Editorial

Acerca del lenguaje incluyente


Resumen

La lucha contra las formas de segregación no constituye por sí misma algo malo, el problema surge cuando, motivados por el afán de vencer la discriminación, se raya en lo absurdo. Absurdo como el uso inapropiado de lo actualmente denominado lenguaje incluyente. Con campañas como “si no me nombras, no existo” se han elaborado manuales para el correcto uso  del lenguaje incluyente. Aclaro, este escrito no ataca a las personas que hacen un uso discreto y elegante del mismo, sino contra aquellas que tocan los límites de lo risible.

En la guía para el uso del lenguaje inclusivo, lanzada por el gobierno de Perú en el año 2014 se dice que frases como “Marido y Mujer” están cargadas de un alto contenido de sexismo social, subordinando a la mujer a su marido. Para solucionar ese conflicto, la guía citada establece que la oración políticamente correcta sería: “Esposa y Esposo”, en esta, al nombrar a ambas partes del matrimonio con la misma palabra de distinto género se respeta así la igualdad entre ambos. Algunas personas preferirían no complicarse y usar la expresión “cónyuges” o simplemente “los esposos” que engloba a ambos y ninguno se subordina al otro.

Como ya dije anteriormente, existen personas que usan con propiedad expresiones inclusivas. Pero, por otro lado hay quienes diezman completamente el interés del público en un discurso si tras mencionar alguna palabra deben inmediatamente decir la del género opuesto: “Bienvenidas y bienvenidos”; “Ministros y ministras”; “Todos y todas”. Existiendo casos más graves donde fuerzan las expresiones inventando palabras que, son incorrectas. Bien conocido es el caso del presidente Nicolás Maduro donde, en un acto de filantropía – o propaganda periodística, como quiera verse – Dice: “El lunes vamos a regalar 35 mil libros y libras”.

Es común que en planteles educativos, no se promueva de forma correcta el uso de este tipo específico de lenguaje y por eso tendremos aberraciones como “los estudiantes y las estudiantas”. Donde lo correcto sería o bien “los estudiantes” - pues la expresión sola ya abarca a hombres y mujeres – o simplemente “el cuerpo estudiantil”.

Para aclarar ésta discusión, existen manuales gramaticales donde se especifica claramente que el género lingüístico no se relaciona directamente con el sexo biológico o psíquico. Sin embargo, no me detendré sobre este punto para no alargar más el presente escrito y que el lector se sienta motivado a investigar más sobre éste tema.

El lenguaje jamás ha pretendido ser machista, y mucho menos representar algún tipo de discriminación frente a nadie. La cuestión está en que por alguna extraña razón la sociedad contemporánea está permeada por un enfermizo complejo de inferioridad. Está claro que sí hay que luchar contra formas de intolerancia, pero la lucha debe hacerse desde otros frentes y no forzar aún cambios bruscos en ámbitos que, por lo general, avanzan más lentamente como el lenguaje. 

Juan Camilo Osorio Alcalde


Referencias