Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

Libertad, responsabilidad, razón


Andrea Agredo Ordoñez; Estudiante de Filosofía y Ciencia Política en la Pontificia Universidad Javeriana Cali; andrea9414@javerianacali.edu.co

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

Kant da cuenta en ‘Una fundamentación para una metafísica de las costumbres’ [GMS], sobre cómo la moralidad debe residir en la razón, ya que le proporciona al hombre la capacidad de poder actuar conforme al deber, por medio de la idea de libertad, así este se encuentre condicionado por sus propios intereses. Es decir, la idea de libertad, que solo es propia de los seres racionales, es la que nos permite pensar cómo deberíamos actuar conforme a ciertas situaciones que se nos presentan. Por ello, la idea de libertad implica responsabilidad de nuestros actos, y de qué máximas queremos que sean aceptadas en el conocido “reino de los fines”. De ahí que el objetivo de este ensayo es mostrar cómo justifica Kant una moralidad fundamentada en la razón, esto para dar cuenta que la idea de libertad, para este filósofo, implica una responsabilidad con nosotros mismos y con los demás.

Abstract

Kant realizes in ‘Groundwork of the Metaphysic of Morals’ [GMS] how morality must reside in reason, because it gives the man the ability to act according to duty, by the idea of ​​freedom, though this be influenced by their own interests. That is, the idea of ​​freedom, which is only proper to rational beings, is what allows us to think how we should act according to certain situations that confront us. Therefore, the idea of ​​freedom involves responsibility for our actions and we do maximum to be accepted in the famous "kingdom of ends". Thus, the purpose of this paper is to show how Kant justifies a morality based on reason, this to realize that the idea of ​​freedom, for this philosopher implies a responsibility to ourselves and others.

Palabras Clave

freedom, responsibility, reason, Kant,morals

1. Introducción

      En su libro “Fundamentación para una metafísica de las costumbres”, Kant expone las primeras ideas de su filosofía práctica y, además, esboza la idea de libertad. Con ello, concibe una forma de enlazar la razón pura con el actuar. Podría decirse que no uno de los propósitos de Kant, sino el mayor es exponer por qué la moralidad debe residir en la razón y no en otra cosa. “Así pues, las leyes morales y sus principios no solo se diferencian esencialmente de cualquier otro conocimiento práctico que albergue algún elemento empírico, sino que toda la filosofía moral descansa enteramente sobre su parte pura (…)” (Kant, 2012: 71). 

     Mi objetivo en este trabajo es mostrar (a partir de lo leído en la fundamentación) cómo justifica Kant una moralidad fundamentada en la razón, lo que podrá dar cuenta de la relación existente entre la moralidad y la idea de libertad. Así pues, la tesis que voy a defender es que por el hecho de que el ser racional pueda concebir la idea de libertad, es responsable de sus actos y la creación de sus máximas, y por ende, leyes prácticas para él y para la humanidad. Por lo anterior, la forma en que argumentaré será la siguiente: en primer lugar, realizaré tres cuestionamientos orientados a mostrar por qué Kant justifica que la moralidad debe residir en la razón. Cuestionamientos que se basan en el argumento teleológico; el cual supone que si bien existe una finalidad de la naturaleza en el hombre, este estará determinado por ella, puesto que la naturaleza lo condiciona instintivamente para alcanzar sus metas o fines. 

     Por lo anterior, mi primer cuestionamiento es ¿por qué reside la moralidad en la razón si estamos determinados por aquellos mecanismos? Si es así, entonces podríamos pensar que la razón no sería apta para alcanzar nuestros fines, o ¿Qué tal si el ordenamiento de la naturaleza jamás nos permitirá poner en práctica una moralidad que actúe conforme a la razón? Pues bien podría suceder que la razón sea un obstáculo para aquel determinismo, cuando el fin de la naturaleza ha sido otro. Mi segundo cuestionamiento pretende exponer si existen acciones con verdadero valor moral en el ámbito de la experiencia, ya que algunos han reconocido que sí existen1. Y el tercer cuestionamiento, va dirigido a mostrar la imposibilidad del imperativo categórico o moral, pues en algunas ocasiones desconocemos cuándo actuamos conforme al deber moral o cuándo lo hacemos conforme a un interés probablemente bueno. La razón de ser de este último cuestionamiento es que en el imperativo moral se está la razón de las acciones y el discernimiento moral. 

