Año 4 No. 6 Febrero - Junio de 2010

El alma platónica o sobre la negación del cuerpo


Juan Guillermo Miranda Corzo


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Palabras Clave

Platonic soul, Platon’s conception of soul, immorality of the soul, body, denial, life, passions.

 

El alma platónica o sobre la negación del cuerpo

JUAN GUILLERMO MIRANDA CORZO1 

Universidad Santo Tomás, Colombia.

E-mail: juanguillermo9203@gmail.com

RECIBIDO EL 9 DE ABRIL DE 2010

APROBADO EL 16 DE AGOSTO DE 2010

Resumen

     El  presente  artículo  quiere  mostrar  cómo en el Fedón de Platón, desde una lectura nietzscheana, la visión de “alma” necesariamente niega los presupuestos de la vida, en sentido específico, el cuerpo. En cuatro materiales se desarrolla este escrito: el primero muestra lo  que  se  entiende  por “alma” en la obra de Nietzsche, el segundo da una presentación corta del alma platónica a propósito de lo que   dice el Fedón sobre el alma, el tercero evidencia lo que es negación del cuerpo en Nietzsche, y el cuarto presenta el resultado del alma platónica como negación del cuerpo.

Palabras claves

Alma platónica, inmoralidad del alma, cuerpo, negación, vida, pasiones.

Abstract

     The present article aims to show how in Plato’s  Phaedo  ,  from  Nietzsche’s point of view, the insight on “soul” necessarily denies life, specifically the body. This writing is developed in four moments: the first shows what is understood by “soul” in Nietzsche’s work; the second gives a short presentation of the concept of soul in Plato’s Phaedo, the third explains what is Nietzsche`s idea of a denial of the body, and the fourth presents the thesis  of the Plato’s’ conception of soul as denial of the body.

Key words

Platonic soul, Platon’s conception of soul, immorality of the soul, body, denial, life, passions.

“En todos los tiempos los sapientísimos han juzgado igual sobre la vida: no vale nada… Siempre y en todas partes se ha oído de su boca el mismo   tono, -un tono lleno de duda, lleno de melancolía, lleno de cansancio de la vida, lleno de oposición a la vida. Incluso  Sócrates  dijo  al morir: «vivir –significa estar enfermo durante largo tiempo: debo un gallo a Asclepio salvador». Incluso Sócrates estaba Harto.”

Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos

Introducción

     Nietzsche, en muchas ocasiones expresó su repudio frente al desprecio que se ha tenido por el cuerpo por parte de la tradición platónico-cristiana y por la tradición filosófica. A partir de esto, queremos mostrar cómo la doctrina  platónica  del alma, encontrada en el Fedón de Platón, representa la negación o desprecio del cuerpo en sentido nietzscheano. Para desarrollar el tema, este escrito presenta cuatro apartados: en el primero, exponemos la diferenciación del  término  “alma”  que se evidencia  en la obra de Nietzsche. En  un segundo apartado, mostramos algunas cuestiones fundamentales del alma platónica encontrada en el Fedón, evidenciando el camino del filósofo y la muerte de Sócrates. En un tercer apartado, hacemos una presentación de lo que se comprende como la negación del cuerpo en Nietzsche, partiendo de los instintos, los sentidos y las pasiones. Finalmente, en el cuarto apartado y a modo de resultado, uniremos las dos últimas piezas del escrito, mostrando, como tímidamente se pudo ver, cómo el alma platónica que vimos en el Fedón niega el cuerpo y los presupuestos de la vida presentes en el cuerpo.

1. Término “alma” en Nietzsche

     Vimos la necesidad de hacer la diferencia en la utilización que hace Nietzsche en algunos de sus libros del término “alma” para no confundir el sentido y la intención que él da a este término. Además, este término es importante para esta empresa    y no queremos que haya confusión entre  lo que significa “alma” para Platón y el término “alma” que Nietzsche utiliza, con el cual no se está refiriendo a un concepto platónico o cristiano.

