Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

La sociedad de producción

Supremacía del lenguaje económico en la formación del infante

Rafael Andrés Rodríguez Hoyos

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

El presente artículo examina el pensamiento económico de Jean-Jacques Rousseau, expuesto en el Libro III del Emilio, o De la educación. Se analizan algunas nociones económicas que configuran la sociedad y, como tal, la formación del infante desde los once hasta los quince años. Se describe el uso de términos como «moneda», «cambio» y «producción». Dilucidando, a partir de dicha descripción, una consecuencia social y económica: la legitimación de la sociedad de producción. Sociedad que afirma al hombre como ser que hace y al cual le es fundamental el hacer. J-J. Rousseau, lejos de distanciarse de la comprensión del hombre como un sujeto que se hace haciendo, encuentra una etapa propicia para que el hombre decida cómo se vinculará y situará en la sociedad producción. Sociedad que no se legitima a partir de un modelo de poder, sino de una condición que garantiza la circulación de la producción: el dinero.

Abstract

This article examines the economic thought of Jean-Jacques Rousseau, exposed in Book III of Emilio, or education. Some economic notions that shape society are analyzed and, as such, the formation of the infant from eleven to fifteen. The use of terms such as "currency", 'change' and 'production' are described. Elucidating, from that description, social and economic consequences: the legitimization of the production society. Society that affirms man as he does and whom it is essential to do. J-J. Rousseau away from the understanding of man as a subject that makes himself doing finds a favorable step for man to decide how to link and placed in production society. Society that doesn´t legitimate from a model of power, but a condition that ensures the circulation of production: money.

 

Palabras Clave

Rousseau, economy, production company, markey economy, monetary society and production man.  

“Más, en lugar de recurrir, para vivir, a esos altos conocimientos que están hechos para nutrir el alma y no el cuerpo, si llegada la necesidad recurrís a vuestras manos y al uso que de ellas sabéis hacer, todas las dificultades desaparecerán, todas las maniobras se vuelven inútiles; el recurso está siempre dispuesto para el momento de usarlo”.

Jean-Jacques Rousseau

(1998: 290)

Introducción

Reflexionar sobre economía desde un tratado de educación, como el Emilio, es renunciar a la pretensión de sistematizar y teorizar sobre el ámbito de la producción, un modelo económico o estrategias económicas. Sin embargo, lo interesante de esta labor –después de una lectura crítica (cualidad del filósofo) del Libro III del Emilio, o De la educación-, es mostrar el lenguaje económico que está actuando en una propuesta educativa. Y más aún, cómo este lenguaje formaliza una sociedad económica, en especial, una sociedad de producción. En la cual y para la cual se educa.

El presente texto se propone analizar las nociones económicas presentes en la formación del infante. De ahí que, se estudiará el lenguaje económico (moneda, cambio y producción) y su función operativa[i] en la propuesta educativa de Jean-Jacques Rousseau. Consideramos pertinente ahondar en el lenguaje económico de Rousseau, en tanto que éste está presente en la formación del infante en cuestión –de los once a los quince años- Para nosotros, Rousseau reconoce la inmersión y producción del hombre en una Sociedad de Producción. Sociedad que se legitima[ii] a partir de las relaciones que muestra el filósofo ginebrino a través de un lenguaje económico.

Para demostrar lo anterior, establecemos tres momentos de exposición: primero, reflexionaremos sobre el hombre útil a través del aprendizaje de un «´oficio´»: ¿cuál es la importancia del «´oficio´»?, y, ¿qué ´oficio´ debe aprender Emilio? En un segundo momento, examinaremos la noción de cambio que expone J-J. Rousseau. Para ello, estudiaremos la naturaleza del intercambio y la importancia de la moneda. Finalmente, en un tercer momento, profundizaremos en la división del trabajo. Este análisis se tejerá a partir de la noción de «dinero» como fundamento de las relaciones sociales.

