Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

Teoría Queer

Hacia la equidad de género

Elkin Fabian Martinez; red_Mfabian@hotmail.com.

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

Desde el siglo XIX, los cuerpos hacen parte de los objetos del poder: La sexualidad y todas sus prácticas se regulan para avalar unas políticas que permiten el incremento del capital.  Como respuesta y resistencia a dicho régimen político, a finales de los años ochenta, en Estados Unidos, surgieron unos micro-grupos denominados Queer. El objetivo de esta ponencia es exponer qué es, cómo y porqué surge La Teoría Queer. Además de explicar la relación que existe entre regulación de los cuerpos como fines -reproductores y productores- del capital¸ explicar la sexualidad a partir del psicoanálisis y analizar la hipótesis foucaultiana sobre la amistad en la sociedad y sus implicaciones dentro de las relaciones homosexuales. 

Abstract

Since the nineteenth century, bodies have been part of the objects of power: Sexuality and all its practices are regulated to allow policies which make possible the increase of capital. At the end of the 80s, in the United States, some micro-groups called Queer appeared as a response and resistance to this political regime. The objective of this article is to explain what it is, how and why the Queer theory began. As well as explaining the relationship between bodies as a reproductive and productive-only object. It explains sexuality by means of psychoanalysis and analyses the Foucauldian hypothesis about friendship in society, and its implications within homosexual relationships.

Palabras Clave

power, political system, bodies, sex, sexuality, queer, friendship, gay

Desde el siglo XIX los cuerpos, hacen parte de los objetos del poder político. Se regula la sexualidad y todas sus prácticas para responder a unas políticas que permiten el incremento del capital. Desde entonces estamos en la sociedad de los “normales", pues desde la normalización se legitiman todas esas políticas del control. Pues bien, el sexo parece ser el primer fenómeno social que debe ser regulado para que respondan al incremento del capital, ¿por qué? Sencillo, si se logra regular la sexualidad y sus prácticas, esto permitirá generar un incremento en la sociedad del consumo (el hombre como objeto del mercado). Vuelve al hombre un sujeto y objeto de y para el consumo, un sujeto que reproduce y produce[1], y de ese modo responde a los fines que incrementan el capital. Desde luego las prácticas homosexuales no serían avaladas por el sistema, se puede decir que son el tumor o el cáncer que interrumpe a la sociedad organizada y normalizada que reproduce y produce.

Hubo un momento, sobre todo a finales del siglo XIX, en los Estados Unidos en que los grupos sociales que no se “ajustaban” a las regulaciones políticas de la sexualidad   empezaron a hacer resistencia a dichos regímenes. Así surge La Teoría Queer que, entre otras cosas, es la primera teoría que abarca a toda la comunidad LGTBI, en virtud de reclamar, además de derechos, equidad. ¡Pero no todo surgió de la noche a la mañana! Tampoco de una manera relativamente fácil. Por tal razón el objetivo de esta ponencia es exponer qué es, cómo y porqué surge la Teoría Queer. Además de explicar el problema, la relación que existe entre regulación de los cuerpos como fines -reproductores y productores- del capital¸ a partir del psicoanálisis, y analizar la hipótesis foucaultiana sobre la relación de la amistad en la sociedad y sus implicaciones dentro de las relaciones homosexuales. Para llevar a cabo dicho propósito, lo dividiré en dos partes: Primero, origen de La Teoría Queer, reapropiación de dicho concepto y desnaturalización de la sexualidad y, segundo, la amistad como eje fundamental en la sexualidad y su regulación.

Origen de La Teoría Queer, reapropiación del concepto y desnaturalización de la sexualidad

La Teoría Queer surge en un espacio de disidencia y lucha política en virtud de reclamar los derechos de todos aquellos que por su aspecto o práctica sexual no se acogían a la conducta heterocentrada de la normalización de los cuerpos. Antes que La Teoría Queer fuera tomada como forma de resistencia y lucha política en contra de los regímenes normativos de los cuerpos, es necesario tener en cuenta que de principio la palabra “queer”: proviene del inglés, y es utilizada por el sistema político para designar al borracho, al drogadicto, al ladrón, a la bollera, etc. Pero también al interrogante, al rebelde, al revolucionario, a todo aquello que por su aspecto, actitud, inclinación o expresión sexual diferente, se saliera de la esfera calculadora del sistema político; lo cual tiene unos fines que más adelante expongo.

