Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

La libertad natural y la libertad social en el pensamiento de Rousseau


Luisa María Osorio Alzate; Estudiante de Licenciatura en Filosofía; Universidad de Antioquia; Lumiereliberatrice@gmail.com; Luisa.osorioa@udea.edu.co

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

El objetivo principal de este texto es esclarecer la idea de libertad, expuesta por Jean-Jacques Rousseau en el Discours sur l’origine de l’inégalité parmi les hommes y en el Contrat social1. Para esto divido mi texto en dos partes, en la primera haré una reconstrucción, en la medida de lo posible, de los puntos que considero centrales del D2, señalando especialmente cómo el hombre va perdiendo su libertad natural cuando comienza a necesitar de los otros, y mostrando que Rousseau concluye con la denuncia de un contrato ilegítimo culpable de la pérdida definitiva e institucionalizada de la libertad natural del hombre. En la segunda parte, abordaré brevemente el Contrat para ver cómo Rousseau propone una solución a dicha pérdida, ubicándose ya en el hombre moderno que es dependiente del yugo social. En esta parte aparece una concepción de libertad con matices distintos a la expuesta en el D2. Mientras en este último la libertad del hombre es posible porque éste no necesita de los demás para abastecerse, en el Contrat el hombre ya está plenamente socializado y le es imposible prescindir de los otros, por lo cual, las condiciones para ser libre cambian: se debe entender la libertad ya no en individuos aislados (como los del estado de naturaleza), sino en personas que hacen parte de una sociedad. 

 

Abstract

The main objective of this text is to clarify the idea of freedom, presented by Jean- Jacques Rousseau in Discours sur l’origine de l’inégalité parmi les hommes and in Contrat social. Therefore, I divide this texts in two parts. In the first part I will reconstruct, as far as possible, the main aspects in D2, highlighting how the man loses his natural freedom when he begins to need others. Moreover, I will show how Rosseau concludes with a complaint of an illegitimate contract which is guilty of a definitive and institutionalized loss of men’s natural freedom. In the second part, I will broach the Contrat briefly trying to reveal how Rousseau proposes a solution for the already stated loss, taking into account the modern man, who is independent from the social yoke. In this part of the text, there is a freedom conception with different hints from the one presented in D2. While in D2 men’s freedom is possible since he does not need others to supply himself, in Contrat, the man is thoroughly socialized, hence it is impossible for him to dispense with others, thus freedom conditions change. It is necessary to understand freedom not referring to isolated individuals (as the nature’s state ones), but to people who belong to a society. 



Para implantar la esclavitud hubo que violentar a la naturaleza, también fue preciso alterarla para perpetuar este derecho, y los jurisconsultos que solemnemente declararon que el hijo de una esclava nacería esclavo decidieron en otros términos, que un hombre no nacería hombre  (Rousseau, 2013, p. 123).

1.      La libertad del hombre en el estado de naturaleza de Rousseau y su pérdida en el paso al estado civil.

Les peuples se sont donné des chefs pour défendre leur liberté et non pour les asservir (Rousseau, 1964, p.560)

Con el D2, Rousseau competía por el primer puesto de la academia de Dijón, la cual indagaba sobre: “Cuál es el origen de la desigualdad entre los hombres, y si está autorizada por la ley natural” (Rousseau, 2013, p. 2). El esfuerzo de Rousseau a lo largo de D2  será mostrar que la desigualdad y la esclavitud no son inherentes a la condición humana, antes bien, son algo antinatural, que llevan al detrimento de lo que es por naturaleza el hombre. Discute con una tradición que considera que la desigualdad tiene una justificación natural y para la cual la esclavitud no es un problema. Como se verá a lo largo del texto, Rousseau piensa todo lo contrario: la desigualdad y la esclavitud son dos problemas fundamentales sobre los que hay que reflexionar. 