       En segundo lugar, explicitaré qué relación se encuentra la libertad con la fundamentación de una moralidad para seres racionales. La razón de lo anterior es que, cuando presuponemos la idea de libertad se da la posibilidad de que, aun cuando exista un determinismo de la naturaleza, podamos encontrar otros caminos para nuestro actuar. Además, presuponerla no sólo permite actuar conforme al imperativo categórico, sino que posibilita que la moralidad no sólo se quede en el ámbito de la experiencia. Cabe resaltar que, la idea de libertad implica que como ser racional puedo actuar conforme a mi razón. Por ello, ser libre me asigna una responsabilidad frente a mis acciones y frente a las máximas que quiero postular para mí y para la humanidad. La razón de lo anterior es que, al ser seres dotados de razón estamos en la capacidad de juzgar qué acciones son buenas y cuáles no, a qué máximas me gustaría someterme y someter a los demás. En consecuencia, todo ser racional es responsable de discernir si desea actuar conforme al deber o dejarse llevar por el ordenamiento natural. Por tanto, los seres racionales que pueden concebir la idea de libertad son responsables por cada acción moral que realicen. 

 

2. ¿Por qué la moralidad debe residir en la razón?

2.1 De la finalidad de la naturaleza como ordenamiento de los seres

      En uno de los primeros pasajes de la “Fundamentación para una metafísica de las costumbres”, Kant expone un argumento teleológico2. Con dicho argumento daré cuenta de que Kant fue consciente que el hombre está condicionado por sus intereses. Él sabía que el ordenamiento de la naturaleza ha creado en el hombre un afán por conseguir su felicidad3 o metas que le satisfagan. “(….) Asumimos como principio que, dentro de dicho ser, no se localiza ningún instrumento para cierto fin que no sea también el más conveniente y máximamente adecuado a tal fin” (Kant, 2012: 82). De lo anterior, se deduce que los seres están tan teleológicamente ordenados que incluso es engorroso conocer el valor moral de la acción, por más pura que su intención sea. 

     De ahí que podríamos tener una buena voluntad con respecto a nuestros actos, tal y como lo afirma Kant, pero esta puede que no sea buena en sí misma, sino que existan deseos e inclinaciones filantrópicas o con deseo de reconocimiento. Es decir, a pesar de que tengamos incluso una buena voluntad en ocasiones actuamos conforme al orden teleológico. En este orden de ideas, ¿cuál es el propósito de la facultad de la razón si probablemente no la tengamos en cuenta a la  hora de considerar lo que mi instinto, por su naturaleza teleológica me muestra? ¿En qué momento mi razón es un obstáculo a la hora de perseguir lo que todo ser humano desea por naturaleza: ser feliz? Por lo anterior, podría plantearse una pregunta incluso más problemática, si la finalidad de la naturaleza para el hombre es la felicidad y la razón un obstáculo ¿para qué necesito de la razón si ya obtendré lo que quiero para mi vida por medio del mecanismo instintivo de la naturaleza?

     Ya planteadas las preguntas anteriores consideremos lo siguiente: en primera instancia, si bien existe la razón, esta tiene un propósito para sí y en el ámbito moral, es la creación de máximas de voluntad para actuar conforme a la idea de libertad. El filósofo alemán era consciente de ello4. Lo que se evidencia en su postura es que la razón sí obstaculizaría el mecanismo de la naturaleza si nuestro fin fuese alcanzar la felicidad; pero no es el propósito de un ser racional basar su felicidad en la búsqueda de fines o de sus medios necesarios para alcanzarla. Por el contrario, ser moral porque se es racional, consiste en que la buena voluntad que poseo es buena por sí misma5. Por ello, todo ser racional cuando actúa en pro de su buena voluntad, crea acciones con valor moral, incluso existiendo un orden teleológico natural que las pueda determinar. En consecuencia, ser moral respecto a la razón no nos lleva a la felicidad, pero sí a ser digno de alcanzarla6.

     Por otro lado, si la razón fuese única legisladora de nuestros actos con valor moral, el mecanismo de la naturaleza no sería el único modo de actuar. La naturaleza ha facultado al hombre de razón, lo que le permite discernir entre una acción y otra. Por ello, el ser que es racional está en la capacidad de hacer una libre elección entre a sus actos, bien sea por medio del ordenamiento teleológico, que naturalmente se le ha establecido o por medio de su razón. 