     Nietzsche ataca sin compasión a la tradición venidera desde Platón y que se ha mantenido en su conversión al cristianismo. Para Nietzsche, todo el pensamiento de esta tradición ha logrado envenenar a la humanidad, haciéndole creer mentiras sobre la realidad, por ejemplo, haciéndole creer en supersticiones, “como la superstición del alma, la cual, en cuanto superstición del sujeto y superstición del yo, aún hoy no ha dejado de causar daño”2. En este punto, cuando Nietzsche utiliza el término “alma”, se está refiriendo a aquella creencia en un alma venida desde una “época inmemorial”, es decir, la concepción de que todos poseen un alma inmortal, concepción traída desde la antigüedad. Muchas  veces  Nietzsche  se refiere a este tipo de alma sin decirnos explícitamente la tradición en donde se cree está la superstición. Pero podemos reconocer que esta tradición es la misma contra la que él lucha, esto es, la tradición platónico-cristiana. En Nietzsche no hay una diferencia evidente o significativa entre el platonismo y el cristianismo, por lo cual nos va a decir en Más allá del bien y del mal que “la lucha contra Platón o, para decirlo de una manera más inteligible para el «pueblo», la lucha contra la opresión cristiano-eclesiástica durante siglos –  pues el cristianismo  es  platonismo  para el «pueblo»– ha creado en Europa una magnífica tensión”3. Es desde esta tradición que se concibe este tipo de superstición.

     En Crepúsculo de los Ídolos, Nietzsche también nos va a aclarar esta unión entre  el platonismo y el cristianismo cuando nos expone su historia de la filosofía. En Cómo el «mundo verdadero» acabó convirtiéndose en una fábula, Nietzsche nos va a  decir que en la historia ha pervivido una misma Idea que surgió desde Platón y que hasta el siglo XIX ha empezado a decaer. Esa Idea desde Platón ha progresado porque ahora “se convierte en una mujer, se hace cristiana (…)”4. A pesar que la Idea ha progresado no ha perdido la esencia que desde Platón se mantuvo. De esta manera vemos que,   al parecer, el platonismo se ha mantenido como cristianismo y por ello mismo, el concepto de alma visto desde esta tradición es al que Nietzsche se refiere con desprecio por causar aún más daño a la humanidad, conceptos-mentira, como dirá en Ecce Homo.  Esta   “alma”   posee  inmortalidad y, por lo mismo, no tiene carne, es decir, no pertenece a la naturaleza sino que es suprasensible. Estas son las cualidades básicas que posee el alma platónica, cualidades que después pasaron a ser parte del alma cristiana (espíritu cristiano). Esta alma es la que reconocemos en nuestro escrito, concepto que ampliaremos en su respectivo apartado.

     Ahora bien, conociendo  este  tipo  de  alma a la cual Nietzsche se refiere peyorativamente, podremos comprender que él también nos hable sobre el “alma”, pero deduciendo que no se refiere a ese tipo de  alma platónico-cristiana, sino al concepto “alma” como lo deberíamos tomar: “«Cuerpo soy yo y alma» –así habla el niño. ¿Y por qué no hablar como los niños? Pero el despierto, el sapiente, dice: cuerpo soy yo íntegramente, y ninguna  otra cosa; y alma es sólo una palabra para designar algo en el cuerpo”5. Desde esta perspectiva,  esta   concepción   de  “alma” cambia  con  respecto  al  alma   platónica. Esta nueva “alma” ahora no es  un  ente con existencia propia y no es inmortal y sin carne. Nos encontramos ante un “alma” con carne, un alma mortal, un alma que es una sencilla parte más del cuerpo. El alma tiene ahora  carácter fisiológico6. “Las almas son tan mortales como los cuerpos”7.

     Habiendo visto esta diferencia en el concepto de “alma”, podremos, primero, comprender en varias citas que se presentarán más adelante y que Nietzsche no manifiesta explícitamente, a qué alma se refiere, de qué tipo de alma se está hablando, y segundo, comprender que el “alma” que trataremos de exponer como negación del cuerpo es la de la primera distinción que hicimos de este término.

2. El alma inmortal y el fin del filósofo en el fedón de platón

    “Nos encontramos (…), en forma más violenta y menos conciliadora que en cualquier otro diálogo de Platón, ante un dualismo excesivo, un divorcio radical entre alma y cuerpo”8. En el Fedón encontramos fundamentalmente una muestra de la inmortalidad del alma, es decir, lo que es la esencia del alma, ser inmortal, cuestión que no concierta con el cuerpo que es mortal. La inmortalidad del alma es demostrada por Sócrates ante  sus  interlocutores  –Simias y Cebes– por tres  argumentos  centrales. El primero parte de la aceptación de la máxima: “por los contrarios de las cosas es por lo cual éstas nacen”. Por ello, la muerte nace de la vida, y ésta nace de la muerte; después de la muerte se da el revivir: “en realidad se da el revivir y los vivientes nacen de los muertos y las almas de muertos perviven”9. Las almas permanecen y vuelven a nacer en un nuevo cuerpo. Por ello son inmortales, porque perviven y vuelven a nacer en un nuevo cuerpo.

