Año 2 No. 2 Julio - Diciembre 2008

Reseña a "Diana Paola Torres: El problema nietzscheano con la tradición metafísica"


Elkín Andrés Heredia Ríos


ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X




            La autora comienza su trabajo preguntándose: ¿Cuál es el atractivo de Nietzsche para que alguien se decida a realizar un estudio sobre él? Paso siguiente, y señalando la realidad de la infinidad de interpretaciones que hoy nos podemos encontrar en torno a la figura y filosofía de Nietzsche, ella considera que el atractivo masivo que posee este filósofo, se debe a la ruptura que él significa para la historia del pensamiento occidental:

Aunque Nietzsche mismo no creía en los grandes acontecimientos, sino en la pluralidad silenciosa de interpretaciones (parafraseando a Deleuze), es él, desde nuestra propia visión histórica, una fisura, cresta o rompimiento dentro del pensamiento humano (de otro modo no sería tan estudiado) (p.3)

            Así, ella nos dice cuál es, además de la ya mencionada, su propia justificación para decidir hacer una tesis acerca de este filósofo, que consiste en el peligro para el pensamiento que representa la filosofía de Nietzsche. Un peligro que para la autora radica en la misma pluralidad de interpretaciones, a la vez que en el enfrentamiento con un pensamiento opuesto al que para todos nosotros es el tradicional, y en no menor medida, en los impulsos irracionales que empujan a alguien a acercarse a Nietzsche. Verse cara a cara con lo que se anuncia con precauciones, con lo que se estigmatiza, con lo que tiene mucho qué decir pero que no se le deja decir, he ahí la motivación personal de esta tesis. Pero, no sólo se trata de eso, además de que Nietzsche es la figura de la tradición filosófica que abrió nuevos caminos, criticando, pero criticando los valores y el sentido, lo que –a pesar de muchos– ha sido el impulso de lo que hoy conocemos como postmodernidad. Es de este modo que la importancia e influencia del pensamiento nietzscheano convergen para que esta tesis tome valor propio.

            Ya en cuanto al trabajo como tal, este se inicia con un vistazo sobre la vida y obra de Nietzsche. Como se sabe, Nietzsche es uno de esos filósofos en los que es imposible crear una separación entre vida y obra, ya que tanto la una como la otra no son partes separables, sino más bien un mismo elemento de dos caras que se influyen mutuamente al mismo tiempo. Es así que la autora toma este camino para llegar a decirnos desde un principio cuál será su tarea en este trabajo. El cual se descubre en el profundo conflicto que Nietzsche desde temprana edad, mantuvo con Dios y la cristiandad. Un conflicto que se suscitó ante el asombro por el dolor (la ironía de la teodicea), ante la ausencia de libertad (la excesiva fe en la razón) y ante el rechazo y subvaloración del cuerpo (moral que suprime las pasiones), lo que al final viene a confluir en una misma tradición: la metafísica, que es a su vez, de acuerdo a la interpretación de la autora, el motor y eje central de las preocupaciones de Nietzsche (cfr. Introducción). Ante esto, aparece la repulsión por lo eterno, la prioridad del cuerpo y la necesidad de un cambio de valores, como las respuestas nietzscheanas al señalado problema con la tradición metafísica en todas sus expresiones. Pero, como bien lo podemos ver en esta tesis, esta crítica de Nietzsche no es algo que se quede en lo personal ni que se realice arbitrariamente, se trata de una crítica que intenta desenmascarar los supuestos de la conciencia que se han establecido desde el inicio de la filosofía socrático-platónica, y que Nietzsche cree ver fielmente representados en la cultura alemana de su época y en toda la tradición filosófica (por no hablar del “cristianismo es un platonismo” de la Edad Media).

            Así es que, de esta manera la tesis se divide en dos partes: 1. El problema nietzscheano con la tradición metafísica (p. 10 – 57) y 2. Crítica a la cultura alemana (p. 58 – 85).

            1. El problema nietzscheano con la tradición metafísica. Partiendo del análisis de El Nacimiento de la Tragedia y tomando algunos aforismos de La Ciencia Jovial y de El Crepúsculo de los ídolos, la autora señala los aspectos que hicieron problemática para Nietzsche la metafísica. En una primera instancia, se trata de la desaparición de la visión del mundo de la cultura presocrática, y particularmente de sus tres aspectos más representativos: politeísmo, mito y el concepto de physis. Para Nietzsche, indudablemente, el espíritu griego y, específicamente, los rasgos mencionados han desaparecido. Pero, ¿por qué estos rasgos de la cultura griega fueron abolidos? La respuesta que encontramos nos remite a la génesis de las ideas socrático-platónicas. Con ellas la pluralidad de visiones de la vida se cambia por una sola: la verdadera; la cercanía con la naturaleza y la motivación para crear que ofrecía una cultura fundamentada en el mito, se transforma en una escisión categorizante entre hombre- naturaleza; la creencia en la disposición teleológica de cada ser del cosmos, que de esa manera consigue la realización de sus auténticas disposiciones, se cambia por la represión de lo natural e instintivo. La idea central de Nietzsche es que la cultura presocrática fue abolida, por la preeminencia que se le dio a partir de Sócrates, a lo apolíneo, por encima de lo dionisíaco, todo impulsado por la necesidad de mantener una voluntad de verdad, fundada en el anhelo del poder (p. 13- 16). Además de esto, dicha abolición encuentra su porqué en esas pseudo-necesidades epistemológicas de trasfondo moral, que ante la exigencia de explicar a partir de conceptos universales la realidad concreta, obligaron a resolver con creaciones metafísicas los problemas de coherencia en la realidad (v.g Dios y la causalidad: Aristóteles y el motor inmóvil).