 

2.2 Los principios morales fundamentados en el ámbito de la experiencia 

     

      Retomo la pregunta, ¿por qué la moralidad debe fundamentarse en la razón? El motivo de ello es que ya existían de por sí (se puede encontrar implícito en la obra) una serie de leyes morales que se hallan en la experiencia, que ya están establecidas y, operan de una forma particular. Hay que mencionar además que es en la experiencia en la que se pueden dar validez a actitudes consideradas moralmente buenas porque puede ser vistas. Pero ¿qué es lo que permite verlas de fondo? ¿Existirá una buena voluntad en esas acciones?   

     En las dos primeras secciones de GMS, Kant no se refiere a que un filósofo, o un grupo de personas en particular consideren correcto que en la experiencia se funden principios morales. Por el contrario, dice que quienes han considerado que la moralidad reside en el ámbito de la experiencia, lo han hecho creer así con el propósito de alcanzar sus fines utilizando la razón, no como legisladora, sino como herramienta. Con el propósito de dar una posible respuesta a las anteriores preguntas afirmo lo siguiente:

 

“Los principios empíricos no sirven de modo alguno para fundamentar sobre ellos leyes morales. Pues esa universalidad con que las leyes deben valer para todos los seres racionales sin distinción, esa necesidad práctica incondicionada que por ello se les impone, queda suprimida cuando su fundamento es tomado de la peculiar organización de la naturaleza humana o de las contingentes circunstancias en que se ve emplazada” (Kant, 2012: 102).

 

     Considero la tesis kantiana plausible porque, en primer lugar, las leyes morales y sus principios fundados en una experiencia están condicionados. Este tipo de moralidad sólo busca los intereses de quien los esté remitiendo, no habría una moralidad que no esté por fuera de las inclinaciones de cada persona, por lo tanto, carecería de crítica frente a ciertas acciones con contenido moral o no. La razón perdería su capacidad de legislar. No podríamos tener conciencia objetiva sobre lo que es bueno y lo que no. Ni siquiera podríamos saber si existe una buena voluntad en sí misma. Por tanto, la moralidad no debe justificarse en inconsistencias interesadas, las cuales buscan sólo satisfacer necesidades de quien actúa. En cambio, una moralidad fundamentada en la razón se justifica en el sentido en que es buena en sí misma, no se piensa en un solo grupo, sino que se piensa para toda la humanidad. Lo condicionado en tal caso ni siquiera se puede presuponer en un ser netamente racional.

 

      Por otro lado, para Kant la experiencia es particular o singular, por lo cual una moral fundamentada en esta sería aceptada por un cierto grupo de particulares, más no por toda la humanidad. Lo ideal para Kant es que a partir de la universalización y la aceptación de los principios creados por nosotros mismos, las máximas de voluntad sean válidas para grupos con diferencias religiosas, políticas, etc. En efecto, en esta obra se busca como fin último la objetividad de la ley moral: válida para todo ser racional. Cuando esta es llevada al plano de la experiencia, pierde la objetividad misma, por decirlo así, el sello de la modernidad: la razón sublevada a un conocimiento y modo de actuar con carácter objetivo.  

 

2.3 De la imposibilidad del imperativo categórico o moral

 

A partir de todo lo anterior, realizo la siguiente pregunta ¿cómo sé que un ser racional obra realmente de manera incondicionada? ¿Cómo distingo su supuesta máxima de un mero interés probablemente bueno? Así pues, el imperativo categórico, que sustenta que los principios morales deben residir en la razón, y es la autonomía de la voluntad la condición suprema para efectuarlo, presenta el siguiente problema ¿qué pasa cuando no se cumple? ¿No se está actuando conforme a la razón?

     Es cierto que al ser seres condicionados buscamos en ocasiones nuestro bien particular. Pero, para que exista entonces el imperativo moral, debemos presuponer la idea de libertad, ya que sin ella no habría posibilidad de cumplir los imperativos. La idea de libertad es la que permite presentar la búsqueda del progreso moral de la humanidad, tal como si estuviese en una lejanía indicándonos que hacía allá debemos ir.  Es “el deber ser” lo que fundamenta y crea la posibilidad de efectividad del imperativo moral.  Así, pues, presuponer libertad es la que permite que la razón busque obrar según máximas morales para que se conviertan, sin problema, alguno en ley práctica. Por lo tanto, el imperativo moral es posible únicamente si se presupone la idea de libertad.

