Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

La confesión de Foucault

Tres lecturas foucaultianas sobre la práctica de la confesión

Gabriel D. Gómez Franco

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

En torno a los desplazamientos teóricos del pensamiento de Foucault, el autor retornó sobre los mismos problemas desde distintas grillas de análisis. En el texto presente nos detenemos sobre sus análisis de la confesión, en tanto práctica de producción de la verdad, en tres obras: Vigilar y castigar (1976), Historia de la sexualidad 1 (1977) y el curso de 1981 Obrar mal, decir la verdad (2014). El objetivo es identificar aquellos puntos comunes y los puntos de distancia con que Foucault caracteriza tal práctica en las tres lecturas. Se podrá evidenciar que no hay una diferencia determinante entre ellas, sino una continuidad en el aspecto que enfatiza el autor; la tesis que dirige tal lectura consiste en reconocer que no hay un desplazamiento teórico radical entre la llamada fase política y fase ética de su pensamiento entre la primera mitad de los años 70 y años previos a su muerte, e trata más bien, de una progresión en el enfoque del análisis del problema sujeto-verdad, donde la práctica de la confesión (como técnica de dominación y técnica de sí) juega un papel privilegiado en tanto pone en evidencia la doble relación del sujeto con el poder.



Cuando la confesión no es espontánea ni impuesta por algún imperativo interior, se la arranca; se la descubre en el alma o se la arranca al cuerpo (Foucault, 1977, p.75).

A treinta años de su muerte, puede decirse que el pensamiento de Foucault estuvo siempre inacabado, recortado, al borde de sí mismo. Se trató de una opción teórica que evitó conceptual y metódicamente, la construcción de un sistema donde predominaron investigaciones diversas acerca de los momentos históricos en que unas prácticas precisas se convierten en problemas de la verdad. De manera retrospectiva, en ese prólogo justificativo a El uso de los placeres (1984), el filósofo francés expresa cómo sus desplazamientos fueron consecuencia de la búsqueda por un pensar diferente. Así, desde sus primeras preocupaciones por la práctica psiquiátrica, identifica tres movimientos:

Me pareció necesario un desplazamiento teórico para analizar lo que con frecuencia se designaba como el progreso de los conocimientos: me había llevado a interrogarme por las formas de las prácticas discursivas que articulaban el saber. Fue igualmente necesario un desplazamiento teórico para analizar lo que con frecuencia se describe como las manifestaciones del "poder": me llevó a interrogarme más bien acerca de las relaciones múltiples, las estrategias abiertas y las técnicas racionales que articulan el ejercicio de los poderes. Parecía que sería necesario emprender ahora un tercer desplazamiento, para analizar lo que se ha designado como "el sujeto"; convenía buscar cuáles son las formas y las modalidades de la relación consigo mismo por las que el individuo se constituye y se reconoce como sujeto. (Foucault 1984, p9).

El tercer desplazamiento se efectúa entre la publicación del primer tomo de la Historia de la sexualidad y los siguientes dos, desplazamiento que algunos críticos han leído como una ruptura en su pensamiento,ruptura en cuanto a una serie de cambios de método, de inquietudes, de conceptos, incluso del archivo histórico sobre el que realiza sus arqueologías sobre las relaciones saber-poder a las relaciones subjetividad-verdad; de una preocupación política a una preocupación ética; de la época clásica a la antigüedad; de las técnicas de dominación a las técnicas de sí, ha surgido aquí el lugar común de la llamada “fase ética de Foucault”, leída por algunos como un revés, una vuelta atrás en los inquisitivos análisis sobre el poder.

Dentro de este contexto se ubican tres lecturas de la práctica de la confesión sobre las que quisiera examinar sus puntos comunes y diferencias, tres estudios ubicados cronológicamente alrededor de este último desplazamiento; primero, en Vigilar y castigar (1976); segundo, en el tomo 1 de la Historia de la sexualidad (1977); tercero, en el curso dictado en la Universidad de Lovaina en 1981, Obrar mal, decir la verdad (2014).