El principal objetivo del autor será mostrar la constitución natural del hombre, es decir, tal como éste debió salir de las manos de la naturaleza (Ibid., p.20). Esta tarea es compleja pues el autor debe depurar del hombre todo lo que la civilización y el entorno le han ido añadiendo con el paso del tiempo. Ahora bien, el estado de naturaleza que describe Rousseau es hipotético, es algo que quizá jamás haya existido, pero que servirá para develar la verdadera naturaleza del hombre (Ibid., p. 20). En este texto no haré el recorrido que hace Rousseau, por motivos de espacio, pero sí mostraré las principales conclusiones a las que, según mi comprensión,  el autor llega.

En el D2, Rousseau hace una profunda crítica a la sociedad de su tiempo: a las formas de poder, a la artificialidad del hombre actual, a la degeneración que ha ocasionado en él la civilización. Sostiene que el hombre vivía en armonía con la naturaleza, no tenía más necesidades que las naturales, las cuales eran fáciles de satisfacer pues cuando la naturaleza pone una necesidad también pone los medios necesarios para satisfacerla. No se enfermaba  a menudo, ni las enfermedades eran tantas.  Su vida sencilla, alejada de los excesos, lo hacía gozar de buena salud y vitalidad. No necesitaba de los demás para sobrevivir, pues era en gran medida autosuficiente. Disponía de gran fuerza y agilidad. Carecía de razón, lenguaje, familia2 y propiedades.

La visión que tiene el autor de la naturaleza humana es muy favorable, pues considera que el hombre es naturalmente bondadoso3. La bondad del hombre natural no se da con el desarrollo de la inteligencia ni con el freno de la ley, sino que es gracias al sosiego de sus pasiones y la ignorancia del vicio, que éste no puede hacer el mal (Ibid., p.64). Antes de cualquier actividad racional, el ser humano siente y responde a dos instintos fundamentales: el amour de soi, o instinto de autoconservación, y la piedad natural, que hace que le produzca repugnancia ver sufrir a otro ser vivo (Ibid., p.11). Ésta última no equivale a la solidaridad o a la caridad, sino a la mera imaginación del dolor y el sufrimiento ajeno, que produce una sensación de malestar o desagrado. Gracias a estos dos principios fundamentales las personas son inicialmente buenas y no dañinas con los demás como piensa Hobbes4. A éste lo acusa Rousseau de atribuirle al hombre natural pasiones y ambiciones propias del hombre europeo de su tiempo.

Estos dos instintos son tan naturales que incluso, como señala Rousseau, son compartidos con muchas otras especies animales (Ibid., p.65): todos los animales tienen el instinto de autoconservación básico, esto es algo que la naturaleza ha implantado en todas sus criaturas. La piedad natural es expuesta por Rousseau con una serie de observaciones en las cuales señala como los animales muestran a través de determinados comportamientos, piedad por sus congéneres5.

Ahora bien, hasta este punto, parece que Rousseau ha descrito al hombre salvaje igual a muchos otros animales. En este punto es preciso preguntarse: ¿tiene el hombre natural algo que lo diferencie del resto de la creación animal? Para Rousseau lo que diferencia al hombre del animal no está en su constitución física, sino que es preciso mirarlo desde su aspecto metafísico y moral (Ibid., p.36). 

Según Rousseau hay una diferencia fundamental entre los animales y el hombre natural: este último es un ser libre, capaz de decidir entre varias alternativas la que más le convenga o a veces incluso la que le cause perjuicio (Ibid., p.36). Los animales eligen instintivamente, mientras el hombre lo hace por un acto de deliberación.