No obstante, es a finales del siglo XIX, tal como lo expresa Jesús Manuel Ramírez[2], que el término queer empieza a tener una connotación fuerte para asignar la sexualidad, y de ese modo, señalar a las “lesbianas”, al “gay”, al “bisexual”, a la “marimacha”, entre otros.

Lo que  en un principio surge como denominación de todo lo “negativo” dentro de la sociedad, termina convirtiéndose en una connotación meramente de tipo sexual, es decir, el término Queer ya no abarca al borracho, a ladrón, entre otros, pero sí de manera fuerte la regulación sexual.

A finales de los años ochenta un grupo en los Estados Unidos denominados Queer, se reapropian de dicho concepto como un espacio de lucha política para enfrentarse al régimen de integración de los homosexuales al sistema heterosexual. Queer era todo aquello que no estuviera directamente reconocido por el sistema: el vagabundo, el tramposo, el cuestionador, pero sobre todo, aquel que por su forma o aspecto “extraño” no fuera identificado de una vez como hombre o mujer. En ese sentido, el Queer era condenado por el sistema político y la sociedad heterocentrada a vivir en secreto, a reprimirse, a desarrollar doble moralidad, a dar paso a la hipocresía, a rechazarse a  sí mismo, al abandono, a la exclusión; pues el queer reunía todas las señas de lo abyecto, todo aquello que ponía en cuestión lo masculino y lo femenino, y no quedaba más alternativa que refugiarse dentro de su propio rincón, lejos de donde el efecto del sistema político no le alcanzara. Pero después de todo, al menos de los años ochenta la palabra Queer empezó a dar sus primeros resultados; una reapropiación de dicho concepto, una lucha en contra del régimen político y a sus conductas impuestas y dominantes. La palabra Queer al menos ya no se usa pasa designar al abyecto o al vergonzoso, sino que ha dado un giro extraordinario; de manera que, si antes era la sociedad normativa la que sentía libertad de señalar y etiquetar al Queer, es el Queer quien ahora puede cuestionar el mismo sistema que lo ha determinado con una injuria; es el Queer quien ahora no se avergüenza de ser lo que es, sino más bien señala al sistema desde su propia reapropiación y condición para reclamar su equidad dentro de la misma esfera pública, es el Queer quien ahora critica fuertemente sin temor,  pues el sistema político dentro de su normalización de la norma permite calcular todos los espacios, la  manera de vestir,  de comportarse, y de expresarte de acuerdo al género; es decir, hay cierta etiqueta de comportamiento y actitudes para cada caso, sea hombre o mujer. Con esto último, ya lo habría dicho Preciado haciendo referencia como ejemplo base un aeropuerto de París, sumidero de desechos orgánicos internacionales:

Entremos en los baños de señoras. Una ley no escrita autoriza a las visitantes casuales del retrete a inspeccionar el género de cada nuevo cuerpo que decide cruzar el umbral. Una pequeña multitud de mujeres femeninas, que a menudo comparten uno o varios espejos y lavamanos, actúan como inspectoras anónimas del género femenino controlando el acceso de los nuevos visitantes a varios compartimentos privados en cada uno de los cuales se esconde, entre decoro e inmundicia, un inodoro. Aquí, el control público de la feminidad heterosexual se ejerce primero mediante la mirada, y sólo en caso de duda mediante la palabra. Cualquier ambigüedad de género (pelo excesivamente corto, falta maquillaje, una pelusilla que sombrea en forma de bigote, paso demasiado afirmativo…) exigirá un interrogatorio del usuario potencial que se verá obligado a justificar la coherencia de su elección de retrete: "Eh, usted. Se ha equivocado de baño, los de caballeros están a la derecha. (Preciado, 2009 p.16)

Y de otra manera muy lúcida Eva Kosofsky, en su Epistemología del Armario[3]. cuenta que  la radio norteamericana  en los tiempos del conservatismo solamente  emitía canciones cultas y que no produjeran tanto asombro entre sus oyentes. Pero un día,  de repente   escuchóa Willie Nelson cantando una canción sobre la historia   de dos hombres, llena de romaticismo, sensualidad y entrega,  y nos dice: “Me dejó anonadada. Ya había escuchado muchas canciones de Willie Nelson sobre Waylon Jennings y siempre las interpreté como canciones de amor, pero nada me había preparado para una canción en que el amor y la sensualidad entre dos hombres pudiera expresarse con una franqueza y de una manera tan diáfana en medio de la porquería que emite la radio AM” (Kosofsky, 1998, p. 186).

