Memorias Tercer Congreso Colombiano de Estudiantes de Filosofía

Descartes, la res cogitans, como concepción antropológica en la Segunda meditación


Julián Andrés Sánchez

ISSN papel: 1909-6704
ISSN virtual: 2500-610X


Resumen

     Este trabajo tiene como propósito mostrar una lectura antropológica dentro de la Segunda meditación a través de las funciones del pronombre en primera persona "yo" (Ego). Para llevar a cabo este propósito trazaremos una agenda de dos puntos. En el primer punto, mostraremos el uso del pronombre "yo" en las Meditaciones metafísicas. En cuanto al segundo punto, mostraremos en qué consiste la concepción antropológica contenida de forma implícita en el autor de las Meditaciones sobre la filosofía primera, a partir de la Segunda meditación



Introducción

     La dualidad de sustancias planteada por Descartes en las Meditaciones acerca de la filosofía primera (1641), consiste en la afirmación de una sustancia diferente del mundo material o externo, nos referimos a la conciencia (res cogitans), la cual supone un sujeto separado del mundo; sin olvidar que hay otra sustancia (res extensa), la cual corresponde al mundo natural, la extensión entendida como una sustancia homogénea. La res cogitans supone una concepción del “yo” como cosa pensante. Así, la afirmación del cogito apunta a una concepción del hombre como sujeto cognoscitivo descarnado de su cuerpo. Podemos encontrar una lectura antropológica de Descartes que se desprende de su empresa epistemológica, que apunta no sólo a encontrar algo firme y duradero en las ciencias, sino que también, encontramos una apuesta por una visión antropológica, que se refleja en la pregunta cartesiana ¿Quién soy yo?  Una cosa que piensa, un Ego que se ha desprendido de su corporeidad.

    Este trabajo tiene como propósito mostrar una lectura antropológica dentro de la Segunda meditación[1] a través de las funciones del pronombre en primera persona  “yo” (Ego). Para llevar a cabo este propósito trazaremos una agenda de dos puntos. En el primer punto, mostraremos el uso del pronombre “yo” en las Meditaciones metafísicas. En cuanto al segundo punto, mostraremos en qué consiste la concepción antropológica contenida de forma implícita en el autor de las Meditaciones sobre la filosofía primera, a partir de la Segunda meditación.  

1. El uso del pronombre “yo” en las Meditaciones metafísicas

     Este breve apartado gira en torno al uso del pronombre “yo” en la Segunda meditación cartesiana, para ello tendremos en cuenta dos aspectos importantes según Wilson (1990). El primero resalta la importancia del uso del pronombre de primera persona, para expresar las elucidaciones cartesianas, o mejor los distintos actos del pensamiento del autor de las Meditaciones metafísicas. El segundo aspecto consiste en la definición del “yo” (Ego) como cosa pensante y que se diferencia de la res extensa, la cual es una materia homogénea que constituye los cuerpos y que toma distintos modos o formas, sin querer decir que la res extensa sea una colonia de sustancias.

     1. El uso del pronombre “yo” en las Meditaciones metafísicas de Descartes refleja una exposición de sus argumentos, o mejor de distintos actos del pensamiento, los cuales son narrados usando el pronombre “yo”, lo que supone una forma de narración autobiográfica, pero no acerca de aspectos históricos de su vida, sino de su desarrollo intelectual, cómo su mente discurre de un momento a otro -de qué manera pasa de una meditación a la siguiente- en la obra de Descartes el  “yo” expresa un sujeto que medita, un yo pensante, una conciencia. Además, el uso del pronombre de la primera persona tiene un propósito de invitación a que realicemos el mismo ejercicio de reflexión por nosotros mismos, ya que esa sustancia pensante da cuenta de las propiedades del pensar en general, en la medida de que son propiedades universales pues están en la conciencia de todo sujeto, todo Ego es en tanto que piensa. Esto supone una identificación con el lector.

[…] El uso que hace descartes de la primera persona muy bien puede ser para promover la identificación por parte del lector –suavizando así su transición de la oscuridad y de la filosofía vana a la nueva luz de la filosofía y de la ciencia moderna. (Wilson, 1990 p. 29).

     2. El segundo uso del “yo” entendido como sustancia pensante, es una parte esencial de la elucidación cartesiana, ya que “Ego” presupone una concepción de sujeto, que se desprende del mundo externo, que es totalmente opuesto a una sustancia homogénea cuya característica es la extensión; este desprendimiento supone un dualismo entre la res cogitans y la res extensa, gracias a la duda hiperbólica que conlleva a la imposibilidad del conocimiento del mundo externo ya que éste y todo lo que hay en él no son más que quimeras, cabe resaltar que este duda es tan fuerte que supone la inexistencia del cuerpo. 