     El segundo argumento tiene como objeto central la doctrina del Recuerdo y las  Ideas. El hecho de aprender solo significa recordar aquello que antes de nacer ya nuestra alma traía con ella, es decir, que antes de nacer nuestra alma tiene consigo ya conocimientos, los cuales se han olvidado, pero aún permanecen en el alma. Es por ello que el recuerdo –anamnesis– de lo olvidado es el conocimiento. Si se admite lo anterior, entonces se dice que el alma existió antes del nacimiento, por lo cual, forzosamente el alma también existirá después de morir, ya que, como se dijo en el primer argumento, existe una génesis a partir de los  opuestos –si está antes de nacer, entonces también después de nacer. Además, hay que decir, que a algo siempre le corresponden ciertas cualidades y  no  otras  que  son  opuestas a esas cualidades, como, por ejemplo, el alma, ya que “todo lo que tiene alma tiene vida, y la vida acompaña necesariamente al alma; luego esta última no puede admitir  la muerte, contrario de la vida, y es, por tanto, inmortal”10. Al alma le pertenece la cualidad de vida y no la de muerte porque esta contradice a la primera.

     El tercer argumento gira en torno a las Ideas, las cuales son simples y eternas, contrario a los seres particulares que son compuestos y mortales. El alma se asemeja a las Ideas y tiende a lo divino por el hecho de su propia naturaleza inmortal. Algunas almas que se parecen al cuerpo, después de la muerte, andan vagado cerca al mundo de los cuerpos. Están, por ejemplo, las almas que se dedicaron a la fama y a las riquezas, las cuales se guiaron por sus pasiones y los placeres Por ello, después de la muerte, pudieron caer de nuevo a la  tierra, pero esta vez en el reino animal. En cambio, el alma del filósofo, libre de la esclavitud de las pasiones del cuerpo, puede llegar por fin, pura, a la contemplación de lo divino.

     El filósofo, para Platón, lleva una vida preparándose para la muerte con la filosofía. Ella le proporciona una vida dedicada a la sabiduría  y  la  racionalidad, lejos  de toda pasión o instinto del cuerpo. Cuando se da la muerte, se da la separación alma-cuerpo, dando así oportunidad al  alma de liberarse de lo impuro, es decir, del cuerpo. Pero la vida filosófica no es sólo para que el alma se separe del cuerpo en el momento de la muerte. La vida filosófica también sirve para que el alma se mantenga alejada del cuerpo mientras éste todavía siga vivo.Si se lleva una vida al lado de la filosofía, se puede utilizar por encima de todo el razonamiento, quien permite el alejamiento de toda pasión y de toda confianza en los sentidos, haciendo posible, por encima de todo, que el alma pueda tener una semi-conexión con las Ideas. Claro está, que la contemplación de las Ideas no se da completamente mientras se esté en vida, sólo se da pura y completa cuando el alma, estando purificada, haya abandonado el cuerpo tras su muerte:

En tanto tengamos el cuerpo y nuestra alma esté contaminada por la ruindad de éste, jamás conseguiremos suficientemente aquello que deseamos. Afirmamos desear lo que es verdad. Pues el cuerpo nos procura  mil  preocupaciones por la alimentación  necesaria; y, además, si nos afligen algunas enfermedades, nos impide la caza de la verdad. Nos colma de amores y deseos, de miedos y de fantasmas de todo tipo, y de una enorme trivialidad (…). A causa de la adquisición de riquezas se originan todas las guerras, y nos vemos forzados a adquirirlas por el cuerpo, siendo esclavos de sus cuidados (…) por él no somos capaces de contemplar la verdad. Conque, en realidad, tenemos demostrado que, si alguna vez vamos a saber algo limpiamente, hay que separarse de él y hay que observar los objetos reales en sí con el alma por sí misma (…). Y así, cuando nos desprendamos de la insensatez del cuerpo, según  lo  probable  estaremos en compañía  de  lo  semejante  y conoceremos por nosotros mismos todo lo puro, que eso es seguramente lo verdadero. Pues al que no esté puro me temo que no le es lícito captar lo puro11.