El Hombre-Útil

En esta etapa de formación del infante, Jean-Jacques Rousseau hace énfasis en el significado de la palabra útil (Cf. Montero González, 2009). En los capítulos anteriores, J-J. Rousseau advierte el concepto de utilidad bajo lo que es necesario. Lo que es necesario hace referencia a ciertas prácticas –por ejemplo: el ayo provee los medios necesarios para que Emilio indague por sí mismo. La indagación de Emilio versará sobre estos medios, los cuales, necesariamente deben ser útiles para la edad de Emilio. Es decir: deben generar reflexiones pertinentes para una determinada edad-. Sin embargo, la determinación final de estas prácticas consistirá en la acepción y construcción de lo «útil», tal como lo plantea J-J. Rousseau plantea en el Libro III del Emilio, o De la educación, a saber: «tiene que ver con la elección de un ´oficio´ y con la formación de las facultades para pensar[iii]» (Montero González, 2009: 68). Lo «útil» se encuentra como una característica del ´oficio´ y de los contenidos temáticos que posibilitan el pensamiento del infante –a modo de un ejemplo de un contenido temático no apto y por tanto, no útil, para el infante, J-J. Rousseau habla de la reflexión moral-.

Ahora bien, ¿por qué es importante aprender un ´oficio´? Para responder este interrogante, es necesario enmarcar el ´´oficio´´ dentro de la relación de trabajo. Pues bien, alude J-J. Rousseau, que «trabajar es, pues, indispensable para el hombre social» (1998: 288), todo hombre debe aprender un ´oficio´. De ahí que, se muestra el ´oficio´ como una acción práctica necesaria. Sin embargo, desde la argumentación del ginebrino, podemos ver cómo el hombre interactúa dentro de las relaciones de producción a través de un ´oficio´: hay que saber-hacer para subsistir dentro de relaciones con otros saberes-que-hacen. Por lo tanto, es pertinente que Emilio aprenda un ´oficio´ para adjudicarse un lugar como hombre social, y así mismo, como un hombre sujeto a las relaciones sociales de producción.

Seguidamente, nos preguntamos por el ´oficio´ por antonomasia para Emilio. Para responder a ello, es pertinente situar una máxima de J-J. Rousseau, a saber: “de todas las ocupaciones que pueden proporcionar al hombre la subsistencia, la que más lo acerca al estado de naturaleza es el trabajo de las manos” (Rousseau, 1998: 288). Teniendo en cuenta nuestra intención: analizar el lenguaje económico presente en el Emilio de J-J. Rousseau, lo anterior nos permite establecer tres cosas: uno, el ´oficio´ es el garante de la subsistencia; dos, el ´oficio´ está enmarcado dentro de una relación de trabajo; y tres, el ´oficio´ es una transacción de fuerza. No obstante, ¿qué ´oficio´ puede aprender y ejercer Emilio? J-J. Rousseau determina que Emilio puede aprender cualquier ´oficio´, sin embargo, el ´oficio´ que él desea para Emilio es el de carpintero. Éste es “limpio, útil, puede ejercerse en casa; mantiene en vilo suficientemente el cuerpo, exige en el obrero habilidad e industria, y en la forma de las obras que la utilidad determina no están excluidos ni la elegancia ni el gusto” (Rousseau, 1998: 297).

En conclusión, la noción de ´oficio´ enmarca a Emilio dentro de una dinámica social particular: la producción. Emilio, en tanto que ejerce un ´oficio´, es un hombre-productivo. Y en tanto que hombre-productivo, es un hombre-útil. Pues bien, se encuentra inmerso en las relaciones sociales y responde, desde su ´oficio´, a necesidades particulares de su sociedad. De ahí que, J-J. Rousseau, afrontando su liberalismo burgués[iv], siempre busque para Emilio el ´oficio´ más libre[v]. Sin embargo, por más libre que sea el ´oficio´/arte que aprenda Emilio, su maestro ya lo sentenciaba como materia-prima de algún orden (cognitiva, manufacturera, artística, etc.). A saber -escribe el ginebrino- “porque en la sociedad humana el mayor instrumento del hombre es el hombre, y el más sabio es quien mejor se sirve de ese instrumento” (Rousseau, 1998: 274), en consecuencia, una vez tenemos un hombre-útil, contamos con una producción. Si tenemos hombres-útiles, contamos con producciones.