Supondré que no hay un dios óptimo,  fuente de verdad, sino que un cierto genio maligno, y que además extremadamente poderoso y astuto, ha empañado toda su habilidad para engañarme: consideraré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todas las cosas externas no más que engaños de los sueños con los cuales le ha tenido insidias a mi crueldad: me consideraré a mí mismo como si no tuviera manos, ni ojos, ni carne, ni sangre, ni ningún sentido, sino que opino tener falsamente tener todo eso. (Meditaciones I, AT IX, 23)[2]

       Aunque esto signifique la destrucción de la corporeidad, no supone la destrucción de la facultad de pensar, si bien es posible percibirse como una entidad sin cuerpo, no es posible llegar a pensarse como ser no pensante, porque somos en tanto que pensamos, “el pensamiento es; solo a él no puedo arrancarlo de mí” (Meditaciones II, AT IX, 27), o mejor en tanto que dudamos. De manera que el sujeto tiene evidencia de sí mismo, sin tener que hacer uso de la sensibilidad, por lo que el “yo” definido como cosa que piensa es una sustancia que se conoce de manera clara y distinta; esto revela una de las características esenciales de la res cogitans, el acceso directo y privilegiado al conocimiento en primera persona, esto es, acceso a sí mismo, lo que hace de éste el conocimiento más evidente de todos.

2. El yo (Ego),  una concepción antropológica del hombre

     Esta pregunta propia de la Segunda meditación es producto del desprendimiento del sujeto de su corporeidad producto de la duda metódica que tiene como objetivo la separación de la mente de los sentidos como lo expresa Descartes en la sipnosis de las meditaciones, esta duda hiperbólica conlleva a la imposibilidad del conocimiento del mundo externo. Esta separación es una destrucción del cuerpo, pero esto no significa una destrucción del sujeto ¿qué se es cuando se niega algún sentido y algún cuerpo? La respuesta no es otra que una cosa pensante, Descartes acepta esta respuesta, en tanto que se percata de que aún bajo las artimañas de un genio maligno, es un sujeto que piensa “no hay duda de que yo también soy si me engaña; y que engañe en cuanto pueda, que sin embargo nunca hará que yo sea nada mientras yo es este pensando que soy algo” (Meditaciones II, AT IX, 25). De manera que el autor de las meditaciones metafísicas se embarca en la segunda meditación a entender “¿quién es ese yo, que ya necesariamente soy?”.

     La concepción antropológica de Descartes parte de una imagen mecanicista del hombre, una “máquina de los miembros” y un alma que la anima, el hombre es la unidad de sustancias, alma- cuerpo, pero cómo conceder algo así cuando hay un genio maligno que puede engañarnos, no hay seguridad en afirmar que gozamos de un cuerpo. Claro, esto dentro de la segunda meditación. Cabe mencionar que Descartes considera que la sustancia pensante es más conocida que el cuerpo, debido a que la información que nos brinda nuestro aparato perceptivo – nuestro cuerpo- es información de las propiedades físicas de un objeto las cuales están sujetas a cambios y por lo tanto también a la duda. De forma tal que si consideramos al cuerpo como aquella maquinaria alta, de tez morena, etc., este conocimiento se expone a la duda. Sin embargo, la afirmación de la res cogitans es esencial para la afirmación de la existencia de Dios y de la realidad material. Así, se revela otra característica del “yo” (Ego) cartesiano, puede determinar las leyes que rigen de manera universal a la res extensa, en tanto que la res cogitans se apropia, esto es, contempla aquella que la sensibilidad le afecta. En otras palabras, las ideas que pasan por el escrutinio de la luz natural gozan de una mayor objetividad que aquellas que sólo pasan por la sensibilidad o percepción  física.

      De manera que si nos preguntamos por una concepción del hombre, dentro del marco conceptual cartesiano de la segunda meditación, observaremos que el alma toma la forma sustancial de éste, sin querer insinuar que el hombre es una sustancia incompleta por la falta de corporeidad, por el contrario es una concepción completa debido a que el alma es una sustancia producto de la apercepción del sujeto cognoscitivo. 

[…] Alcanzar el cogito es alcanzar una esencia, la del hombre, en la medida en que el pensamiento es la esencia del alma que es con la sustancia cuerpo, pero independientemente de ella por su naturaleza, la sustancia que compone al hombre. (Margot, 2002 p. 114).

