Año 3 No. 3 y 4 Febrero - Junio de 2009

Anarquismo epistemológico y Racionalismo crítico


ANDRÉS DEL CORRAL SALAZAR (1) ANDRESDELCO@HOTMAIL.COM

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

Es común señalar enfáticamente las grandes diferencias  entre  las  filosofías  de  la  ciencia de  Karl  R.  Popper  y  la  de  su  discípulo  Paul K. Feyerabend. De este modo, el anarquismo epistemológico de Feyerabend se presenta como una ruptura total con el racionalismo crítico de Popper. En este trabajo pretendo mostrar que este modo de entender ambas filosofías de la ciencia es equivocado y que se debe a una desatención de las tesis más básicas de ambos autores. Para ello expongo, en primer lugar, las tesis principales del anarquismo epistemológico para dar paso a la presentación del racionalismo crítico. Luego hago una comparación entre ambas posturas y concluyo que, a pesar de las diferencias evidentes, el anarquismo epistemológico hunde sus raíces en el racionalismo crítico.

 

Abstract

It is common to point emphatically out the large differences between the Karl R. Popper and his disciple Paul K. Feyerabend philosophies of science. Thus, the epistemological anarchism of Feyerabend is understood as a complete break with the critical rationalism of Popper. In this paper I intend to show that this way of understanding the two philosophies of science is wrong and that it is due to a neglect of the basic theses of both authors. In order to prove that, I will expose, first of all, the main theses of epistemological anarchism and those of critical rationalism. Then, I will make a comparison between both positions and, finally, I will conclude that, despite the obvious differences, the epistemological anarchism has its roots in critical rationalism.

Palabras Clave

epistemological anarchism, critical rationalism, philosophy of science, Popper, Feyerabend.

No comparto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo.

Voltaire

El Anarquismo Epistemológico posee una doble dimensión: metodológico- epistemológica y ético-política. Consecuencia de lo primero es que no existen reglas definitivas ni leyes universales que orienten la práctica científica, y junto con ello la aceptación de la concurrencia de elementos no racionales y extra-científicos en la construcción del conocimiento científico. La segunda va en contra de los conceptos universales que devienen totalitarios y excluyentes, que ponen en peligro la sociedad mediante el ataque de la ciencia.

En el presente trabajo quiero concentrarme en el aspecto metodológico-epistemológico del anarquismo feyerabendiano y defender la tesis de que Feyerabend, aun cuando él mismo se considera un acérrimo retractor de las ideas de Popper, realmente no se mantiene muy alejado de éstas. Así pues, considero que podemos encontrar en las ideas del Anarquismo Epistemológico de Feyerabend una base substancial que ya estaba en el Racionalismo Crítico de Popper. No quiero sugerir que Feyerabend sea lo mismo que Popper, eso sería desconocer absolutamente la obra literaria de ambos, sino otra cosa diferente, que el anarquismo feyerabendiano puede entenderse, bajo cierta forma, en términos del racionalismo popperiano. Para ello me valdré de las obras más representativas del pensamiento de cada uno de estos filósofos sin detenerme a criticar punto por punto las tesis allí expuestas. Así, no entraré a analizar y defender los principios básicos como tales en los que descansan las filosofías de la ciencia de cada uno, sino que expondré, bajo riesgo de estar redefiniendo conceptos, sendos aspectos claves del Anarquismo Epistemológico y el Racionalismo Crítico que nos permitirán llegar a tal conclusión.

Comencemos entonces caracterizando el Anarquismo Epistemológico. Según Feyerabend la epistemología contemporánea se constituye como un discurso en torno a la ciencia que no da cuenta del trabajo científico real. La epistemología es una idealización sobre nada porque desconoce la historia de la ciencia. La historia de la ciencia, señala Feyerabend, está poblada de acontecimientos irracionales, en el sentido de que en el progreso o cambio de teorías no ha primado la razón. La labor del científico no ha dado sus frutos siguiendo una serie de reglas predeterminadas, sino que, por el contrario, ésta se ha visto irremediablemente llevada a buscar nuevos recursos como trucos sicológicos, engaños, empleo de propaganda, hipótesis ad hoc, etc. Los filósofos de la ciencia, dice Feyerabend, desconocen la historia de la ciencia, motivo por el cual afirman que existe un método seguro que le ahorrará tiempo a los científicos, reduciendo así la labor del científico en unas reglas uniformizantes. Sin embargo, este intento por homogeneizar la ciencia no da cuenta del trabajo que el investigador científico realiza realmente, quien actúa como un oportunista metodológico en el sentido de que está dispuesto a transitar diversos caminos posibles para alcanzar sus objetivos en cada situación particular. La historia de la ciencia es caótica y llena ejemplos de deshonestidad intelectual, sin embargo ha sido reconstruida como un relato ‘objetivo’ y accesible a un planteamiento constituido por reglas estrictas e incambiables.