Estamos tan habituados a ver las cosas así, que nos parecen apenas normales, es decir, se cree que el género y por lo tanto la inclinación sexual está determinada por la naturaleza, y que lo que trata de hacer el sistema político es garantizar un orden que mantenga el “bienestar” social.

La sexualidad se ha naturalizado, se ha determinado, se ha normalizado. Y de esa manera todas sus prácticas y algunas formas de acceder a ella, incluso dentro de la relación sexual tradicionalmente reconocida como normal: la heterosexual. Las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo dentro del régimen político no se permiten, y no meramente sus prácticas, sino también la normalización de los cuerpos: hombres con corbata y mujeres con faldas, por ejemplo.

Sobre la sexualidad son muchos los debates que se han generado, y muchos los prejuicios que aún tenemos. Esto lo haré con el propósito de dar cuenta qué implicaciones tiene la sociedad heterocentrada en el marco de la homosexualidad, bisexualidad, etc. Hoy, me basaré en la teoría psicoanalítica sobre la sexualidad de Freud, he intentaré ser breve.

Es necesario recordar que existe en cada sujeto una fuerza o pulsión sexual a la que Freud[4] y la ciencia van a llamar libido. Es decir, energía sexual. La hipótesis de la sexualidad que al principio parece estar determinada por aspectos naturales, se cae en la medida en que existe la homosexualidad. Me explico, a lo que Freud va a llamar fin normal es el coito, que se suele creer que está determinado por la naturaleza. La sexualidad es una construcción de cada sujeto, se construye, no se fija una identidad sexual para siempre. De ahí que existan tres etapas de la sexualidad; la etapa oral; la etapa anal; y la etapa fálica. En la etapa fálica es donde un niño o niña principalmente centra el placer en los genitales y el interés por las diferencias sexuales. Cabe recordar que la sexualidad no se reduce a los órganos genitales, sino que los abarca. Es pues, que a partir de dicho centro de placer, el sujeto puede llegar a cambiar de objeto, no necesariamente debe tener uno, sino muchos, y con ellos placeres diferentes los cuales no puede dejar a menos que los reemplace por otros. Los sujetos somos polimorfo-sexuales, es decir, tenemos todas las formas sexuales posibles. De esa manera, si la sexualidad estuviera determinada o limitada naturalmente, en cuyo caso el fin fuera la unión de los órganos reproductores del sexo opuesto, no se podría reemplazar dicho placer por otro objeto, o por otro sujeto del mismo sexo; es decir, no habría perversión en el sentido freudiano, no habría homosexualidad. Y por tanto no significa que la sexualidad sea una verdad psicológica o biológica, o que un sujeto “heterosexual” sea siempre heterosexual, pues afirma Freud: “Asimismo puede conservarse durante toda la vida, desaparecer temporalmente, no representar sino un episodio en el curso del desarrollo normal, y hasta manifestarse en un estado avanzado de la existencia del sujeto, después de un largo periodo de actividad sexual normal.” (Freud, 1993, p.351).

La amistad como eje fundamental en la sexualidad y su regulación 

Entonces, hasta aquí tenemos la  historia y reapropiación de un concepto, la relación de poder que se da a partir de la resistencia de dichos disidentes de género denominados Queer, y su desnaturalización de la sexualidad.

Ahora es necesario replantear la hipótesis sobre la amistad, y de ese modo saber cómo y porqué la homosexualidad como eje fundamental dentro de los disidentes de género, se vuelve un problema para el sistema político y social. Y digo homosexualidad no como forma de excluir la práctica bisexual y otras, sino más bien como el motor o la base fuerte que permite regular el sexo, y con ello todas sus diferentes formas de acceder al mismo, o de llevarlas a cabo. Homosexualidad como el primer intento que hay que evitar para que las demás prácticas no sean posibles, para poder normalizar las conductas sexuales, para ejercer un poder sobre los cuerpos. Entonces la homosexualidad como el problema a resolver dentro del marco normativo, que en últimas resuelve los problemas del capital, es decir, si se regulan los cuerpos y la sexualidad, se tendrían unas prácticas sexuales meramente entre hombres y mujeres como sujetos reproductores y productores. Lo que termina convirtiendo la regulación sexual en prácticas meramente con fines reproductores –macho y hembra-, y del mismo modo convierte a dichos hombres en objetos y sujetos de consumo que responden al incremento de capital. No es en vano que el sistema político se invente esas regulaciones, en la sociedad de los medios y los fines; en dónde un sujeto responde al sistema y no a sí mismo. Pero antes de volver al punto en donde el sexo se vuelve objeto del poder, hay que recurrir a Michel Foucault4 quien sostiene dicha hipótesis sobre la amistad y así mismo, la relación que esta tiene con los hombres, para responder al cómo desde esa perspectiva, la homosexualidad se convertiría en un problema policial y jurídico, que en últimas apunta justamente al rompimiento de las interrelaciones de amistad, especialmente entre los hombres, y que se da principalmente en el siglo XVIII.

