Año 3 No. 3 y 4 Febrero - Junio de 2009

Autoafirmación en la desesperación

(Dialéctica Del Espíritu)

Oliverio Muñoz Ocampo (1) caronteagon@yahoo.es

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




Hegel - Dostoyevski

Hegel afirma que se conoce al espíritu por medio de la historia en la que actúan los individuos y las sociedades. Ellos, en su caminar, desarrollan el proceso histórico de la consecución de la libertad. Tal proceso posee un equivalente epistemológico; en éste encontramos una conciencia que conoce la cosa; sin embargo, “la cosa, la determinidad, no viene al caso como valor, como cosa; es, más bien, aniquilada por completo, enteramente ideal”;2  en consecuencia, la conciencia queda sola consigo misma para luego conocerse a sí misma en una autoconciencia y, de esa manera, llegar al conocimiento de lo absoluto. Todo el conocimiento, desde las ciencias naturales hasta la filosofía, es el camino en que el espíritu se conoce a sí mismo.

Pero, ¿cómo se relaciona el individuo concreto con el espíritu, si se trata sólo de una  hipóstasis, o  de  un  medio? Si un hombre desea autoafirmarse, realizarse como individuo, entonces ¿cómo puede pertenecer a una sociedad?, ¿cuáles son las condiciones para que los deseos de los individuos puedan ser parte de este conocimiento del espíritu?

Este es el caso de muchos de los personajes Dostoyevskianos, caso concreto el de Raskolnikov en “crimen y castigo” y en los personajes centrales de “los hermanos Karamasov” (Dimitri-Iván-Aliocha-Smerdiakov-Zosimo), quienes desean la autoafirmación en su sociedad (o familia), quienes se creen de alguna forma superiores y buscan superar su sociedad (familia). “Es absolutamente necesario que la totalidad a la que ha llegado la conciencia en la familia se conozca a sí misma como sí misma en otra totalidad semejante de la conciencia”3​ Es inminente la superación de estos hombres en su comunidad limitada, pero ¿hasta qué punto pueden hacerlo?, ¿qué consecuencias trae este deseo de individualización?

Todos los personajes anteriormente mencionados se debaten entre su autoafirmación y la eticidad de su sociedad. Para desarrollar lo anterior partiré de la concepción de hombre que posee Hegel-Dostoyevski; posteriormente analizaremos los personajes Dostoyevskianos antes mencionados a la luz de las ideas Hegelianas y concluiremos este trabajo con la paradoja que se le presenta a los personajes por su condición de desesperados, y cómo pueden solucionarla.

Concepción de Hombre de Hegel-Dostoyevski

Hegel considera que el hombre es en la inmediatez y la trascendencia, dilema del infinito al infinito. “El hombre tiene que hacerse a sí mismo lo que debe ser, tiene que adquirirlo por sí solo […] hombre es sólo la posibilidad de serlo, de ser racional, de ser libre”.4 El individuo es un proceso, una necesidad de ser. En sí mismo encierra la contradicción y es por ella que está en continuo movimiento entre el ser y el negarse, pasando de el ser en sí al ser para sí, a universal.

Según Kostas Papaioannou “[…] en Hegel hombre es una contradicción perpetuamente resurgente, que consiste en representar el todo por su concepto y en ser un aspecto de este mismo todo por su existencia real”.El hombre con el trabajo transforma el mundo transformándose a sí mismo en el doble juego de deseo y trabajo, como parte esencial.