El Cambio

Ahora bien, ¿qué debemos hacer con esas producciones? Antes de responder a este interrogante, es pertinente resaltar que J-J. Rousseau reconoce la acumulación de mercancías,es decir: el capital,por tanto, la propiedad. De ahí que, en un primer momento, se podría establecer que un número X de producciones satisfacen las necesidades que gestan dicha producción y, la producción restante, X’, es propiedad del hombre-productor. Esta tesis se enmarca dentro del ‘derecho positivo’ que expone J-J. Rousseau, a saber: “la igualdad convencional entre los hombres, muy distinta de la igualdad natural, vuelve necesario el derecho positivo, es decir el gobierno y las leyes” (Rousseau, 1998: 278),sin embargo, apelando a un segundo momento, la respuesta del ginebrino radicará en el cambio –y no en una noción que el infante entre once y quince años no pueda comprender. Por ejemplo: la noción de capital-. Una vez queda formulada la respuesta en términos de cambio, J-J. Rousseau explicará la inmersión de la moneda en las relaciones sociales –no debemos olvidar que se aprende un ´oficio´ en tanto que éste es esencial al hombre social-.

El cambio de mercancías/producciones es un asunto complejo mediante comparación entre producciones cualitativamente diferentes (Cf. Rousseau, 1998). De ahí que, es necesario establecer un patrón de medida, dicho patrón debe ser universal y canjeable fácilmente, pues, la heterogeneidad de las materias es lo que produce la querella del cambio (Cf. Álvarez & Hurtado, 2008); en palabras de J-J. Rousseau: “la igualdad convencional entre las cosas hizo inventar la moneda; porque la moneda no es más que un término de comparación para el valor de las cosas de diferentes especies, (…) la moneda es el verdadero lazo de la sociedad” (Rousseau, 1998: 278. Énfasis añadido).

Lo anterior relata la inserción de la moneda dentro de las relaciones sociales. Dicha inserción –desde la descripción de J-J. Rousseau-, eleva este medio de cambio a principio fundacional de la sociedad[vi]. Él establece el papel normativo de la moneda, más no se específica su naturaleza. De ahí que, teniendo en cuenta una segunda máxima de J-J. Rousseau: “la moneda es el verdadero lazo de la sociedad” (Rousseau, 1998: 278), podemos afirmar que Emilio se encuentra tejido en una sociedad mercantil, ante todo una sociedad monetaria (Cf. Álvarez & Hurtado, 2008). La cual, está regida por la “primera y más importante condición de la estructura de relaciones en una sociedad cuyo principal vínculo social pasa por el intercambio de bienes y servicios entre sus miembros” (Álvarez & Hurtado, 2008: 106), a saber: la moneda como condición necesaria en la estructura social.

En conclusión, a través de la noción de cambio, J-J. Rousseau, postula una teoría del valor[vii] como fundamento de una posible teoría económica. Él sitúa el ´oficio´ en el horizonte de la producción, y como tal, describe dicha valoración en términos de la producción final de una obra y el modo operante de la obra en las relaciones sociales. Ejemplo de ello, es la reflexión que le propone el ginebrino a Emilio:

recordad bien esas dos comidas, y decidid en vuestro interior cuál habéis hecho con mayor placer; ¿en cuál habéis observado mayor alegría? ¿En cuál se ha comido con mejor apetito, bebido con mayor euforia, reído con mejor gana? ¿Cuál ha durado más tiempo sin aburrimiento y sin que fuera preciso renovarla por otros servicios? Sin embargo, ved la diferencia: ese pan moreno que os aparece tan bueno procede del trigo recogido por ese campesino; su vino tinto y espeso, pero refrescante y sano, es de la cosecha de su viña. (Rousseau, 1998: 281)