Mientras la amistad fue la representación de una relación social (en especial entre los hombres) muy importante, valiosa, significante, en donde los sujetos podían expresarla libremente sin temor a “sospechar” ningún interés de tipo sexual, sino más bien de fortalecer las relaciones sociales entre los mismos, la atención de dicha sociedad estaba centrada en otros aspectos, ya sean económicos, políticos, religiosos, etc. Se puede decir que era “normal” que un hombre, por ejemplo, abrazara a otro y le cogiera de su mano delante de un centenar de sujetos, sin que eso tuviera un significado peyorativo, de exclusión, de interrogación, o incluso de admiración.

Mientras la amistad fue el motor fuerte de las interrelaciones sociales, se prestaba justamente para un acercamiento máximo entre dos personas del mismo sexo que incluso llevaba a tener relaciones sexuales sin que se sospechara. En otras palabras, tales situaciones eran aprovechadas por todos aquellos sujetos “homosexuales”, especialmente hombres, para expresar un deseo sexual, físico o emocional, con otro sujeto de la misma condición o inclinación, sin que se notara que entre dos hombres también podían haber afectos y deseos iguales a los de una pareja “normal,” heterosexual. ¿Quién sospecharía en una sociedad heterocentrada que pudieran dos hombres tener relaciones sexuales mientras la amistad fue un motor fuerte y aprobado dentro de dicha sociedad? Nadie, la situación realmente se prestaba para que esto pasara, y con eso no quiero decir que fuera malo, o bueno, simplemente pasaba. Una vez la amistad pierde ese valor tan significativo, con ello aparecen una serie de interrogantes, a saber, el dispositivo crítico heterecentrado se activa, ¿qué hace un hombre tan cerca de otro? Es un ejemplo del cómo lo que antes era “normal”, aceptado, ya se ve desde otra perspectiva y se juzga o critica con otra intención, esta vez no como fortalecimiento social de las interrelaciones sociales sino como desviación y/o aberración de tipo sexual. No obstante, que se mantuvieran relaciones de tipo sexual y nadie sospechara de ello, no significa que esto no dejara de ser prohibido o “señalado”, al contrario, los sujetos que ejecutaban dichas prácticas no tenía más remedio que hacerlo de manera que nadie se percatara.

Ahora podemos notar que probablemente la amistad dejó de ser ese lazo fuerte que unía sujetos y contribuía a formar sociedad, no de manera accidental, sino más bien planificada. Es decir, es en la esfera política que dicha noción significativa de amistad debía desaparecer para regulación de los cuerpos. Cosa que tendría que responder a un fin, y a un fin político: incrementar el capital con la sexualidad; sujetos y objetos de consumo; sexualidad con fines meramente reproductores y productores; sexualidad reducida a esperma en el caso de los hombre y a un útero en el caso de las mujeres. Sólo que esto luego no va a tener ningún sentido, la regulación de la natalidad, métodos anticonceptivos, etc. Lo curioso es que, la homosexualidad o la práctica sexual de dos sujetos del mismo sexo no dejan de ser un problema.