     Como vimos anteriormente, la única posibilidad de observar las Ideas eternas e inmutables, es por medio del  alma.  Ésta no puede ser cualquiera, tiene que ser un alma pura, la cual sólo contiene el pensamiento alejado de todo contacto con lo mundano, es decir, con todo lo que tiene que ver con el cuerpo. Con ello, el camino filosófico, hace posible la purificación  del alma por medio de la  racionalidad; “el  camino  de  la  filosofía  consiste   en alejarse tanto como sea posible de todas estas afecciones corporales, «purificarse» de ellas”12. La filosofía es, entonces, una suerte de preparación para la muerte, ya que, con la filosofía, se comprende que después de la muerte es cuando se puede llegar a lo que se desea, es decir, llegar a la sabiduría que es el “objeto de la vida”13. Es así como Sócrates ante la  bebida de  su cicuta, no puede expresar más  que  una gran serenidad por el mismo hecho de que su alma, para alcanzar una total purificación, sólo le falta morir, y así, finalmente, poder contemplar aquellas Ideas eternas e inmutables, la Sabiduría en sí. El bienaventurado Sócrates, el hombre más justo y noble de  toda Atenas, es bendecido por los atenienses con la muerte ya que ésta le permitirá separarse del cuerpo; vivir en él es una enfermedad: “Ya estaba casi fría la zona del vientre cuando descubriéndose, pues se había tapado, nos dijo, y fue lo último que habló: –Critón, le debemos un  gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides”14. A Asclepio, como dios de la salud, se le ofrecía un gallo agradeciendo la restauración de la salud de alguien. La muerte sería para Sócrates, entonces, la cura contra la enfermedad de vivir15.

3. Del desprecio del cuerpo

     “A los despreciadores del cuerpo quiero decirles mi palabra. No deben aprender ni enseñar otras doctrinas, sino tan sólo decir adiós a su propio cuerpo –y así enmudecer”16. Nietzsche se ve constantemente en  la  lucha contra los ideales de la cultura, traídos especialmente del cristianismo y el platonismo. La moral como “la idiosincrasia de décadents, con la intención oculta de vengarse de la vida, y con éxito”17 ha hecho mucho  daño  a  la  humanidad  negando  al cuerpo y debilitándola. Además de la moral, también se ha inventado un mundo distinto al mundo de la tierra, un “más allá” ideado con fines totalmente distintos que apreciar la vida de la tierra. En ese mundo ideal, en ese “más allá”, es el lugar donde el alma pura puede habitar, es su paraíso.

     El cuerpo es aquel en el que se albergan los presupuestos de la vida, es decir, los instintos, las pasiones, los  sentimientos.  El cuerpo es la expresión  de  la  vida,  y por eso mismo, aborrecer el cuerpo, es también aborrecer la vida: “la vida se asienta en el cuerpo y éste está configurado por los instintos”18. El cuerpo –y con   ello la vida– ha sido despreciado por siglos, visto, principalmente, en la negación  de los instintos. La moral se ha encargado de presentar los instintos como malos, como pecaminosos, como la condenación eterna. Los instintos sólo llevan a  la  impureza  del alma, y por ello, no permitirán que se llegue al paraíso de la contemplación. Toda la moral sólo rige prácticas de negación   de los instintos, prácticas de mesura y ascetismo. La moral cristiana ha hecho posible que la sexualidad, un instinto, un presupuesto de la vida, se viera como lo prohibído, como  lo  malo, como lo condenable. No sólo en la moral, sino  en el «más allá», en donde se ha ideado un mundo perfecto e inmutable que no tiene mezcla con la mundanidad del cuerpo.  Éste niega totalmente ese “más allá”, no son de la misma naturaleza, son totalmente incompatibles de por sí. Ese mundo, ideado para ver el cuerpo como algo sin importancia, como un impedimento para la felicidad, es el fin último de toda persona. Sólo se respira en este mundo el desprecio por el cuerpo, el desprecio por la vida. Para lograr llegar a ese paraíso, la moral exige que el cuerpo sea educado rigurosamente en no permitir el fluir de las pasiones, el caminar de la naturaleza. El “más allá” exige que mientras se esté en esta tierra, los instintos se controlen, y sobre todo, por medio de la razón. La diosa razón debe gobernar sobre el cuerpo, sobre sus presupuestos, sobre la vida.  Sócrates  como  modelo  de filósofo, presenta la razón como el gobierno del cuerpo. En su moral está el que el cuerpo no haga lo que por naturaleza le corresponde, es decir, lo que los instintos le dicen. Esta moral antinatural ha sido un enemigo muy fuerte contra la vida.