Para Hegel el individuo como subjetividad tiene poca importancia, porque el individuo real es el pueblo; la forma ideal del espíritu es la historia y los sujetos, por lo tanto, en Hegel encontramos seres históricos, seres superiores. Por ser estos hombres el fin del espíritu empujan los cambios y transformaciones; “los grandes individuos en la historia universal son, pues, los que aprehenden un contenido universal y hacen de él su fin”,no encuentran su misión en el estado (familia) existente sino en el que debe ser. Son grandes estos sujetos por posibilitar la conducción de otros hacia el desarrollo de la libertad. “Por esto el gran hombre ejerce un poder al que se entregan los demás, incluso contradiciendo su voluntad consciente, los demás siguen a esta conductor de almas porque sienten que en él está el irresistible poder de su propio poder interno”.Idea semejante la encontramos en la obra de Dostoyevski en la figura de Zosimo “un starets es el que absorbe nuestra alma y nuestra voluntad y la entrega a él para obedecerle en todo y con absoluta resignación”.8

Ante esta concepción de hombre, se destaca la que presenta Dostoyevski a través de sus personajes (Los Karamasov incluyendo a Smerdiakov, al starets Zosimo y a Raskolnikov), que están traspasados por la pregunta ¿quién soy yo?; este dilema muestra la concepción de hombre esencialmente en Raskolnikov en su ensayo sobre el “crimen”y en Iván Karamasov en el poema “el gran inquisidor”.10 Ambos personajes dividen a los hombres en ordinarios y extraordinarios. Los ordinarios son consciencias en sí, los extraordinarios son autoconciencias (para sí) los unos obedientes y dóciles, los otros pueden realizar cualquier clase de crimen, infringir la ley.11 El hombre extraordinario (autoconciencia) puede derramar sangre (aunque sea sangre inocente). Los personajes de Dostoyevski son más crudos que el mismo Hegel cuando consideran que cualquier avance es un crimen: “todos los hombres que desean decir (hacer) algo nuevo han de ser criminales por propia naturaleza”. En palabras de Hegel, infringir el límite conlleva a acabarlo, “devorarlo”, lo cual sólo es posible entonces si existen seres capaces de decir algo nuevo.

Pero aquí, se presenta una decisión fundamental ante este problema. Para Hegel, el individuo traspasa la moralidad de su tiempo en la medida que sea éste el germen de una nueva sociedad. En los personajes de Dostoyevski, por el contrario, este acto es individual; lejos de estructurar una nueva sociedad, se ataca, incluyendo la familia (Karamasov). Sus deseos son de seres egoístas, son seres que solo buscan transgredir los límites basándose en el deseo de autoafirmación. Por lo tanto, un hombre superior, “extraordinario”, es aquel que dentro de sí mismo es mejor que los otros; sólo los superiores son personas, los demás son simple masa.12

El Individuo y la Sociedad

Hegel afirma que el hombre se hace en sociedad; lo que es igual a decir que la sociedad se hace por medio de los hombres: “El espíritu de un pueblo, la historia, la religión, el grado de libertad política no pueden considerarse aisladamente; están unidos de manera indisoluble”.13 “No puedes tú ser mejor que tu tiempo, en el mejor de los casos serás tu tiempo”.14 Estas sentencias muestran al individuo, como parte del espíritu que se conoce, se encuentra inserto en la sociedad. De ahí que, dice Bloch, Hegel respondía frecuentemente a quien lo felicitaba “lo que en mi trabajo hay de mi es mentira”.15 Continua Hegel diciendo que “el fin universal reside en los fines particulares y se cumple mediante éstos.16 Por lo tanto, el individuo por sí sólo no puede adquirir conciencia, es por medio del espíritu del pueblo (objetivo) que logra conocerse en la mediación con el absoluto.

La anterior concepción difiere de la que da Dostoyevski. Sus personajes, las ciudades y las familias son signos de sociedades que acaban inmersas en el desasosiego. El espíritu romántico de sus personajes, los hace debatir entre la autoafirmación del orgullo y una solidaridad con el desvalido. Son almas grandes que desean ser geniales cueste lo que cueste, y que como miembros de la sociedad rusa viven su propia idea y desean cumplirla en vida.17

