de lo intelectual. Bien podemos decir que la transición de mythos a logos no es algo de lo que podamos exponer con toda certeza, pues se nos presenta en muchos puntos como un verdadero enigma. No obstante, es inminente calificarla como un hecho de trascendente importancia para el devenir del hombre contemporáneo.

6.  Conclusión

     El pensamiento mítico de la antigua Grecia es, para  el  posterior  desarrollo  del pensamiento lógico-filosófico, de un valor indudable; gracias a él los hombres comenzaron a plantear la realidad como  un enigma que debe ser develado. A través de  narraciones   de   carácter   dramático  y trascendente, el mythos sostiene las explicaciones de la realidad, pero por ello no ha de rebajarse su valor, antes bien debe ser considerado como uno de los primeros intentos del hombre por comprender su papel en el mundo. Luego, gracias a un sinnúmero de circunstancias en el orden social, político, cultural y religioso, el mythos pierde paulatinamente su credibilidad, y el talento de algunos hombres, motivados por el asombro, va a dar forma al pensamiento lógico-filosófico, configurando una nueva manera de ver la  realidad. No  obstante, no se debe entender este paso (mythos- logos) como un cambio brusco y repentino, es preferible concebirlo como un proceso lento y complejo, en el que ambas instancias (mythos y logos) fueron solidarias con el deseo del hombre de saber la verdad.


Referencias

DETIENNE, Marcel. Los maestros de verdad en la Grecia Arcaica. Madrid: Taurus Ediciones, 1983.

KIRK, G. S. y RAVEN, J. E. Los filósofos presocráticos. Madrid: Editorial Gredos, 1969.

GARCÍA GUAL, Carlos. Apuntes  sobre los comienzos del filosofar y el encuentro griego del Mythos y del Logos. En: Revista de filosofía, Julio – Diciembre, 2000. no.21, p. 55-66.

MOREY,  Miguel.   Los   Presocráticos: del Mito al Logos. Barcelona: Editorial Montesinos, 1984.

VERNANT, Jean Pierre. Los orígenes del pensamiento griego. Barcelona: Editorial Paidós, 1998.