La naturaleza da una orden a cualquier animal, y este obedece. El hombre experimenta la misma impresión, pero se reconoce libre de acceder o resistir y es sobre todo en la consciencia de esa libertad donde se manifiesta la espiritualidad de su alma; pues la física explica en cierta manera el mecanismo de los sentidos y de la formación de ideas, pero en la facultad de querer, o mejor dicho de elegir, y en la consciencia de esta facultad, no hallamos sino actos puramente espirituales, de los que nada se nos explica merced a las leyes de la mecánica. (Rousseau, 2013, p. 38)

Todo acontecimiento o fenómeno del mundo se puede explicar causalmente, pero la libertad al trascender el mundo físico hace que su explicación no se pueda abarcar causalmente. La libertad está ligada a lo esencial del hombre, hace que éste tenga, muchas veces, ventajas sobre los demás seres vivos (a pesar de ser aventajado muchas veces por estos en fuerza o destreza). Mientras el animal no puede apartarse de la norma que le viene prescrita por la naturaleza, el hombre sí, y es por esta razón que a veces actúa incluso en su propio perjuicio. 

Además, el ser humano tiene otra cualidad distintiva que Rousseau llama perfectibilidad. Esta capacidad señala la naturaleza inacabada del hombre. El animal es al cabo de unos meses lo que será en toda su vida (Ibid., p.38), mientras el hombre es un constante devenir y nunca se sabe cómo va terminar modificada su constitución natural. 

La libertad y la perfectibilidad del hombre hacen que éste no esté absolutamente predeterminado por la naturaleza, a diferencia de los animales “puede resistir a sus deseos y cambiar su forma de comportarse” (Scheewind, 2009, p.558). El ser humano tiene en común el querer con los animales, la diferencia está en que puede elegir sobre ese querer y decidir incluso  algo contrario a lo que le conviene. 

Las capacidades distintivas del hombre, acompañadas de ciertas condiciones climáticas y geográficas, hicieron que éste no se pudiera quedar en su feliz estado natural6. El hombre se fue haciendo paulatinamente gregario hasta que se volvió totalmente dependiente del otro y esta dependencia fue debilitando cada vez más su libertad. Rousseau nos muestra paso a paso el lento tránsito del estado primitivo al estado social, en el cual el hombre se fue haciendo más débil, fue perdiendo su bondad natural y, se fue volviendo progresivamente desgraciado. De la vida social del hombre nacen nuevas características de éste: la razón; la consciencia de sí y de los demás que hace que quiera ser reconocido (Rousseau, 2013). También nacen las lenguas, sentimientos desconocidos hasta entonces como el amor conyugal; los celos, el orgullo y la vergüenza. Además, el hombre comienza a desarrollar ciencias, artes y actividades agrícolas y metalúrgicas, de las cuales se desprenden la división del trabajo y la implantación de la propiedad privada, que van gestando la desigualdad entre los hombres, pues la capacidad para realizar dichas actividades o para adquirir propiedades, difiere en cada hombre (Ibid., p.99). 

En este estado social los hombres se vuelven agresivos y vengativos, comienzan a ambicionar lo que los otros tienen. El mundo se vuelve un lugar caótico y las guerras entre los hombres constantes, “las usurpaciones de los ricos, el bandidaje de los pobres y las pasiones desenfrenadas de todos ahogaron la piedad natural” (Ibid., p.106). El amor natural hacia uno mismo (amour de soi), cuando se socializa de esta manera, se transforma en lo que Rousseau llama amour propre, “Una motivación centrada en uno mismo que, a diferencia del estado original, sólo se satisface ejerciendo superioridad sobre los demás” (Scheewind, 2009, p.558). Bajo estas nuevas condiciones el hombre tuvo que ponerse a reflexionar sobre las posibles soluciones. Quienes tenían más que perder, a juicio de Rousseau, los ricos, apremiados por la necesidad, concibieron el proyecto más meditado de la mente humana (Rousseau, 2013). De ellos  nace la idea de un contrato social, desventajoso para la mayoría y logrado a partir de engaños. El pueblo se impuso jefes creyendo que estos garantizarían su libertad, mas en cambio lo que lograron fue legitimar la esclavitud (Ibid., p.116). Los hombre seducidos por la idea de justicia corren a sus prisiones creyendo asegurar su libertad” (Ibid., p.110). 

