Año 4 No. 6 Febrero - Junio de 2010

La concepción subjetiva de la ética y la dicotomía hecho-valor


Sergio Luís Ospina Toro

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Palabras Clave

ethics, fact-value dichotomy, prescriptive language, descriptive language.

 

La concepción subjetiva de la ética y la dicotomía hecho-valor

SERGIO LUÍS OSPINA TORO1 

Universidad de Caldas, Colombia.

E-mail: serospina@hotmail.com

RECIBIDO EL 25 DE ABRIL DE 2010

APROBADO EL 16 DE AGOSTO DE 2010

 

Resumen

     La larga tradición que divide hechos y valores ha ignorado las razones que existen para derrumbar esta dicotomía creada desde una concepción estrecha del lenguaje. Este texto pretende ser una breve muestra de las dos caras de esta discusión y finalmente mostrar cómo es posible encontrar un punto de unión entre estas dos facetas supuestamente irreconciliables.

 

Palabras clave: ética, dicotomía hecho-valor, lenguaje prescriptivo, lenguaje descriptivo.

 

Abstract

 

     The long tradition that divides facts and values has ignored the reasons that  are able to demolish this dichotomy created from a narrow conception of language. This paper intends to be a short sample    of both faces of the discussion, and finally show how it is possible to find a contact point between these two supposedly irreconcilable aspects.

 

Keywords: ethics, fact-value dichotomy, prescriptive language, descriptive language.

 

    La separación de los hechos y los valores data del empirismo moderno y se puede rastrear más precisamente hasta David Hume, quien, debido a  su  concepción  de los contenidos mentales –que dividía entre impresiones, datos sensoriales recibidos en este momento, e ideas, un registro algo débil de impresiones pasadas–, mostró que era imposible –al menos dentro de su sistema– tener una impresión de algo como lo bueno o lo malo, mientras que era posible tener la impresión de un libro que se encuentra sobre una mesa. De igual forma pasa con las ideas. Podemos tener una idea –entendida en el sentido de imagen mental– de una mesa, pero, en un sentido estricto, no podemos tener la idea de lo bueno, así lo bueno  no  es una cosa que se encuentra en el mundo. A partir de ese punto la separación entre hechos y valores comenzó a acrecentarse.  La concepción de Hume de lo ético como algo emotivo, movió a los valores al campo de lo subjetivo, y gran parte de las ideas empiristas,  incluyendo  el  emotivismo ético, tuvieron  una  segunda  aparición  en el siglo veinte con los mayores exponentes del empirismo en este siglo: el Círculo de Viena. Los positivistas lógicos, en un primer momento, consideraban como conocimiento sólo aquello que fuera traducible al lenguaje fisicalista, esto es, todo lo que pueda ser susceptible de explicación por parte de la ciencia física unificada, en otras palabras, traducible a términos físicos. Esto dejaba a la ética –y a la estética y, principalmente a la metafísica– fuera de lo que consideramos como ‘conocimiento’ y la reducía a un sinsentido, a una visión emotiva del mundo, una visión carente de objetividad y que desconoce cualquier tipo de conocimiento que se pueda tener sobre los valores.

 

     Esta forma de entender  la  ética  tiene  otra vertiente, viene de la interpretación que hicieron los positivistas del Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein, y que  probablemente  a  partir  del aforismo 6.421 “está claro que la ética no se puede expresar. La ética es trascendental”2, pensaron que la ética, al no poderse expresar, carecía de cualquier valor cognoscitivo, sin embargo esto no era lo que Wittgenstein planteaba. La disolución de los problemas filosóficos –incluidos en estos los éticos– era un punto central en la concepción del Tractatus, pero fue ignorada por los positivistas3. Aun así, esta interpretación no es correcta, y, aunque efectivamente coincide con algunos aspectos de la concepción que tenía el autor del Tractatus sobre la ética, no puede decirse que la interpretación que el Círculo de Viena hizo de las tesis de Wittgenstein sean las opiniones del autor. 

     La concepción ética de Wittgenstein se puede encontrar en la Conferencia Sobre Ética.En este texto –que se puede considerar del primer Wittgenstein–, los hechos,  esto es, todo lo que acaece en el mundo, o la totalidad del mundo, son  independientes de la valoración de los sujetos:

 

"Quizás ahora alguno de ustedes estará de acuerdo y ello le evocará las palabras de Hamlet: ‘Nada hay bueno ni malo, si el pensamiento no lo hace tal’ (…) Lo que Hamlet dice parece  implicar  que  lo bueno y lo malo, aunque no sean cualidades del mundo  externo, son atributos de nuestros estados mentales (…) El asesinato estará en el mismo nivel que cualquier otro acontecimiento como, por ejemplo, la caída de una piedra (…) también podríamos leer acerca del dolor o la rabia que este asesinato ha suscitado entre otra gente que tuvo conocimiento de él, pero serían simplemente hechos, hechos y hechos, y no ética"4