     “Cuando se coloca el centro de gravedad de la vida no en la vida, sino en el «más allá» –en la nada–, se le ha quitado a la vida como tal el centro de gravedad”19. Ese centro de gravedad es el cuerpo mismo. Nietzsche   nos   presenta   esta   imagen del centro de gravedad como el cuerpo, fundamentalmente en Ecce Homo:

Que se aprendiese a despreciar los    instintos     primerísimos de la vida; que se fingiese mentirosamente  un «alma»,  un «espíritu», para arruinar el cuerpo; que se aprendiese a ver unacosaimpuraenelpresupuesto de la vida, en la sexualidad; (…) que, por el contrario, se  viese  el valor superior,  ¡qué  digo!,  el valor en sí, en los signos típicos de la decadencia y de la contradicción a los instintos, en lo «desinteresado», en la pérdida del centro de gravedad20.

     Es el cuerpo aquel centro de gravedad que se ha perdido. El centro de gravedad de    la existencia del hombre ahora es «Dios». Este concepto se convierte “en el verdadero centro de  gravedad  del  hombre”21.  En  un nuevo centro de gravedad basado en    la nada. Ahora se vive y depende no de este mundo, sino de un mundo del “más allá”. La vida ya no la mueve el cuerpo, ya la vida no tiene carne, ya la vida no  es fisiología. Todos  los  presupuestos  de la vida que encontramos en  el  cuerpo  son despreciados y afrentados. Por siglos ha triunfado este modo de ver el cuerpo, este modo de llevar una vida cansada de vivir, ya que el vivir es una enfermedad,  es dañino para el  alma.  “Esa  gravedad  de la cual el cuerpo es un centro, está configurada por las fuerzas constitutivas del hombre. Y éstas no son sino los instintos, los afectos y los sentimientos”22. Esas fuerzas que componen el cuerpo, son las que principalmente se ven  afectadas por el desprecio de la moral cristiana, la mesura y el “más allá”, y son las mismas fuerzas que mueven la vida, “los instintos primerísimos de la vida”23.

     Recordemos que en el primer apartado habíamos hecho una semejanza entre el platonismo y el cristianismo, diciendo que  son  la   misma  Idea  venida   desde Platón. En el platonismo  encontramos una moral que exige un  predominio de  la razón sobre el cuerpo, siendo éste el portador de los instintos y las pasiones, dañinas para el alma y la razón. El cuerpo y sus inclinaciones son un impedimento para lograr la felicidad, esta es,  el paraíso de la contemplación final de las Ideas poseyendo un alma pura. En el cristianismo encontramos algo casi idéntico. El cuerpo, como portador de los instintos y las pasiones manchan el alma, lo cual impide a toda costa la salvación, es decir, el lograr llegar al paraíso. La moral platónica y la moral cristiana pretenden aplacar los instintos del cuerpo porque impiden la pureza del alma, con lo cual, también impiden el logro de llegar a un “más allá” donde se encuentra la felicidad.

     Es, en fin, el desprecio del cuerpo, fundamentalmente, el negar lo que es propio del cuerpo, es decir, sus instintos y pasiones, y también ver en los sentidos una duda y un engaño. Ese es el principal desprecio que se ha tenido por el cuerpo, visto desde el aplacamiento de los presupuestos de la vida. Si se desprecia el cuerpo, se desprecia la vida, ya que ésta se manifiesta es en las inclinaciones y goces del cuerpo. “En todos los tiempos los sapientísimos han juzgado igual sobre la vida: no vale nada…24.