La Afirmación del Individuo y la Eticidad

Existe en Hegel una plena distinción entre moralidad y eticidad. Se entiende por moralidad a los estatutos subjetivos, en obediencia al deber por voluntad; y por eticidad, al conjunto de normas de la sociedad; por eso encontramos en el capítulo de la razón, aún subjetiva a la moralidad; y la eticidad en el capítulo del espíritu, absoluto; por eso “la eticidad es el espíritu en su verdad inmediata”.18

Ahora bien, dados los anteriores elementos es posible adentrarnos en el análisis de los personajes Dostoyevskianos; ellos como individuos se ven como “indicados” para transgredir límites y se sienten con la necesidad de matar a la usurera (Crimen y Castigo) o al padre (Los hermanos Karamasov). Sienten una abrumadora predestinación hacia estos actos como altruistas. Podemos ver una moral utilitaria en ellos por creer que su acción obedece a una ley superior, donde no tiene cabida sentimientos de piedad, una vez pensado un acto determinado, y así acertar en los resultados de los actos finales. La consciencia que se trata en ambas obras es la eticidad que golpea la mente de Raskolnikov, Iván y Smerdiakov, frente a la monomanía de esta idea se enfrenta la eticidad, no matarás. Es el sí mismo y el espíritu objetivo frente al deber.

Los personajes anteriores, podemos decir, se encuentran entre una ley interior de razón y poder, plenamente identificada en Iván (razón), Smerdiakov (poder-reconocimiento), que ellos mismos se han forjado y que reprimen el ego al entregarse a la vida propia y normal de la sociedad (Smerdiakov al servicio de la familia Karamasov). En ella está la semilla de la desesperación representada en el “ensayo” que hace Raskolnikov, el poema de Iván y el silencio de Smerdiakov frente a su padre Fiodor Karamasov; la hipocondría, la locura y posiblemente la epilepsia respectivamente. Estas son pruebas del desgarramiento interior de los personajes; es también el enfrentarse a una dualidad de saber si pueden o no transgredir el mundo de la eticidad por sus individualidades o si en cambio son seres débiles.

La Dialéctica Del Reconocimiento

Lo que buscan los personajes es imponerse como seres individuales. Así lo asevera Dostoyevski en la voz de uno de ellos: “Todo está en manos del hombre y por cobardía deja que se le escape”. Este deseo de autoafirmación es el impulso del atreverse: el que se atreve a más es el que más razón tiene, es decir, por el asesinato de seres ruines y viles (la vieja Aliona Ivanovna y el padre de los Karamasov) se llega a una afirmación como seres superiores conociéndose en esto. En término Hegelianos este paso se da en el desarrollo de la vida como dialéctica del reconocimiento, desde el momento en que la conciencia se convierte en autoconciencia, pues es esta autoconciencia la que buscan estos seres al empuñar las armas o en la búsqueda a través de la religión (Aliocha Karamasov).

Según Hegel, el yo sólo se conoce por el tú, “una autoconciencia sólo se conoce por medio de otra autoconciencia”.19 Este conocimiento es un enfrentamiento entre dos autoconciencias por reconocimiento de la otra; una autoconciencia se objetiva en la medida que se subjetivada por otra y se subjetiva en el objetivación correspondiente; es una lucha donde se arriesga la vida, cada una se impone frente a la otra en su búsqueda del ser para sí.

Las conciencias individuales de Iván, Dimitri, Aliocha, Smerdiakov (en Los Karamasov) y Raskolnikov (en Crimen y Castigo), buscan autoafirmarse por la realidad social; desean saber quiénes son en la medida que se muestran a los otros. Se les presenta la verdad inmediata porque son pocas las oportunidades de vida; el deseo de reconocimiento es su razón de vivir. “La vida se me da una sola vez y nunca volveré a tenerla: también yo quiero vivir y, sino, mejor es no vivir”,20 “renunciar a la vida, aceptar el destino sumisamente tal como es, de una vez para siempre, ahogarlo todo en mi, renunciar al derecho de obrar, de vivir y de amar.21

Esta concepción de la vida ligada a la autoafirmación es un juego de contrarios. Los personajes logran comprobarse “seres extraordinarios” y pueden hacer su vida, de lo contrario es la vida la que los hace a ellos; por eso hay que arriesgar la vida, porque en el enfrentamiento entre conciencias se logra el reconocimiento.