 

3. La idea de libertad como comprensión de la relación razón – moralidad y de su implicación con la responsabilidad de la acción

 

      Con lo expuesto hasta aquí, puede resumirse que la moral, para Kant, es entendida como “la relación de las acciones con la autonomía de la voluntad, esto es, con la legislación universal posible gracias a sus máximas” (Kant, 2012, p. 156), y por tanto se fundamenta en la razón. Pero, como se dijo anteriormente, esta concepción de la moralidad tiene sentido únicamente si se presupone la idea de la libertad. Por lo anterior, me surge la siguiente pregunta ¿por qué presuponer libertad, para Kant, es clave para una moralidad fundamentada en la razón? El motivo de ello es que la libertad es una propiedad clave para la autonomía de la voluntad, y ella sólo se da en tanto que somos seres racionales. Pero, ¿qué implicaciones tiene ser un ser racional con la idea de libertad kantiana? La idea de libertad es la clave para responder estas cuestiones; pues, presuponer libertad implica lo más importante que puede adquirir un ser racional: la responsabilidad.

 

     El hecho de que Kant señale una racionalidad de los seres es uno de los mayores atributos que puede darles, pues los constituye como pensantes, reflexivos y con capacidad de conocer. Por eso, me atrevo a decir que presuponer libertad, y actuar conforme a mi razón, implica responsabilidad. La razón de ello es que para Kant la idea de libertad no se entiende como la libertad para ir detrás de impulsos o elecciones meramente espontáneos, sin discernimiento, los cuales excusan al ser humano para realizar lo que desee. Pues, de ser así, el ser humano podría sustentar correcto cualquier acto que no contenga valor moral en sí mismo. Por ejemplo, podría escudarse en una respuesta como la siguiente: “soy así, y de tal forma he sido creado, y por tanto, ¿quién podría juzgar que actué “vilmente” si actué conforme a lo que la naturaleza ha determinado para mí?”

     Por el contrario, la idea de libertad en Kant implica que como ser racional soy responsable frente a mi capacidad de discernimiento moral. Es decir, presuponer libertad implica que a pesar de que tenga otras opciones frente a mí, estoy en la capacidad de tomar otras decisiones distintas a las que me ha ordenado teleológicamente la naturaleza. Por tanto, el hecho de ser racional me posibilita la capacidad de responder frente a esos actos y decisiones que deliberadamente he querido tomar. 

     Dicho con otras palabras, la responsabilidad que tengo como ser racional se traduce en la capacidad de discernimiento moral que me otorga la libertad de decidir si cumplo con un deber moral o no, si esa acción valdría como máxima o no. Por lo anterior, la moralidad fundamentada en la razón implica la creación de máximas, las cuales debo considerar como leyes prácticas, y a las cuales la humanidad podría someterse; esto sin duda tiene, implícitamente tiene relación con la responsabilidad. Si mis supuestas máximas están condicionadas y no pienso en que ellas en algún momento se convertirán en leyes prácticas, ¿dónde está mi responsabilidad como ser racional? ¿Estaría buscando el progreso moral o no? 

     La responsabilidad en este caso comienza por sí mismo. Kant no hace alusión directa a esto, a mi modo de ver responsabilidad, libertad y autonomía se encuentran unidas por el hecho de que al discernir se es autónomo y se puede crear un juicio correcto sobre las propias máximas. Por tanto, debe presuponerse la idea de libertad porque es a partir de ella que se encuentra otras opciones para actuar de forma distinta al ordenamiento de la naturaleza; en este orden de ideas, se es responsable porque en todo discernimiento, se puede determinar si la acción tiene valor moral o no. Por lo anterior, la creación de máximas es una responsabilidad que implica un compromiso consigo mismo y con humanidad, más cuando se espera un progreso moral. “Más resulta imposible imaginar una razón que con respecto a sus juicios reciba un encauzamiento diferente al de la propia conciencia, pues entonces el sujeto no adjudicaría la determinación del discernimiento a su razón, sino a su impulso” (Kant, 2012, p. 169).

 

    En conclusión, la responsabilidad se evidencia en cada discernimiento moral que realizamos, pues siempre estamos pensando en cómo debemos actuar para que los demás lo hagan de la misma manera. Se muestra, entonces, la esperanza misma del progreso moral. Por el hecho de que al ser racionales podemos adjudicarnos los actos que hayamos realizado, pues ¿qué propósito tendría la idea libertad si no es para justificarnos frente a actos con verdadero valor moral?

