Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

Algunas consideraciones sobre la importancia y utilidad de la filosofía y su enseñanza


Elkin Fabriany Pineda; Universidad del Valle;elkin.pineda@correounivalle.edu.co

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

 

El presente escrito pretende abordar la cuestión sobre la importancia y utilidad de la enseñanza de la filosofía, enmarcada en la labor del profesor-filósofo sobre todo en la enseñanza media. Lo anterior implica abordar, a la par, preguntas tales como “¿qué es la filosofía?”, “¿para qué sirve la filosofía?”, “¿es necesario enseñar filosofía a los jóvenes de hoy en día?” Por ello, se espera abordar tales cuestiones, al menos de forma panorámica, considerando algunos puntos de vista de algunos autores, y elucidar algunas respuestas preliminares sobre tales preguntas de tan alta importancia y envergadura, con miras a orientar algunas reflexiones de la labor docente en este ámbito del saber humano. En el texto se defenderá una pertinencia e importancia de la enseñanza de la filosofía, sin omitir las dificultades que tal defensa comprende.

Abstract

The present writing aims to treat the question about the relevance and utility of philosophy teaching, centered in the labor of the teacher-philosopher, with special focus on the middle and high school teaching. The previous formulation lead us to confront questions such as: what is philosophy? What’s the philosophy's use? It is necessary the philosophy teaching to young students nowadays? For all this, we're going to treat this questions, at least in a very panoramic way, considering the different points of view from some authors, and elucidate some preliminar answers about this highly important questions, all this with the objective of orientate some reflexions about the teaching labor and it's vitality and compromise with the human knowledge. In this text we'll try to defend a pertinence and importance of the philosophy teaching, without forgetting the obstacles and difficulties that such a defense may include.

 

Palabras Clave

Philosophy,Teaching,Utility,High and midle school,professionalization

Por cierto, la pregunta “¿Por qué enseñar filosofía?” no será la misma  si se la plantea un filósofo, alguien que nunca ha tenido un nivel de contacto formal con la filosofía o un funcionario que está decidiendo qué materias incluye o excluye del diseño curricular de un nivel de educación obligatoria.

Cerletti. (2008: 41) La enseñanza de la filosofía como problema filosófico

 

Introducción: 

     Una de las primeras reflexiones que Cerletti (Cfr. 2008: 9- 14) encara sobre la enseñanza de la filosofía es que, al parecer, tal cuestión es legítimamente abordable filosóficamente, y que, además, está ligada a cuestiones tan tradicionales como complejas, referidas a la naturaleza de la filosofía y su utilidad.  Si bien es cierto que las preguntas que al respecto se formulen pueden tener una gran cantidad de respuestas divergentes –o incluso sugerir que las tales no tienen una respuesta concluyente–, parece ser relevante su tratamiento, toda vez que, ya sea para fines teoréticos o prácticos, resulta de suma importancia tener al menos algunas ideas fundamentadas sobre lo que es la filosofía, su utilidad (entendiendo utilidad acá en un sentido muy general y no sólo técnico), y su necesidad en la enseñanza media y profesional.

     El presente texto pretende abordar algunos de estos interrogantes, aunque de forma panorámica, debido a su gran complejidad. El principal objetivo es concebir alguna pertinencia e importancia de la filosofía y su enseñanza, sobre todo en el marco de la labor docente. Esto, si bien no es algo concluyente, si espera esbozar algún aporte en la tarea de defender la importancia de esta área del saber humano, que tiene implicaciones de buena consideración tanto en ámbitos formativos (de  educación media y universitaria) o incluso en varios aspectos de la empresa humana por conocer el mundo[1].

     Así, y en consideración al objetivo planteado, el presente escrito seguirá el siguiente orden. En primer lugar se aborda la cuestión sobre la naturaleza y la utilidad de la filosofía, planteando algunas anotaciones generales para tener contemplar alguna visión panorámica de ésta. Luego, se plantea una defensa de la enseñanza de la filosofía en la educación media, considerando los planteamientos dados en el primer apartado, con las salvedades y limitaciones que puede, desde ya, entreverse. Finalmente se recogen los argumentos más importantes de este escrito, a modo de conclusión, realzando, así, la pertinencia y la importancia de la filosofía y su enseñanza, al menos en el ámbito de la educación y la labor docente en filosofía.