[…] para aquellos que consideren el rico material proporcionado por la historia, y que no intenten empobrecerlo para satisfacer sus más bajos instintos y su anhelo de seguridad intelectual bajo pretexto de claridad, precisión, objetividad, verdad; para ellos será claro que sólo hay un principio que puede defenderse bajo cualquier circunstancia y en todas las etapas del desarrollo humano. Es el principio: todo vale” (Feyerabend; 1981: 23)

Como vemos, la unificación de procedimientos metodológicos es, según Feyerabend, forzadamente artificial. Sólo una lectura acrítica de la historia de la ciencia nos permite determinar un método único y privilegiado. El único método aceptable para Feyerabend es que no hay un método unívoco: no hay un conjunto de reglas, por más afortunadas que éstas parezcan, que sean infalibles. Como él lo afirma, evaluando episodios en historia de la ciencia como el de Galileo al ofrecer evidencia a favor del copernicanismo, el crecimiento de la ciencia ha sido posible en virtud de que los científicos no se limitaron al uso de reglas en sus investigaciones (incluso a aquellas que ellos recomendaban), sino que siguieron sus intuiciones, emplearon la mentira, la propaganda, y así, después de un tiempo, cuando sus teorías ya estaban a salvo de los feroces ataques de sus críticos, pudieron refinar sus teorías que resultaban ciertas.

Para sintetizar el punto de vista de Feyerabend a este respecto, podemos construir una analogía. Según ésta, los epistemólogos contemporáneos son como fogosos consejeros en una partida de ajedrez, intentando prescribir al jugador el método para la siguiente jugada. Pues bien, dice Feyerabend, no existe un único método unívoco, no podemos prescribir su proceder. Habrá contrincantes (léase realidad) con los que se tendrá que cambiar la estrategia (léase método) para poder ganar, y si aun así no se gana habrá que hacer trampa.

¿Debe sorprendernos esta conclusión? ¿A qué obedece el curso de la historia de la ciencia? La razón para esta línea argumentativa podemos encontrarla en las dos siguientes tesis complementarias: i) las teorías que hablan del mismo sector de la realidad no son deducibles entre sí, son inconmensurables (negación de la condición de consistencia). Los conceptos comunes a ambas teorías no permiten tal derivabilidad porque su connotación y denotación son diferentes (negación de la condición de invariancia del significado), y ii) los hechos no poseen independencia de la teoría (negación del principio de autonomía de los hechos), no existe una observación ‘pura’. Todo hecho está contaminado de teoría.

Estas tesis centrales en el pensamiento de Feyerabend van en contra de la tradición post-positivista o tradición de la ‘concepción heredada’ de la ciencia. Implican que la condición de consistencia y la condición de invariancia del significado son falsas. En efecto, la plausibilidad de la tesis de la inconmensurabilidad de teorías depende de la negación de ambas condiciones, lo cual queda demostrado por la historia de la ciencia. Por consiguiente, en contraposición a ello, Feyerabend recomienda emplear los principios de proliferación y tenacidad, los cuales consisten en, respectivamente: inventar teorías inclusive cuando su competidora se encuentra altamente confirmada y  aceptada;  y  conservar  aquella  teoría  más  promisoria  independientemente  de las dificultades que la teoría presente. Por tanto, el principio del todo vale podría interpretarse como el principio de tenacidad más el principio de proliferación. Si a esto hemos de añadir que las descripciones de los hechos son dependientes de la teoría en la cual el observador se inscribe, tenemos que:

Un buen empirista no se conformará con la teoría que ocupa el centro de atención, ni con aquellas pruebas de la teoría que pueden llevarse a cabo de manera directa. Sabiendo que la crítica más fundamental y más general es aquella realizada con la ayuda de alternativas, tratará de inventar tales alternativas” (Feyerabend; 1990:84)

La naturaleza sólo se manifiesta a una pluralidad de métodos. El investigador comprometido con un método, por consiguiente, no tendrá acceso a hechos de la naturaleza que permanecerán ocultos para él. Estos aspectos básicos del Anarquismo Epistemológico aparecen repetidamente en la obra de Feyerabend.