            En fin, en esta primera parte encontramos que la tendencia obsesiva-paranoica por mantener la voluntad de verdad, conllevó a la creación de conceptos metafísicos con el propósito de justificar tal tendencia; lo que acabó con los valores presocráticos y con una visión de la existencia consecuente con la naturaleza humana; implantando más bien una volunta de muerte, contraria a la vida, contraria a la auténtica disposición del hombre. Se impone lo apolíneo sobre lo dionisíaco como regulador de la existencia. La visión de la vida plural y enriquecedora para el individuo, se cambia por la identidad del concepto y la analogía del juicio, y más generalmente, por la universalidad de la episteme; esto sólo por el anhelo del poder, por la urgencia de declarar: “Yo Platón, Yo la Verdad”.

            Uno de los grandes cómplices de este imperio de la metafísica ha sido el lenguaje. Por ello, en la tesis aparece un extenso capítulo dedicado a este tema, en el que apoyándose en otros autores, la autora muestra cómo es que la categorización que intenta el lenguaje es concomitante con los desastres de la metafísica, como lo es la imposibilidad de la creación, y que, por ende, también es cómplice del olvido de lo más importante: la vida. En este brillante capítulo, la argumentación es la siguiente: Eso que creamos y llamamos conceptos, es algo que nace a partir de las palabras, que impositivamente nos muestran una visión común ( de ahí que los filósofos digan: nadie pude negar que… para todos es evidente que…) y característica de la realidad que sólo busca subsumir la diversidad en lo idéntico, lo nuevo, lo innovador a lo ya pronosticado. Sin embargo, las cosas no pueden quedarse así, y entonces siguiendo al Nietzsche del Crepúsculo de los ídolos, la autora muestra cómo es que nuestro filósofo considera que el espíritu original, el creador, el que no se postra ante la representación, es capaz de percibir eso que aún es innombrable, lo que lo convierte en el idóneo para nombrar las cosas. Sin embargo, allí el espíritu objetivo, lo imperante, que histéricamente rechaza lo original (“¡no crees nada, porque te sales de la tradición!”), trabaja para alcanzar su objetivo de manipular las cosas, lo que viene a significar que, allí donde el espíritu objetivo aspira a la comprensión, únicamente lo que consigue es un convenio social (es decir, no es por nomos, sino por physis, pero se dice que es por physis), o sea, a denominar para poder comunicarse (P 32-44).

            Quisiera anotar acá que esta primera parte de la tesis posee un vacío, y es la ausencia de una confrontación o, por lo menos, una mención de la importante (y determinante en los estudios nietzscheanos del siglo XX) interpretación de Heidegger, donde muestra a Nietzsche como un metafísico más. Lo cual, sería así como la antítesis de la tesis de la autora. Lo que ocurre, como lo ha señalado Deleuze (entre otros) es que si no se realiza esta confrontación con Heidegger no puede quedar claro en qué sentido es que Nietzsche verdaderamente lucha contra la metafísica. Pues, como de hecho ocurrió tras la publicación de la monumental obra de Heidegger, apareció la necesidad de redefinir la voluntad de poder de tal forma que no se entendiera como camino hacia la dominación de la realidad, es decir, una continuación de los presupuestos de la modernidad, sino como una instancia que critica los fundamentos de la metafísica que abre la posibilidad de un pensamiento y una existencia no metafísicos; a eso es a lo que se refiere Deleuze cuando dice: “No es que la voluntad quiera el poder”. Al faltarle este elemento, la tesis puede ser refutable con el mismo argumento de Heidegger: “¿y es que esa voluntad de poder, de la que tú hablas, al fin y al cabo, a qué nos lleva? ¿No te parece una continuación de lo mismo que critícas?”

2. Crítica a la Cultura alemana

            En esta parte lo que se quiere mostrar es cómo Nietzsche rechaza la cultura alemana por parecerle una continuación de los presupuestos de la metafísica. Se toca a Schopenhauer y a Wagner, y las razones que provocaron la aversión de Nietzsche en su segunda etapa, en contra de los hombres que consideraba –en su primera etapa– las excepciones de una sociedad contaminada por la filosofía reflexiva y especulativa del idealismo alemán.

            No obstante, y reconociendo que esta sección puede estar bien estructurada, y que encuentra su justificación en la misma introducción, hay algo oscuro en medio de esto.