PRUEBA 1: EL OBJETIVO DE LA INSTRUCCIÓN PENAL

En Vigilar y castigar, Foucault traza la genealogía del poder punitivo, de las tecnologías del poder aplicadas sobre el cuerpo, que en un movimiento de desdoblamiento produce el alma del sujeto de las sociedades de control (Foucault 1976, p.36). Allí, el filósofo caracteriza el procedimiento penal en la Francia pre-revolucionaria, que articula dos mecanismos que sonla instrucción de los jueces y la autenticación del acusado; la primera puede identificarse con la fase de indagación,  ante una denuncia o sospecha, los jueces inician un proceso de selección y clasificación de las pruebas, el secretismo de la instrucción es tal que el acusado puede incluso ignorar la acusación que sobre él recae hasta la enunciación de su condena, se trata según Foucault, “de una máquina que puede producir la verdad en ausencia del acusado” (1976, p.43). Una verdad que es, entonces, secreta y escrita. Sin embargo, llama la atención que lo pretendido en la instrucción, como segundo mecanismo que constituye el procedimiento peal, no sea otra cosa que la confesión del acusado, en cuanto documento complementario y mecanismo de autenticación.

El lugar que ocupa la confesión dentro de este procedimiento penal no está exento de ambigüedades. La primera yace en su función operatoria como prueba, de un lado la confesión es reglamentada aquí como un elemento más dentro del cálculo general de pruebas, por lo que no “puede conseguir por sí sola la condena, sino que debe ir acompañada de indicios anejos y de presunciones” (Foucault, 1976, p.44).Al mismo tiempo, la confesión es la contrapartida de la información, esto es una prueba trascendente que transforma legítimamente el mecanismo de la instrucción que es secreto y escrito, en una afirmación manifiesta y oral, en la que el acusado hace aparecer la verdad penal; la segunda ambigüedad se refiere a las relaciones de poder instauradas entre jueces y acusado sobre el engranaje de la confesión, en un extremo se tine un efecto de coacción que busca la confesión en cuanto prueba decisiva que reduce al mínimo el trabajo judicial (Foucault, 1976, p.44). Pero, del otro extremo la confesión debe funcionar como una transacción semivoluntaria en la medida que si pretende autenticar efectivamente la instrucción, deberá aparecer como un enunciado “espontáneo” del acusado, dentro de un marco de formalidades seguidas al pie de la letra por el ente acusador.

Tenemos, entonces, dos ambigüedades relativas a la confesión en el procedimiento penal francés del siglo XVII y XVIII: Elemento de prueba versus contrapartida de la información; efecto de coacción versus transacción semivoluntaria; en las dos  ambigüedades emergen ciertas características sobre las que Foucault hace un llamado de atención. En primer lugar, el procedimiento penal funciona como una liturgia de la verdad, un procedimiento que regido por unas reglas específicas hace aparecer la verdad penal y enn efecto el acusado confeso juega el papel de la verdad que se manifiesta (Foucault, 1946, p.44): su cuerpo, confesando ante los jueces, es la verdad del crimen. En segundo lugar, el efecto de coacción a través del cual se busca la confesión, manifiesta esa relación de subordinación que se da entre el acusado y los jueces. En tercer lugar se pretende una espontaneidad de la confesión garantizada en la forma de una transacción semivoluntaria. Por último, existen unos efectos de transformación que siguen a la confesión en tanto que ésta consigue modificar el estatuto de la instrucción penal, de secreta y escrita, a manifiesta y oral, lo que implica que el acusado se convierta efectivamente en objeto de una sentencia (Foucault, 1946, p.45). Hasta aquí el análisis emprendido en Vigilar y castigar.