Situado Emilio dentro de una teoría del valor, se le propone la moneda como el instrumento universal de cambio. De tal manera, que más allá de una explicación de la naturaleza del dinero, J-J. Rousseau propone la moneda como el fundamento de las relaciones sociales. Y como tal, el nacimiento de una economía mercantilista que produce y reproduce el deseo de dinero, mediante la circulación de las producciones (Cf. Rousseau, 1998). J-J. Rousseau muestra aquí cómo la necesidad de subsistir nos conduce a la necesidad de producir. Esta última necesidad ya se encuentra legitimada. De tal manera, que el cambio y la moneda, son características inherentes a la sociedad. Mostrando, finalmente, la producción como algo fundamental de las relaciones sociales y estamento social. Cabe resaltar que Emilio se encuentra dentro de esta circulación de producciones. En palabras del ginebrino, “Emilio ve que, para tener instrumentos para uso propio, los necesita también para uso de los demás; con ellos podrá obtener, en intercambio, las cosas que le son necesarias, y que poseen los otros” (Rousseau, 1998: 284).

División del Trabajo

La división del trabajo se encuentra impulsada por la sociedad monetaria descrita en el apartado anterior. Esta sociedad, configurada por el cambio, y especialmente, la moneda, pliega otra tipología de bien. Es decir: aquí no se encuentra, únicamente, el capital/dinero como un bien. Dado el hombre-útil, descrito en el primer apartado, y el cual J-J. Rousseau insiste en formar, tenemos otro tipo de bien: el hombre como el tipo de bien más importante dentro de una sociedad monetaria y, en consecuencia, una sociedad de producción (Cf. Fair, 2009). En otras palabras: “este bien [el hombre como un bien] es la verdadera riqueza (…) es una población numerosa que puede trabajar en conjunto” (Álvarez & Hurtado, 2008: 115) (Cf. Rousseau, 1998) mediante asociaciones de producción.

Ahora bien, ¿qué hace posible esta asociación de producción?, ¿cómo se forman y conforman esas asociaciones? Estas asociaciones son generadas, finalmente, por la motivación del dinero. Es decir: canje entre la mano de obra o la obra y la moneda. Sin embargo, J-J. Rousseau no llegará a esta explicación dentro del Libro III del Emilio, o De la educación. Él trata de mostrarle a Emilio la división del trabajo a partir de las necesidades particulares y la proyección de éstas en una necesidad común.

Supongamos diez hombres cada uno de los cuales tiene diez clases de necesidades. Es menester que cada uno se aplique, para lo indispensable, a diez clases de trabajo; pero, dada la diferencia de genio y de talento, al uno le saldrá menos bien alguno de estos trabajos, al otro, otro. Todos ellos, aptos para diversas cosas, harán las mismas y estarán mal servidos. Formemos una sociedad con esos diez hombres, y que cada uno se aplique, para él solo y para los otros, al género de ocupación que mejor le vaya; cada uno aprovechará los talentos de los otros como si él solo los tuviera todos. (Rousseau, 1998: 283)

A partir de ello, el ginebrino motiva a Emilio para que haga una elección de un ´oficio´. Él está entre los hombres y debe responder a unas necesidades históricas y culturales de su tiempo, a través de una producción. Sin embargo, lo que está en juego en esta división del trabajo motivada por la necesidad, no es el rango del ´oficio´ más honorable ni el arte más necesario,lo que está en juego es el lugar del dinero en las relaciones sociales. Si bien hemos mostrado, en la medida de lo posible, cómo el dinero es el vehículo de las relaciones sociales, una vez nos enfrentamos a la división del trabajo, encontramos el dinero como la única relación social vinculante. Dado que éste es el símbolo de valoración de una obra/producción, es un símbolo operativo de las relaciones de producción y, como tal, es el fundamento de la sociedad de producción, en la cual, ya Rousseau situaba a Emilio; de lo anterior podemos decir que la invención de la moneda y con ello, la noción de dinero, no sustituye las cosas –tal como lo propone J-J. Rousseau: “por la moneda los bienes de especies diversas se vuelven conmensurables y pueden compararse” (Rousseau, 1998: 279)-, lo que se sustituye con la moneda, el dinero, es el lugar de los seres humanos.