Las Conciencias Desesperadas (Desgraciadas)

Las conciencias fuera de la sociedad son, para Hegel, desventuradas o desgraciadas, “la conciencia desgraciada es la conciencia de sí en cuanto ser desdoblado que sólo se contradice”.22 La conciencia se experimenta a sí misma dividida contra sí. La idea les indica que partir un cráneo con un hacha o con otra arma no es un crimen, por poseer el derecho moral para cambiar la naturaleza. Es aquí donde se presenta la desesperación real por la discrepancia entre idea abstracta y realidad humana.

Hay hombres que viven por una idea, pero que al vivir no la han logrado alcanzar, no logran conquistar su moral ordinaria y así convertirse en seres extraordinarios. En un principio no pueden darse cuenta de que han cometido un crimen: “no es un ser humano lo que yo he asesinado, sino un principio, he asesinado un principio pero no he sabido saltar por encima de los obstáculos y me he quedado en esta parte […] ¡sólo he sabido matar!, exclama Raskolnikov, de igual forma lo hacen Iván y Smerdiakov. No es arrepentimiento de haber matado, sino de no haber sido el hombre, y son conciencias desgraciadas que se debaten en la autoafirmación y la eticidad.23 No tienen fundamentos para traspasar los límites de la sociedad, ya que no actuaron por ella.

Los personajes con la autoafirmación llegan a una autoconciencia particular. Por tanto, a la luz del sistema Hegeliano, se presenta una ruptura; o bien esta autoafirmación de las conciencias no puede llegar a la autoconciencia y significa únicamente un paso en el desarrollo del espíritu. Si la autoafirmación es autoconciencia, se tiene que considerar la posibilidad, por fuera de la dinámica Hegeliana, de que el individuo llegue a tener contacto con la conciencia absoluta sin necesitar de un espíritu objetivo. Compartiendo esta última posibilidad alcanzaríamos una interpretación igual que la que hace Kierkegaard a Hegel. Ahora bien, solo cabe preguntarnos si es el mismo absoluto del que habla Hegel; y de hecho lo es en la medida en que una conciencia individual llega al absoluto, a una autoconciencia.

Si leemos detenidamente Crimen y Castigo y Los Hermanos Karamasov nos damos cuenta que los personajes han prescindido del espíritu objetivo, son autoconciencias logradas por el camino de la desesperación, toman como cosa todo lo demás, se encuentran consigo mismo logrando saberse desde aquí un “para sí”.

En una segunda vía, en la cual la autoafirmación no es autoconciencia, la desesperación no es más que un paso de la dialéctica espiritual. Sería un paso de la dialéctica: afirmación (Raskolnikov, Iván), negación (Sonia, Aliocha), apareciendo una mediación o tercer término (síntesis, negación de la negación), actitudes de Sonia que llevan a Raskolnikov a aceptar y a volver a pertenecer a lo general, en el caso de Iván es la actitud de Aliocha. Por lo tanto el sistema Hegeliano es acorde con los personajes, ya que ellos retornan como conciencias desgraciadas al sistema.

Por eso hay que ver la desesperación y los sufrimientos como pasos en el desarrollo del espíritu, conciencias que se autoafirman para luego ver su incompletud, se adhieren a la sociedad por la mediación. Ninguna de las dos vías dan salidas plenas a estos seres Dostoyevskianos. Solo queda una superación de las dos, una síntesis en esta paradoja. Debido a que los personajes terminan matándose espiritualmente (Raskolnikov, Iván) y físicamente (Smerdiakov), debido a que sus muertos no fueron el fin; como existencias individuales y resurgir por medio del amor, como también aseveraba Hegel, sólo en el amor se reconoce el otro como otro.24 Pero el no superar la esfera de la individualidad no los considera fracasados, antes bien, es aquí donde proclamamos el resurgimiento con el otro.