4. El alma inmortal como negación del cuerpo

     En los dos últimos apartados de este escrito hemos visto, en primer lugar, que el alma es inmortal y que no está conforme a la muerte sino que es contraria a ésta. El alma inmortal, más bien, está en conformidad con la vida. Además, el fin del alma inmortal es poder contemplar las Ideas eternas, por lo cual debe purificarse durante su peregrinación por el cuerpo, para que, limpia de todo lo mundano, pueda llegar a ese fin feliz que es la contemplación. Para ello, es necesaria la vida filosófica, la cual contribuye con la razón con el fin de que el alma pueda purificarse y estar libre de las pasiones corporales. El ejemplo más claro de un alma pura es Sócrates. Con su vida, Sócrates ha logrado robustecer su alma y purificarla de todos los deseos e instintos del cuerpo. Ante su muerte, Sócrates tiene una actitud pasiva y alegre, ya que sabe que se liberará de una larga enfermedad, la enfermedad de vivir.

     También vimos que en Nietzsche negar la vida es negar el cuerpo, y negar el cuerpo es negar sus presupuestos vitales. Dichos presupuestos   son,   fundamentalmente, los instintos, las pasiones y los sentidos.  El cuerpo se  ha  visto  aborrecido  desde  la tradición platónica hasta la tradición cristiana. El cuerpo no es más que un impedimento,  una  impureza,  un  pecado.

     Con el cuerpo sólo se atrae lo malo, se siente lo malo. El cuerpo, y con ello la vida, han sido rechazados y despreciados por siglos, dando primacía a cuestiones suprasensibles.

     Ahora bien, es importante  confrontar algunos puntos  sobre  el  alma  platónica  y el desprecio del cuerpo. En primer  lugar, hay que decir  que  al  alma,  inmortal  por su naturaleza, no le  pertenece  la  cualidad de la mortalidad. El cuerpo  es  mortal,  y por ello su naturaleza no concuerda con la naturaleza del alma. Para que el alma cumpla los fines que le son propios a ella, debe no mezclarse con lo que no es igual a ella. Lo mismo ocurre con el cuerpo. Para que éste cumpla los fines que le son propios, no debe mezclarse con naturalezas contrarias a él, más cuando han sido inventadas. Por ello, el cuerpo es contradicción del alma, es decir, la vida entendida como vitalidad del cuerpo es contraria al alma inmortal. Es por ello que tienen que negarse uno con otro, porque, primero, el alma para llevar a cabo su fin – felicidad en la contemplación– debe negar lo que le es propio del cuerpo,ya que es contrario totalmente a  su  naturaleza.  Desprecio  por el cuerpo se convierte en negación por el cuerpo. El alma posee, entonces, fines malos, visto desde la perspectiva del cuerpo, ya que a éste no le es permitido ser como la naturaleza lo dotó. Nietzsche nos habla del cristianismo y sus fines que son malos. En este caso, estos fines también se vuelven malos cuando los aplicamos  al  alma  inmortal:  “Finalidades malas: envenenamiento, calumnia, negación de la vida, desprecio del cuerpo, degradación y autodeshonra del hombre por el concepto de pecado”25. Si el cuerpo es vida, y si hay negación por la vida, entonces también encontraremos  negación  por  el  cuerpo. En este punto hallamos  el  primer  rasgo  de negación del cuerpo: el alma platónica con respecto al cuerpo sería un mal, ya que lo niega por el hecho de que su naturaleza impide desarrollar la naturaleza del alma.  Es decir, que el alma tiene que negar todos los presupuestos de la vida, es decir, los presupuestos del cuerpo, y con ello, el cuerpo mismo, para  poder,  primero,  concordar con su naturaleza, y, segundo, para lograr purificarse de todo lo corporal.

     La razón, es decir, lo único válido para el alma para que pueda liberarse de toda pasión e instinto, hace, según se expone, parte del cuerpo. Pero, a pesar de que la razón también haga parte del cuerpo, ella debe ser lo que gobierne en el cuerpo para que el alma pueda cumplir su cometido final. La razón, entonces, no se debe mezclar con el cuerpo, no debe tener ningún tipo  de contacto. Sólo la razón debe dominar  en el cuerpo pero en el sentido en que la razón impida el que los instintos salgan y dominen en el hombre. La razón permite  la mesura, la cual evita que las pasiones   se desplieguen. También permite la templanza, necesaria para que se mantenga la lucha contra las inclinaciones del cuerpo. La razón, entonces, desde esta perspectiva, se ha tomado como despreciadora del cuerpo, negadora de éste. Si niega lo que es más propio del cuerpo, entonces se niega el mismo cuerpo. Negar el instinto como si no fuera algo normal en la naturaleza o como si fuera algo malo que deba exterminarse, es también negar la vida misma:

(…)¡El concepto «alma», «espíritu», y por fin incluso «alma inmortal», inventado para despreciar el cuerpo, para hacerlo enfermar –hacerlo «santo»–, para contraponer una ligereza horripilante a todas las cosas que merecen seriedad en la vida, a las cuestiones de alimentación, vivienda, dieta espiritual, tratamiento de los enfermos, limpieza, clima! ¡En lugar de la salud, la «salvación del alma» es decir, una folie circulaire [locura circular] entre convulsiones de penitencia e histerias de redención!26".

     En la cita anterior vemos que Nietzsche  no se refiere explícitamente  al  concepto de «alma» platónico. Lo que podemos deducir aquí con respecto a  lo  que  se  dijo en el primer apartado sobre la tradición   continua   platónico-cristiana  –“El cristianismo es platonismo para el pueblo”27–, es que esta “alma” de la que se habla es un concepto venido desde esta tradición continua, “alma” que en esta tradición tiene  una  naturaleza  inmortal,  y por lo mismo, suprasensible. Esta alma,  o más bien, este término inventado de “alma”, sólo permite que el cuerpo se desprecie y por esto también se desprecien sus instintos, sus pasiones, sus sentidos. Se pregunta entonces,¿el alma debe confiar en los sentidos? El alma no puede confiar en lo que es imperfecto; si confía en el cuerpo, confía en los instintos. Si ocurre eso, la razón no gobernaría, y si ella no gobierna, el alma se vuelve impura. Un alma así no será feliz y no encontrará la verdad. Para encontrar la verdad y la felicidad, es decir, lo que siempre busca el alma, debe repudiar todo lo malo para ella, esto es, el cuerpo   y todos sus presupuestos. Cuando llega a repudiarlo, debe negarlo completamente, debe ser algo casi inexistente para la vida del alma mientras está en la  tierra.

     Confrontando la moral, que viene de la tradición continua platónico-cristiana, y el cuerpo, las reglas para la vida en la tierra sólo basarán sus principios en el desprecio del cuerpo. Las reglas de la moral sólo estarán encaminadas a volver del cuerpo algo enfermo y sucio, algo pecaminoso: “¿Qué sentido tienen aquellos   conceptos-mentiras, los conceptos auxiliares de la moral, «alma», «espíritu», «voluntad libre», «Dios», sino el de arruinar fisiológicamente a la humanidad?”28. La humanidad se debilita con la moral. Cuando ésta impide que el cuerpo despliegue sus inclinaciones, daña a la humanidad, además de introducir en ella mentiras: la moral como chandala

     ¿Qué se debe hacer con el cuerpo vital? Si este nos impide llegar a ver la verdad, sólo será un impedimento para  nuestra  alma. Si es un impedimento y una contradicción para nuestra alma, entonces no nos sirve. Es una enfermedad. El primer paso moral es negar lo que le es más propio, es decir, su  instinto  vital.  Negando  el  cuerpo,  nos podemos dedicar a algo mejor, a la cultivación del alma por medio de la razón. El filósofo debe dedicar su vida a robustecer su alma por medio de la razón. Sócrates, quiso negar sus instintos, sus pasiones –y por lo mismo, el cuerpo– sólo para que su templanza y mesura purificaran su alma. Sócrates, como negador de la vida, quiso morir y así liberarse de la enfermedad de vivir. Para Nietzsche ese acto es muestra del desprecio por el cuerpo, por lo  cual hay que considerarlo como decadente, como un acto anti-vital y antinatural. El Sócrates de Platón cree  mentirosamente en un alma, prefiriéndola a ella en lugar del cuerpo. Se evidencia un largo desprecio y negación por la vida y el cuerpo; surge una enfermedad, esta es, la negación del cuerpo y todos sus presupuestos: “En  cuanto médicos nos es lícito preguntar: «¿de dónde procede esa enfermedad  que  aparece  en la más bella planta de la Antigüedad, en Platón?, ¿es que la corrompió el malvado Sócrates?, ¿habría sido Sócrates, por tanto, el corruptor de la juventud?, ¿y habría merecido su cicuta?”29.