Concluimos, según el Anarquismo Epistemológico, que, si queremos que la ciencia ‘progrese’, debemos actuar contrainductivamente, i. e, siguiendo los principios de tenacidad y proliferación, y sin considerar los ‘estándares intelectuales’ del momento y desafiando cualquier ley universal en metodología. “La ciencia es una empresa esencialmente anarquista; el anarquismo teórico es más humanista y más adecuado para estimular el progreso que sus alternativas basadas en la ley y el orden” (Op.cit.:1). El anarquismo aparece así, en lo sugerido por el autor, como una medicina para la epistemología y para la ciencia, en una búsqueda por acentuar las dimensiones creativas y heterodoxas en la producción de conocimientos científicos.

Hasta el momento sólo me he encargado de hacer una somera exposición del anarquismo entendido en su aspecto metodológico-epistemológico, aspecto que nos interesa para nuestro propósito de establecer la relación Popper-Feyerabend, desconociendo deliberadamente el aspecto ético-político. Me encargaré ahora de caracterizar el Racionalismo Crítico de Popper.

El Racionalismo Crítico, por otra parte, puede sintetizarse enteramente recordando el aforismo popular ‘aprendemos de nuestros errores’. El mismo Popper cita este aforismo en su introducción al libro Conjeturas y Refutaciones, que, además, nos da también una idea de lo que consiste el Racionalismo Crítico y, en general, el progreso de la ciencia. El Racionalismo Crítico establece que en la búsqueda del conocimiento hay que mantenerse en una permanente actitud de tanteo entre distintas alternativas tanto de caminos a abrir como de examen despiadado de las pretendidas soluciones encontradas o de sus consecuencias. Se trata de aventurar algunas afirmaciones sobre el comportamiento de la naturaleza, y del examen crítico de éstas. Según la concepción enunciativista de la ciencia que defiende Popper, las teorías científicas son un conjunto de enunciados relacionados lógicamente entre sí. Tales enunciados contienen, siguiendo el Racionalismo Crítico, hipótesis y predicciones más o menos plausibles,2 nunca totalmente ciertas. A este respecto, Popper dice:

[…] la ciencia no es un sistema cerrado de enunciados seguros o bien establecidos, ni un sistema que avanza firmemente hacia un estado final. Nuestra ciencia no es conocimiento (episteme): nunca puede pretender que ha alcanzado la verdad, ni siquiera un sustituto de ésta, tal como la probabilidad” (Popper; 1962: 259)

El Racionalismo Crítico de Popper es, en cierto sentido, una actitud antidogmática frente al conocimiento. La ciencia ha crecido mediante un proceso ininterrumpido de conjeturas y refutaciones, y no sabemos cuándo tendremos que detener ese proceso, no podemos saber cuándo estamos en la verdad. La ciencia no progresa porque una teoría ha mostrado ser verdadera, eliminando otra, sino por eliminación de errores, los cuales encontramos en la teoría que se reemplaza. Si sumamos a estas consideraciones el problema de la inducción que Popper señala y al cual su filosofía de la ciencia pretende ser una alternativa, podemos establecer el carácter hipotético- deductivo del método que él propone para la ciencia empírica. Las teorías científicas son hipótesis a partir de las cuales se pueden deducir enunciados corroborables o falsables mediante la observación; si las observaciones experimentales adecuadas revelan como falsos esos enunciados, la hipótesis es refutada. Si una hipótesis supera el esfuerzo de demostrar su falsedad, puede ser aceptada, al menos con carácter provisional. Ninguna teoría científica, sin embargo, puede ser establecida de una forma concluyente. Así, no se escoge la teoría verdadera sino la menos mala, es decir, la más verosímil.