La entrega al otro es el amor, la individualidad se autoafirma como camino y salida de la desesperación, esta teoría es defendida por Dostoyevski en toda su obra. Ya no son los seres objetos para Dostoyevski y aquí determina Hegel en considerar innecesarias las individualidades.

Notas

Estudiante de la Licenciatura en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas.

G. W. F. Hegel. Fragmento sobre el reconocimiento. 1803-1804. trad. Carlos Emel Rendón. Areté, Revista de Filosofía No 2, Vol. 14 de 2002. Pontificia Univ. Católica del Perú.

Op Cit.

G. W. F. Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la Historia Universal, Vol. 1, Altaya, Madrid 2000.

Kostas Papaioannou, Hegel, editor Edad: Madrid 1975.

G. W. F. Hegel, Lecciones sobre…

Op. Cit

Dostoievski, Fiódor. Los Hermanos Karamasof. Pag. 30. Ed. Juventud. Barcelona

Cf. Crimen y Castigo Cap. 6 3ª parte. Edit. Clásico Vergara, Barcelona

10 Cf. Cap. 5 2º parte, libro 5, pag. 269 ss., Los Hermanos Karamasof

11 Dostoievski, Fiódor, Crimen y Castigo, pp. 405 y ss.

12 Op. Cit p. 400

13 G. W. F. Hegel. “Teología Juvenil”, Hegel, De Papaioannou, Op Cit.

14 G. W. F. Hegel, “Documentos; Hegel, De Papaioannou, Op Cit 18.

15 Cf. Bloch, Ernst, Sujeto y Objeto: El pensamiento de Hegel. F.C.E. 1983 Cap. I.

16 Hegel, Lecciones p. 85.

17 Frank Joseph, los años milagrosos, Vol. 2, México, F.C.E. 1998.

18 G.W.F. Hegel, Fenomenología del Espíritu, México: F.C.E. 1966 p. 266.

19 Cf. Hegel, Fenomenología del Espíritu Cap. 4.

20 Dostoievski, Fiódor. Crimen y Castigo. p. 281.

21 Op. Cit.

22 Cf. Hegel, Fenomenología del Espíritu p. 128.

23 Frank, Joseph, los años milagrosos

24 Cf. Hegel. Fenomenología... Pag. 130 y ss.


Referencias

Bloch, Ernst. (1983) Sujeto y Objeto: El  Pensamiento  de  Hegel. México: Fondo de Cultura Económica.

Camargo, José. (1971) El conocimiento como parte del saber absoluto en la Fenomenología del Espíritu de G.W.F. Hegel. Bogotá: Universidad Javeriana.

Dostoyevski, Fiódor. Crimen y Castigo. Ed. Vergara, Barcelona

Dostoyevski, Fiódor. Los Hermanos Karamasov. Ed. Juventud, Barcelona.

Frank, Joseph. (1998) Los Años Milagrosos. Vol. II de Dostoyevski. México: Fondo de Cultura Económica.

George, Steiner. Biblioteca ERA

Hallet, Edgard. (1973) Dostoyevski (1821-1881). Barcelona: Caia.

Hegel, G.W.F. (1994) Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal. Vol. I. Barcelona: Altaza.

Hegel, G.W.F. (1996) Fenomenología del espíritu. México: Fondo de Cultura Económica. 

Hegel, G.W.F. (1978) Escritos de Juventud. México: Fondo de Cultura Económica.

Kojeve, Alexandre. (1977) La dialéctica del amo y el esclavo. Buenos Aires: La Pléyade.

Labarriere, Pierre-Jean. (1985) La fenomenología del espíritu de Hegel. México: Fondo de Cultura Económica.

Marcuse, Herbert. (1995) Razón y revolución. Buenos Aires: Altaza. 

Papaioannou, Kostas. (1975) Hegel. Madrid: Edaf.