Año 3 No. 3 y 4 Febrero - Junio de 2009

Replica: "La supuesta profundidad de Heidegger"


David Jiménez González davidjimenezgonzales@hotmail.com

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

Replica hecha sobre articulo publicado en el segundo número de la Revista Cazamoscas. Julio-Diciembre de 2008. Año 2; N°2.



Apreciado

Jhon Alexander Isaza Echeverry –Director.

Apreciado Comité Editorial

Revista Cazamoscas

Universidad de Caldas

Ciudad.

Escribo para expresar mi inconformidad por el ensayo escrito por Sebastián Estrada Robledo: “La Supuesta Profundidad de Heidegger”.1 Me sorprende el fuerte prejuicio, la ignorancia por la obra y la divulgación del filósofo alemán y la evidente intención de rebajar un pensador de tan fuertes influencias a como dé lugar.

Es preocupante, al ojear el artículo, que sólo use como bibliografía la edición clásica de José Gaos de “Ser y Tiempo” y no le importe contrastarla con la de Jorge Eduardo Rivera; que mencione uno que otro nombre de los pensadores que influyeron (Sartre, Ricoeur) y de sus detractores (Carnap), pero que no se atreva a citarlos por una aducida “falta de tiempo”. Esta carencia de libros de y sobre Heidegger es de extrañar en alguien que se asume a sí mismo como un fiero opositor de su estilo —por considerarlo rudo, oscuro, por “emplear el más inmisericorde de los lenguajes”— y de su pensamiento —el cual no pasa de ser tratado como algo “fatuo, vacío y presuntuoso”—. Todo en una defensa por el estilo y la “prelación por la vida, la claridad y los sentimientos” que hay en la literatura.

Grave es el hecho de que ignore a grandes poetas como Paul Celan y René Char; y a pensadores filosófico-literarios de la talla de George Steiner, Víctor Frías, Karl Löwith, Georges Bataille, Danilo Cruz Vélez, William Barrett, Emmanuel Levinas, Hans Georg Gadamer, Michel Foucault, Ernst Tugendhat, Hannah Arendt, entre otros. Estos pensadores han estudiado, criticado, apreciado y profundizado en el trabajo del antiguo rector de la Universidad de Friburgo (Me disculpo por la larga lista, pero es injusto que, en su exacerbado esfuerzo de querer menospreciar a Heidegger, el Sr. Estrada los ignore como si fueran filósofos de folletín que especulan destrozando el lenguaje, como si “ser influenciado” significara “estar en total acuerdo”, haciéndolos casi equivalentes a su bestia negra al no mencionarlos).

Como simple diletante que soy, me tomo el atrevimiento de recordarle al Sr. Estrada sobre la importancia que ha tenido Heidegger en la revitalización del empleo filosófico de la lengua alemana y en la recuperación del griego dentro de la exégesis del pensamiento. En todo el escrito no se menciona la importancia y la connotación de palabras como “Man”, “Verschwiegenheit”, “Sorgen”, “verfallen”, “erscheinen” dentro de la investigación filosófica que se hace en “Sein und Zeit”. Este libro trata de reformular la metafísica occidental según el concepto de “Sein”: sobre la experiencia básica de estar arrojado al mundo y de la afirmación del hombre de su propio ser y el reconocimiento de los demás seres por medio del lenguaje y no una “respuesta definitiva […] un acceso a lo más íntimo del ser”. Después de la primera guerra mundial, una carnicería nunca antes se había presenciado en la historia, el arte y el pensamiento debían volver a pensar, ante un suceso tan horroroso, sobre la experiencia básica de permanecer en la tierra; hombres como Heidegger, Spengler, Barth y (considerando el contexto social y cultural de Alemania en aquel entonces) Hitler con su Mein Kampf, se encargaron de darle un sentido a la cultura a partir de los restos de la sociedad surgida durante el segundo Reich y que era humillada por la derrota y las sanciones impuestas por el tratado de Versalles.