Una visión general sobre la naturaleza de la filosofía y su utilidad:

     Las preguntas sobre lo que es la filosofía y las reflexiones acerca de su utilidad son, en sí mismas, cuestiones filosóficas, y pueden ser ubicadas en el ámbito de lo que se considera como metafilosofía[2]. En primer lugar, este cuestionamiento ha ocupado un lugar importante en la tradición filosófica; en palabras de Nudler (2012, p.20): “De hecho, en las más variadas filosofías, desde Platón en adelante, la indagación en torno de la naturaleza de la filosofía ha ocupado un lugar prominente”. Y esto se debe a una característica muy peculiar de la filosofía:

Es que la reflexión filosófica acerca de la naturaleza de la filosofía, o sea, la filosofía de la filosofía o metafilosofía, forma evidentemente al mismo tiempo parte de la filosofía. Podría decirse que, a diferencia de las ciencias, las artes o la poesía, la filosofía constituye un problema para sí misma. Cuando los practicantes de cualquier otra disciplina dirigen su mirada hacia sus fundamentos o presuposiciones, dejan eo ipso de estar dentro de ella y se mudan a una distinta, la filosofía. Esta última acoge así en su seno las reflexiones sobre sí mismas que realizan otras actividades pero, cuando se trata de ella misma, sigue habitando su propia casa. O, usando otra metáfora, la filosofía, para saber sobre sí misma, no puede recurrir a una mirada ajena, desde otra disciplina, sólo puede recurrir a su propia imagen en el espejo. Ese espejo devuelve, por cierto, tantas imágenes distintas como filosofías distintas se proyectan en él (Nudler, 2012, p.20).

    Así, la filosofía no sólo sería un saber que podría abordar otros saberes, sino que, además, se caracteriza por cuestionarse a sí misma. El científico o el ingeniero, al preguntarse por su misma disciplina, entrarían al terreno de la filosofía; se estarían planteando preguntas que no son ni científicas ni ingenieriles, sino filosóficas. Mientas que, por su parte, cuando el filósofo se cuestiona por su misma disciplina (o labor), sigue planteándose preguntas filosóficas. Por un lado esto hace que, desde mi perspectiva, considere a la filosofía como un saber que, por un lado, puede entrar en relación con otras disciplinas, pero también tiene la virtud, poco usual, de entrar en relación consigo misma.

     Ahora bien, siguiendo lo que nos dice este autor, de alguna forma cada filósofo plasma un modo de filosofar al momento de hace reflexiones filosóficas (Nudler, 2012). Al respecto el autor menciona:

Aun si no es tematizada, una cierta visión de la naturaleza de la filosofía se halla al menos implícita no sólo en las tesis filosóficas sino, antes que eso, en las preguntas que se formulan, así como en el lenguaje o el método que se utiliza. O sea, el quehacer filosófico revela, por activa o por pasiva, la idea de filosofía que lo inspira. (Nudler, 2012, p.21).

     Siguiendo de nuevo a Cerletti (2008), habrían muchas formas posibles de proceder filosóficamente y esto, desde luego, podría estar relacionado con la filiación que algún filósofo pueda tener con alguna línea de pensamiento o modo de filosofar en particular (Nudler, 2012). No obstante, desde luego que no es una cuestión que deba ser abordada de forma necesaria antes de hacer una reflexión filosófica. Se puede hacer filosofía sin encarar, directamente, qué es la filosofía. Esta cuestión es, más bien, crucial en momentos de crisis de tradiciones filosóficas (o crisis de la filosofía misma):

No se puede pretender que no es posible hacer filosofía sin tomar a la propia filosofía como tema. De hecho, reconocidos filósofos no se han ocupado jamás del asunto. Pero así sucede sobre todo cuando se trata de quienes se identifican con una determinada tradición filosófica, en cuyo caso simplemente adhieren de un modo tácito a la concepción de la filosofía vigente en ella. En cambio, la cuestión de la naturaleza de la filosofía suele pasar a un primer plano ya sea en tiempos fundacionales o cuando una tradición filosófica entra en crisis y, especialmente, cuando se formulan conceptos y enfoques novedosos o revolucionarios respecto de la misma. Se afronta entonces la necesidad de elaborar una concepción de la filosofía acorde con ellos. (Nudler, 2012, p.21).