Los miembros de la sociedad han olvidado el origen de la moneda tal como lo relata J-J. Rousseau –la heterogeneidad de las materias produjo la invención de un patrón de medida universal y canjeable- y, dejando de lado las verdaderas riquezas (por ejemplo: los bienes), actúan conforme a las quimeras de la opinión (Rousseau, 1998). Las cuales, están asociadas a la moneda como estatus, “al acceso excluyente que procura a su poseedor el lujo para definir las distinciones de clase y establecer la pobreza en que vive la mayoría” (Álvarez & Hurtado, 2008: 120); la moneda permite valorar-nos, vincular-nos y, finalmente, reconocer-nos dentro de un modo particular de asociación: la sociedad productiva.

Conclusión

Finalmente, hemos develado el lenguaje económico que se inscribe dentro de la argumentación de un modelo de educación, -estrictamente hablando-, el propuesto por Jean Jacques Rousseau. Seguidamente a ello, hemos mostrado la forma operativa de estas categorías económicas dentro de la formación del infante entre los once y los quince años, estas categorías económicas son: el ´oficio´ como un momento de la producción; la moneda como superficie del capital y el dinero valorativo; la división del trabajo como el modo operativo de una sociedad productiva en la que se le otorga primacía a las vinculaciones económicas.

A partir de ahí, logramos ver cómo estas categorías gestaban otros estadios de formación en la educación de Emilio. De lo necesario nos formamos una idea de lo útil: es necesario X para subsistir, por lo tanto, es útil producir X. Del concepto de utilidad pasamos a la decisión de todo hombre social: ¿qué voy a hacer de mí en mí relación con los otros? Es decir: ¿qué ´oficio´ debo aprender (debe aprender Emilio)? Una vez determinado el papel fundamental del ´oficio´ y la producción, nos preguntamos por la forma de intercambio/cambio de producciones. Lo cual, nos mostró la noción de moneda como lazo fundador de la sociedad. Finalmente, indagamos por la forma de este lazo, es decir: su materialidad,  lo cual mostró la división del trabajo y enfáticamente, el tipo de sociedad en la que y para la que se forma Emilio: la sociedad de producción.

Lo anterior nos permite sustentar nuestra hipótesis de lectura –Rousseau reconoce la inmersión y producción del hombre en una Sociedad de Producción-, en tanto que él está formando un infante –entre los once y los quince años-, al cual, le adjudica como necesario tener un ´oficio´, reconocer el papel preponderante de la moneda y, finalmente, tomar un lugar dentro de la vinculación económica.

Para J-J. Rousseau, Emilio no tendrá que trabajar dado que él contará con los recursos económicos necesarios para su subsistencia. Sin embargo, dado que éstos se agoten, él tendrá un ´oficio´ que ejercer para garantizar su prevalencia en la existencia, especialmente, dentro de una sociedad de producción, de ahí que, toda educación, por más novedosa e idealista que se proponga, por ejemplo, una educación para la libertad, reconoce el papel preponderante de la economía en la formación del hombre. Educando para la libertad, desde los límites que impone la máquina operante de toda relación social: la economía.

Notas

[i] Empleamos la expresión función operativa entendiendo por ésta dos cosas: uno, el lenguaje económico de J-J. Rousseau no es estático. Es decir: no se encuentra una definición genérica de moneda, cambio y producción. El lenguaje económico se está formando a lo largo de la argumentación del filósofo ginebrino. Dos, en tanto que función operativa, el lenguaje económico le permite a J-J. Rousseau establecer vinculaciones necesarias en la formación de Emilio. Por ejemplo, de la relación entre moneda-cambio-producción, se le muestra a Emilio una vinculación necesaria de ello: el trabajo (saber-hacer).

[ii] Para nosotros, la noción de legitimidad no es una estructura normativa: leyes. Estamos entendiendo por legitimidad, prácticas aceptadas por los hombres, las cuales, justifican un modo social u orden político. A J-J. Rousseau no le extraña ni le sorprende la noción de moneda como garante de las relaciones sociales. De ahí que, a partir de la explicación de este concepto: su necesidad y funcionalidad, no se coloca en tela de juicio la sociedad que gesta esta necesidad. Todo lo contrario, se afianza esa sociedad, la sociedad económica. A ese modo de proceder del filósofo ginebrino, lo hemos llamado legitimación de una sociedad, legitimación de la sociedad de producción.