PRUEBA 2: EL REGISTRO FUNDANTE DEL DISCURSO SOBRE EL SEXO

En la Historia de la sexualidad 1, Foucault (1997) ensaya hacer una genealogía de la producción de la verdad sobre el sexo, la cual según él lo describe se ha desplegado en la forma de dos procedimientos históricamente delimitables: la ars erotica y la scientia sexualis. Mientras la primera extrae la verdad del sexo desde el placer, caracterizada por la relación del discípulo consigo mismo por la iniciación y el secreto, la segunda es el desquite del mundo Occidental hacia todo saber esotérico y transformador; aquí es donde emerge un segundo análisis de la confesión, esta vez leída por Foucault como la práctica fundante de la scientia sexualis, de la experiencia que el sujeto contemporáneo tiene de la sexualidad, en efecto, desde la Edad Media hasta el siglo XIX y en un movimiento de ampliación de su uso desde el orden religioso hacia el orden civil, la confesión ha devenido en una práctica central para la cultura occidental como ritual privilegiado de producción de la verdad y procedimiento de individualización por el poder; en otras palabras, la confesión ha devenido del eje de los procedimientos de saber-poder. Dice Foucault:

La confesión difundió hasta muy lejos sus efectos: en la justicia, en la medicina, en la pedagogía, en las relaciones familiares, en las relaciones amorosas, en el orden de lo más cotidiano, en los ritos más solemnes; se confiesan crímenes, pecados, pensamientos y deseos, el pasado y los sueños, la infancia; se confiesan las enfermedades y las miserias; la gente se esfuerza en decir con la mayor exactitud lo más difícil de decir, y se confiesa en público y en privado, a padres, educadores, médicos, seres amados. (Foucault 1977, p.74-5).

De allí el carácter esencialmente confesante la sociedad occidental moderna, en la que el sujeto se autentica desde la producción ritual de una verdad sobre sí mismo, siendo el sexo el objeto privilegiado de esta práctica de confesión. Con esto arribamos al punto que nos interesa enfatizar: las características que el filósofo destaca acerca de ésta. Primera, la confesión es definida como un ritual de verdad; en ella se produce la verdad sobre un sujeto y se autentica en el hecho de ser formulada por el sujeto mismo de esa verdad, esto es cuando quien confiesa pasa por encima de obstáculos y se pone en riesgo al enunciar su verdad. Segunda característica donde el tipo de relación que se da entre quien confiesa y el enunciado. Se trata de una coincidencia en el sujeto, lo que se traduce en la constitución de un determinado tipo de relación del sujeto confesante consigo mismo, a través de la enunciación de una verdad sobre sí. Tercera característica, acá la relación entre el confesante y el interlocutor. Efectivamente, no es una relación entre iguales sino una relación de poder en la cual el confesante depende del interlocutor, de su castigo o perdón. Ultima característica, ya las consecuencias de la confesión no son solamente externas; las más importantes son intrínsecas, esto es que produce un cambio de estatuto en quien se confiesa: “lo torna inocente, lo redime, lo purifica, lo descarga de sus faltas, lo libera, le promete la salvación” (Foucault, 1977, p.78).

El análisis de Foucault sobre la confesión en su Historia de la sexualidad prosigue con la arqueología de ese lazo que une los procedimientos de confesión y la discursividad científica como modalidades de producción de la verdad del sexo, análisis que escapa a los objetivos presentes.

PRUEBA 3: UNA PRÁCTICA DE VERIDICCIÓN DEL SUJETO

El título completo del curso dictado por Foucault en la Universidad de Lovaina en 1981, dirigido a un auditorio compuesto por criminólogos y juristas, es Obrar mal, decir la verdad. La función de la confesión en la justicia. Esta vez el estudio que el filósofo realiza sobre la confesión no tiene un carácter accesorio dentro de una empresa genealógica mayor. Foucault encuentra, remetiéndose al diccionario, que la confesión es un acto de habla en que un sujeto declara sobre sí mismo. Pero este acto de habla es bastante especial. ¿Qué es lo que llama el interés del filósofo? Ni es el “cómo se dice”, su forma –una declaración–, ni es el “qué se dice”, su contenido –el enunciado de una falta–. Lo especial en la confesión es que ésta “mantiene una extraña relación con el problema de la verdad (…). Constituye cierta manera de decir, cierto modo de veridicción” (Foucault, 2014, p.29). Por veridicción entiéndase la enunciación y no el enunciado, esto es, el acto mismo de decir la verdad, la práctica del decir verdadero, tal como lo es la parrhesía. Así, Foucault define la confesión como una práctica de veridicción sobre sí mismo, un acto de habla en que un sujeto dice verdad sobre sí.