     Por otro lado, como podría suponerse, la dificultad de cuestionarse sobre la filosofía misma radica, entre otras cosas, en la multiplicidad de respuestas que pueden considerarse como válidas (Cerletti, 2008), así como también en las muy variadas implicaciones, positivas o negativas, sobre la relevancia e importancia de la filosofía en distintos ámbitos del saber humano y de la vida en sociedad. Es así como una de las vías más razonables, para los fines aquí planteados, resulta partir de una cierta imagen de la filosofía resaltando lo que parecen ser algunas características, sin negar con ello las limitaciones que pueda tener.

     Podemos partir por identificar algunas características generales que parecen ser propias de la filosofía. Una de ellas consiste en identificar que la filosofía, en comparación con otras disciplinas o campos del saber humano, parece no tener un único objeto de estudio, e incluso podría llegar a decirse que ningún objeto de estudio es exclusivamente tratado por la filosofía. De lo que se trata es, pues, que existen numerosos objetos de estudio que pueden ser abordados filosóficamente (Guerrero, 2009). Sin embargo, como lo menciona García (2000), podemos, al menos, mencionar algunas áreas de la filosofía que han sido objeto de indagación tradicionalmente, a través de la historia. Tales áreas, generalmente se dividen entre cuestiones de la razón teórica y la razón práctica, serían la ontología y la epistemología, y la ética y la filosofía política, respectivamente.

    De lo anterior se sigue otra característica, y esta es sobre el modo de proceder o de abordar filosóficamente tales objetos. Si bien es cierto que al respecto pueden advertirse que existen innumerables metodologías en filosofía, podemos anotar, por un lado, siguiendo a Moulines (1991), que el modo de proceder filosófico parece tener cuatro momentos básicos formales: “precisar preguntas, explicitar respuestas, construir fundamentaciones, sacar consecuencias” (Moulines, 1991, p.20). Y en tales momentos la filosofía estaría caracterizada por ser un tipo de pensamiento crítico, global, abarcador, y generalizadamente recursivo (Moulines, 1991).

     Por otro lado, tal como lo menciona Guerrero (2009, p.15), “podemos aceptar que los distintos métodos empleados en las distintas áreas de la filosofía comparten un interés desmedido por el análisis conceptual y la fuerza argumentativa”. De esta manera, el análisis y la clarificación de los conceptos de algún ámbito de la actividad intelectual o práctica del hombre serían, por así decirlo, dos productos posibles (o al menos deseables) del filosofar. Y, en la medida que tales ámbitos de la actividad intelectual y práctica del hombre se sitúan, por así decirlo, en un primer nivel respecto a las formas como representamos la realidad e intervenimos en ella, la filosofía bien podría catalogarse como un tipo de actividad intelectiva de segundo nivel, y de carácter metateórico (Díez y Moulines, 1997).

     De lo anterior podemos entrever algunas posibles pistas sobre la cuestión de la utilidad de la filosofía. Si se entiende ‘utilidad’ en un sentido muy práctico, posiblemente no se halle de manera simple una utilidad de la filosofía. Para nuestros fines, entenderemos útil, en un sentido muy amplio, algo que pueda ser usado en miras de algún beneficio o finalidad de la empresa del hombre por conocer el mundo o intervenir en él, y ya sea de forma mediata o inmediata, directa o indirecta. Considero, pues, que quienes han enfatizado en la inutilidad de la filosofía lo han hecho en la medida que hacen un énfasis, un tanto sesgado, en la significación de utilidad en un sentido preponderantemente enmarcado en el pensamiento tecnocrático contemporáneo. Así las cosas, no resultaría tan problemático admitir la utilidad del análisis y la clarificación conceptual que proveería la filosofía para las labores de enseñanza, o incluso en las relativas a la investigación científica. Tampoco resultaría tan problemático admitir la riqueza que podría dársele a esa cualidad de la filosofía de ser un tipo de pensamiento crítico, global, abarcador, y generalizadamente recursivo, sobre todo si se trata de hallar fundamentaciones muy precisas y altamente justificadas para algún tipo de creencia o acción (o conjuntos de creencias y acciones).