El problema para Rousseau no es que se haya creado un contrato pues, de hecho, en este punto de desarrollo del hombre es apremiante para conservar y potenciar su libertad, más bien su problema se centra en el tipo de contrato al que se dio lugar, en el cual sólo una minoría se vio beneficiada, lo cual evidencia un contrato mal hecho o ilegítimo, culpable de nuestra pérdida absoluta e institucionalizada de libertad “tal fue, o debió ser, el origen de la sociedad y las leyes, que pusieron nuevas trabas al débil y dieron nuevas fuerzas al rico”(Ibid., p.110). 

Llegados a este punto se puede ver claramente el contraste que hace Rousseau entre el hombre salvaje y el hombre civil: El hombre salvaje es naturalmente libre, gracias a su naturaleza solitaria y autosuficiente, mientras el hombre civil es dependiente y está encadenado al yugo social, en esta medida se vuelve competitivo y es dominante y dominado, el hombre civil nace, vive, y muere en la esclavitud” (Ibid., p.42).

Considero importante aclarar que esta crítica rousseauniana al hombre moderno, no tiene como meta que regresemos a nuestro feliz estado primitivo, más bien -como sostiene Kant-, el propósito de Rousseau es reflexivo, Rousseau no quería, en el fondo, que el hombre volviese de nuevo al estado de naturaleza, sino que mirase a él desde el punto en que ahora se encuentra” (Kant citado por Scheewind, 2009, p.558). Rousseau era plenamente consciente de que el retorno a nuestro estado primitivo es imposible, más aún si tenemos en cuenta que dicho estado es para él mismo hipotético, el retorno a la sencillez y a la felicidad nos está vedado, pero el camino hacia la libertad sigue abierto y puede y debe recorrerse” (Cassirer, 2007, p.71). Veamos como Rousseau expone en su teoría política del contrato, el camino que el hombre debe seguir para conquistar su libertad, “l'homme doit et peut se libérer. Il est l'objet et l'agent de sa libération7” (Camy, 2009.p.2).  

  2. La libertad del hombre moderno.

“El impulso exclusivo del apetito es esclavitud y la obediencia a la ley que uno mismo se ha prescrito es libertad” (Rousseau 1998, p.20). 

Cuando el hombre dio paso al estado civil, su constitución y facultades naturales, en especial, su libertad, se vieron fuertemente alteradas. En el Contrat, Rousseau se pregunta por cuáles son las condiciones sociales para que el hombre pueda volver a ser libre una vez situado en el marco de una sociedad, y qué circunstancias son necesarias para que pueda ejercer su libertad. Defiende que, para que la libertad sea posible, primero se tiene que garantizar la igualdad entre los hombres, pues, en el estado de sumisión que hay entre pobres y ricos, es imposible ser libre.

La igualdad que busca Rousseau no se refiere a que todos tengan la misma cantidad de riquezas, pues él acepta que esto es imposible. Según él, basta con que ningún ciudadano sea tan rico que pueda comprar a otro y ninguno tan pobre que tenga que venderse (Rousseau, 1998). En su teoría política lo que pretende es una igualdad de dignidad y de derechos entre los ciudadanos para que todos puedan participar activamente  y de igual manera en las deliberaciones del Estado. 

Tras haber denunciado en el D2 un pacto fraudulento, o un contrato ilegítimo, culpable de nuestra condición de esclavos, Rousseau pasa a definir en el Contrat “las condiciones del pacto que dan lugar a la autoridad legítimamente constituida” (Arango, 2002, p.24), es decir, a la república justa que garantiza la libertad prometida en el falso contrato.  

La única esperanza que brinda el ginebrino para conquistar la libertad, se encuentra en su teoría política: “había visto que todo dependía radicalmente de la política, y que, de cualquier modo que se obrase, ningún pueblo sería otra cosa que lo que le hiciera ser la naturaleza de su gobierno” (Rousseau citado por Arango, 2002, p .23). 