Puede notarse, de manera evidente, que el énfasis del análisis que ahora emprende Foucault sobre esta práctica se ancla sobre su relación con la verdad. Se trata de una práctica que, de manera privilegiada, pone en manifiesto ese peculiar afán de la cultura cristiana occidental por demandar y solicitar discursos de verdad. Es así que la investigación sobre la confesión obedece a dos marcos de problematización. De un lado, se trata de un problema histórico-político que intentaría responder “cómo el individuo está vinculado y cómo acepta vincularse al poder que se ejerce sobre él” (Foucault, 2014, p.28), que le demanda producir una verdad acerca de sí mismo. Es, a un tiempo, un problema jurídico, político e institucional puesto que, como Foucault lo examinará a lo largo del curso, la confesión dentro del derecho penal deviene en una práctica que entrecruza veridicción y jurisdicción (2014, p.31-2). De otro lado, la confesión plantea un problema histórico-filosófico que se enmarca dentro de la empresa de una filosofía crítica. Aquí, la pregunta a responder sería: “cómo los sujetos están efectivamente ligados en y por las formas de veridicción en las que se involucran (…) cómo pudo aparecer en la historia, y en qué condiciones, un modo de veridicción” (Foucault, 2014, p.29).

Dirijamos la atención ahora hacia los caracteres que definen la confesión dentro de esta doble investigación que emprende Foucault en este curso del año 81. Ésta es su definición breve:

... la confesión es un acto verbal mediante el cual el sujeto plantea una afirmación sobre lo que él mismo es, se compromete con esa verdad, se pone en una relación de dependencia con respecto a otro y modifica a la vez la relación que tiene consigo mismo. (Foucault, 2014, p.27).

Esta definición reúne los cuatro principios que delimitan la práctica de la confesión como veridicción sobre sí mismo. Primero, costo de enunciación: La confesión es una declaración que no revela una verdad desconocida, una verdad que implique un paso del no saber al saber, sino una verdad inútil. “Su confesión, dice Foucault, consiste en pasar del no decir al decir” (2014, p.25), un decir que implica un costo para quien confiesa. Segundo, principio de compromiso: Aun cuando existe una coacción hacia la confesión, ésta no tiene validez si ella misma no es voluntaria y libre, lo que implica que no hay allí una constatación sino un compromiso del confeso por ser él mismo aquello que afirma ser. Tercero, principio de sometimiento: La confesión refuerza la relación de poder en la que se encuentra el confesante respecto del otro ante quien se pone en riesgo. Esto explica el que la confesión tenga un costo. Finalmente, el cuarto y último principio es el que más atrae ahora la atención de Foucault. Lo llama principio de subjetivación. Se trata de un aspecto singular que tiene la confesión en cuanto a sus efectos: una vez enunciada, esta práctica tiene la capacidad de modificar la relación que el sujeto confesante tiene con lo confesado. “La confesión, a la vez que vincula al sujeto a lo que afirma, lo califica de otro modo respecto de lo que dice” (Foucault, 2014: 27).

Como ejemplo  ilustrativo de los  cuatro principios el siguiente; un amante,  primero hay confesión y no declaración, si el acto verbal de declarar su amor implica un costo tal como el loco que, al confesar su locura autoriza su encerramiento. Segundo, el amante que confiesa coaccionado por su propia pasión se compromete a amar, funda su confesión en que efectivamente es él quien experimenta ese amor. Tercero, el amante confeso se somete a su amada, a su aceptación o su indiferencia  instaurando así dentro de una relación de poder que pone en manifiesto ese costo de revelar lo no dicho. Cuarto, el amante confeso ya no es el mismo, no es igual a aquel amante secreto; él se cualifica distinto, es ahora un amante declarado. El ejemplo puede ser bizarro y Foucault es consciente de ello, pero permite evidenciar cómo las características de la confesión se mantienen aún en situaciones no institucionalizadas; ni qué decir entonces de la confesión en ámbitos religiosos, jurídicos, médicos, políticos, en donde las relaciones de poder y los regímenes de verdad establecen reglas que delimitan pormenorizadamente cuál es el costo, cuál el grado de sometimiento, cuál el tipo de compromiso de quien confiesa un pecado, un crimen o una enfermedad.