     Pero hablar de una utilidad de la filosofía es más que señalar su aporte en tanto análisis conceptual. En palabras de Cerletti (2008), la filosofía puede tener un rol desnaturalizador de lo que parece ser evidente o normalmente aceptado. La filosofía, en estos términos, tiene una especie de función desequilibradora frente a distintas esferas del saber y el hacer humano. Pero también, a mi juicio, podría tener una labor justificadora o fundamentadora frente a esto último (las distintas esferas del saber y del hacer humano). Puede, entonces, desde la filosofía validarse creencias, normas morales y sistemas políticos, pero puede también desde la misma juzgarse, criticarse, dudarse o ridiculizarse tales cosas.  Lo anterior iría muy en la línea de lo señala Russell en su obra Los problemas de la filosofía:

Cuando hayamos examinado los obstáculos que entorpecen el camino de una respuesta directa y segura, nos veremos lanzados de lleno al estudio de la filosofía -puesto que la filosofía es simplemente el intento de responder a tales problemas finales, no de un modo negligente y dogmático, como lo hacemos en la vida ordinaria y aun en el dominio de las ciencias, sino de una manera crítica, después de haber examinado lo que hay de embrollado en ellos, y suprimido la vaguedad y la confusión que hay en el fondo de nuestras ideas habituales- (Russell, 1995, p.15).

   Pero el punto es que la filosofía no sólo tiene un compromiso con el análisis conceptual y, en consecuencia, cuando hablamos de su utilidad estamos hablando de algo que va más allá de clarificar conceptos y precisar sus implicaciones. Con lo dicho quiero decir que, más allá del análisis conceptual, la filosofía parece hallarse, desde una perspectiva muy general, comprometida con el vivir, el pensar y el hacer, en el marco de la relación entre el hombre y el mundo. Es así como parece cobrar sentido hablar de la utilidad de la filosofía. Pero esta utilidad, como se dijo, no debe ser prejuiciosamente encasillada a su connotación tecnócrata. Algo puede ser útil en la medida que sirve para alguna finalidad. Considérese, por ejemplo, las siguientes palabras de Bunge (2002):

Una filosofía es útil si ayuda a quienes no son filósofos a descubrir o plantear nuevos problemas; a diseñar estrategias viables para investigarlos; a elucidar nociones generales analizándolas o relacionándolas entre sí; a debatir racionalmente los méritos y deméritos de enfoques o teorías rivales; a detectar imposturas, en particular seudofilosofías y seudociencias; o a analizar y evaluar normas morales (p.288).

     Adicional a esto, si se mira la relación mediata que la filosofía poseería con la ciencia y ésta última con la tecnología, podría, en cierto sentido, plantearse una cierta utilidad social con una relevancia a largo plazo de la filosofía (Moulines, 1991). Es decir, en la medida que ciertas labores relacionadas con solucionar ciertos problemas prácticos de la vida en sociedad, como la medicina, la economía, etc., son valoradas con una favorable utilidad social, puede validarse la utilidad de disciplinas más abstractas como las matemáticas, la física y la bioquímica (entre otras), aunque de forma más mediata y con una relevancia a un plazo mucho más largo que las anteriores (Moulines, 1991). De esta misma forma podría pensarse de la filosofía: es un tipo de saber que tiene cierta incidencia en tales disciplinas, ya sean ciencias “prácticas” o “puras”, aunque tal cosa es dé de forma mucho más mediata y a un plazo mucho más largo que el que el mencionado con antelación (Moulines, 1991). 

     Sin embargo, tal como lo menciona Moulines (1991), tal cosa no es estrictamente necesaria, es mucho más difícil justificar ante un público no tan letrado, y no resulta ser un recurso argumentativo plenamente válido, considerando, sobre todo, posibles contraejemplos en donde no se de tal relevancia a largo plazo, o incluso la apelación a falacias del historicismo, sobre todo si se considera la versión de concebir a la filosofía como la madre de todas las ciencias. No obstante, tal justificación, pese a no ser necesaria ni válida en todos los casos, no deja de ser admisible o razonable en la medida que se dé una posibilidad latente en que la filosofía pueda dar un aporte a tales ámbitos disciplinares. Podría incluso apelarse que, al menos en el fondo, pareciera que muchas de nuestras formas de ver el mundo y de interactuar e intervenir con él, traen en el fondo algún tipo germen o supuesto filosófico.