En el nuevo contrato, Rousseau muestra la importancia de que primen los intereses públicos y comunes, por encima de los privados y  egoístas, “ya no se trata de  una multitud con intereses en permanente conflicto, ahora tiene una voluntad, que es la voluntad general, principio de toda rectitud y moralidad” (Arango, 2002. p.28). 

Rousseau sostiene que se debe acordar la creación de un nuevo orden político a través de un pacto social, “cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general (volonté générale), recibiendo a cada miembro como parte indivisible del todo” (Rousseau, 1998, p.15). Esta asociación produce un cuerpo político y moral, donde los asociados toman conjuntamente el nombre de pueblo, “los asociados han entregado su poder a la comunidad conformada por ellos mismos, no a un tercero, de manera que dentro de la sociedad civil siguen siendo tan libres como en el estado prepolítico y gobernándose a sí mismos como dicta la naturaleza” (Rojas, 1998, p.84). La única manera de que el hombre sea libre es deliberando constantemente en las decisiones del Estado. Cuando un hombre cede este derecho a un representante también está cediendo su libertad. 

Los implicados en dicho contrato gozarán de la misma autoridad y estarán igualmente sometidos a las decisiones del Estado, éste absorbe sin reservas al individuo, pero no lo hace como una institución coactiva, sino que se limita a colocarlo bajo una obligación que él mismo considera válida y necesaria, y que aprueba tanto por ella como por él mismo” (Cassirer, 2009, p.72). Esta participación voluntaria e igualitaria en las decisiones y deliberaciones del Estado dan origen a un acto de soberanía, que garantiza y potencia a la vez la libertad de cada individuo.

La libertad para Rousseau significa la vinculación a una ley estricta e inquebrantable que el individuo erige por encima de sí mismo. No es el alejamiento de esta ley o el aprendimiento de la misma, sino la autónoma  adhesión a ella, lo que constituye el auténtico carácter de la libertad. (Cassirer, 2009, p.72)

En este nuevo contrato se garantiza el instinto de autoconservación de cada hombre, es decir, el amor natural hacia sí mismo (amour de soi), y se supera el amour-propre que hace que se quiera imponer por encima de los demás. Lo que restituye el contrato es la capacidad de que una persona conserve el amor a sí misma, y aun así pueda vivir en una sociedad. En palabras de Rousseau, el contrato legítimo, 

Produce en el hombre un cambio muy notable al sustituir en su conducta el instinto por la justicia y al dar a sus acciones la moralidad de la que antes carecía. Tan solo entonces, cuando la voz del deber sucede al impulso físico y el derecho al apetito, el hombre que hasta entonces no había mirado más que así mismo se ve obligado a actuar según otros principios y a consultar su razón antes de escuchar sus inclinaciones. (Rousseau,1998, p. 364) 

La voluntad general es la voluntad de cada miembro de la comunidad, no como individuo sino como ciudadano (Arango, 2002), cada ser humano deja de ser un individuo físicamente aislado para hacerse parte de una totalidad moral. El propósito de la voluntad general es el bien común, éste permite apreciar el bien o el mal correspondiente a los intereses particulares, la diferencia consiste en que el bueno se ordena en relación con el todo y el malo ordena el todo en relación con él” (Rousseau citado por Arango, 2006,p.20). La voluntad general no equivale a la voluntad de la mayoría, sino que es un ente abstracto que le erige por encima de las voluntades particulares. La voluntad general limita los intereses egoístas de cada individuo, dicta y marca los fines de la colectividad. 