EXAMEN DE PRUEBAS: PUNTOS COMUNES Y PROGRESIONES

Enfocados estrictamente en las características que Foucault traza acerca de la práctica de la confesión en las tres obras analizadas, se encuentran unos elementos comunes y otros aparentemente diferentes; respeto a los elementos comunes, evidentes en las tres lecturas, se trata de aquellos correspondientes a la definición y a las condiciones de la confesión. En lo que toca al primer punto común, las tres lecturas de Foucault, cada una bajo su propio marco investigativo, definen la confesión como un ritual de producción de la verdad, una liturgia de la verdad. En lo que toca a las condiciones de esta práctica, primero, tal ritual se efectúa en el marco de una relación de poder, en tanto elemento constitutivo de esta práctica: quien confiesa asume el costo de hacerlo, puesto que se subordina, se establece bajo el poder, se somete a su interlocutor. Opera allí lo que Foucault llama, en 1981, ese principio de sometimiento, , pese a esta coacción del poder las tres lecturas reconocen el carácter voluntario del confesante: para que exista una efectiva coincidencia entre el sujeto y lo que dice de sí mismo, su confesión deberá ser espontánea, al punto que es él mismo quien se compromete con lo que dice.

De otro lado, cada lectura presenta un elemento que podría leerse como una suerte de desplazamiento progresivo en el análisis de la confesión. En Vigilar y castigar (1976) Foucault habla de una función de transformación, especialmente dirigida hacia la exterioridad del sujeto confesante, lo que allí se transforma es la instrucción penal que pasa de ser secreta y escrita a ser manifiesta y oral. sin embargo, ya se atisba aquí que la confesión implica un cambio en el estatuto del confesante.

A través de la autenticación que efectúa la confesión, el acusado deja de ser simple objeto de la instrucción de los jueces y deviene verdad viva. En la Historia de la sexualidad 1 (1977), más allá de las consecuencias extrínsecas de la confesión –entre las que podría adecuadamente listarse esa función de transformación que acabamos de describir–, Foucault habla de unas consecuencias intrínsecas, esto es, de cambios en el estatuto mismo del individuo confesante, en la medida que la confesión “lo torna inocente, lo redime, lo purifica, lo descarga de sus faltas, lo libera, le promete la salvación” (Foucault, 1977, p.78). Estas trasformaciones intrínsecas producidas por la confesión –que en la primera obra no aparecen y en la segunda son solamente mencionadas–, se convierten precisamente en aquella característica que más llama la atención de Foucault en la lectura que hace de ella en el curso de 1981. Corresponde a lo que él llama principio de subjetivación, cuando la enunciación de una verdad sobre sí, el sujeto modifique su cualificación, se transforme a sí mismo, después de su acto de veridicción, el confesante no será un simple criminal, sino un criminal arrepentido; un simple enfermo mental, más bien un enfermo consciente de su estado; un amante en secreto, pero si un amante declarado.

VEREDITO CONCLUSIVO (Y COSTOSO): HACER CONFESAR A FOUCAULT

Lo dicho hasta ahora es simplemente una lectura comparada de las palabras que Foucault dedica a la confesión en 1975, 1976 y 1981. La empresa ahora, en forma de una conclusión sobre la que pesa un costo de enunciación, sería ofrecer una interpretación a estas cercanías y distancias entre las tres lecturas del filósofo. ¿Qué verdad podemos hacer confesar a Foucault a partir de lo que nos dice?, ¿qué verdad podemos arrancarle? En la entrevista ofrecida a Jean François y John de Wit, durante su estadía en Lovaina en 1981, Foucault afirma lo siguiente:

La confesión es un elemento instrumental que encuentro constantemente. Y dudo entre hacer una historia de la confesión en sí misma, como una suerte de técnica con sus diferentes aspectos, o tratarla únicamente dentro de estudios sobre diferentes ámbitos en los que se pone en juego. (Foucault 2014, p.265).