Conclusiones 

Mientras exista la sociedad de los “normales”, (no de las normas) siempre va a ser difícil afrontar las cuestiones de sexualidad. Es casi que imposible reivindicar los derechos que tiene todo sujeto que decide libremente expresar y practicar su identidad o identidades al momento de referirse al sexo; cómo vive o ejerce su sexualidad, la sexualidad. No obstante, cada día son más y más los debates que se tienen sobre este tema, ¿pero de qué sirve si no dejamos los prejuicios y desnaturalizamos todo aquello que se nos hace habitual? Es necesario hacer una reflexión seria sobre este tema, una reflexión en la que el “yo” se refleje en el “otro” y viceversa. Y así, lejos de Descartes que en el prefacio de Sobre los principios de la filosofía sostenía la idea de que aquello que diferenciaba a los salvajes y barbaros de una sociedad civilizada, era en cuando mejor los hombres filosofaban sobre ella, podemos afirmar que en cuestiones de sexualidad no se ha hecho (en el sentido de reflexionar) nada. Es decir, se requiere de la puesta en suspenso del mundo de la actitud natural o dogmática que solemos adoptar como sujetos naturales. Abandonar o dejar los avatares de la vida mundana o el mundo del día a día, ese mundo del que uno suele dejarse arrastrar por la costumbre.

Una sociedad en cuanto más civilizada en sentido verdaderamente crítico aceptaría la noción de la libre práctica sexual sin problema alguno, incluso cuando se reafirme la idea de naturalizarla.  Y por eso, la teoría Queer ya ha empezado su lucha en contra del régimen, al menos ya un grupo o grupos se han levantado; están en disposición de no ser parte del juego político que excluye a unos e incluye a otros. Los que se sienten incluidos dentro del régimen se deben sentir para nada mal, pues sus prácticas son acordes a lo que se ha designado; pero para ellos no quiere decir que se les haya cerrado la posibilidad de probar nuevos placeres, tal como párrafos atrás ya se ha dejado claro. A pesar que la amistad ya habría tenido un rol muy significante en las interrelaciones de una sociedad, no dejaría de ser menos excluyente; pues las actividades sexuales o emocionales que se mantenían por sujetos del mismo sexo se debían realizar lejos de la luz pública, pues de esa manera también estaban condenados al rechazo, a la vergüenza, etc., y por tales razones debieron aprender a vivir con el juego de las escondidas. En últimas, no se trata de que los disidentes de género sean “aceptados”, sino de no ser señalados, etiquetados, de no ser excluidos. No es lo mismo ser aceptado que ser aceptado y criticado o señalado. Tampoco se trata de normalizar las diferentes prácticas sexuales volviendo a la sociedad de los normales, sino aprendiendo a convivir con las diferencias de los demás, y con el cómo los demás quieran expresar sus diferentes deseos, siempre y cuando no atenten contra la dignidad de los demás. Sería en el pensarse al Yo constituyente, un sujeto que crea un mundo [propio] y que está disponible y en disposición de construírselo a sí mismo.

Notas

[1] En la media que se regula la sexualidad y con ello las partes del cuerpo que generan placer, el único fin de placer dentro del marco sexual es el coito. De esa forma se generan nuevos individuos, individuos para el consumo e incremento de capital

[2] Ponencia presentada en el marco del Primer Congreso de Investigación e Psicoanálisis dentro de la mesa “Temas e intereses de investigación del psicoanálisis contemporáneo” organizado por la Universidad Intercontinental del 9 al 11 de marzo de 2006

[3] Algunos binarios (II)

[4] Freud, en: Textos fundamentales del psicoanálisis


Referencias

Kosofsky, E. (1998). Epistemología del Armario, Barcelona, España: Ediciones de la Tempestad Barcelona

René, D. (1989). Sobre los principios de la filosofía, Madrid, España: Gredos

Sigmund, F. (1998). “Obras completas-VII”. Tres ensayos de la teoría sexual, Argentina, Buenos Aires: Amorrortu Editores

Jesús, M, (2006). El psicoanálisis, la teoría queer y la transexualidad frente al ocaso de la representación. (Ponencia). Universidad Intercontinental, México DF. México

Michel, F, (1982). Sexo, poder y la política de la identidad. (Entrevista) “Michel Foucault, an Interview: Sex, Power and the Politics of Identity”, entrevista con B. Gallagher y A. Wilson, Toronto, junio 1982, The Advocate, nº 400, 7 de agosto de 1984, pp. 26-30 y 58. Esta entrevista estaba destinada a la revista canadiense Body Politic. Trad. francesa de F. Durand-Bogaert en FOUCAULT, M., Dits et Ecrits, II, 1976-1988, Quarto, Gallimard, 2001, pp. 1554-1565.

Preciado, B. (2009) Basura y género. Parole de queer. (II), p. 16