 

     Según esto, arrojar una piedra o cometer un asesinato son igualmente hechos y no son buenos o malos  sino  determinados  así por, al menos, un sujeto. Del texto de Wittgenstein se puede resaltar que: 1) los hechos son objetivos y los valores subjetivos, 2) aunque sea obvio, es un punto importante del texto decir que lo ético sólo es de esa forma para un sujeto y 3) el lenguaje no puede contener a la ética. De este último punto se desprende algo interesante. Wittgenstein distingue entre un lenguaje prescriptivo  –ético,  estético–  absoluto  y uno relativo. En el lenguaje prescriptivo absoluto no se pueden tener referentes, mientras que el relativo, a pesar de contener palabras como ‘bueno’ o ‘malo’, lo podemos utilizar para describir la conducta de las personas: “por ejemplo, si digo que ésta es una buena silla, significa que esta silla sirve para un propósito predeterminado (…) De hecho la palabra ‘bueno’ en sentido relativo significa simplemente que satisface un cierto estándar determinado”5. Esto deja el camino abierto para mostrar que, al menos en su forma relativa, el lenguaje prescriptivo puede usarse para describir. Los conceptos que se usan en ambos tipos de lenguaje se conocen como conceptos éticos densos. Conceptos como bueno, que puede usarse en las formas  que Wittgenstein  describe. A pesar de este avance, para Wittgenstein lo valorativo sigue estando dentro de lo subjetivo y la dicotomía hecho-valor se mantiene en pie. 

 

     La objetividad de los valores puede ser demostrada de varias formas, pero lo principal en todas ellas es  mostrar  que los   valores   se   encuentran  relacionados de alguna  forma  con  los  hechos.  Esto  no quiere decir que se busque darle a los valores un estatus ontológico similar al de los hechos, simplemente se pretende que los valores, a pesar de que se encuentren en los sujetos, no dependan  enteramente de las interpretaciones que  estos  hagan  de los hechos. El estudio de los hechos,   las ciencias, no se encuentra en ningún punto con el estudio de lo bueno y lo  malo, sin embargo, no podemos negar que las ciencias dependen de criterios como la relevancia o la verdad:

 

"El  hecho  de  que  la  ciencia  no sea, como se ha pensado ‘neutra en cuanto a los valores’, no muestra ni que los valores ‘éticos’ sean objetivos  ni  que la ética pueda ser una ciencia, claro está (…) pero  el  hecho de que la aceptabilidad racional en las ciencias exactas dependa de virtudes cognitivas como la ‘coherencia’ y la ‘simplicidad funcional’ muestra que al menos algunos términos de valor representan propiedades de las cosas a las que se aplican".6

 

     Esto demostraría la objetividad de los valores, ahora queda por mostrar la debilidad  de  la  dicotomía.  En  teoría, la dicotomía hecho-valor distingue  dos  cosas completamente ajenas la una de la otra, pero en el uso real del lenguaje esa distinción se pierde en gran parte debido   a la vaguedad del lenguaje cotidiano. Las palabras que podríamos considerar como “prescriptivas” y las que consideraríamos como “descriptivas” no sólo se usan en esos ámbitos, podemos tomar una descripción de las actitudes de una persona y llegar a una conclusión “prescriptiva”:

 

"Aún cuando uno de los siguientes enunciados, ‘Juan es un hombre muy poco amable’, ‘Juan es un hombre que solo piensa en sí mismo’,  ‘Juan haría prácticamente cualquier cosa por  dinero’,  puede  ser una descripción verdadera  en  el sentido más positivista (…)  si uno establece la conjunción de los tres enunciados, no es necesario añadir que ‘Juan no es muy buena persona’7"

 

     La  descripción   de   cualquier   hecho, por otra parte, presupone valores, así nuestras descripciones dependen de  lo  que consideremos como relevante. Para cualquier descripción presuponemos valores, al menos valores de un tipo que podríamos llamar ‘cognitivo’, por ejemplo la verdad, el valor cognitivo principal:

 

"Si los términos ‘coherente’ y ‘simple’ no están por propiedades de  las   teorías,   ni   siquiera por propiedades difusa o imperfectamente definidas, sino solo por ‘actitudes’ que guardan relación con la aceptabilidad racional, tales como ‘justificado’, ‘bien confirmado’ o ‘la mejor explicación de que disponemos’, deben ser subjetivos casi por completo: pues la aceptabilidad racional no puede ser más objetiva que los parámetros de los que depende (…) de modo que nos vemos obligados a concluir que al menos estos términos de valor tienen algún tipo de aplicación objetiva, esto es, algún tipo de condiciones objetivas de justificación8"

 

     Sin el valor cognitivo de la relevancia ninguna descripción sería algo cercano a  lo que denominamos con esa palabra. Los valores nos permiten tomar los hechos relevantes para las distintas descripciones que hacemos del mundo.