Sobre la importancia de la enseñanza de la filosofía:

     Como vimos, la filosofía puede brindar herramientas que nos pueden apoyar a labores relacionadas tanto con el análisis conceptual, como también arriesgarse a erigir posturas críticas ante los esquemas morales o la vida en sociedad, desnaturalizando las cosas que nos parecen habituales o, en caso contrario, fundamentarlas y defenderlas. Y esta característica, lejos de hacernos entrar en un terreno donde sólo caben únicamente discusiones academicistas, nos muestran de entrada un compromiso que tiene la filosofía con lo maravillosamente habitual. En palabras de Onfray (2005, p.21) “Sea como fuere, la filosofía no se reduce solo a la práctica de debates especializados. Comenzad por intentar resolver las cuestiones que os planteáis en vuestra vida cotidiana, la filosofía está para eso. El curso de filosofía puede y debe contribuir a ello”.

     En este contexto de ideas, otra posición que me parece sumamente admisible es la de que la perspectiva de que enseñar a filosofar y enseñar filosofía son dos cosas que no se contradicen necesariamente (Cerletti, 2008). Esto siempre y cuando consideremos que, por un lado, por enseñar filosofía alude a que existe un cierto contenido, una tradición filosófica de preguntas o áreas (como las señaladas en líneas más arriba), problemas y posibles respuestas que han sido abordadas por distintos hombres en la historia de la humanidad. Enseñar a filosofar, por su parte, hace referencia a enseñar modos de abordar dicho contenido. En efecto, tal como lo plantea Cerletti (2008):

Esto significa que el “contenido” a enseñar y la “forma” de hacerlo no son aspectos ajenos entre sí, que pueden ser encarados cada uno por su lado y eventualmente unidos en el acto de enseñar. Afirmamos que una enseñanza “filosófica” es aquella en la que el filosofar es el motor de dicha enseñanza y, en tanto actividad propia de la filosofía, enlaza el hacer filosofía con el sentido de su transmisión (p. 22).

     El caso es que ni es cierto que se tenga que encasillar el filosofar (y, más precisamente, el filosofar sobre ciertos objetos de estudio) desde una única forma de proceder filosóficamente, ni es necesario que se tenga que desvincular la actividad de filosofar con la tradición del pensamiento filosófico. Ambas cosas no son necesariamente contrarias ni excluyentes, sino que, incluso, pueden apuntar a un mismo conjunto de finalidades en lo que respecta a la labor de la enseñanza de la filosofía.

     Nos enfrentamos ahora con el reto de elucidar algún sentido en que la filosofía y su enseñanza resultan importantes, al menos en lo que respecta en la educación media. Retomando elementos señalados en el primer apartado, y tratando de vincularlos con las necesidades que podrían plantearse en la formación media y que la filosofía podría ayudar a resolver, podremos tener una perspectiva al menos preliminar de su valor. De lo anterior también puede justificarse una cierta pertinencia de la formación profesional en filosofía, en la medida que ésta última cosa pueda resultar encadenada con el cumplimiento afortunado de las necesidades que encararía la labor filosófica.

     En cuanto al vínculo primero, de acuerdo Gaitán, López y Salazar (2010), la labor de la enseñanza de la filosofía tiene una cierta justificación en la educación media en la medida que contribuye a la preocupación central de la formación de la persona y del ciudadano. Por otro lado, la labor filosófica, en tanto que estaría vinculada con ciertas competencias de índole crítica, creativa y dialógica, y en la media que vincularía ciertas áreas del saber filosófico (como la epistemología, la ética y la estética, entre otras), contribuyen en los diversos aspectos de la formación de los estudiantes en términos de los propósitos mencionados anteriormente, y de una madurez en sus razonamientos y el apropiamiento conceptual (Gaitán, López y Salazar, 2010). Lo anterior podría, incluso, relacionarse con competencias como las “comunicativas, matemáticas, científicas y ciudadanas” (Gaitán, López y Salazar, 2010, p.30), abriendo una relación más amplia de la filosofía con la formación en otros saberes.

     Retomando las palabras de Cerletti (2008) sobre la utilidad de la filosofía, éste hace un énfasis en situar la utilidad, o el sentido de la filosofía, en términos de su papel de poner en tela de juicio muchos de nuestros supuestos habituales. Al respecto menciona Cerletti (2008):

La filosofía ha estado siempre marcada por el estigma del saber inútil. Pero la defensa heroica de una sabia “inutilidad” práctica satisface a muy pocos hoy. La “utilidad”, aunque mejor, el “sentido” de la filosofía  puede consistir, simplemente, en mostrar que los conocimientos, las opiniones o las relaciones establecidas no son naturales, que no están dados de por sí. Podría el profesor filósofo proponer perspectivas de análisis que intentaran desnaturalizar lo que parece obvio, permitiendo así construir miradas problematizadoras de la realidad (p. 51).