La voluntad general debe apoyarse únicamente en la razón, esto quiere decir que los intereses, deseos e inclinaciones egoístas deben ser dejados de lado para garantizar la universalidad y rectitud de dicha voluntad, “comme si sa libération dépendait de sa volonté crispée sur ses propres volitions8” (Camy, 2009, p.7). Que cada ciudadano se aparte de sus deseos e inclinaciones, a la hora de deliberar en el marco del contrato, y se guíe únicamente por su razón, garantiza que dicha deliberación será apropiada tanto para él como para todos los demás miembros del cuerpo político; la mera inclinación subjetiva, nos confunde hasta el delirio de hacernos creer que podemos convertir la propia voluntad particular en una ley válida para todos” (Arango, 2002, p. 53). Como ciudadanos no dejamos de tener voluntades privadas influidas por nuestros deseos egoístas, sin embargo, ya no necesitamos ser esclavos de nuestros deseos y pasiones. Cuando elegimos en conformidad con la voluntad general, no somos esclavos de nuestros deseos egoístas, sino que elegimos autónomamente sobre dichos deseos. El hombre debe elegir constantemente si obedecer a sus instintos o guiarse por su razón, “la razón nos señala un tipo de bien, mientras nuestros sentidos y nuestras pasiones nos atraen con otro” (Schneewind, 2009, p.561). Aunque no podemos dejar de querer lo que deseamos, “queremos libremente cuando nuestra voluntad responde a nuestro juicio sobre lo que es bueno, y no la mueve nada externo a nosotros” (Ibid).

Los ciudadanos son seres autónomos en tanto se dan las leyes a sí mismos y actúan en consecuencia, “en  el ser humano existe un principio de autodeterminación, la libertad de su voluntad, un principio activo o una capacidad moral de apartarse de sus determinaciones más inmediatas para comparar y juzgar según razones válidas o valores universales” (Arango, 2002, p. XXIII). No es el Estado como un tercero el que le impone las leyes al pueblo, sino que cada uno de los miembros del pueblo participan activamente en las deliberaciones del Estado. Además esta participación es un derecho ineludible que no puede ceder a alguien más, “es la expresión pública del derecho de cada individuo a la libertad, el cual también es inalienable. Un individuo que cede su libertad no es un sujeto moral, sino un instrumento en manos de otro” (Arango, 2006, p.21). 

La libertad del contrato consiste en que cada persona se pueda dar a sí misma sus normas y leyes morales; el hombre abandona “el libertinaje del estado de naturaleza, la independencia natural9, pero la cambian por la verdadera libertad, que consiste en la vinculación de todos a la ley” (Cassirer, 2009, p.73). Solo así el individuo adquiere un carácter más elevado y es considerado como una persona  autónoma. Sólo a través del contrato se puede llegar a “la conception moderne du sujet comme être volontaire, sujet d'autodétermination10” (Camy, 2009, p.7). 

A lo largo del presente trabajo expuse dos modelos de hombre que Rousseau contrasta con el hombre social, degradado y esclavo de las apariencias. El primer modelo, expuesto en el D2, es el del hombre salvaje, naturalmente libre y ajeno al juego de las apariencias del hombre social.  El hombre natural es independiente de los demás hombres, ya que no necesita de ellos para sus modestas necesidades naturales, por lo cual estos le resultan indiferentes. El segundo modelo aparece en el Contrat Social cuando el individuo, que ya no puede prescindir de su vida en sociedad, supera el amour propre haciendo coincidir sus propios intereses con los de su Estado. En el marco del contrato que propone Rousseau, cada individuo en calidad de ciudadano es capaz de decidir por sí mismo lo que es mejor para él y para los demás miembros de la asociación política.  La libertad  del hombre civil es conquistada cuando el individuo supera el deseo egoísta de imponerse por encima de los demás hombres. El hombre en el marco del contrato debe despojarse de sus deseos individuales y elegir ya no como un individuo con intereses que están en conflicto con los demás miembros, sino como ciudadano que busca  y hace coincidir sus propios intereses con los de su comunidad. La libertad del hombre civil se alcanza en la participación activa de todos los miembros del pueblo en las deliberaciones del Estado. Ya no es el Estado algo externo que le da las leyes a cada individuo, sino que cada miembro participa y acepta las mismas leyes que en calidad de ciudadano ayudó a crear y aceptó él mismo.