Un racionalista es “[…] un hombre que desea entender el mundo, y aprender discutiendo con otros… esto es, criticándolos, suscitando sus críticas y tratando de aprender de ello” (Popper; 1990: 68) Para Popper es claro que la función orientadora del examen crítico sólo debe abrir horizontes, incluso ampliar la visión del mundo de las personas, no intentar reducirla a moldes de formalismos estrechos. Además, sostiene que la ciencia debe comenzar “[…] no con la recolección de observaciones ni con la invención de experimentos, sino con la discusión crítica de mitos y de técnicas y prácticas mágicas”.3

Popper, sin embargo, ha establecido un criterio de demarcación que permite diferenciar entre ciencia empírica y seudociencia, metafísica, matemáticas, etc. Tal criterio es el principio de ‘falsabilidad’. Según este, una teoría es empírica si la clase de los posibles falsadores de la teoría no es una clase vacía. Feyerabend, por otra parte, no ha escatimado esfuerzos a la hora de atacar, no sin una buena dosis de sátira cómica, a sus contrincantes académicos. Uno de los principales objetivos ha sido Popper, su antiguo profesor de clases, y toda la escuela del Racionalismo Crítico. Basta mencionar el conocido hecho de que, aún después de tener los agradecimientos a su antiguo profesor en las notas al pie de sus publicaciones, las borró considerando que no eran importantes en lo absoluto.

Entre las diferencias en el pensamiento de ambos filósofos podemos resaltar algunas de suma importancia. Por ejemplo, mientras que la filosofía de la ciencia de Popper es de carácter sincrónico, podríamos decir in abstracto, la de Feyerabend atiende la perspectiva histórica de la ciencia, es diacrónica. Otra diferencia la constituye el papel que juegan las hipótesis ad hoc en el planteamiento de ambos. Para Feyerabend, hay circunstancias en que es necesario introducir hipótesis ad hoc, o hipótesis que contradicen resultados experimentales. La introducción de hipótesis ad hoc, que en Popper aparece como una estrategia propia de las teorías no-científicas y que por tanto hay que evitar, es en el planteamiento de Feyerabend una posibilidad y a veces un recurso necesario al que acuden las teorías científicas para su supervivencia mientras toman un respiro y se ajustan a la realidad. De este modo en la epistemología anarquista se va haciendo cada vez más difuso el límite entre teorías propiamente científicas y no científicas, toda vez que los criterios externos al juego científico (idiosincrasia del investigador, prejuicios, intereses, relación con los centros de poder) comienzan a cobrar relevancia. Relacionado con esto, está la sugerencia de Feyerabend de proceder contrainductivamente bajo los principios de tenacidad y proliferación, conservando y defendiendo las teorías que han sido rechazadas por la experiencia. Por el contrario, Popper recomienda proceder deductivamente rechazando las teorías que no pasan el cedazo de la corroboración, que no se adecuan a la experiencia y que, por tanto, han resultado falsadas. Pero tal teoría podría, eventualmente, ser retomada si nuevas observaciones no entran en conflicto con ella y sí con su teoría competidora. Además, los popperianos estarán dispuestos a defender la idea de que el falsacionismo promueve el progreso de la ciencia, mientras que los feyerabendianos dirán que, como cualquier método, lo impide. Por último, Feyerabend probablemente diría que la diferencia fundamental del anarquismo en su aspecto metodológico-epistemológico con el Racionalismo Crítico, es que ésta induce al científico a creer en ciertas reglas y a seguirlas, mientras que el anarquismo está en contra de cualesquiera principios o reglas metodológicas eternos e inmutables y, así, permite al científico seguir la ruta que le plazca en su investigación.