     A lo anterior Cerletti (2008, p.51) le agrega que, en definitiva, “[e]s esencial que haya un lugar y un momento para que, jóvenes y adultos, podamos pensar el mundo que vivimos y decidir cómo situarnos en él”. Y si bien esto no necesariamente pueda ser considerado como la utilidad de la filosofía, es al menos válido para pensar y defender un lugar de la filosofía en la enseñanza media, evitando los contextos poco deseables de la irreflexión y la repetición de lo establecido.

     Obiols (2008), por su parte, se fija en el rol del profesor filósofo como orientador del estudiante para alcanzar la libertad, y tomar las contingencias problemáticas de su vida como algo a evaluar comprensiva y críticamente. Para este autor, “[l]a filosofía significa una de las pocas posibilidades para que los jóvenes se apropien de las herramientas intelectuales necesarias para pensar críticamente con la mayor lucidez, autonomía y profundidad el mundo que nos rodea y para definir un proyecto existencial” (Obiols, 2008, p.108). Así pues, una de las principales labores de los profesores de filosofía sería la de ayudar a los estudiantes a desarrollar medios para construir su existencia, plantear otras formas de concebir y vivenciar las cosas, y afrontar sus propias vidas de un modo filosófico.

     Si conjugamos las reflexiones de estos autores con lo planteado en el primer apartado, resulta mucho más pertinente pensar en la utilidad que puede tener la filosofía. Es decir, en la medida que la filosofía se caracterice por ser un pensamiento crítico, global, abarcador, y generalizadamente recursivo, y que tales cosas se manifiestan en el modo formal del proceder filosófico (precisar preguntas, explicitar respuestas, construir fundamentaciones, sacar consecuencias), es fácil validar las pretensiones de Obiols y Cerletti, en la cual la filosofía podría ayudar a los estudiantes a ver las cosas de un modo diferente, plantear nuevas perspectivas y no conformarse con lo establecido. Lo mismo pasa con la función de la filosofía en tanto análisis y esclarecimiento conceptual, pues sería esta función la que permitiría lograr tal intento de comprender críticamente el mundo, ponerlo en tela de juicio o validarlo (si es el caso).

     Ahora bien, resta por tratar el interrogante sobre la necesidad de la formación profesional de la filosofía. Como se mencionó al inicio de este segundo apartado, podría resultar pertinente la formación profesional en filosofía en la medida que tal cosa permite los elementos y el contexto idóneo para que se dé aquello que provee la filosofía en los jóvenes. Sin embargo, algunos podrían pensar que lo inmediatamente anterior sólo justifica que se necesite un contenido filosófico en la educación media, pero ello no implica necesariamente que se de paso a una formación profesional en filosofía para que ello se cumpla. Es así como, al menos en el caso colombiano, la materia de filosofía se da junto a un núcleo de ciencias sociales, permitiendo así que, por un lado, profesores de ciencias sociales puedan dar clases de filosofía y, de igual manera, profesores de filosofía den clases de ciencias sociales.

     ¿Qué justificaría, entonces, la profesionalización de la filosofía? Por un lado, si bien es cierto que no es necesario que una persona sea profesional en filosofía para poder dar clases en filosofía (o, incluso, no es necesario ser profesional en filosofía para ser un filósofo genuino), la comunidad académica que se crea al existir un espacio formal en las universidades para la filosofía es muy enriquecedora tanto para la investigación en dicha área como para profundizar en los tópicos de la misma. Más aún, una comunidad académica de filosofía permite espacios de debate y producción intelectual que podrían nutrir la enseñanza en secundaria,  así como también interactuar con otras disciplinas del saber humano para que su devenir no se logre de forma acrítica e irreflexiva. Si se piensa, pues, en una utilidad de la filosofía y en la pertinencia de dicha utilidad en la educación media (u otros ámbito de la formación académica), no es un despropósito pensar en la formación profesional en filosofía, sobre todo considerando la comunidad académica que respaldaría esta labor.