[iii] La reflexión que proponemos en el presente artículo se distancia de la «epistemología» de J-J. Rousseau. De ahí que, omitiremos la explicación de dicho tópico presente en la lectura del Libro III del Emilio, o De la educación.  La epistemología en el Emilio, es abordada por Ardaya Morales a partir de la formación de las facultades para pensar. De ahí que, explicar en qué consiste y cómo opera la formación de las facultades, nos distanciaría del eje temático de nuestra reflexión: la economía. En la medida de lo posible, nombraremos algunas cuestiones de la epistemología de Rousseau, si dichos nombramientos son pertinentes en la explicación de un fundamento que opera en las relaciones económicas.

[iv] La lectura del liberalismo burgués en J-J. Rousseau fue explicitada y explicada por Jean Touchard. Brevemente recalco los tres elementos del liberalismo burgués del genovés: Libertad, Desigualdad y Propiedad (Touchard, 1974: 329).

[v] «De suerte que el empleo de las materias primas se hace en ´oficio´s sin honor, casi sin provecho, y que, cuanto más cambian de manos, más aumenta de precio la mano de obra y más honorable se vuelve. No examino si es cierto que la industria sea mayor y merezca más recompensa las artes minuciosas que dan la forma última a estas materias, que en el primer trabajo que las convierte para uso de los hombres; lo que digo es que, en todo, el arte cuyo uso es más general y más indispensable es, de forma irrefutable, el que más estima merece, y que el que menos necesita de otras artes la merece por encima de las subordinadas, porque es más libre y está más cerca de la independencia» (Rousseau, 1998: 276).

[vi] «Rousseau ni siquiera se pregunta cómo surgió el dinero: éste es una convención social necesaria para el funcionamiento de la sociedad mercantil y la pregunta sobre su origen es irrelevante desde el punto de vista teórico» (Álvarez & Hurtado, 2008: 106).

[vii] La teoría del valor es descrita por J-J. Rousseau en el momento de exponer las artes. «Las artes más útiles son las que menos ganan porque el número de obreros está en proporción a la necesidad de los hombres, y porque el trabajo necesario a todo el mundo ha de tener por fuerza un precio que pueda pagar el pobre» (Rousseau, 1998: 273). Hemos interpretado esta teoría del valor como una teoría que se enmarca en la necesidad de uso de un producto u obra. De ahí que, una vez definido el valor de una obra/producción, se procede al intercambio monetario: producción por dinero – dinero por producción.


Referencias

Álvarez, A., & Hurtado, J. (2008). Jean-Jacques Rousseau y Karl Marx: estudio comparativo de dos críticas a la economía de mercado. Revista de Economía Institucional, 10(18), 103-127. Recuperado el 29 de Agosto de 2014, de http://goo.gl/dTttNA

Ardaya Morales, F. (Febrero de 2002). Sobre el Emilio de Rousseau. Acción Pedagógica, 11(1), 74-85. Recuperado el 31 de Agosto de 2014, de http://goo.gl/2kvfRH

Fair, H. (2009). El pensamiento de Rousseau. Sus implicaciones en el marxismo y en las ideas democrático-igualitarias. INTERSTICIOS: Revista Sociológica de Pensamiento Crítico, 3(1), 161-188. Recuperado el 3 de Septiembre de 2014, de http://goo.gl/xZEe4Y

Montero González, M. S. (2009). El Emilio: Niño y Educación. Magistro, 1(5), 59-73. Recuperado el 4 de Septiembre de 2014, de http://goo.gl/TsHfyz

Rousseau, J.-J. (1998). Libro III. En J.-J. Rousseau, Emilio, o De la educación (M. Armiño, Trad., Primera edición en «Área de conocimiento: Humanidades» ed., págs. 239-310). Madrid, España: Alianza.

Touchard, J. (1974). CAPÍTULO IX: EL SIGLO DE LAS LUCES. Sección III-Rebeldías y utopías. Jean-Jacques Rousseau. En J. Touchard, Historia de las Ideas Políticas (J. Pradera, Trad., Tercera Reimpresión ed., págs. 328-334). Madrid, España: Tecnos.