Sin embargo, quiero sugerir la idea de que la diferencia fundamental entre estos autores no estriba tanto en sus bases epistemológicas como en la actitud que cada uno tiene para con la ciencia. Por un lado, pareciese como si Popper viera en la ciencia la solución para los problemas que aquejan a la sociedad y la considerará como un bien en si mismo. En el prólogo que escribe a manera de resumen para su libro En Busca de un Mundo Mejor dice que “la búsqueda de la verdad, especialmente en ciencias naturales, constituye sin duda una de las cosas mejores y más grandes que ha creado la vida en el curso de su larga búsqueda de un mundo mejor” y a continuación pregunta “[…] pero ¿no hemos destruido el entorno con nuestra ciencia natural? ¡No! Hemos cometido errores, todos los seres vivos cometen errores. Realmente es imposible prever todas las consecuencias inesperadas de nuestros actos. Aquí la ciencia es nuestra mayor esperanza: su método es la corrección del error” (Popper;1995: 11). Feyerabend, en contraposición a Popper, no ve en la ciencia una solución sino un problema mismo para la sociedad. Los científicos, dice Feyerabend, son creadores de cuentos de hadas que se aprovechan del prestigio que la sociedad les ha concedido para destruir otras formas de conocimiento como el vudú, la hechicería, etc. La ciencia es de esta forma más una ideología que una teoría políticamente neutral. Estas ideas llevan a Feyerabend a ir en contra de los estándares intelectuales y las comunidades de científicos.

Deseo defender a la sociedad y sus habitantes de todas las ideologías, incluida la ciencia. Todas las ideologías se deben mirar en perspectiva. No se deben tomar muy en serio. Uno debe leerlas como cuentos de hadas, que tienen muchas cosas interesantes por decir, pero que también contienen malvadas mentiras, o como prescripciones éticas que pueden ser útiles reglas de sentido común, pero que son fatales cuando se siguen al pie de la letra” (Feyerabend; 1990: 96)

Los científicos son, en suma, vendedores de ideas. Pero no son los jueces de la verdad y la falsedad ni deben siquiera sugerir un modo de vida correcto.

Quiero,  por  último,  señalar  unos  aspectos  neurálgicos  que  empero  comparten ambas filosofías de la ciencia. En primer lugar, ambos hacen un impetuoso rechazo al principio empirista del significado del positivismo lógico que parecía condenar la teoría de la ciencia al fracaso. Como consecuencia de ello, consideran que las ideas extracientíficas no son sin-sentidos. Ambos filósofos se han preocupado por señalar el carácter provisional del conocimiento científico como consecuencia de sus epistemologías. Además, el método falsacionista de Popper no prescribe ninguna serie de pasos metodológicos al investigador, por el contrario, como Popper afirma, el conocimiento sólo es posible si el científico lanza conjeturas. Lo único que hay que evitar es inmunizar las teorías contra la falsación, pero eso no es una prescripción metodológica para el investigador sino una condición de la teoría. Esta idea es muy similar a la tesis principal del Anarquismo Metodológico de Feyerabend. Igualmente, la idea de que la ciencia puede alimentarse de ideas extracientíficas, que es un punto defendido vehementemente por Feyerabend, podemos encontrarla en la falsación de Popper si aceptamos que todas estas ideas extracientíficas están, en un momento determinado, en la clase de los posibles falsadores de la teoría.

Notas

1 Estudiante de la Maestría en Filosofía de la Universidad de Caldas.

2 Vale la pena recordar que entre menos plausible sea una hipótesis o predicción, más contenido informativo tiene. De esta manera, entre ésta más arriesgue, su probabilidad será menor, y, así, será más valiosa epistemológicamente. Lo anterior se debe a la idea de Popper que una teoría es mejor, dice más, cuanto más prohíbe.

3 Ibídem. p. 68. El subrayado es mío con el propósito de, adelantándome a mi objetivo principal, advertir al lector la pluralidad metodológica que permite internamente la falsabilidad.

 


Referencias

FEYERABEND, Paul. (1981) Contra el Método: Esquema de una Teoría Anarquista del Conocimiento. Madrid: Tecnos.

FEYERABEND, Paul. (1990)  How  to  Be  a  Good  Empiricist  –A Plea  for Tolerance  in  Matters Epistemological. En: Revista Universidad de Caldas (edición monográfica) Vol. 11. Nos 1-3. p. 84.

FEYERABEND, Paul.  (1190) How to Defend Society Against Science. En: Revista Universidad de Caldas (edición monográfica) Vol. 11. Nos 1-3. p. 96.

POPPER, Karl. (1962) Lógica del Descubrimiento Científico. Madrid: Tecnos.

POPPER, Karl. (1990) Conjeturas y Refutaciones. En: Revista Universidad de Caldas (edición monográfica) Vol. 11. Nos 1-3. p. 68.

POPPER, Karl. (1995) En Busca de un Mundo Mejor. Barcelona: Paidós.