En una subdivisión de esta segunda parte, denominada El problema de la razón, se encuentra una afirmación demasiado cuestionable. Es esta:

con Nietzsche, el conocimiento se torna un aditamento innecesario, en nombre del cual se inmola la vida en nombre de lo trascendental. Para Nietzsche, el conocimiento no es más que visión inexperta del hombre sobre la realidad, pues existen interpretaciones que intentan negar el continuo devenir del mundo. Es en contra de esta falsa categorización del mundo a través de la razón que Nietzsche estructura su crítica a la metafísica, que tiene su fundamento en una decadencia del espíritu y un odio al cambio y a lo natural (p. 79).

            ¿Es sólo a través de esto? ¿Nietzsche irracionalista? ¿Hay que considerar el “espíritu libre” nietzscheano como una repulsión en contra de la razón? Esta afirmación parece contradecir al mismo Nietzsche. En lo que se ha denominado su segunda etapa, donde los escritos principales son La Ciencia Jovial y Aurora, y en donde Nietzsche definitivamente deja atrás a Wagner y Schopenhauer por ser opuestos, precisamente, a su ideal de “espíritu libre“, nos encontramos con una necesidad por una redefinición del “Espíritu Libre” que, por supuesto, sea una oposición a la metafísica, pero que al mismo tiempo sirva de apreciación vitalista del amor fati y de lo que él llama In media vita. Lo que encuentra Nietzsche es que, sin duda ahora, la vida es un medio para el conocimiento (y no la conversa)2. Existe una gran ansía por conocer, que denominará la “pasión por el conocimiento“. Esta pasión por el conocimiento se convierte así, en un delineamiento del espíritu libre y en un amor por las cosas cercanas y pasadas, ya que, como lo dice en Ciencia Jovial, entendida estéticamente la vida y no moralmente, es que puede ser dedicada al conocimiento. El caso es que lo que aparece en los aforismos de Nietzsche que corresponden a la elaboración del espíritu libre, se puede ver fácilmente que, en modo alguno, Nietzsche propusiera un irracionalismo; y mucho menos que pensara en él como “un aditamento innecesario”, sobre todo si se piensa que en varias ocasiones él dice que no se ha suicidado aún, precisamente por esta pasión por el conocimiento3. Ahora bien, la postura de la autora es que Nietzsche la emprende decididamente (y podría decirse: dogmáticamente) contra la razón, ya que ella como una construcción, que partió desde Sócrates, es sólo “la historia de un error” en el cual no hay que caer, sino despreciar y dejar atrás. Sin embargo, lo que nos dice Nietzsche en los textos mencionados es que la pasión por el conocimiento se convierte en una justificación de la vida, es decir, no es contraria a la vida, sino todo lo contrario: es vida: “Aún vivo, aún pienso: aún tengo que vivir, pues aún tengo que pensar: soy, luego pienso: pienso, luego soy”4. El caso acá es que la autora, al parecer, está haciendo del pensamiento nietzscheano una apología del irracionalismo, olvidándose completamente de que Nietzsche, incluso considera a la vida como un medio para el conocimiento, lo que desvirtúa de entrada la misma definición del espíritu libre, que es para Nietzsche la forma de vida individual para escapar al desastre del conocimiento nihilista, de la decadencia de la metafísica, de la religión y de la moral.

            Finalmente, en cuanto a la conclusión, hay que decir que ésta es el lunar de la tesis. Pues, en realidad, en ninguna de las cuatro páginas, se dice algo acerca del tema general, que es el de la metafísica. Lo que se hace es intentar justificar una actualidad de Nietzsche, y además, su aplicabilidad a un contexto como el del tercer mundo. Lamentablemente, ni lo que se propone hacer en esta conclusión ni lo que uno espera que se muestre, se llega a efectuar. Lo que sí ocurre es que no se nos dice nada sobre el problema de Nietzsche con la metafísica, lo que es una incoherencia desilusionante, pues, precisamente, lo que se espera de una conclusión es algún tipo de alternativa al problema planteado prístinamente (introducción); esto no pasa, lamentablemente, en ninguna parte de la tesis.

            El intentar realizar de manera “sistemática” un trabajo sobre Nietzsche, paso a paso, y tratando de realizar una exégesis pendiente de las más reconocidas interpretaciones (Deleuze, Colli, Fink, Jaspers) como también, mostrar la accesibilidad e importancia que tiene el pensamiento de Nietzsche para un estudiante de pregrado, son sólo algunos de los méritos propios de esta tesis. La idea de acercarse a Nietzsche porque se trata de un pensador contradictorio con la tradición, es precisamente la justificación para una actualidad de Nietzsche; especialmente, si miramos lo que es la norma académica, que no es más que la continuación de la idea de que lo único importante de la filosofía es encontrar la manera de hablar con sentido. Razón por la cual es que el gran valor de este esfuerzo interpretativo en torno a la crítica nietzscheana a la metafísica, está en su mensaje implícito: “Hay Nietzsche todavía, para que nos preguntemos: ¿Y cuál sentido?”

 

Notas

2 Cfr. § 195 de Aurora.

3  Cfr. BRUSSOTTI, Marco, La pasión del conocimiento, en Nietzsche en perspectiva. Comp. Germán Meléndez, Siglo del hombre Editores, Bogotá 200 p.25.

4 Ciencia Jovial, § 276.