Pero Heidegger va más allá, va por la recuperación del sentido original y sin presupuestos del pensamiento humano, ora por medio de la poesía —sea citando a Rilke o a Hölderlin— ora por el uso de la palabra “Ereignis” como la indicada para designar el suceso del ser por medio de la experiencia del arte y no para designar un suceso entre varios. La importancia del “lenguaje como casa del ser” (Carta sobre el Humanismo) es básica en la indagación de este último tras su olvido en la vida cotidiana. Sobre este último punto, el Sr. Estrada incurre en un grave error —uno de los más descollantes en un escrito lleno de arbitrariedades literarias— al designar como “Ontología” a la búsqueda del ser en Heidegger.

Para  Heidegger,  según  su  “—Introducción  a  la  metafísica—”,2   “Ontología”  es sólo una palabra académica para designar la experiencia lejana de la presencia y el aparecer del ser de las cosas. Al indagar por el ser del ser, la filosofía originalmente tuvo mayores ambiciones; aquí Heidegger nos recuerda el sentido griego de este paso que va más allá, el paso que formuló el pensamiento presocrático: metaÜ-taÜ- fusika, ir más allá de la evidencia de lo que surge, de lo que se da en la vivencia dionisíaca antes de que el ser fuera i/dea y kathgori/a —verdad por conformidad y enunciación—, según Platón y Aristóteles respectivamente. De este modo, Heidegger empieza a revisar la obra de los grandes filósofos y de sus escuelas para encontrar los vestigios del salto primordial.

Puedo decir aquí que es injusto el ataque del Sr. Estrada contra la carencia de vitalidad en la obra de Heidegger, que se transparenta en todo su discurso. Cuando se pregunta por la posición de Heidegger en la historia del pensamiento, el autor nos recuerda la importancia de la claridad y de la expresión literaria de filósofos que van desde Erasmo hasta Russell (Pág. 18-9), pero en ninguna parte es claro sobre el origen de su prestigio —bueno, no más allá del lugar común reservado para los “posmodernos”: aquellas personas que presuntamente están dedicadas a las letras, quienes en realidad son unos perezosos que ocultan redundancias entre pompa y confusión—. Le recomiendo al Sr. Estrada que lea el Breviario “—Arte y Poesía—” —publicado por el F.C.E., el cual es una pequeña compilación que contiene “—El Origen de la Obra de Arte—” y “—Hölderlin y la esencia de la poesía—” y “—La Senda del Bosque—”(Der Feldweg) para que encuentre de qué manera está Heidegger enclaustrado en la total abstracción. Le garantizo Sr. Estrada que para usted, un hombre que ama la literatura y admira el estilo de Nietzsche, Schopenhauer y Voltaire, un hombre que parece proclamarse como un profundo conocedor de Heidegger —o, al menos, lo suficiente como para ensañarse con él— les serán grandes revelaciones.

En general, este escrito es tendencioso, sus conclusiones predecibles; una completa vergüenza para cualquiera que se diga “humanista”; así sea en crisis, si recordamos otra vez la Carta—: Recuerdo cuán fácil es juzgar un solo libro si lo que en verdad queremos es descubrir el sentido de una opera omnia, los frutos de una sola vida dedicada al estudio de un mundo aparentemente pleno.

Para terminar, quisiera citar al autor y a su traumática experiencia al leer Ser y Tiempo: tras tantos esfuerzos “nos quedamos […] con una prolija y entreverada perorata acerca de asuntos de los cuales jamás habíamos dudado, y los cuales nunca nos atreveríamos a negar.” 1) Sr. Estrada: ¿”Nos”? ¿A quién demonios usted se está refiriendo? ¿Será que es usted mismo ocultándose también en “Nuestra crítica a Heidegger […]? (Pág.20-2) “Quedar con una prolija y entreverada perorata acerca de asuntos que USTED —o cualquiera que no se dedique a escribir en una revista filosófica— jamás habría dudado” ¿Acaso no es esa, a la larga, la sensación de derrota que nos queda después de haber vivido tanto y, en este caso, después de haber estudiado y vivido para la filosofía?

Cordialmente,

David Jiménez-González

davidjimenezgonzales@hotmail.com

Estudiante de la Profesionalización en Filosofía y Letras

Universidad de Caldas

 

Notas

1 Publicado en el segundo número de la Revista Cazamoscas. Julio-Diciembre de 2008. Año 2; N°2.

2 Cfr.HEIDEGGER, Martin (2001). Introducción a la Metafísica. Traducción de Ángela Ackermann Pilári. Barcelona: Gedisa.