       Teniendo en cuenta todo el marco teórico que se ha acabado de exponer, nos percatamos que la pregunta ¿Quién soy yo? dentro de la concepción cartesiana explícitamente formulada en la segunda meditación, no es la pregunta por la identidad particular de un sujeto que se realiza tal pregunta, esto es, indagar por un sujeto autobiográfico y/o fisiológico (proferir que soy un sujeto con ciertas características físicas). Esta pregunta cobra todo su sentido y fuerza cuando es llevada la duda metódica, supone la inexistencia de nuestro cuerpo o que éste es una quimera, al igual que todo aquello que se encuentra en el mundo exterior, en ese momento es inevitable preguntarse ¿quien soy yo? teniendo en cuenta que es la pregunta por un sujeto descarnado, es más difícil de responder. Y se torna antropológica en la medida en que Descartes indaga por lo que ha considerado ¿Qué se es? La respuesta un hombre, mas ¿la duda en tanto que lo desprende de la corporeidad lo convierte en un no-hombre? A lo que responde no, lo convierte en una cosa que piensa, ante la duda hiperbólica, el hombre se conserva como una sustancia independiente, es en este sentido que la res cogitans es la forma sustancial del hombre. Aquí, la afirmación en primera persona de la cosa pensante es el rasgo que lo distingue como hombre de otros autómatas.

       Podemos encontrar una lectura antropológica en Descartes, pero no de una forma tácita, pues no se realiza dicha pregunta como directriz del proyecto en el cual se embarca. Sin embargo, el autor del Discurso del método al preguntar qué se es al estar desconectado del mundo, encuentra uno de los rasgos distintivos del hombre. Igualmente, todo aquel que siga el camino de la elucidación cartesiana, se percatará de que la sustancia pensante es la forma sustancial de todo hombre.

Conclusiones

     Ya para finalizar, en un primer momento definimos que el uso del pronombre singular “yo” en las meditaciones cartesianas, supone una forma de narración de cómo la mente pasa de un acto del pensamiento a otro, característica de las meditaciones e invitación para que nuestra mente como un yo (Ego) discurra en la argumentación cartesiana. Además, el uso del pronombre en primera persona supone que un sujeto pensante no es otra cosa que una sustancia pensante. Esta concepción posee pretensiones de generalidad en la medida que esta sustancia refleja las propiedades del pensar en general, en la medida en que son propiedades universales que están en la conciencia de todo sujeto, lo que significa una invitación al lector a realizar por sí mismo este tipo de elucidaciones. A razón de esta concepción del “yo”, la pregunta ¿quién soy yo? no es una pregunta cuya respuesta remita a hechos biográficos de quien se formula dicha cuestión, ni a sus características físicas. A lo que se refiere esta pregunta es si soy una entidad descarnada, ¿Qué es esta entidad? Según la elucidación cartesiana una cosa pensante, un hombre que conserva esta sustancia.

Notas

[1] Si bien Descartes no se ocupa por la pregunta por el hombre en Las meditaciones acerca de la filosofía primera, puede generarse una lectura antropológica a partir de la afirmación del cogito, lo que nos convoca a realizar este texto. Hay que tener en cuenta que la empresa que desarrolla Descartes en las meditaciones consiste en la búsqueda la búsqueda de la verdad.

 [2] La traducción de Jorge Aurelio Díaz toma como fuentes a las ediciones canónicas de Las meditaciones sobre la filosofía primera traducidas por Charles Adam y Paul Tannery (AT) de 1982 y 1983, por lo tanto, este texto cita de manera canónica la obra de Descartes.


Referencias

Benítez, Laura. (2004). Descartes y el conocimiento del mundo natural. México: Porrúa.

Descartes, René. (2009). Meditaciones acerca de la filosofía primera. Seguidas de las Objeciones y respuestas, Trad. Díaz, J.A.  Editorial Universidad Nacional de Bogotá.

Cassirer, Ernst (1967).  Antropología filosófica, Introducción a una filosofía de la cultura Trad. Eugenio Imaz. México: Fondo de cultura Económica.

Margot, Jean-Paul. (2002). Cogito agustiniano cartesiano, reflexión tomista y cogito cartesiano en: Praxis filosófica, Universidad del Valle, No. 15 pp. 111-120

Wilson, Margaret D. (1990). Descartes. Trad. José Antonio Robles. México: Universidad Nacional Autónoma de México.