En otras palabras, Foucault reconoce que la confesión es una práctica fundante dentro de los diversos ámbitos que han sido objeto de sus inquietudes, motivo por el cual al emprender sus genealogías ha sido imperioso examinarla. Tenemos los tres ejemplos expuestos a lo largo del presente escrito, en los que pesa el hecho que la confesión sea una manifestación de la verdad bajo ciertas obligaciones de verdad exigidas por el poder. Sin embargo, tras comparar las tres lecturas, puede afirmarse que el análisis de la confesión no varía sustancialmente en el marco del tercer desplazamiento teórico del pensamiento de Foucault. De Vigilar y castigar al curso Obrar mal, decir la verdad, la confesión sigue siendo definida y caracterizada por Foucault de la misma manera. Estos análisis permitirían cobijar la práctica de la confesión, no como elemento instrumental para genealogías específicas, como dice a sus entrevistadores, sino como una técnica analizada en sus diversos aspectos dentro del concepto de alethurgia, compuesto por  Foucault en el curso de 1980 en el Collège de France y que acompaña sus investigaciones hasta su muerte.(2)

Se podría llamar alethurgia al conjunto de procedimientos posibles, verbales o no, por lo cuales se saca a la luz lo que es puesto como verdadero por oposición a lo falso, a lo escondido, a lo indecible, a lo imprevisible, al olvido; y decir que no hay ejercicio del poder sin alguna cosa como una alethurgia (Foucault, 2012, p.8).

La confesión es, entonces, una práctica alethúrgica, un procedimiento ritual que hace aparecer lo verdadero que el sujeto dice de sí mismo, en tanto que está inscrito en una relación de poder que le exige tal veridicción, desde esta perspectiva, arribamos a una consecuencia que tiene forma de una mera intuición. Se trata de afirmar que los desplazamientos teóricos de Foucault no son propiamente rupturas. Existe cierta una inquietud de fondo: el problema de la verdad, de la manifestación de la verdad en relación con las obligaciones de producirla, enmarca todas las investigaciones emprendidas por el filósofo.

En cuanto a esa progresión que lleva a Foucault, en las tres lecturas sobre la confesión, de hacer el énfasis en sus efectos externos a prestar atención a sus efectos intrínsecos y, finalmente, a condensarlos en la forma de un principio de subjetivación, también se podría ofrecer una interpretación costosa. Se trata de ver en tal progresión no un cambio profundo en la interpretación que Foucault hace de la práctica confesional, sino de un ensayo por resaltar la función activa que tiene el sujeto al que se le obliga a confesar y, con ello, a observar las consecuencias que tal veridicción tiene sobre ese sí mismo.

La clave de lectura para esta interpretación sería la caracterización de la confesión como una técnica. En efecto, en la conferencia inaugural al curso Obrar mal, decir la verdad (2014), Foucault describe tres tipos de tecnologías separables solamente con fines explicativos, pero que en cuanto prácticas son indisociables: técnicas de producción de los objetos, técnicas de comunicación y técnicas de gobierno; lo económico, lo semiótico y lo estratégico. En una entrevista otorgada en el marco de las conferencias ofrecidas en Dartmouth College, EEUU, en 1980, Foucault afirma lo siguiente:

… por «sí» («soi») yo entiendo el tipo de relación que el ser humano en tanto que sujeto puede tener y sostener con él mismo (…). Uno puede llamar esto subjetividad en francés, mas no es suficiente, yo creo que «sí» es mejor. Y ese tipo de relación del sujeto con él mismo es, creo, el blanco de las técnicas. ( Foucault 2013, p.131).