 

“Así como criticamos a un descriptor que no emplee los conceptos de mesa y silla cuando se le exige su uso, quien no observe que alguien es amable o espontáneo puede exponerse a ser tachado de imperceptivo o superficial; su   descripción   no   es   una  descripción adecuada”9.

 

     Si se objeta que la noción de lenguaje que se está usando aquí es muy liberal  y  se  pretende  una  concepción más parecida a la de los  positivistas  –  con sus distinciones entre términos observacionales y teóricos–, entonces, si, por ejemplo, tratara de analizar el término “crueldad” lo primero que tendríamos que preguntarnos es si es un término teórico    u observacional, y la respuesta es que  sería teórico, ya que la crueldad no es una disposición observable; luego debemos darnos cuenta que cruel no es una

 

"(…) hipotética propiedad física como carga, que postulamos para  explicar   científicamente y predecir ciertos fenómenos, sino más bien un término que figura en un cierto tipo de comprensión reflexiva de la justificación de una conducta, un modo de comprender cómo se  siente   y   actúa   el   agente y cómo otros perciben esos sentimientos y acciones10."

 

     Pero un positivista replicaría que para comprender ese  término  se  necesitaría  un misterioso tipo de entendimiento sobrehumano, y eso es un sinsentido. Lo que nuestro positivista no entiende es  que somos capaces de entender el término “crueldad” y todos los demás términos prescriptivos sin necesidad de capacidades sobrehumanas. La concepción del lenguaje que tenían los positivistas era tan estrecha que no podía explicar cómo entendemos palabras que usamos todos los días.

 

     Otra razón por la que se puede considerar que la dicotomía no es verdadera, es que el cientificismo en ética no es posible, y aun así, ese no es un problema. Los hechos se consideran explicados desde la física. Todo lo que sea explicable a partir de la física se consideró desde la modernidad como algo objetivo,  y  todo  lo  que  no era explicable desde la física o alguna otra ciencia, era tomado como subjetivo. Incluso  algunas de nuestras intuiciones que se tomaron como subjetivas también pasaron a ser acientíficas. Este fue el caso de los valores. La imposibilidad de que la ética  tenga  una explicación científica o sea susceptible de  una  sistematización,  como  las   de  las diferentes ciencias naturales, data de Aristóteles, pero por el hecho de que algo no pueda ser  explicado  científicamente  no quiere decir que dicha cosa no exista o que sea subjetiva o inexplicable, del hecho de que los valores sean no científicos no implica que no sean objetivos o que no se puedan relacionar con los hechos.

 

     La dicotomía hecho-valor tiene tras de sí una fuerte tradición que apoya la subjetividad ética y, claro está, la  independencia  de  los hechos y los valores. Pero si no puede explicar cómo somos capaces de usar efectivamente el lenguaje, cómo somos capaces de comprender palabras como “bueno” o “malo” entonces, ¿por qué seguir sosteniéndola?


 

Notas

1. Tesista de la profesionalización en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas.

2. WITTGENSTEIN, Ludwing. Tractatus Logico- philosophicus. Madrid: Revista De Occidente, 1957. p. 199.

3. Cuando Wittgenstein anunció la disolución de los problemas filosóficos, ésta llevaba a  un  abandono de la actividad filosófica (ya disuelta), cosa que los positivistas, aunque también proclamaron que los problemas filosóficos no se resolvían sino que se disolvían, pasaron por alto y continuaron con su labor filosófica normal.

4. Ibíd., p. 37.

5. Ibíd., p. 35.

6. PUTNAM,  Hilary.  Razón,  Verdad   e   Historia. Madrid:  Editorial  Tecnos, 1988. p. 138-139.

7. Ibíd., p. 142.

8. Ibíd., p. 139.

9. Ibíd., p. 143.

10. PUTNAM, Hilary. El Desplome de la Dicotomía Hecho/Valor y otros Ensayos. Barcelona: Paidós Ibérica, 2004. p. 40.


Referencias

PUTNAM, Hilary. Razón, Verdad e Historia. Madrid: Editorial Tecnos, 1988.

                . El  Desplome  de  la DicotomíaHecho/Valor y otros Ensayos. Barcelona: Paidós Ibérica, 2004.

WITTGENSTEIN, Ludwig. Tractatus Logico-philosophicus. Madrid: Revista De Occidente, 1957.

                .  Conferencia  sobre  ética:  Condos comentarios sobre la teoría del valor. Barcelona: Paidós, 1995.