 

Notas

1En adelante resumiré las obras de la siguiente manera: D2 ( Deuxième discours) y Contrat ( Du contrat social). 

2Pese a que el hombre no estaba solo en el mundo, ignoraba la existencia de los demás, ya que le eran indiferentes para sus limitados fines. El hombre salvaje carecía de todo tipo de relación con otro ser humano. Se reunía escasamente con una hembra para fines reproductivos e inmediatamente después se iba sin entablar ningún lazo. 

3Como los hombres primitivos no diferenciaban el bien y el mal, no eran buenos ni malos intencionalmente. La naturaleza  ha implantado en el hombre, antes de toda reflexión,  una bondad que le es natural. Ahora bien, estos hombres primitivos son susceptibles de consideración moral “sólo desde un punto de vista exterior, por ejemplo el nuestro hoy, se puede verificar la bondad de su comportamiento” (Todorov, 1986, p. 17).

4Hobbes, tiene una visión negativa y violenta de la naturaleza humana, y la razón de que esto sea así, según Rousseau, es que ha confundido al hombre natural con el civil, atribuyéndole características que éste ha adquirido gracias a la deformación que la civilización ha ocasionado en su constitución natural.

5Toda madre, independientemente de la especie, defiende y protege con ternura a sus hijos de los peligros, el malestar tras pasar cerca de un muerto de la misma especie es algo que compartimos con muchos animales, los tristes mugidos del ganado al entrar en un matadero anuncian la terrible impresión que el horrible espectáculo causa en ellos (Rousseau, 2013, p. 65). Incluso el sonido de un animal que se lamenta cuando está siendo sacrificado, advierte del dolor a otro que va a sufrir el mismo terrible destino, y esto es fácil de notar por el hecho de que ningún animal entra tranquilo a un matadero. Sobre la empatía animal recomiendo la lectura del libro El bonobo y los diez mandamientos del biólogo Frans de Waal.

6Esta felicidad es muy básica y fácil de obtener para los hombres salvajes, “cuando disponen de alimento, abrigo y satisfacción sexual, son felices” (Scheewind, 2009,p.558)

7El hombre puede y debe liberarse. Él es objeto y el agente de su propia liberación. 

8Como si su liberación dependiera de la tensión de su voluntad sobre sus propias voliciones. 

9Las cursivas son del autor. 

10La concepción moderna de sujeto como un ser de voluntad, sujeto de autodeterminación. 

 


Referencias

  • Rousseau, J-J. (2013). Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.   
  • Camy,O. (2009). Retour sur la doctrine de la liberté de Rousseau (à propos de l'actualité du Contrat social).Paris: Université de Bourgogne
  • Rousseau,J.J. (1998). El contrato social o principios del derecho político. Madrid:  Tecnos.   
  • Rousseau, J-J .(1964). Œuvres complètes (Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité, Du contrat social). Paris: Gallimard. 
  • Arango, I. (2006). Críticos y lectores de Rousseau. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
  • Arango, I. (2002). El enigma del espíritu moderno. Medellín: Editorial universidad de Antioquia.
  • Rojas, L. (1998).  Sobre la noción de libertad tutelada de J.J. Rousseau. Cuadernos de filosofía política, Ética y pensamiento filosófico latinoamericano, 1(1), pp. 73-96. Grupo de investigaciones filosóficas latinoamericanas posgrado de filosofía, Universidad de los Andes.
  • Todorov, T. (1985). Frágil felicidad. Un estudio sobre Rousseau. España: Gedisa.
  • Schneewind, J.B. (2009). La invención de la autonomía. Una historia de la filosofía moderna. México: fondo de cultura económica.
  • Singer, P. (Ed.).(1991). Compendio de ética (La ética kantiana, O’Neil, O). Madrid: Alianza. 
  • Cassirer, E. (2007). Rousseau, Kant, Goethe. España: Fondo de cultura económica.