De manera que las técnicas tienen por objeto la subjetividad, determinar el modo en que un sujeto se relaciona consigo mismo. En referencia al tercer grupo de técnicas, durante los últimos años de la década de los 70 Foucault maduró una noción de gobierno que no sólo comprendía la conducción de los individuos bajo relaciones de poder, sino que añadió a esto la conducción que un individuo hace de sí mismo, por sí mismo. Acuñó entonces el concepto de gubernamentalidad: el gobierno de sí y de los otros, título de sus últimos dos cursos en el Collège de France.

¿Qué tiene que ver lo anteriormente dicho con la confesión? Precisamente que la confesión es una técnica de gobierno particular, una técnica que es leída, de Vigilar y castigar a Obrar mal, decir la verdad, bajo estos dos sentidos de la noción de gubernamentalidad: de un lado, es una técnica de dominación o disciplina, en tanto que hay un poder que coacciona al individuo a enunciar una verdad sobre sí; en contrapunto, es una técnica de subjetivación o técnica de sí, en tanto que el individuo, por su espontaneidad, constituye una relación de sí consigo, de sí con esa verdad que produce, que enuncia, con la que se compromete y que lo cualifica de un modo distinto. Si existen técnicas de dominación y, además, existe la confesión como una técnica de dominación singular que es técnica de dominación y técnica de sí simultáneamente, ¿acaso no sería posible identificar otras técnicas de gobierno que, al menos en parte, sean distintas de estas técnicas de dominación (Foucault, 2014, p.268-9). Tal vez ésta fue la pregunta que se planteó Foucault como resultado de sus lecturas sobre la confesión. El énfasis que hace en Obrar mal, decir la verdad sobre ese principio de subjetivación anunciaría, entonces, la posibilidad de trazar la historia de cierto tipo de técnicas con las que el sujeto podría asumir, voluntariamente, una posición esquiva al poder, una emancipación: evitar la conducción de los otros y conducirse por sí mismo.

Aunque Foucault afirmetal como se ha citado, que en sus estudios la confesión es solamente un elemento instrumental, lo que aquí arrancamos en confesión a las tres obras analizados es que los estudios que el francés dedica a esta práctica juegan un papel central en los desplazamientos de su pensamiento, funcionaría como una suerte de eje o engranaje entre su análisis del saber-poder y su análisis del sujeto-verdad, sin embargo, quizá la verdad producida con la escritura de este texto, aun cuando sea pública, no sea igualmente autenticada en confesión por el mismo Foucault, lastimosamente, no tenemos ni su alma para descubrirla, ni su cuerpo para arrancarla.

Notas

(1) Esta ponencia se escribe en el marco del proyecto de investigación Alethurgia sobre el pensamiento de Foucault, inscrito a la vicerrectoría de investigaciones de la Universidad Tecnológica de Pereira y dirigido por el doctor Antonio Rodríguez Jaramillo.

(2) Agradezco la traducción al español de las dos citas siguientes al doctor Antonio Rodríguez Jaramillo, docente de la Universidad Tecnológica de Pereira y director del proyecto de Investigación Alethurgia.


Referencias

Foucault, M. (1976). Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión / traducción de A. Garzón del Camino. Buenos Aires, México: Siglo XXI Editores.

Foucault, M. (1977). Historia de la sexualidad 1: La Voluntad de Saber / traducción de U. Guiñazú. México: Siglo XXI Editores.

Foucault, M. (1984). Historia de la sexualidad 2: El uso de los placeres / traducción de Martí Soler. México: Siglo XXI Editores.

Foucault, M. (2012). Du gouvernement des vivants. Cours au Collège de France. 1979-1980 / édition établie sous la direction de F. Ewald et A. Fontana, par M. Senellart. Paris: EHESS –Gallimard – Seuil.

Foucault, M. (2013). L´origine de l´hermenéutique de soi. Conférences prononcées à Dartmouth College, 1980. Paris: Vrin.

Foucault, M. (2014). Obrar mal, decir la verdad. Función de la confesión en la justicia / edición en español al cuidado de E. Castro. Buenos Aires, México: Siglo XXI Editores.