Notas

1. Estudiante de la Licenciatura en Filosofía y Lengua Castellana de la Universidad Santo Tomás de Bogotá.

2. NIETZSCHE, Frederich. Más allá del bien y del mal. Madrid: Alianza Editorial, 1983. p. 18.

3. Ibíd., p. 19

4. NIETZSCHE, Frederich. Crepúsculo de los Ídolos. Madrid: Alianza Editorial, 1981. p. 51.

5. NIETZSCHE, Frederich. De los despreciadores del cuerpo y El convaleciente. En: Así habló Zaratustra. Madrid: Alianza Editorial, 1980. p. 51.

6. En Platón se verá que en algunos ejercicios espirituales,  es  decir,  ejercicios  para  robustecer el alma, el cuerpo está ligado, esto es, que interviene para la realización de los ejercicios espirituales; dicho ligamiento tiene que ver con que se tiene que utilizar el cuerpo para poder ejercitar el alma, por ejemplo, en la templanza de los placeres del cuerpo, que el alma se alimenta y robustece. Pero con esto, no se quiere decir que el alma, en Platón, esté compuesta por  algo material, es decir, carnal. El cuerpo al final no importa, no es un fin, sólo un medio para algo que es más real que el cuerpo, esto es, el alma.

7. Ibíd., p. 261.

8. GRUBE, G. M. A. Sobre el alma. En: El pensamiento de Platón. Madrid: Editorial Gredos, 1973. p. 196.

9. PLATÓN.  Fedón. En:  Fedón, Banquete  y  Fedro. Madrid:  Editorial  Gredos, 1986. p. 56.

10. Op. cit., p. 201.

11. Op. cit., p. 44-45.

12. GRUBE. Op. cit., p. 197.

13. Ibídem.

14. PLATÓN. Op. cit., p. 141.

15. Véase NIETZSCHE, Frederich. Crepúsculo de los Ídolos, Op. cit., Nota 39, p. 149.

16. NIETZSCHE. De los despreciadores del cuerpo y El convaleciente. Op. cit., p. 51.

17. NIETZSCHE, Frederich. Ecce Homo. Madrid: Alianza Editorial, 1982. p. 131.

18. JARA, J. La vida: el cuerpo y su salud. En: Nietzsche, un pensador póstumo: el cuerpo como centro de gravedad. Valparaíso: Anthropos Editorial, 1998. p. 63.

19. NIETZSCHE, Frederich. El Anticristo. Madrid: Alianza Editorial, 1977. p. 74.

20. NIETZSCHE. Ecce Homo. Op. cit., p. 129.

21. JARA. Op. cit., p. 220.

22. Ibíd., p. 221.

23. NIETZSCHE. Ecce Homo. Op. cit., p. 130.

24. NIETZSCHE. Crepúsculo de los Ídolos. Op. cit., p. 37.

25. NIETZSCHE.  El  Anticristo.  Op.  cit., p. 96.

26. NIETZSCHE. Ecce Homo. Op. cit., p. 132.

27. NIETZSCHE. Más allá del bien y del mal. Op. cit., p.  19.

28. NIETZSCHE. Ecce Homo. Op. cit., p. 90.

29. Op. cit., p. 18-19.


Referencias

GRUBE, G. M. A. Sobre el alma. En: El pensamiento de Platón. Madrid: Editorial Gredos, 1973.

JARA, J. La vida: el cuerpo y su salud. En: Nietzsche, un pensador póstumo: el cuerpo como centro de gravedad. Valparaíso: Anthropos Editorial, 1998.

NIETZSCHE, Frederich. El Anticristo. Madrid: Alianza Editorial, 1977. Madrid: Alianza Editorial, 1983.

PLATÓN. Fedón. En: Fedón, Banquete y Fedro. Madrid: Editorial Gredos, 1986.

            . De los despreciadores del cuerpo y El convaleciente. En: Así habló Zaratustra. Madrid: Alianza Editorial, 1980.

              .   Crepúsculo    de   los   Ídolos. Madrid: Alianza Editorial, 1981.

              .  Ecce  Homo. Madrid: Alianza Editorial, 1982.

                .  Más  allá  del  bien  y  del mal. Madrid: Alianza Editorial, 1983.

PLATÓN. Fedón. En: Fedón, Banquete y Fedro. Madrid: Editorial Gredos, 1986.