Editorial

Un concierto al revés


Resumen

Fe de errata*

En el primer renglón del cuerpo de la nota, la expresión -acuñada por el alcalde y el presentador- era "Magno" pero la pésima redacción del folleto ­-que resultó ser contagiosa, como seguramente verán- y los motivos que expongo a continuación, me hicieron incapaz de escribir correctamente la palabra.

La siguiente es una breve nota sobre el Mango Concierto de ayer, 6 de junio de 2019 a partir de las 6:45 de la tarde; un evento lleno de regocijo, risitas, comida rápida, chinos de colegio obligados a asistir y personajes públicos en las sillas blancas vestidos de traje con rostro rellenito y bonachón.

Desde hace tres semanas aproximadamente que se empezó a hablar del concierto en la Plaza Bolívar, lugar donde todos los eventos de música "culta", término preciso usado por el alcalde Diamante para referirse a la programación entera del concierto, han fracasado; la velada estaba condenada.

En un primer instante, tras los saludos del presentador, el público se dio cuenta del papel que jugaría el sonido en el concierto: Cuando nos pusimos de pie y comenzaron a sonar los himnos, recordé (seguramente los chicos del colegio tienen el dato más fresco) las grabaciones que ponían en el colegio mientras todos formábamos fila a las 6:45 de la mañana; entre chismorreos y carcajadas ineficazmente contenidas, la orquesta parecía no ponerse de pie para escucharlos, hasta que me di cuenta, para mi sorpresa, ¡que se asomaban y se escondían los arcos de los violines! -lo poco que alcanzaba a ver desde mi lugar-. Esperé con impaciencia el momento en que el coro entrara a cantar la bellísima letra de nuestro himno... Pero, un momento, no había aún coro en las tarimas y me topé con la voz de uno de los animadores de “chisga” más venerados de este santísimo feudo que es Manizales (por no decir Caldas y por no decir que Colombia).

Recé entonces a todo el panteón griego, al romano, al egipcio, hasta al católico, para que los coros entraran a escena: los dioses me respondieron con lluvia. Al lado de la estatua de nuestro legendario Libertador (cuyo material original ya no logro reconocer tras años y años de estar cubierta por una gruesa capa de desechos digestivos de paloma), entrecrucé las manos y esperé lo mejor.

El sonido de la orquesta en los parlantes, pese a la hostilidad de los dioses, fue cambiando para bien; el micrófono saturado de los “chisgueros” solistas siempre hizo lo suyo: amplificar un sonido indeseable hasta el hastío (aunque debo recalcar que el trabajo de los músicos de la orquesta fue bueno). Los que tenemos buenos amigos entre los coros participantes y que sabemos que había buenos cantantes allí, nos preguntábamos lo mismo ¿por qué no cantó uno de ustedes? Seguramente ya estaba arreglado; seleccionado de forma tan desastrosa como el lugar del evento.

Tras las piezas orquestales, llegó lo que creí sería la salvación: vi desfilar frente a mis ojos, amigos y colegas, músicos y aficionados; todos ellos con la mejor de las intenciones y la mayoría con un gran material vocal por aportar. Comenzaron las piezas con coro: cerré los ojos esperando escuchar a mis amigos y recibí lo que el mal augurio de la lluvia me prometió, esto es, un murmullo apagado por la orquesta a causa de la pésima acústica del lugar -factor que era absolutamente previsible y esperado- y también a causa del terrible manejo del sonido, responsabilidad del señor Vaya-a-saber-quién.

Hacia el final del concierto, ya cerca del O Fortuna -una "canción" que en Manizales funciona como Deus Ex Machina, es decir, una fórmula mágica repetida hasta el cansancio, en este caso cuando se creía que lo anterior no era suficientemente conocido, bueno o gustador- nos llegaron los programas de mano. Ese delicioso aroma de una libretita recién impresa (minutos antes y con el mayor de los afanes, seguramente), reconfortó mi espíritu, mientras su contenido, logró sacarme muchas sonrisas:

El primer programa, fue revisado por una amiga que me acompañaba; tras oler todos nuestro respectivo librillo, ella pasó la portada, para encontrarse con que el cuerpo del folletito, estaba al revés con respecto a la carátula que lo contenía, de forma tal que si sosteníamos la carátula en la posición que parecía ser la correcta e íbamos hasta la última página, se veían la emblemática Torre del Cable y la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional, de cabeza. Éste gracioso gesto de quien encuadernara la programación, motivó el título de esta "breve" nota -tan breve como Magno el evento-.

Dentro de los dichos populares en nuestro hermoso idioma, el castellano, encontramos uno muy acorde con el evento que presenciamos: "El que mucho abarca, poco aprieta". 500 músicos, si usted quiere, 1000 o 10.000, no harán la diferencia si se cuenta con una pésima logística: los que conocemos el trabajo y el recorrido de la orquesta, de los coros y de buena parte de los músicos participantes, sabemos que su trabajo, es un trabajo decente, muchas veces más que decente: un buen trabajo. Pero a quien corresponda la responsabilidad por la elección del pésimo escenario (por la acústica del lugar), por el pésimo manejo del sonido y por la contratación de los “chisgueros” solistas -cuando había mejor material entre los mismos coros-, a esa o esas personas, en nombre de los asistentes que entendíamos lo que musical y logísticamente estaba pasando, exijo respeto, porque nos dimos cuenta y no tragamos entero.

Muchas gracias a los músicos por su gran esfuerzo (todos sabemos que reunir de veinte personas en adelante para ensayar, es difícil) y porque sé que hicieron un buen trabajo.

Finalmente, dejo planteado algo que pasaba por mi cabeza (aún sobre mi torso) y de lo cual, con toda seguridad, los músicos no son responsables: Qué curioso que justo en vísperas de elecciones regionales se diera este evento: ¿Será que el lugar se escogió para que fuera lo más visible en la ciudad, “El Show”, sin importar que se sacrificara a los artistas y al director con un entorno que no favorecía de ninguna forma?

 

 

Miguel Sneyder Roth Calle


Referencias