 

4. Conclusiones

    Es posible reconocer en el pensamiento de Kant que si bien podría existir una finalidad de la naturaleza también existe la posibilidad de encontrar otras opciones a partir de la idea de libertad. Esta última, otorga a los seres racionales la capacidad de legislar si cada acción tendría valor moral o no y así reafirmarme como ser racional y no como ser qué solo basa su l partir de impulsos e intereses particulares. 

     Además, podría decirse que para Kant es claro que un “sistema” moral debe ser universal e incondicionado. Ahora bien, ¿cuál sería el propósito de ello? Que la moral no sea exclusiva de un grupo de personas en un momento de la historia, sino de toda la humanidad, independientemente de la época; también, para que no sólo satisfagan los fines interesados de un grupo en particular a la hora de actuar, sino para perpetuar la importancia que tiene el progreso moral en el ser racional. Existe la responsabilidad de los seres racionales por llegar a un “deber ser” en el progreso moral. Así pues, la posibilidad de un principio moral a priori, como lo es el imperativo, facilita que su contenido pueda ir cambiando con el paso del tiempo y ello sólo se da cuando presuponemos la idea de libertad.

     Finalmente, al residir la moralidad en la razón, y al argumentar que la libertad implica responsabilidad, considero que el “sistema” moral kantiano, aunque bien es negativo porque debe presuponerse mucha de las ideas ahí presentes, es probable siempre y cuando existan quienes deseen ser partícipes de él. Ahora bien, al ser Kant consciente de la naturaleza del ser humano, de sus intereses condicionados, cabría preguntarse si la idea del progreso moral estaría apunta hacia una posible salvación como especie. Se saldría de mis manos poder responder a la anterior cuestión debido a que en GMS, pues él no toma tan explícitamente dicho punto. Aunque consideraría que sí, puesto que ¿con qué propósito, entonces, una fundamentación de la metafísica de nuestras costumbres?

Notas

1“Por eso, a lo largo de todas las épocas, ha habido filósofos que han negado sin más realidad de esa intención en las acciones humanas y lo han atribuido todo a un egoísmo más o menos refinado, sin poner en duda por ello la exactitud del concepto de moralidad, aludiendo más bien con profundo pesar a la fragilidad e impureza de la naturaleza humana, la cual es lo bastante noble para convertir tan respetable idea en un precepto suyo, pero al mismo tiempo es demasiado débil para cumplirlo y utiliza esa razón que debiera servirle como legisladora para cuidar del interés de las inclinaciones aisladamente o, a lo sumo, en su mayor compatibilidad humana” (Kant, 2012: 102)

2El cual se resume en lo siguiente: “Dado el condicional de que la naturaleza tuviese una finalidad, y esa finalidad del ser humano fuese la felicidad, entonces la razón no sería el mejor mecanismo, por no decir el mayor imposible para llegar a tal fin. La razón, sería entonces, un obstáculo para llegar a esa supuesta felicidad, inherente a todo ser. Y por el contrario, sería más fácil llegar a ese fin, con el cual nos ha determinado la naturaleza por medios de los instintos, a partir de la búsqueda de medios y fines” (Kant, 2012: 82). 

3Kant hace referencia a la búsqueda de la felicidad en GMS ya que es algo que, según él, que todos los hombres sin excepción siempre buscan. Véase con mayor atención, en el segundo apartado de GMS. 

4Kant en “Ideas para una historia universal en clave cosmopolita” afirma que, “ciertamente la naturaleza no hace nada superfluo ni es pródiga en el uso de los medios para sus fines. Por ello, el haber dotado al hombre de razón y la libertad de voluntad que en ella se funda constituye un claro indicio de su propósito con respecto a tal equipamiento” (1987, p. 5, 7 y 8).

5Kant lo trae a colación en GMS, cuando compara a la voluntad con una joya: “ella brilla por sí misma”. 

6Esto se trae a colación debido a la cuarta forma del imperativo categórico dicho por Kant en KrV: “Obra de tal modo que tu máxima de acción te haga digno de ser feliz” (2012, p. 320)


Referencias

Kant, Immanuel. (2012). Fundamentación a una metafísica de las costumbres. Alianza Editorial. Madrid, España.