Conclusiones:

     En este texto se abordaron cuestiones sumamente amplias que, en general, apuntaban a indagar sobre la importancia de la filosofía y su enseñanza. Ello, como se vio, nos llevó a plantearnos preguntas más puntuales sobre la naturaleza de la filosofía, su utilidad, la importancia de ello para la educación media y la justificación que de lo anterior pudiera surgir para la profesionalización ésta área del saber humano. Como se advirtió en un principio, tales cuestiones, por su complejidad y posible situación inconclusa, fueron abordadas desde ciertas perspectivas, con el fin de puntualizar razonablemente lo planteado en este trabajo.

     La filosofía adquiere una pertinencia para la formación media en la medida que provee ciertos elementos para la reflexión crítica, reiterativa y global de diversos aspectos del mundo y nuestra forma de interactuar con él. También, pese a que este aspecto no se abordó en el presente escrito, no se puede negar que podría, por vías similares, sustentarse una utilidad de la filosofía en otros ámbitos teóricos o incluso prácticos del hombre, de forma mediata a largo plazo (como se señalaba en el primer apartado). O dicho en palabras de Cerletti (2008, p.50): “[u]na filosofía preocupada por las condiciones de su presente ubica a los otros saberes, no como una absurda competencia, sino como el material de base de su reflexión”.

 

Notas

[1] Este último aspecto no se abordará, lamentablemente, en el presente trabajo. Sin embargo, para tener una idea de ello, piénsese, por ejemplo, en la relación entre filosofía y ciencia como un continuo planteada por Mosterín (2013, p.22-24), u otros autores con la misma línea de pensamiento.

[2] Tal como lo menciona Martínez (2005), pueden existir dos sentidos de entender la noción de metafilosofía: “Metafilosofía puede entenderse en dos sentidos: en primer lugar, como la conciencia de que estamos en una época que se encuentra más allá de la filosofía, tras la muerte o realización de la filosofía; en segundo lugar, metafilosofía se puede entender como la reflexión acerca de la propia filosofía, de su definición, de los diversos estilos de hacer filosofía, etc. En este segundo sentido la Metafilosofía se aproxima a lo que también se denomina perifilosofía, es decir, los estudios acerca de las diferentes formas de hacer filosofía a lo largo de la historia, o incluso la reflexión acerva de las posibles formas de hacer filosofía” (Martínez, 2005, p.3). En el presente texto se entenderá por metafilosofía en el segundo sentido planteado por este autor.


Referencias

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- Cerletti, Alejandro. (2008) Enseñanza de la filosofia como problema filosófico.  Argentina: Libros del Zorzal.

- Díez, J. & Moulines, C,(1997). Fundamentos de filosofía de la ciencia. España: Editorial Ariel.

- Gaitán, López y Salazar,(2010) Orientaciones Pedagógicas para la Filosofía en la Educación Media. Colombia:Ministerio de Educación Nacional MEN.

- Guerrero, Germán. (2009) Introducción a la filosofía de la ciencia. Documentos de trabajo. Segunda,Edición. Cali: Programa Editorial Universidad del Valle.

- Martínez, José Martin. (2005) “Metafilosofia, Perifilosofia y Metafisica”, En II Congreso de la Sociedad

Académica de Filosofía. Hallado el 7 de mayo de 2015 en:

http://www.uned.es/dpto_fim/publicaciones/metafilosofia,%20perifilosofia,%20

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Morente, Manuel. (2000) Lecciones preliminares de filosofía. Madrid: Ediciones Encuentro.

- Mosterín, Jesús. (2013) Ciencia, filosofía y racionalidad. Madrid: Editorial Gedisa. S.A.

- Moulines, C. (1991) Pluralidad y recursión. Estudios epistemológicos. Madrid: Editorial Alianza.

- Nudler, Óscar. (2012) “Los problemas de la filosofía de la filosofía”, en Filosofía de la filosofía, España: Editorial Trota.

- Obiols, Guillermo. (2008) Una introducción a la enseñanza de la filosofía. Argentina: Libros del Zorzal.

- Onfray, Michel. (2005) Antimanual de filosofía. Argentina: Editorial EDAF

- Russell, Bertrand.(1995) Los problemas de la filosofía. Barcelona: Editorial Labor S.A

 

- Ryle, Gilbert.(2005). El concepto de lo mental. Barcelona: Editorial Paidós.